La tienda de los horrores – Moulin Rouge

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¿Puede existir el musical sin música, sin canciones? ¿Puede el musical sobrevivir sin una sola coreografía, sin un número de baile? ¿Dónde reside el mérito, la magia, el buen hacer, de esta clase de cine? ¿Cuáles son los méritos que lo han convertido en un género indisoluble de la propia historia del cine, por más que a algunos nos salgan pústulas con el 99% de ellos? Esta “película” de Buzz Luhrmann, quien ha vuelto a lucirse con ese cutre manual de épica de escaparate para no iniciados que es Australia, con el guaperas Hugh Jackman y una recauchutadísima Nicole Kidman, otra a añadir a la lista de “bocas de pato”, no es, pese a su apariencia repulsivamente recargada, una película pretenciosa. Porque ofrece exactamente lo único que tiene: apariencias inconsistentes y maquillaje en exceso. Y nada más.

Colofón de una trilogía cuyas dos primeras producciones apenas tuvieron repercusión fuera de Australia, Luhrmann se inventa un París de 1900 que mezcla cierta recreación histórica con una estética entre futurista y videoclipera visualmente impactante, hay que reconocerlo, y en la que sitúa una azucarada historia de amor llena de ridículos tópicos casi ofensivos para la inteligencia: escritor bohemio que viaja a Paris para convertirse en el gran novelista del siglo que va a entrar; cabaretera, prostituta ocasional para contribuir a los fines de su marido, de la que se enamora; pretendiente rico pero malo, maloso, que quiere comprar a la mujer; tuberculosis que hace su amor imposible, y demás vómitos argumentales.

Todo ello con una estética que, para la mayor parte de la crítica que no mandó este bodrio a freír espárragos, sostenía por sí sola la calidad del film. Se ha hablado de “obra maestra absoluta”, “prodigio de originalidad”, “goce de los sentidos”, de “ritmo y riqueza visuales que arrastran al espectador, que lo seducen y atrapan con la bellísima historia de amor que sirve de telón de fondo”. Para echar la pota, vamos. Porque ese prodigio de originalidad descansa en el uso de efectos especiales para ¡¡¡ un musical !!! Nada en la trama es original, no hay un solo número de baile, ni innovador, ni moderno ni distinto; sencillamente, no hay ni uno solo que pueda llamarse coreografía, ni siquiera hay una canción que no sea una versión de algún clásico del pop o del rock lo suficientemente tuneado para que parezca irreconocible y apto para las exiguas cualidades vocales de los actores, exceptuando las compuestas específicamente para la película y que parecen escritas por el empalagoso músico de cabecera de Disney. ¿Dónde radica el prodigio de originalidad, en el uso de unos efectos especiales y en la desvirtuación del París de 1900 convertido en una orgía de colores, maquillajes y puestas en escena barrocas y recargadas hasta la extenuación que pretenden acogotar al espectador por acumulación y que naufragan en su propia pretendida magnificencia? ¿Es eso goce de los sentidos? ¿Un videoclip de dos horas y media en el que nada de lo que se ve existe de verdad, con maquillajes retocados digitalmente, un París de videojuego y una nula escasa atención a coreografías y bailes que continuamente se ocultan, eluden o camuflan con mareantes movimientos de cámara y efectos de ordenador? ¿Desde cuándo es eso un musical? ¿Bellísima historia de amor? ¿Original? ¿Alguien se ha molestado en leer algo de la literatura romántica francesa, aunque sea La dama de las camelias? ¿Es bellísimo lo que empalaga, lo que sonroja por su absoluto vacío? Realmente hay critica muy poco exigente o, en su caso, muy bien pagada, incluso de sí misma.

Engaño digital, estomagante y pretencioso despliegue de un “quiero y no puedo” que intenta ocultar sus carencias con una cortina de lujo y y adornos generados por ordenador, estética de nuevas tecnologías, narración boba, vacía, tonta hasta la vergüenza ajena, criminal caricaturización de un París idealizado en el que Toulouse-Lautrec queda reducido a la categoría de mariquita loca, colección de clásicos de la música destrozados por lamentables adaptaciones, pésima recopilación de interpretaciones inexistentes, de caretos y cuerpos que como inexpresivos autómatas se limitan a ponerse delante de la cámara para arrastrarse en la piel de unos arquetipos ocultos bajo toneladas de maquillaje virtual y vacío interior, resulta una de las películas más injustamente sobrevaloradas de todos los tiempos. Musical sin baile y sin apenas canciones propias, y con unos actores que no ofician de tales, sino como meros maniquís de una comparsa, es una aberración y una estafa.

Acusados: Buzz Luhrmann y compañía
Atenuantes: algunas de las canciones destrozadas ya eran igual de malas en su versión original
Agravantes: la caricaturización inadmisible, ridícula, estrambótica, gilipollesca, de Toulouse-Lautrec
Sentencia: culpables
Condena: un nuevo musical con las canciones de los Mojinos Escozíos y ambientado en una charca de pirañas hambrientas

25 comentarios sobre “La tienda de los horrores – Moulin Rouge

  1. Por lo que cuentas es una amalgama de recortes de otras películas y libros, de acuerdo que ya está todo inventado y ser original resulta complicado pero de ahí a pasarse tanto… Mira que me gusta la Kidman, pero no he visto ni esta ni Australia, ya presentía yo que la cosa no pintaba bien.
    Un abrazo.

  2. Es Baz Luhrmann. Y hombre, es como un anuncio de Freixenet prolongado, con las virtudes (sobre todo visuales) y defectos que pueda tener. A mí me pareció como sacada de quicio y curiosamente difícil de seguir y de interesar, aunque muy llamativa a veces por la puesta en escena y la fotografía.

  3. Me regalaron la edición especial mega cool de coleccionistas al poco de salir a la venta, y sigue ahi en mi estantería, no me he atrevido a verla, jeje. Habrá que verla para echar pestes o bien para combatir el estreñimiento…
    Saludos Alfredo

  4. Lucía, si sigues mucho a la Kidman quizá puedas aventurar una explicación acerca de lo que le ha pasado… A mí no es que me entusiasmara, pero desde “Las horas” en adelante, ¿no se está yendo por el retrete? ¿Y esa cara que se ha puesto? Sólo recuerdo una caída en picado tan grande: la de Nicolas Cage.
    La película es realmente estomagante, de verdad. “Australia” no es tan mala, pero no contiene nada que no hayas visto antes; es una épica de manual, nada realmente que valga la pena por sí mismo.
    Un abrazo.

    José Ángel, lo has clavado con lo del anuncio. Faltan sólo las burbujas. La cuestión es que las supuestas virtudes visuales no me lo parecen, salvo que marear al personal y despistarlo continuamente para que no se fije en el bodrio que está viendo sea una virtud. Para los productores sí lo fue, claro. Has dicho una cosa muy acertada. El problema de la película es que, de principio a fin, no interesa.

    Iván, déjala ahí, no te acerques a menos de cuatro pasos, hazme caso (¿te la regaló un amigo..?).
    Huye, huye como el viento.
    Un abrazo.

  5. Voy a ejercer sin miedo de defensor, ya que me consta que esta es una tribuna libre.

    A mí sí me gusta Moulin Rouge: quizás por la falta de costumbre de ver videoclips, me entusiasma y me asombra esa estética digitalizada del Paris de principios del siglo pasado. Los personajes reciben un tratamiento guiñolesco, exagerado, irreal.

    No creo que Baz buscara realismo en absoluto: hace una recreación guiñolesca de La Dama de las Camelias, como bien indicas, y de esto ya tiene uno noticia en los primeros compases: cuando la ví, pensé en La Traviata, como sabes inspirada en tal narración.

    Una Traviata exagerada, acudiendo a una serie de canciones populares metidas con calzador, una amalgama de distintos géneros musicales que se va desgranando a lo largo del metraje.

    No es un musical al uso, por su carácter evocador de mil fuentes y me parece una muestra decidida y voluntariamente “naïf”, colorista y alocada. Las coreografías no son nada del otro mundo, cierto, pero hay que reconocer que Baz mantiene un buen ritmo y sabe alternar momentos cómicos obvios pero eficaces con otros más dramáticos, obvios también.

    No es desde luego una obra maestra, pero sí un buen entretenimiento y me parece injusto denigrar a los actores por su forma de cantar, que tampoco es tan mala como dices. Es un juguete con la única pretensión de distraer y lo consigue: es un teatrito de guiñol con unas marionetas que se mueven vertiginosamente al compás de canciones conocidas, con arreglos orquestales sólidos, bien vestidos y adornados, aunque sea a través de efectos digitales deslumbrantes y desde luego, no alberga la intención de ser realista, lo cual casa con cualquier musical, pues no hay ninguno que lo sea: la gente no se pone a cantar para expresarse -esto es la queja habitual de los detractores del género- aún cuando el texto de las canciones se ajusta muy bien a cada escena, mal que esa amalgama resulte lo más ecléctico que he visto en mi vida y ya sabemos que el eclecticismo está reñido con la definición.

    Creo que el enfoque original nunca tomó el partido de realizar una película “seria” y por tanto su resultado es ajustado a su pretensión; el ritmo no decae y el espectador disfruta con el espectáculo visual cuya fuerza es indiscutible, mientras oye canciones que pertenecen ya de antemano a la historia reciente, siendo las más flojas precisamente las que se compusieron originales. Sí que es un atrevimiento usar como fondo para el can-can en vez de La Gaîté Parisienne el Vous Voulez Coucher Avec Moi Ce Soir, pero no deja de ser divertida esa actualización, como los sucesivos poupurris.

    En definitiva, diría que el conjunto es una provocación, una especie de “happening” que, está visto, despertará filias y fobias a partes iguales.

    Por todo lo cual solicito la absolución de mis defendidos, anunciando desde ahora mismo la apelación a un tribunal que, en fase de prueba, haya visto por lo menos dos veces la película, en obligada pantalla grande y sonido dolby 5.1 a todo trapo.

    He dicho. 🙂

    Saludos.

  6. Libre, Josep, no te quepa la menor duda.

    Informo negativamente la apelación por varias razones. Vaya por delante que no hemos pretendido denigrar a los actores porque no canten; hemos resaltado que sus cualidades vocales son exiguas (eso en sí mismo no constituye una pega; los musicales en general son así, incluso hay actores en play-back en películas de mucho prestigio). Lo que sí que denigramos es su inexistente interpretación.

    Por otro lado, no cabe pedirle realismo a un musical, sólo que no se pretexte en un carrusel visual la falta de cualquier otro incentivo: ni cualidades vocales, ni coreografías (no es que no sean nada del otro mundo, es que no hay), ni historia, ni guión, ni interpretaciones, ni humor, ni gracia.
    En algo estoy de acuerdo, ofrece justo lo que promete, como he dicho más arriba.

    Por último, discrepo en cuanto a la intencion provocadora de la cinta. De un cineasta podría darlo por hecho; de Luhrmann, no. Le falta talla hasta para pretender provocar. Para mí es sólo una operación de laboratorio mercadotécnico más.

    En cualquier caso, remitimos la cuestión a la segunda instancia.
    Saludos.

  7. Jajaja, me río por lo de: “huye, huye como el viento”.

    Hay que reconocer que esta película no cuenta nada nuevo en absoluto. Lo único que me parece bien “ideado” son las versiones de los temas musicales, no que todas estén bien, pero sí la idea. Por ejemplo: el The Show Must Go On de Queen me parece aceptable en la forma y contexto en que aparece. El resto… bueno, así así…

    Abrazos.

  8. Bueno, tengo que reconocer que la tengo y que estéticamente y a nivel de filmación es impecable, los números musicales están bien coreografiados y al menos sacaron el musical del pozo negro. Y las contras: Se hace interminable, es una película que le sobra mucho metraje, algunas adaptaciones musicales son horrendas, la perejita protagonista no puede ser más gilipollas, y tu has mencionado lo de Tolouse-Lautrec como algo ofensivo, bueno, yo añado a Satie que se debe de estar revolviendo en la tumba sabiendo que ha salido en el musical caracterizado de frikie. Por último, me duele aún la mandíbula de tanto reír con lo de las pirañas, una idea genial!

  9. Uy, AdR, que te veo muy indulgente con la música… Lo de la idea está conectado con otro gran clásico del cine reciente como es “Destino de caballero”… ay, dios.
    Un abrazo.

    Jean Robur, niego la mayor. Puedo aceptar que a alguien le gusten los números musicales, pero no están ni bien ni mal coreografiados, es que no están coreografiados, ni bien, ni mal. En cuanto a sacar al musical del pozo negro (si es que eso es verdad, que dado el ínfimo número de musicales que se han producido después tengo mis dudas) es mucho más mérito de “Chicago” que de esto.
    Eso sí, en las contras estoy de acuerdo al cien por cien.
    Adoro las pirañas…

  10. Me encantan los musicales y es una pena que algunas personas se empeñen en decir que es un género pasado de moda. Todavía hay muchas noches en las que necesito ver “Cantando bajo la lluvia” o “Sombrero de copa”. Estas navidades volví a ver “Navidades blancas” y, a pesar de las limitaciones de Bing Crosby al bailar, lo considero un buen musical. Así que, desde aquí, reivindico este género bastante olvidado. Uno de los últimos musicales que me han gustado ha sido la vida de Bobby Darin protagonizada por Kevin Spacey y titulada como “Beyond the sea”. Confieso que fui a verla por la música de rabioso swing y porque me encantaba Bobby Darin pero creo que Kevin Spacey rescata algo del espíritu del musical.

  11. Yo también he leído los comentarios y es estupendo ver cómo la gente opina y comprobar lo vivito y coleando que está este fantástico BLOG.Saludos

  12. Marcos, es que es un género pasado de moda, nos guste o no (los propios ejemplos que pones son buena muestra de ello, no son precisamente actuales). Por otro lado, el gusto personal no tiene nada que ver con ello. Es un cine que, en general, ha envejecido muy mal, eso es todo.
    La película de Kevin Spacey no estaba mal, fue un proyecto muy personal y se pegó el batacazo precisamente porque a casi nadie fuera de USA le importan los biopics sobre cantantes americanos antiguos y, desde luego, a la mayoría de la gente joven, incluida la americana, tampoco.
    Por último, “Moulin Rouge” no es un musical stricto sensu por las razones que he comentado más arriba: ni música, ni baile, ni coreografía… efectos digitales y camuflaje. ¿Es eso un musical?

    Raúl, igual acabamos todos bailando en la oscuridad…

    Carmen, muchísimas gracias. Esta escalera tiene la suerte, estemos o no de acuerdo, con comentaristas de mucha calidad. No sería lo mismo sin ellos.

  13. Creo que deberíamos de hacer un repaso al musical de la edad dorada de Hollywood,y luego preguntarnos ¿de qué va esto de Moulin Rouge?¿Qué está haciendo aquí la Nicole y McGregor cantando por Elton John? Tengamos un poco de sentido común.El musical requiere una serie de reglas que hoy ya no están al alcance de cualquiera.Ya de por si el género es bastante farragoso,pero Vicente Minelli,Stanley Donnen,Gene Kelly,Fred Astaire,Cole Porter y el último de los grandes,Bob Fosse,nos hicieron sentir como subidos en una nube.No se si me explico,la desastrosa Dancer In the Dark de Lars von Trier nos llena de patetismo cuando vemos bailar a Catherine Deneuve.

    Un fuerte abrazo.

  14. Te explicas estupendamente, Francisco. Es exactamente lo que yo quería decir. A Luhrmann y otros se les podría decir: “si no sabes, pa qué te metes…”. Algunos creen que para hacer un musical basta hacer una película con música. Los grandes demostraron que eso no es así.
    Abrazos.

  15. Querido 39escalones: ¡¡¡Tiemblo al confesarte que disfruto una y otra vez de Moulin Rouge!!! Y tiemblo porque está en la sección temida de La tienda de los horrores.

    Me ocurre algo siempre que la veo: me meto de lleno en ese cuento exagerado, barroco, esperpéntico, caricaturesco…, de pronto, mi cabeza se ve envuelta por un París bohemio inexistente, ruidoso, de colores exagerados, fuegos artificiales, música de volumen insospechado.

    Caigo totalmente hipnotizada por esa bella cortesana que se va muriendo en cada fotograma, por ese escritor inocentón que cae en un mundo que nunca había presentido y que empieza a sentir hasta caer en lo más hondo y oscuro (¡¡¡ay, que malos son los celos!!!), por ese maestro de ceremonias excesivo y a la vez tierno al que se le escapa cada dos por tres la función pero siempre cuenta con el poder de la improvisación, por ese malvado aristócrata siempre ridículo con sonrisa maléfica de dientes brillantes, por ese bailarín o actor argentino y narcolépsico con cara de bruto, por ese bailarín enorme y negro que apenas habla pero que siempre como un hada está para recoger a la enamorada cortesana, por esa licencia de un Toulouse Lautrec que en ningún momento coge el pincel y actúa como consejero del amor disfrazado de sitar o que ofrece absenta…

    ¿Es un delirio de absenta? Alcoholizados por absenta.

    Caigo totalmente por cada uno de los tópicos tocados y remarcados. Por esa versión de una dama de las camelias o una La Bohéme cualquiera. Por ese París como ciudad del amor con luna llena y torre Effiel entre fuegos artificiales. Por esa trágica historia de amor correspondido pero sesgado por la muerte. Por ese espectáculo de vodevil. Por una exageración en gama de colores, efectos visuales y digitales (que en otras producciones fíjate tú no las aguanto y ahí va Australia que me decepcionó hasta aburrirme).

    No sé, me dejo llevar por las tres palabras más repetidas: belleza, libertad y amor…, y me las creo. Y sobre todo escucho, también, esa mezcla de canciones y estilos y caigo en el delirio cuando me hundo en un tango arrabalero a lo Roxanne o se me caen las lágrimas cuando escucho, a modo de coro griego u ópera trágica, un The show must go on…o me creo la historia del sitar y el teatro de variedades con un spectacular, spectacular o irremediablemente me veo envuelta en esa lluvia de canciones de amor y escucho, en silencio, con la respiración contenida, la canción secreta que une a los amantes por los siglos de los siglos más allá de la muerte, Come what may…

    Perdona, termino el delirio en el que me he hundido.

    Quizá es eso, me gusta, sin poder razonarlo. Me creo este espectáculo (que no es más que eso un espectáculo barroco como esos teatros que en siglo de oro se dedicaban a deleitar al espectador con decorados imposibles, efectos mágicos e historias siempre repetidas de amores trágicos o no tan trágicos).

    Un beso
    Hildy Johnson

  16. Hildy, has escrito un texto fantástico.
    Con todo, me reafirmo en mis respuestas y en mi declaración de que esto no es un musical, que no es ni siquiera cine.
    Siempre digo que por encima de una crítica meramente de forma y fondo, están los gustos personales, que son soberanos, cosa que no juzgo ni considero que nadie deba juzgar. No me cabe duda de que eres la segunda instancia que Josep reclamaba en su comentario, y como tal, considero la sentencia revocada por un tribunal superior.
    Besos.

  17. Mi opinión:
    Moulin Rouge, no es un musical. Punto.
    En esto parece ser que coincido con la opinión de Alfredo, e incluso con la de Josep, aunque ambos lleguen por convicciones y caminos diferentes.
    Moulin Rouge, es un videoclip de un par de horas de duración. Ahora sí, un videoclip de una excelente facturación.
    Para que se me entienda, lo que ocurre con esta película es algo así como lo que le ocurría al patito feo; el tontorrón se intentó codear con sus dispares, y claro, aquello no funcionaba.
    Yo tengo un truco infalible para saber si desde mi subjetivo criterio, una película es buena o es mala. Consiste, sencillamente, en poder verla al menos dos veces sin que me salga sarpullido; si supera esa criba, la película la considero de aceptable para arriba. Con ésta no me pasa. Me divertí la primera vez, me dejé llevar por los cantos de sirenas, las luces parpadeantes y los esquizofrénicos movimientos de cámara, y me lo pasé bien. Pero cuando traté de repetir la experiencia, aquello resultó una condena: ergo la peli no me gusta.
    Coincido con Josep, al opinar en que quizá el director no pretendió nunca pasar la barrera de lo sublime a base de sentar cátedra.
    Por otro lado, tiene razón Alfredo cuando asevera que pedirle seriedad a un musical (en cuanto al tono de lo contado, que no en cuanto a la concepción, pues todo lo que se haga con una cámara merece ser serio) es una estupidez.
    En fin, que al final es Francisco M. quien se lleva el gato al agua; preguntémosles a los clásicos, que por algo descansan el sueño de os sabios.
    Genial debate.

  18. No soy muy fan de los musicales (salvando ante todo Cabaret) pero desde luego le tengo una alergia a la Kidman que me asegura ahorrarme estas cosas.
    Si te leo encima me reafirmo.
    Besos de vuelta majo.

  19. Por primera vez vamos a disentir, a mi me gustó, es un beun rescate del cine musical, muy cercano al ambiente de la ópera, punto desde el qeu nace la trama, porque es heredera de la dama de las camelias y de la boheme, solo que en manos de Marius De Vries, que hace unos midleys grandiosos, verdaderos homenajes al séptimo arte. En fin, que lo siento pero me encanta este largomentraje.

  20. Raúl, es un buen rasero para medir. En cualquier caso, si acudimos al oráculo de los clásicos, todo queda mucho más claro.

    Mima, concidimos en mucho. También es ése uno de mis musicales “salvables” y tampoco tengo mucha simpatía a la Kidman, aunque algunos (muy pocos) de sus personajes sí que me han gustado.
    Besos luneros.

    Alfie, no será la primera. Eso sí, si se trata de gustos, no entro. En cualquier caso disiento abiertamente en dos aspectos: no lo considero rescate del cine musical porque no es un musical, ni lo considero cercano a la ópera, ni me parece aceptable el trabajo de Marius De Vries. Lo siento.

  21. ¡Oye, un respeto a los Mojinos, que a mí me gustan! Jajaja!! Bueno, de todas formas reconozco que sería un espectáculo ver a la Kidman protagonizando un videoclip suyo.
    Yo la vi cuando salió en alquiler (la película, no la Kidman en un videoclip de Mojinos), que estaba en mi época “tontita”. Básicamente la utilicé para organizar una de esas reuniones cursis de amigas quinceañeras con ganas de llorar a moco tendido delante de la tele. Ahora lo pienso y lo que no sé es como no acabamos potando… eso sí, por aquel entonces no tenía ni idea de quién era Toulouse-Lautrec. Ahora me llevo las manos a la cabeza cuando veo a uno de mis pintores favoritos convertido en esa parodia tan burda y tan humillante… menos mal que hace poco vi la de 1952 y me quitó el mal sabor de boca. Si yo fuera el director de la “nueva” me hubiera dado vergüenza ponerle el mismo nombre que a la del 52, que esa sí que es una película como dios manda.
    Besos.
    Rosa.

  22. No olvide usted, Rafarrojas, que esta sección, sí, critica películas pero no gustos. A usted y a mí nos puede gustar algo que sea una absoluta basura de la misma forma que nos puede resultar estomagante una genialidad. Y no descuide tampoco el hecho de que esta sección es crítica, sí, pero que usa el humor como vehículo, no el desprecio ni la falta de respeto.

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