25 años del adiós de ese genio llamado Luis Buñuel

Con ocasión del aniversario del pasado martes 29 de julio, en el que se conmemoraba el 25º aniversario de la muerte de Luis Buñuel, don Luis, el mayor y mejor cineasta español de todos los tiempos, uno de los mayores genios de entre los muchos que Aragón ha dado a la Humanidad, reproducimos un hermoso texto de Javier Espada, Director del Centro Buñuel de Calanda. Además, nos permitimos recomendar la exposición que se menciona, “México fotografiado por Buñuel”. Impresionante e imprescindible. Puede verse en la Filmoteca Española, en Madrid.

Para don Luis, nuestro recuerdo y reconocimiento emocionado, siempre.

“Si Luis Buñuel saliera de su tumba para comprar la prensa y leer lo que acontece en el mundo, seguramente, entre otras muchas extrañas noticias, le sorprendería enterarse de lo mucho que sigue interesando y fascinando su obra cinematográfica, pues como afirma su amigo y colaborador Jean Claude Carrière: “nadie puede decir lo que va a suceder en la obra de ningún artista, pero creo que Buñuel, ahora en España, está en todos los caminos, de novelistas, de cineastas, también de pintores… es muy difícil evitar a Buñuel, como es muy difícil evitar a Goya. Son dos personajes de una estatura imponente”.

Un interés que sin duda sería recibido con escepticismo por don Luis, quien hasta el final de sus días se declaró discípulo de Sade, y manifestó, con monacal desapego, que no le importaría ver arder toda su obra cinematográfica.

Más le sorprendería que una película suya filmada en México el año 1950 y titulada Los Olvidados haya sido incluida por la UNESCO en el Registro de la Memoria del Mundo en 2003. Pero aún más le asombraría que esa misma película se haya incluido en una cápsula del tiempo en una torre de la catedral de México, junto a un libro de su amigo Octavio Paz.

Aunque resulta evidente que Buñuel no necesita aniversarios para ser recordado, somos muchos quienes creemos que hay que aprovechar estas fechas para fomentar el acercamiento a su obra. Sigue leyendo “25 años del adiós de ese genio llamado Luis Buñuel”

Música para una banda sonora vital – Memorias de África

Para Sydney Pollack fue un acierto total contar con John Barry en la banda sonora. Sus melodías para esta película son ya clásicos reconocibles y han contribuido a elevar esta película a la categoría de mito (aun siendo esto excesivo, al menos para mí, por sus dos o tres momentos algo más que absurdos y por su complaciente tratamiento de la colonización de África, totalmente alejado de la realidad histórica). De la película hablaremos en alguna otra ocasión, pero la calidad de la música de Barry es incuestionable y su acompañamiento a las escenas del vuelo del biplano, en plan National Geographic, son un icono cinematográfico.

Música para una banda sonora vital – Quentin Tarantino (I)

Goodnight moon es el tema que cierra la dupla de películas, paranoia mezcla de spaghetti western y cine oriental de artes marciales salpicada con algún que otro buen momento y algunas frases brillantes de guión, titulada Kill Bill, y dirigida por el buen guionista y algo peor director Quentin Tarantino, y en la cual se asoma ya su inevitable decadencia en la cuesta abajo hacia el mundo friki. Sin embargo, como en todas sus otras películas la música es fantástica, fenomenalmente elegida, y esta canción, del grupo de un único éxito, Shivaree, es el colofón a la aventura sangrienta en busca de Bill. La utilización de la música y sobre todo, el talento de Tarantino para la recuperación de canciones olvidadas y viejos hits y su nueva conversión en éxitos de actualidad gracias al poder de las sugerentes imágenes con las que combinan (algo que, como todo en Tarantino, ya se había hecho antes, por ejemplo, el mejor Scorsese de los setenta, pero que él logra perfeccionar), es todo un hito en el cine reciente y constituye una de las grandes virtudes de este cineasta muy influenciado por la cultura del videoclip. Por no quedarnos con los temas y películas más evidentes, el otro vídeo pertenece al comienzo de Jackie Brown, con el tema de Bobby Womack Across 110th Street.

‘Nosferatu, vampiro de la noche’ de F. W. Murnau

Adaptación libre de Drácula, de Bram Stoker, reelaborada como Nosferatu, Symphonie des Grauens (Nosferatu, sinfonía del horror) por Murnau ante la falta de acuerdo para la compra de los derechos de la novela con los herederos del escritor irlandés. Sin embargo, ante las evidentes semejanzas con la obra literaria, apenas disimuladas con algunos cambios de nombres y lugares (conde Orlok en vez de conde Drácula, situar la acción en Bremen y no en Londres, etc.), la viuda de Stoker demandó al director alemán por infracción de los derechos de autor y ganó el pleito (a pesar de ello, en el vídeo se ha utilizado la nomenclatura de la obra literaria, y no la adaptación de Murnau).

Esta obra maestra del sublime cineasta alemán rodada en 1922 con el enigmático Max Schreck como protagonista es una de las cimas el cine de terror de todos los tiempos. Se ofrece íntegra y sin cortes publicitarios (B/N, 84 minutos).

Con esta obra maestra esta escalera se toma un merecido descanso veraniego, retiro temporal salpicado ocasionalmente de alguna escena favorita o alguna que otra música para una banda sonora vital. Feliz (y terrorífico) verano para todos.

Música para una banda sonora vital – Red Hot Chili Peppers

¿Podría uno imaginar un lugar más inapropiado para el estupendo grupo de rock californiano Red Hot Chili Peppers que la banda sonora de Coneheads, infumable subproducto de comedia-ciencia ficción titulada en España Los Caraconos? Pues en efecto, en la música de este truño de 1993 con Dan Aykroyd como protagonista, está incluida, además del ochentero Tainted love de Soft Cell, este pedazo de tema, Soul to squeeze, con un vídeo que anda a medio camino entre los Freaks de Tod Browning y Una tarde en el circo de los Hermanos Marx.

Pero como los RHCP son favoritos de este blog, se les perdona casi todo. Sobre todo porque son capaces de temazos y vídeos tan buenos como Can’t stop, inspirado en las “esculturas en un minuto” del austríaco Erwin Wurm.

Cine para pensar – Hotel Rwanda

Durante 1994 tuvo lugar el genocidio de Ruanda, uno de los hechos de barbarie más significativos desde la Segunda Guerra Mundial y uno de los más vergonzosos episodios para una comunidad internacional más preocupada por salvaguardar sus propios intereses que por impedir la muerte del millón largo de personas (de etnia tutsi, pero también hutus moderados) que perdió la vida en aquellos trágicos días, o limitar la extensión posterior del conflicto a países vecinos como Burundi o Zaire (hoy de nuevo Congo), que no escatimaron medios en añadir víctimas a la cuenta de resultados a la que occidente contribuyó con su incapacidad o falta de voluntad, según el caso, para atajar una situación que se les fue de las manos, una responsabilidad que es doble en este caso y que se remonta a los días en que Congo, Ruanda y Burundi eran gestionados por la cruel e inhumana administración colonial belga, inventora de unas etnias que no existían con el fin de crear una estructura “burguesa” o “aristocrática” a la que inundar de comodidades y bienes materiales que la ayudara a dominar al resto de la población en un territorio tan extenso. De este modo, y teniendo en cuenta un dato tan objetivo como era el número de vacas que cada familia tenía en propiedad, el gobierno belga, uno de los más criminales de la Historia en su aventura colonial africana, dividió poblaciones que siempre habían convivido, amigos, familias e incluso matrimonios en etnias diferentes repartiendo un denominado “carnet étnico” que decía si uno era hutu o tutsi (así se crean esas naciones en las que muchas personas en occidente dicen creer como en dogmas de fe y que han defendido, y en algunos casos defienden aún hoy, con la guerra y la violencia, un acto arbitrario, una categorización de seres humanos cuyo último criterio a aplicar es precisamente la Humanidad, poniendo por delante cuestiones raciales, étnicas, lingüísticas, religiosas o culturales).

Esta producción sudafricana dirigida por Terry George aborda un hecho real en el marco del genocidio ruandés. El responsable de un hotel (magnífico Don Cheadle en un derroche interpretativo lleno de matices), impulsado por su deseo de proteger a su propia familia de los excesos violentos que recorrían el país de parte a parte, fue acogiendo en las reducidas dimensiones del edificio y sus instalaciones anexas primero a las familias de los empleados, luego a los amigos, y finalmente a todo aquel que, sin que importara lo más mínimo si se trataba de hutus o tutsis, huyera de la guerra y la muerte. La película retrata aquellos hechos de manera convincente, con una muy creíble recomposición de los sucesos tanto estética como narrativa, y sin caer en efectismos permite trasladar al espectador la zozobra, la incertidumbre, la angustia y el clima de violencia incontenible que como una ola arrasó con todo. Sigue leyendo “Cine para pensar – Hotel Rwanda”

Mis escenas favoritas – Cyrano de Bergerac (1990)

Soberbia escena del balcón de esta magna adaptación del clásico de Rostand a cargo de Jean Paul Rappeneau (1990), con Gerard Depardieu, Vincent Perez, Anne Brochet y Jacques Weber, mi favorita, junto a la escena inicial en el teatro, el duelo de ingenios y esgrima… ¡y al finalizar, os hiero!

Cuánto tiene que enseñarnos el cine francés sobre el tributo a los clásicos de la literatura. Una película deslumbrante en cuanto a vestuario y locuacidad de principio a fin.

El beso, la forma de degustar, al borde de los labios, el alma…