El diablo sobre ruedas: excelente cine para televisión

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Cierto es que en esta escalera no nos ocupamos por lo general (salvo honrosísimas excepciones como La cabina o Ciudadano X) de ese hermano bastardo del cine que es el telefilme y que nos ha brindado cantidades ingentes de engendros infumables cuyos cargamentos las televisiones se apresuran a adquirir para bombardearnos la sobremesa, especialmente los fines de semana, con peliculillas generalmente pésimas “basadas en hechos reales”. Pero en cualquier parte puede surgir un buen producto de vez en cuando, y Duel, título más acertado y ajustado al desarrollo de la historia que nos cuenta que el título en castellano El diablo sobre ruedas, es un oasis bendito más cercano a las célebres series de televisión de los años cincuenta y sesenta tipo Alfred Hitchcock presenta, en las que actores y directores de verdad creaban ficciones de cincuenta minutos para dejar boquiabierto al personal, que a esas burdas producciones en las que los focos se reflejan en la frente y mofletes de los intérpretes y que ahora campan a sus anchas por las parrillas de programación, aunque sean malas, simplemente porque son baratas.

Y Duel también lo fue, barata queremos decir, pero compensaba su escasez de medios con el enorme, por aquel entonces, talento de un joven llamado Steven Spielberg, que iniciaba su mejor época creativa con un telefilme cuyo descomunal éxito propició su estreno en salas comerciales y la apertura de las puertas de Hollywood para obsequiarnos con su primera joya: Tiburón, película excepcional convertida a la larga en uno de los capítulos iniciales del cine entendido como mercadotecnia, y uno de los pistoletazos de salida más contundentes hacia la desaparición del séptimo arte.

Con Dennis Weaver como protagonista, una estrella de la televisión en aquel 1971, Spielberg da las primeras muestras de su grandísimo talento aunando una tradición, la de los telefilmes de suspense e intriga modelo Alfred Hitchcock, siguiendo sus esquemas y modelos de rodaje, con su propio gusto por lo fantástico, lo extraordinario, lo incomprensible e inexplicable, aderezándolo con un toque sutil pero implacable, magistral, de terror psicológico en el marco de lo que ahora llamamos road movie, para contarnos la trepidante historia de un hombre que, circulando tranquilamente por una carretera solitaria del medio oeste, se ve acosado, perseguido, hostilizado continuamente por un camión que siempre aparece en su retrovisor: no se trata simplemente de uno de los abundantes cenutrios que uno se encuentra por la carretera, de esos que creen que la carretera es suya y que las normas de circulación valen para todos menos para él, uno de esos cretinos que juega con la vida de los demás; el camionero también juega, pero es un juego siniestro, de vida y muerte, cuyas reglas maneja a su antojo.

Con una calidad estética y visual infrecuente en el telefilm y con un magistral manejo de la tensión narrativa inherente a cualquier producto de suspense, se ha convertido con el tiempo en una película de culto que atesora todas las enormes cualidades que Spielberg demostraría en la década siguiente y que desde principio de los noventa ya no se sabe dónde están. Con la ayuda de Richard Matheson, en su día uno de los escritores de ciencia ficción más afamados de Estados Unidos y colaborador habitual en la creación de guiones para cintas de terror, Spielberg logra cotas altísimas de perfección, tanto en la dirección siempre complicada de objetos en movimiento (excelente cómo consigue dotar a un objeto inanimado, el camíón, como años después hará con un animal, el tiburón, en principio incapaz de mostrar emociones en su rostro, únicamente mediante la utilización de elementos audiovisuales, de una personalidad perversa, cómo consigue que la parte delantera de un camión logre resultar tan amenazante como el rostro de un asesino), más si cabe otorgándoles a éstos de una personalidad propia, bien sea fragilidad en el caso del coche, bien sea determinación criminal y asesina en el caso del camión (recordemos que en ningún momento podemos ver el rostro del camionero), superando ambos contendientes la personalidad de sus propios conductores.

Así consigue Spielberg, con su primera incursión en el largometraje, aunque sea para televisión, crear una historia breve y concreta, inexplicable desde el punto de vista de la lógica narrativa, pero que atrapa desde el principio, con esa inquietud que consigue inocular a través de lo cotidiano, de lo aparentemente banal e intrascendental, un interés creciente que va incrementando hasta una eclosión final en la que todo queda sin respuesta y que, a diferencia del Hollywood de hoy, huye de una visión justiciera conservadora. De este modo, Spielberg encadena su primera película a la larga tradición de cintas de terror o suspense que no utilizan lo sobrenatural, sino lo aparentemente inofensivo, lo cotidiano, lo simple, para inquietarnos y hacernos sentir pavor, mientras que además entra en la visión tradicional de la lucha entre hombre y máquina, con todas las connotaciones que conlleva con respecto a la desaparición de los sentimientos y emociones y su sustitución por una frialdad y una operatividad impersonales, mecánicas, matemáticas (recordemos que, al no ver al conductor del camión en ningún momento, es el camión y no quien lo conduce quien personaliza el mal y el terror). Un fenomenal trabajo que a día de hoy sigue contándose entre las mejores obras de su director, y por la marcha que lleva, será así por muchos años.

33 comentarios sobre “El diablo sobre ruedas: excelente cine para televisión

  1. Nunca con menos se pudo hacer más. Me encanta esta película, que en principio puede parecer un tostón (cohecillo, conductor, camión y desierto), pero que engancha hasta el final.

    Un saludo.

  2. Me has hecho recordar la primera vez que vi esta película. Fue en casa de mis abuelos, en el pueblo, en un televisor en blanco y negro. Recuerdo como toda la familia, incluyendo abuelos, tíos y primos, comenzamos a verla pensando a ver de qué va esto,y acabamos encantados y maravillados.
    Una buena prueba de que el medio, y los medios, no importan, lo que importa es el talento.

  3. Yo también recuerdo la primera vez que la vi y lo impactada que me quedé… Y cuando terminó no podía pensar en otra cosa ¡la magia del buen cine es lo que tiene! Que algo de magia te llegue esta noche amigo.

  4. Es estupendo, de hecho, para cualquier estudioso o estudiante de cine, es un ejemplo a seguir, un punto en el cual detenerse a admirar como con una serie de elementos tan comunes, se puede crear semejante ficción. Siempre la he situado como una de sus mejores obras.
    Gran recuperación Alfredo, cierra la puerta de casa que si no nos dejan el carbón esta noche, jeje.
    Un abrazo

  5. Esta peli la he visto un par de veces. La primera era demasiado pequeña para entenderla y recuerdo que cuando acabó me quedé “cabreada” porque no pude saber quién estaba dentro del camión ni porqué perseguí al protagonista.
    La segunda vez que la vi, pensé que precisamente esa es una de las cosas que la hacen tan inquietante, tan trepidante… no sé, tan atractiva.
    Como diría Manolito Gafotas, “la tensión se masca en el ambiente”, y te engancha, vaya que sí.
    Eso sí, acabo de enterarme de que es de Spielberg.
    Besos.
    Rosa.

  6. Noe, curiosamente, en los buenos productos para televisión ni se nota que son para televisión.

    Quevedillo, esta película es de esas que te pillan sin expectativa alguna y te maravilla sin remedio. Todo lo contrario de lo que pasa ahora con Spielberg.
    Saludos.

    Minerva, me alegra traeros recuerdos, sobre todo si son buenos. Yo también recuerdo la primera vez que la vi y la situación es bastante parecida a la que describes.

    Marisa, a mí la magia siempre me pasa de largo. Es lo que tiene ser malo y, por si fuera poco, republicano. En fin, de todos modos, la magia que a mí me gustaría es imposible. Ni los Reyes.
    Eso sí, deseo que a ti te llegue magia a pozales.

    Manchas de tinta, se rumorea que hay un proyecto aragonés en el que el camión se sustituye por un TUZSA de la línea 42… Imagino que eso del respeto dependerá del camión. Ya sabes, el tamaño importa.
    Un abrazo.

    Ay, Iván, creo que llego tarde y que el carbón aquí nunca me falta… Como bien dices, como tesis final de curso esta película no tendría precio. Es de manual.
    Un abrazo, y que te caiga mucho cine del bueno esta noche.

    Rosa, ¿y qué has pensado al saber que es de Spielberg?
    Con el cine hay dos tipos de espectadores, los que necesitan saberlo todo y los que no. También hay dos tipos de películas, las que lo cuentan todo, y las que no. Y como decía Voltaire, “el secreto de aburrir consiste en decirlo todo”.
    Besos.

  7. De esas películas que convierten sus defectos, en virtudes. Obviamente, me estoy refiriendo a esa exageración en el número de planos en la secuencia final.
    Fantástica película.
    Esta maravilla, la descubrí, como otras muchas, gracias al recordado programa de Garci.

  8. Una película que lleva años entre las que metí en esa pequeña historia del cine que cada vez me parece más pequeña e incompleta. Me ha alegrado mucho verla aquí, habrá quien crea que Spielberg es las películas que le han dado tanto dinero a cambio de usar el cine en su vertiente más facilona. Ah, “Minority report” me parece de lo mejor de Spielberg en creo que 30 años. Un saludo.

  9. Pues… teniendo en cuenta que mi imagen de Spielberg es más bien la de los últimos años, me ha sorprendido. Quizá debería volver a los orígenes… bueno, sin “quizases” de por medio: que vuelva (que de ésta película a “La calavera de cristal” hay un camino…).
    Bss.
    Rosa.

  10. Raúl, no olvidemos que es un debut. Ya quisieran muchos…

    Amigo Samuel, nos encontramos discrepando nuevamente. “Minority report” en particular, pero nada de Spielberg en general desde hace muchos años me gustó en absoluto. De lo reciente rescato, con matices, “Inteligencia artificial”. El resto no es más que pirotecnia, navegar entre la emulación desprovista de alma y lo comercial más vulgar. No olvidemos que siempre ha tenido una faceta “pobre” en su cine. Ahí está “1941”, que no es precisamente reciente.
    Saludos.

    Rosa, a mí me gustaba más su cine (y también sus producciones) de los ochenta que ahora, ese cine juvenil o fantástico que hacía… Encuentros en la tercera fase, por ejemplo. Inolvidable. Ahora lo llenaría todo de pantallitas, lucecitas, flashes y fogonazos. En aquel tiempo la falta de medios daba rienda suelta a su estilo. El dinero acabó con su gusto.
    Besos.

  11. Ah, conque esta es la original que sucesivamente ha tenido adaptaciones y readaptaciones. Pues tienes toda la razón, ese camión se ve maligno, mete miedo, casi tanto como un político, o que las entrevistas a los futbolistas. Por otro lado,
    ayer me vi Iina Palm, película que había dejado ir, pero que en una retransmisión de la cinemateca distrital, ya se sabe películas en rotación, vi, fnalmente pude ver anoche. Me pareció una maravilla.

    Un abrazo bien grande

  12. Definitivamente es una muestra de su talento, la vi en clases hace tiempo atrás y sin duda concuerdo con su mirada. Lastima que ahora, lo nuevo de éste director, este un poco opaco ante estas joyitas.

  13. Creo que esta película es la primera que dirigió Spielberg. A mi me gusta mucho y, efectivamente, la he visto un par de veces en la tele. Tiene tensión y suspense a raudales. El protagonista de la película está magnífico.
    J,

  14. Suscribo todo lo que dices.
    Duel me parece un ejemplo clarísimo que el ingenio y talento en muchas ocasiones se eclipsan por la abundancia de medios materiales y humanos.
    Spielberg ha ido perdiendo gas y fuerza en su motor interno al cargarse las espaldas con efectos especiales costosísimos y tan sólo una vuelta a los orígenes, como esta narración seca y efectiva, buscando soluciones en el talento propio y no en el de miles de colabordores “especializados”, nos podrá devolver el gozo de una tensión y pánico a la luz del día, sin artificios sobrenaturales ni extraterestres de pacotilla.
    Saludos.

  15. Malvisto, me ha hecho gracia eso de las entrevistas a futbolistas, veo que en todas partes son iguales… Gran recomendación la tuya.
    “Duel” es un magnífico trabajo “fin de carrera”. Ninguna copia está a su altura, ni de coña.
    Abrazos enormes.

    Jairo, es que a Spielberg los presupuestos cuantiosos le matan el ingenio: “1941”, “El color púrpura”, “Minority Report”, “Amistad”, “Atrápame si puedes”, etc.

    Andante, ¿con lo de protagonista te refieres al camión? Pues sí, está espléndido.

    Efectivamente, Josep, Spielberg se ha diluido. De su vocación de ser una sorpresa continua se ha acomodado a ser lo de siempre, lo esperado. Y por eso para mí ha perdido muchos enteros.
    Saludos.

  16. Creo que no discrepamos tanto. Spielberg de pirotecnia sabe mucho, y como le da buenos dividendos ha escogido el camino fácil casi siempre. Hubo un tiempo, una película, en especial “El diablo sobre ruedas” en que Spielberg valía mucho. Un saludo.

  17. Cítalos, cítalos Alberto, para su vergüenza… Es inevitable tratar a Spielberg de genio cuando con su primer film ya sentó escuela. Ya sabes, eres grande cuando te imitan.
    Saludos.

  18. Es cierto qeu la factura del largometraje es un tanto televisiva mi estimado 39 escalones, pero se nota que sabe de que va el asunto, no es un pardillo y homenajea a los grandes con soltura desde David Lean a Hitchcock, ¿o no? Cierto es que desde “El color púrpura” este chico no ha levantado cabeza, aunque reconozco que los primeros 45 minutos de Salvar al soldado Ryan, Agarrame si puedes y Munich, parece resucitar un poco su lastrada carrera, que se cree el mejor y comete fallos de parvulario ¿no sé si estará usted de acuerdo conmigo?

  19. Desde luego que estoy de acuerdo, mi querido Alfie. Efectivamente, tiene buenos momentos, pero cada vez son menos. Y diría más: cuando ha querido hacer gran cine, esto es, atacar grandes historias con poso, profundidad, sentimientos, o incluso de manera intelectual, la ha pifiado en grado sumo.

  20. Magnífico post Alfredo.El diablo sobre ruedas está basada en un relato del gran Richard Matheson,autor de los clásicos;Soy leyenda,El increíble hombre menguante,entre otras.
    Spielberg nos impresionó por aquellos tiempos con esta asombrosa película.El asombro fue debido a la gran espectacularidad que sólo estábamos acostumbrados a través del cine,y de un ritmo endiablado con unos ángulos de cámara sorprendentes.El camionero nunca se ve porque es el mismo camión quien cobra vida.Inolvidable ese trasto oxidado.
    Te cuento un detalle:cuando el camión cae al precipicio Spielberg le da un sonido de quejido, como de una bestia herida.Ese mismo sonido lo incorporó al final de Tiburón,cuando el escualo se sumerge en las profundidades.
    Sí,un Spielberg jovencísimo y con muchas ganas de transmitir todo la fuerza que llevaba en su interior.

    Un fuerte abrazo.

  21. Efectivamente, Francisco, conocía la anécdota pero olvidé mencionarla. Es curioso, pero en el momento en que el camión muere (porque sin duda es el camión el que muere) uno llega a sentir cierta ternura por él. Los más grandes consiguen eso.
    Un abrazo.

  22. Pues si, e suna pena, pero este director tiene madera, pero no sé el motivo que le lleva a ser como es, y a destrozar esos grandes proyectos en los que se embarca.

  23. Pues creo que un único motivo: la necesidad permanente de ser creativo. Cuando a uno se le exige que invente constantemente cosas nuevas, bien acaban siendo vulgares, bien terminan siendo imitaciones, incluso caricaturas, de uno mismo. Léase Indiana Jones IV.

  24. A mí Spielberg me da pereza y nunca me ha interesado… también seguramente por desconocimiento, pero es que a priori no me llaman la atención ni sus criaturas de plástico, ni las de peluche, ni las digitales, ni sus extraterrestres, ni sus héroes aventureros… me lo tendría que mirar seguramente… pero es que desde crío lo he asociado con la Coca-Cola y las hamburguesas… y les tenía manía… una manía inducida seguramente por el antiamericanismo no sé si dogmático de mi hermano mayor y de mucha de la juventud de los 80.
    Pero esta peli con camión fantasmal me impactó a mí también cuando la vi en la tele y me sigue pareciendo terrorífica, muy original y “de dinero bien aprovechado”.
    Ý me parece guay el título en castellano porque queda redondo y remarca lo siniestro de la trama.

    1. Bueno, Carlos, es un comentario el tuyo en parte un poquito injusto, aunque lo sitúas correctamente en su contexto socio-económico del cine-consumo. Primero, tanto Spielberg como Lucas son enfermos de cine. Eso es un punto a su favor: ellos fueron quienes en los setenta recuperaron a un olvidado Akira Kurosawa y produjeron esa joya del cine japonés que se llama “Kagemusha”. La cuestión es si, como tales enfermos, esas referencias cinéfilas se trasladan a su cine. Y la respuesta es un rotundo sí, aunque no siempre con la suerte o la pericia necesarias. El problema en ambos está en lo que ponen de su propia cosecha: Lucas no da más de sí que las arquetípicas tramas de “Star Wars”. Spielberg tiene mucha mayor creatividad, pero ésta se le ha aguado desde mediados de los noventa. En fin, digamos que Spielberg es un cinépata cuyas digestiones ofrecen cine de lo más variopinto, con notables aciertos y grandes decepciones (sobre todo sus películas desde “La lista de Schindler”, incluyendo en parte incluso a ella misma). Uno de sus problemas es también que es un genio del cine juvenil que pretende hacer películas para mayores en el mismo plano, y ahí falla. En fin, por no alargarme mucho, diremos que Spielberg y “Tiburón”, y Lucas y “Star Wars” (de 1975 a 1977) son un antes y un después en la concepción del cine, de Hollywood y de la mercadotecnia asociada a ambos. Y que el cine, tras ellos, no volvió a ser el mismo, ni a nivel de producción ni a nivel de arte (y bien que lo notamos nosotros ahora…). Lo cual tiene consecuencias buenas y malas. Pero sólo por eso ambos son figuras capitales en la historia del cine, tanto como en su día Cecil B. DeMille, Hal B. Wallis o Zanuck. Ahora, si me preguntas por Spielberg como director y guionista, habría que ir película por película para descartar o alabar, y tiene de todo, joyas del cine de aventuras y entretenimiento, películas que ofrecen mucho más de lo que parece, producciones de cine juvenil más que estimables y, por supuesto, bodrios pretenciosos que no hacen honor a su reputación.

  25. ¡Milagro! La primera película de Spielberg (Tiburón aparte) que me ha hecho agarrarme al sofá y no despegarme hasta el final. Casi no me lo creo. Ahora entiendo el porqué la han clasificado como cult movie.
    Técnicamente (pese a ciertos fallos propios de la falta de recursos y la inexperiencia) es asombrosa; esa apertura del filme mediante un plano secuencia de varios minutos deslumbra (no tanto, evidentemente, como el de Sed de mal pero hay que reconocer las ganas y el entusiasmo que el entonces bisoño de Spielberg le puso). Reconozco que no suelo ser proclive a dejarme maravillar por la técnica si no hay un argumento consistente detrás (vamos, lo que viene siendo postureo hoy día por parte de cualquier iluminado) pero, aunque la simpleza del argumento sea tal que pueda resumirse en cuatro palabras, la ejecución del film, su grado de abstracción y su funcionamiento hacen que se disfrute a varios niveles (consciente/subconsciente, parábola sobre hombre versus máquina, relato sobre la conducta de un ciudadano corriente en situación límite, el mal sin identidad ni explicación posible y su aparición como elemento anómalo en la cotidianidad). En fin, lecturas de todo tipo que vienen a corroborar lo de siempre: menos es más.

    Independientemente de la gran cantidad de copias, plagios y demás que se han sacado de esta obrita que merece todos mis respetos (jamás creí que diría algo así de una película del rey Midas), en algunos momentos no podía evitar acordarme de la primera parte del episodio protagonizado por Leonardo Sbaraglia en el filme argentino “Relatos salvajes” (¿Szifron se estaría acordando de esta peli? A mí me da que sí).

    Dos momentos absolutamente magistrales: el primero, cuando el camión da las luces dentro del túnel. Acojone total. Parece una bestia recién despertada. El segundo, el final del mismo despeñándose, las ruedas dejan de girar y entre sus intersticios se observa un goteo que podemos advertir que es algo muy parecido a la sangre. Sobrecogedor. Te juro que en ese momento contuve la respiración.

    En su debe: el momento de la primera parada del protagonista, inquiriéndole a uno de los hombres que está comiendo en el bar. Chirría bastante. Eso y algunos planos y contraplanos durante la persecución, de los que abusa en demasía. Por lo demás, una película singular de un director que prometía y al final se ha quedado en nada.

    Un abrazo.

    1. Es una obra rica en anecdotario. El personal técnico alucinaba y estaba perplejo ante las cosas que les ordenaba hacer ese pipiolo… Es una gran película, que motivó su estreno en pantalla grande, el salto al hermano mayor. Es de una riqueza en la forma y en el fondo que no ha vuelto a repetirse, al menos en la misma medida, en el Spielberg posterior, aunque en la actualidad se está reivindicando su última época (desde Inteligencia Artificial y similares en adelante) como su mejor etapa. En particular, se está diciendo que La guerra de los mundos es una de sus mejores películas. Yo alucino, claro.

      Abrazos

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