El regreso: poesía demoledora

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Avisamos. Esta película es excelente. Esta película ganó la Mostra de Venecia de 2003. Esta película es la ópera prima del director ruso Andrey Zvyagintsev. Pero, sobre todo, esta película duele. Duelen sus maravillosas y poéticas imágenes, duele mucho más que éstas estén al servicio de una historia que es una inmensa herida que no cesa de supurar, que estremece y sobrecoge al espectador con el drama que presenta, que lo vapulea, desconcierta, emociona, inquieta y sorprende al ser utilizado por el director como parte fundamental de la cinta, como último eslabón para la composición de su, deliberadamente, complejo mensaje y significado, repleto de recovecos, giros, pero cuyas ramas responden a una estructura, a una arquitectura interna dotada de lógica. No se trata, eso sí, de una película de palabras, sino de subordinación de éstas a los silencios y a las emociones.

Contada en forma de road movie, la trama nos presenta a dos hermanos, Andrey e Iván, que viven en una impersonal y suburbial ciudad industrial rusa y cuya familia, de la que el padre, al que los niños sólo conocen por fotografía, está ausente desde hace más de diez años, sufre las consecuencias de la crisis económica que para el ciudadano medio no ha cesado desde la década de los setenta pero que ocasionalmente ha alcanzado repuntes insoportables. Crecen en una familia desestructurada, en la que la madre y la abuela se reparten a partes iguales el papel de padre, y en un ambiente social violento, sin futuro para una juventud que pierde el tiempo jugando al fútbol en la calle, nadando en los pantanos o luchando unos contra otros en interminables peleas callejeras. Eso, al menos, hasta que una mañana aparece el padre ya casi olvidado. Al día siguiente de su vuelta, el padre y los dos hijos parten en un viaje de siete días hacia sus raíces, en lo que supone también un retorno del padre a sus hijos, el viaje de éstos hacia la madurez y la superación de la infancia despreocupada y repleta de juegos y su sustitución por la asunción de responsabilidades; un viaje de conocimiento mutuo que más que de placer alcanza cotas de aventura por la supervivencia ante las dificultades que van surgiendo y, sobre todo, por el desgaste emocional de unos personajes que no cesan de enfrentarse. Andrey e Iván mantienen visiones diferentes de su padre. El mayor lo admira sin reservas desde que lo ve conducirse con su marcialidad, sus modales rudos, su competencia física y mental para la resolución de cualquier problema; el pequeño, falto de cariño y de comprensión, no tiene más que preguntas, quejas y recelos hacia su padre perdido y recuperado cuando ya no lo esperaba. El padre, hombre de buen corazón y cuyo dolor se palpa en el rostro con cada fotograma, no es capaz de abandonar sus modales militares en el camino de la educación de sus hijos, y aunque sus intenciones son buenas, la ausencia de cariño, de comprensión, la excesiva rudeza y crueldad, las órdenes autoritarias y los castigos sin piedad de su programa, no de educación, sino de instrucción, harán mella en los chicos hasta llegar a un desenlace pesimista. Continuar leyendo “El regreso: poesía demoledora”