Cine clásico para revolcarse en él: ‘Los inconquistables’

Decía Orson Welles que era un error capital creer que las películas son ante todo una forma de entretenimiento. Si lo son es por casualidad, por accidente. Welles le atribuía al cine nada menos que la categoría de mayor medio de intercambio de ideas y de información desde la invención de la imprenta. Y el viejo Welles no se equivocaba, aunque ese entretenimiento casual cobre a veces formas tan sugerentes y atractivas como en este clásico del gran Cecil B. DeMille, cineasta inabarcable, inagotable, superlativo, que en ésta, ni de lejos su mejor película, creó una magnífica obra de entretenimiento y aventuras no exenta de contenido, de divulgación y de referentes éticos y morales.

Una joven (Paulette Godard) es juzgada en la Inglaterra de mediados del siglo XVIII por graves delitos contra la moral pública, y la única alternativa a la horca que el juez le ofrece consiste en trasladarse voluntariamente a las colonias británicas en Norteamérica, donde deberá servir como esclava durante un importante periodo de tiempo antes de recobrar la libertad total. Vendida como esclava en el barco nada más llegar a América, no es el hombre de negocios sin escrúpulos que la desea (Howard da Silva) quien finalmente se hace con ella, sino un apuesto, honrado y valiente capitán (Gary Cooper) que, apiadado de la joven, la compra para regalarle la libertad (inolvidable la escena de la subasta, “y seis peniques”). El triángulo queda así establecido y el movimiento de cercanía y alejamiento de estos tres vértices constituirá el corpus dramático de la película, con una joven entre el perverso hombre que quiere hacerse con ella y que además se ha aliado con los indios (capitaneados nada menos que por Boris Karloff como el célebre jefe Pontiac, cuyo nombre serviría siglos después a una famosa marca de coches deportivos) del oeste de Pennsilvania para oponerse a los británicos y hacerse con todas sus tierras, y el honesto y voluntarioso capitán que, tras asistir al hecho consumado de la boda entre su prometida y su propio hermano (el de él), se lanza a la difícil misión de impedir la guerra entre los indios y los británicos.

Tenemos así una trama que reúne épica, romance, acción, aventuras, historia, honor, venganza y paisajes majestuosos con todo el sabor del buen cine clásico, una película para degustar, quizá algo simplona en su planteamiento de buenos y malos que, no obstante, encierran importantes contradicciones y frustraciones internas (un malo que es capaz de dejarse llevar por los arrebatos del amor y un bueno que se somete fácilmente a los dictados de la venganza y de la sangre). La película, cuyos exteriores están filmados en un bellísimo technicolor de 1947 que retrata magníficamente la zona de los Grandes Lagos del noreste de Estados Unidos, ofrece todos los ingredientes para dos horas y media de velada de auténtico y puro cine clásico. Bien interpretada, bien dirigida, vibrante y emotiva a ratos (ese final de gaitas escocesas cuando los refuerzos llegan a última hora para salvar a los defensores del fuerte asediados por los indios), ofrece una importante lección de historia (el uso de las Trece Colonias de Norteamérica como colonia penitenciaria, la aparición de importantes personajes como George Washington como militares al servicio de la corona británica apenas unos años antes de que pasaran a engrosar las filas de los rebeldes que llevaron a su independencia a los Estados Unidos, los inicios de la carrera hacia el oeste, pasando por encima de tribus iroquesas como los senekas, los mohawks, los ottawas o los mohicanos, o incluso las primeras formulaciones de ideas ilustradas en contra de un lejano gobierno autoritario que imponía sus decisiones por la fuerza de las armas), si bien algo mediatizada por la bonanza del mensaje con respecto a los futuros Estados Unidos (por ejemplo, la aparición del esclavo negro del capitán no se traduce siquiera simbólicamente, a diferencia del tratamiento de personajes como Washington, en la verdad histórica de que tardarían casi cien años desde la independencia norteamericana en lograr su libertad, y cien años más en ver reconocida su igualdad de derechos con respecto a los ciudadanos blancos), y paternalista y racista en la dedicatoria última de su título (los inconquistables son aquellos que no sobreviven a la carrera por la colonización de Norteamérica, los que caen pero que serán sustituidos por otros, y éstos por otros, hasta que los blancos ocupen todas las tierras en detrimento de sus -legítimos- ocupantes indios, que serán finalmente derrotados), algo esperable en un tipo ultranacionalista como DeMille, al tiempo que nos coloca ante una trama de odios personales mezclada con una intriga política, escenas de lucha, asedios, casacas rojas perforadas por las lanzas indias, locas carreras en canoa hacia espumosas y mortales cataratas, vertiginosos tomahawks lanzados al aire, disparos de mosquete, oraciones ante la inminente toma del fuerte por los indios, y una melodía de gaitas escocesas que sirve de esperanza a aquellos que están a punto de sucumbir. Sin embargo, hay que añadir unas notas sobre el respetuoso trato que reciben parcialmente los indios con respecto a otras cintas de este estilo; el personaje negativo de la película no es un indio, aunque también los hay, sino un blanco que utiliza a éstos contra el imperio británico. Los indios, aunque en efecto son el enemigo, escapan del retrato tópico, negativo y sanguinario de otras ocasiones. Qué duda cabe de que en una película norteamericana sobre la colonización, los indios parten como salvajes ignorantes que deben ser asimilados o exterminados, pero aunque la película no se ocupa realmente de los hechos históricos (unos indios parcialmente adaptados al catolicismo gracias a los franceses y unos británicos que buscaban desesperadamente pretextos para provocar a los indios, hacerles declarar la guerra y tener así ocasión de exterminarlos), al menos conserva a un inglés como principal carácter negativo de la cinta.

Los magníficos exteriores, el vestuario, el uso de la música y de los paisajes y la presencia de un Gary Cooper encantador hacen de esta película, a pesar de sus lugares comunes y de la ambigüedad de algunos de sus mensajes, una magnífica obra para imbuirse de la vieja épica del cine clásico: cintas como Gunga Din, Fort Apache, La carga de la brigada ligera, incluso El Álamo, en la que la heroicidad traspasaba la pantalla pero no se vendía a cualquier precio: la sangre y la venganza tenían límites, y no se ocultaba que los enemigos tenían razones para serlo. Los buenos eran los buenos, pero los malos eran los buenos para ellos mismos. Cuánto se echa de menos hoy en día un planteamiento tan respetuoso con la inteligencia del espectador.

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20 comentarios sobre “Cine clásico para revolcarse en él: ‘Los inconquistables’

  1. Me gustaba mucho de los carteles la explicación de los Technicolor y los Eastmancolor. Para mi el cine puede llegar a ser la vida de cada uno en su virtualidad. Por eso me gustan las películas donde los protagonistas sufren: así no sufro yo. Ya lo hacen por mi en el cine.

  2. se ve que te gusta bastante el cine me agrada varios de tus posts a ver cuando te pasa spor mi blog para que podamos platica un poco mas sobre este arte
    que es deliciosamente encantador

  3. Compa 39escalones, me ha gustado mucho tu reseña: densa, bien cargadita de información. La peli no la conozco, pero, después de tan encendidos diálogos, me la apunto como opción a no dejar escapar.

    Un abrazo.

  4. El cine, para ciertas personas como quien escribe y cuando nos retrotraemos a una visión global, es una especie de memoria sentimental, generacional y transgeneracional. Es lo que intentamos reivindicar aquí.
    En cuanto al efecto catártico del cine es buen efecto terapéutico el que comentas. Sin embargo, mucha gente escoge películas en las que nadie sufre para que no les recuerde a ellos mismos. Apología de la inconsciencia colectiva. Así las más taquilleras son lo que son.

    Anhyblack, me gusta, en efecto. Es casi un estilo de vida. Nos vemos en tu blog, o en el mío, cuando quieras.

    Muchas gracias, Manuel. Te la recomiendo. Es entretenimiento puro de primerísima categoría. Nada de explosiones innecesarias, fuegos artificiales, excesos de cacharrería. Tiene un tufo nacionalista, cierto, ningunea a los indios, más cierto, pero tiene el encanto del puro cine clásico, y es un gusto dejarse arrastrar por las andanzas de esta gente entre bosques, cataratas y empalizadas.
    Un abrazo

  5. ¡Uy! La primera frase de tu post ya me ha dado pasto. Es una conversación que ya me cansa, eso de tener que decir hasta el aburrimiento que el cine es más que Hollywood y que una fábrica de sueños. A partir de ahora citaré a Welles en vez de usar mis propias palabras. A ver si él tiene mejor suerte. Gracias.

  6. A pesar de ser una de las pelis preferidas de mis tías, yo no la he visto. La actriz Paulette Godard le fascina a mi madre. Cuando le cuente que hoy sale ella en tu blog se enchufará el ordenador. Se lo va a pasar bien.
    VA a ser muy entretenido.

    Besos entretenidos también

    M

  7. No hace demasiado que la vi, a lo sumo, un mes.
    Divertidisima. No la consideraría magistral (cierta interpretación de cartón-piedra, chirría sobremanera en alguno de los papeles secundarios) pero sí, como tú dices, un entretenimiento magnífico para cualquier tarde de sábado, más allá de cualquier lectura política.
    En mi retina, la secuencia del truco de la imantación del hacha; un Cooper intachable, y una Godard más bella que nunca.

  8. Gracias a ti, Noe. Lo malo es que a lo mejor te dicen “¿y ese quién es?”.
    Un abrazo

    Troncha, échale un ojo. Es de las películas clásicas que uno recuerda de su infancia, por ingenua que parezca en ocasiones.
    Saludos

    Entrenómadas, pues dedicaremos un día un buen espacio a hablar de Paulette Godard, cómo no. A mí me gusta mucho también.
    Besos

    Raúl, en efecto, no es magistral, pero se lo pasa uno pipa dejándose llevar si hacerse muchas preguntas y sin indignarse demasiado ante las afirmaciones discutibles que hay que escuchar o el constante tono de superioridad racial.
    La escena de la brújula, esa forma de irrumpir de Gary Cooper en el campamento indio utilizando la pólvora… Quizá ahora las películas de acción y aventuras estén mejor hechas, pero ni son más maduras ni menos ingenuas.

  9. Antes que nada, que sepas que ya he pillado ese estupendo cartel para mi colección de fondos de escritorio aleatorios. Así que gracias, y espero que no te moleste, pero, como dicen, a lo hecho, pecho… 😉

    Me ha gustado mucho tu presentación de esta película que pertenece a ese grupo de recuerdos cinéfilos primarios, aquellas películas vistas en los añorados reestrenos, como relleno de sesiones dobles, acompañando otras más “nuevas” (y no siempre mejores, por cierto), también en la tele en varias ocasiones, cuando todavía el cine tenía su importancia en la cajatonta.

    Y gracias también por la cita de Orson, que supongo suscribimos con fuerza todos los que llevamos el cine en las venas, fluído que se queda frío al ver algunas cintas más parecidas a un videoclip, aventuras modernas sin el paĺpito personal que te hace identificarte bien con los buenos, bien con los malos, tomando partido, sufriendo y alegrándote, divirtiéndote, al fin y al cabo, con historias que tienen un sentido y una interpretación.

    ¡Y que guapa era la Paulette!

    ¿Puedo decir que ya “casi” no se hacen películas así?

    Saludos.

  10. Píllalo, píllalo. A mí una buena amiga me hizo llegar unos cuantos de éstos y no tienen precio.
    El cine es lo que es por películas así, y es para mí una suerte compartir el sabor de este viejo cine, las implicaciones que contiene, las sensaciones que despierta, la memoria sentimental que acumula, con gente que sepa apreciar que el cine puede ser un entretenimiento, pero nunca un pasatiempo.
    Saludos

  11. Ufffff…me has tocado la vena sensible Alfredo, de verdad, y es que justamente este filme es una de mis películas de aventuras favoritas de toda la historia del cine, independientemente de la calidad..que la tiene. Y además con una reseña sublime, cada día me lo paso mejor con los 39escalones, de verdad.
    Un abrazo

  12. Gracias, Iván. En efecto, los gustos, las películas que nos han hecho mella no tienen nada que ver con la calidad. Cobran un significado íntimo y personal para cada uno de nosotros, quizá que nadie más pueda entender. Pero forman parte de nosotros, como nuestros juegos de infancia, los primeros cuentos, tebeos, cómics. Verla de nuevo es como un viaje en el tiempo.
    Un abrazo

  13. La apunto a la lista, que es más larga que la cola de un cine en una peli taquillera… Welles tenía razón con lo del entretenimiento, además no hay entretenimientos inocentes, incluso el supuesto entretenimiento tiene en su interior un sistema de valores, una filosofía detrás, a menudo un sistema de valores y una filosofía de vida despreciables. Un saludo.

  14. Castedo Merinero, ya me imagino yo por qué te acuerdas… Es un clásico de aventuras imperecedero. Ingenuo, paternalista con respecto a aspectos como la colonización, pero vibrante y emocionante.
    Un abrazo

    Samuel, apúntala, es como uno de esos libros largos que te apetece leer sin levantarte de la silla las frías tardes de invierno, que te atrapan, que están llenos de personajes, matices y pasajes memorables.
    Un saludo.

  15. Magnífico post,Alfredo,toda una declaración de amor al cine,como a mi me gustan las reseñas,que transmitan la emoción.Hoy todo son malas críticas y mal fundamentadas que te quitan incluso las ganas de ir al cine.
    Las películas clásicas (no todas claro) compaginaban bien el arte del entretenimiento con la calidad y transfondo.Siempre he creído que el cine debe ser así.La gente ya tienen la vida bastante jodida como para hacer cola,pagar y después romperse la cabeza con geroglíficos indescifrables.Como tú bien sabes,mi querido amigo, a Hitchcock le tachaban de ser un director de películas de entretenimiento,y lo eran,pero cuando uno se pone a escarbar en ellas…

    Un fuerte abrazo.

  16. Muchas gracias, Francisco. Supongo que hoy la crítica que no sirve a los intereses comerciales de quienes pagan las revistas o los periódicos, sirven a los egos de los críticos.
    Lo importante es el respeto al espectador: no pretender deslumbrarlo a cada fotograma, simplemente, tomarlo por mayor de edad.
    En efecto, muchos cineastas clásicos eran tachados de meros prestidigitadores del entretenimiento. Eso siempre lo harán quienes confunden entretenimiento con pasatiempo.
    Abrazos

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