La tienda de los horrores – El fin de los días

“Este emblema pertenece a una antigua orden de caballeros masónicos de la Santa Sede…”.

Valga esta frase del delirante guión para ejemplificar la absoluta memez que supone este thriller apocalíptico (y nunca mejor dicho) de tintes catolicistas en el que una vez más la Humanidad (la cristiana, claro, única que parece existir para los productores de Hollywood) se ve bajo la amenaza de la llegada del Anticristo (el cual afecta no sólo a cristianos, sino a todo bicho viviente, que para eso es el Maligno de la religión verdadera…). Y perlas como la enunciada al principio, tan contraproducente como ridícula (sin duda a la altura de poder hablar de heterosexuales gays, borrachos abstemios o herejes ortodoxos) adornan la narración de esta gilipuertez con mayúsculas de principio a fin.

Protagonizada por un Arnold Schwarzenegger ya talludito y más pendiente de buscarse las judías ante la falta de capacidad física y de ofertas para emular sus “éxitos” de antaño, la película nos traslada a una típica y absurda historia con las paranoias de la religión católica, estilo Dan Brown y sus simuladores, como telón de fondo. La acción nos traslada al Nueva York de 1979, momento y lugar en el que nace una niña con, tatatachááááán, la marca del Anticristo. Paralelamente, un cura del Vaticano dedicado a las investigaciones sobre el demonio y demás criaturas cornudas con rabito terminado en punta, informa en un consejo secreto en el que está presente la flor y nata de los cardenales y obispos que guardan todos los secretos del catolicismo, de que la niña ha nacido y de que el peligro se cierne, no sobre la cristiandad, sino también sobre todos aquellos miles de millones de personas a los que la mitología católica de corte catastrofista se la trae muy floja.

El caso es que la nena no es el Anticristo, sino la destinada a concebir del demonio in person el susodicho ser del averno que acabe con el mundo. Así porque sí, para qué más justificación. Desde que nació está custodiada por unos adoradores del diablo (no es coña) que la preparan y vigilan hasta que llegue el día de la infernal fornicación. La cosa es que cuando la moza está en edad de merecer, allá por 1999 y justo cerca del 31 de diciembre (una vez más tenemos que asistir a la torpeza de quienes identifican el comienzo del milenio con el año 2000, y no como corresponde, con 2001), se verá perseguida por los secuaces del infierno y sólo la ayuda de un par de agentes de seguridad privada (Chuachenaguer y Kevin Pollak) y de un grupo de curas que en los sótanos de su iglesia investigan fenómenos paranormales al estilo Iker Jiménez podrán salvarla de las garras de un demonio que se ha colado en el cuerpo de Gabriel Byrne para deambular a sus anchas por Manhattan, puteando al personal con sólo tocarles con el dedito, convirtiendo a su servicio a policías, periodistas, amigos y enemigos. Soplapollez manifiesta.

La película, si se la puede llamar así, cae en todos los tópicos y ridiculeces propias del género. Desde la utilización fuera de contexto de los versículos de la Biblia (siempre se ha preguntado uno si es obligatorio en Estados Unidos leer la Biblia para entrar en el sindicato de guionistas, dado el dominio y la pericia en el recurso constante a ellos para crear thrillers baratos de todo pelaje) a la falta de rigor en el tratamiento de las cuestiones filosófico-religiosas (masones de la Santa Sede, repetimos) o al uso de la acción y la violencia sanguinolenta de forma cutre y vulgar, por no hablar del típico mensaje de fondo ultraconservador y reaccionario que nos vende la religión y la fe como la solución de los problemas, tal y como le sucede al personaje de Chuache, cuya recuperada fe in extremis, perdida en su día por la injusta muerte de su mujer y su hija, salva el cotarro.

La debilidad argumental y la pobreza de situaciones y de guión es flagrante, pero hay algunos pasajes que superan el mero ridículo. Por ejemplo, la elección de los nombres, Jericho para Chuache, o nada menos que Tomás Aquino para el clérigo desquiciado que pone a nuestro amigo en la pista de los malosos. O también el gabinete psicológico que Rod Steiger tiene montado en el sótano de su parroquia, lleno de médiums, de visionarios, de personal dado a las alucinaciones, los estigmas, las apariciones marianas y los sueños píos, a los que estudia como si fuera el profesor Tristanbaker. Delirante. Por el contrario, lo único rescatable es la actuación de Gabriel Byrne, quien, inspirado en algunas interpretaciones de Mr. Hyde a lo largo de la historia del cine, da vida a un ser maligno curioso, gracioso, simpaticote, con carisma y gracia; sin duda el irlandés se tomó la creación de su personaje como exigía la película: con grandes dosis de chacota.

Para terminar, una reflexión. Quien escribe siempre se ha planteado los efectos que la mercadotecnia de Hollywood, que obliga a comprar estas películas en países de cultura no cristiana, ni siquiera semita, produce en quienes no son capaces de identificarse con los problemas de fe y apocalipsis que cuenta la película por estar alejados o diametralmente opuestos a sus corpus de creencias propias. Sin duda debe ser como la asimilación de la Navidad o de Santa Claus en los centros comerciales japoneses: un elemento más de ese parque temático occidental que es el cine comercial de Hollywood, algo folclórico y sin sentido con lo que el cine de occidente atosiga sin miramiento alguno a espectadores de todo el mundo que no comparten sus creencias y que por lo tanto son impermeables a su mensaje de la fe y la doctrina cristiana como remedio para todos los males, algo que en dos mil años de funcionamiento ya ha demostrado con creces su incapacidad manifiesta de solucionar nada, si cabe, más bien al contrario, de empeorar todo lo que toca.

Acusados: todos, excepto Gabriel Byrne
Atenuantes: la interpretación de Gabriel Byrne
Agravantes: el ridículo sentido del humor, sin gracia ninguna, con el que se pretende adornar la historia
Sentencia: culpables
Condena: flagelación con látigo de siete puntas de acero rociadas de curare, pimienta, tabasco y sal

16 comentarios sobre “La tienda de los horrores – El fin de los días

  1. Confieso que estando Gabriel Byrne me freno un poco a la hora de enviar al mismísimo hell esta película. Todo es detestable.

    Condena: flagelación colectiva que incluya a Sarah Palin en el reparto. El látigo que sea con puntas afiladas y a media tarde un batido de fabada con natillas, todo revuelto.

    Pero porfa, dejad a mi Gabriel Byrne a salvo, pobre, él no lo sabía, él tiene que pagar facturas y todo eso…

    Kisses

  2. Tienes razón, Raúl. Don Chuache…

    Entrenómadas, como verás yo mismo he exceptuado a Byrne de todo mal. Mira que aparece en pelis malas malas, pero él siempre, y digo siempre, está bien.
    Sarah Palin + batido de fabada: flatulencia sísmica garantizada. Qué cruel eres, pero qué cruel…
    Besos

  3. Ten cuidado con esa condena, Alfredo,de pimienta y tabasco, lo mismo Schwarzenegger se alimenta de ello y podría destrozarte con una de sus ventosidades con aires californianos.

    El fin de los días es un buen horror,amigo mio.Yo obligaría a Peter Hyams introducir su nariz en el c… de Schwarzenegger,ya sabes,por eso de las ventosidades.

    Un fuerte abrazo.

  4. Pues a mí me hace muchísima gracia esta peli. La he visto montones de veces en la tele y va a ser por eso que le he cogido cariño. Leí en alguna parte una crítica que le hizo Álex de la Iglesia. Descacharrante. Parecida es “Stygmata”, también con Byrne, también muy vista en la tele. Pero yo me quedo con mi gobernador cachas favorito.

  5. Pues mira, 39escalones, vuelvo a ser la voz discordante: porque creo que el amigo Gabriel Byrne merece más condena que todos los otros juntos, ya que él atesora un talento superior y lo malbarata con esas películas infumables.
    Que un intérprete de su talla (Sospechosos Habituales y Miller’s Crossing {me niego al título-traición} son una buena muestra) arrastra una legión de cinéfilos que caen en un agujero negro de las dimensiones del truño de hoy por su culpa es evidente, y en su desidia al escoger guiones “maléficos” nace su condena: pintar de verde los aires expelidos por Don Chuache hasta que aprenda a leer guiones con mejor visión de futuro.
    La condena de los otros me parece ejemplar, aunque la merecen no sólo por ésta, más aún, por el conjunto de su carrera.
    Saludos.

  6. De esta si que no me libro Alfredo, es lo peor que puede pasarle a uno, ir en grupo y que te hagan ver cosas como ésta, pero bueno, por eso intento ir al cine en grupo..lo menos posible XD. Con amigos así, quién quiere enemigos? jeje
    Es malísima, y además estupida, que suelen ser términos muy cercanos en el cine.
    Saludos (ya te contaré estos días alguna cosilla importante de aquellos proyectos)

  7. Me he acordado de que dormí en un hotel de Dublín en el que cada habitación tenía el nombre de un actor o actriz, guionista o director/a de cine irlandés. Al lado de la mía estaba la habitación Gabriel Byrne, y encima el que la ocupaba tenía esa mirada fascinante del Byrne.

    Oye, pero cuánta flatulencia provoca esta peli!!!

    kisses sin fabada

  8. Francisco, gracias a esta sección estoy descubriendo en muchos de vosotros cierto espíritu con tendencia al ensañamiento…
    Gracias por el aviso. No me quiero imaginar los efectos de la fabada en Chuache.
    Abrazos

    Cierto, Noe, me acuerdo de ella. Bueno, mientras la cosa sea para divertirse, no está mal. Lo malo es que luego hay gilipuertas que van al programa de Iker Jiménez y cuentan sus flipes con esta y otras pelis de este tipo.

    Pues no te falta razón, Josep. Quizá sea el más culpable por eso mismo. Pero se lo perdonamos. A lo mejor podría hacer otras cosas pero, simplemente, no se ruedan.
    Saludos.

    Clara, es un actorazo. Tiene carisma, fuerza, sabe ser tierno, duro, perverso y cachondón. Es un fenómeno.
    Besos

    Iván, ay, esos amigos… Me alegra acertarte con una por una vez, hombre. Véngate, llévate a verlos alguna peli vietnamita con subtítulos al checo…
    Ya me contarás, que me tienes en ascuas…
    Un abrazo

    Entrenómadas, recuerdo que me lo comentaste y que incluso el aragonés más irlandes del hemisferio norte incluso lo grabó en vídeo, creo recordar. Y creo recordar que al nombre de Byrne en la puerta le faltaban letras… Qué más da, mientras tenga esa mirada…
    Besos sin flatulencias

  9. La verdad es que puse un halo de esperanza, mal por mí, en Arnold S. cuando vi que salió esto, esperanza porque hiciera un papel oscuro y algo diferente a lo habitual, pero nada oye. Este hombre es de los que no cambian con el paso del tiempo. A saber el daño que está haciendo desde los despachos… no le sigo.

    Abrazos

  10. Si es que sólo con esa mirada de soslayo que se marca en el cartel ya se tiene uno que preparar psicologicamente para el súper peliculón. Yo no he llegado a verla entera. A trozos y como las malas tartas, ya me basta. Yo no salvo a nadie, que no tienen perdón meterse a rodar este bodrio (Sorry Marta, que yo también lo adoro…)

    Besos

  11. AdR, mucha esperanza es esa… A mí me basta que esté a favor de la pena de muerte para que me parezca un tipo a evitar.
    Un abrazo

    Mónica, insisto en lo de Byrne. Quiero pensar que cuando firmó estaba de whisky irlandés hasta las cejas. Eso espero.
    Besos

  12. Para mi la pelicula es de lo mas entretenida y con mucha accion qe hace pasar un momento agradable verla!! para mi una de las buenas de arnold!

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