Música para una banda sonora vital – Norah Jones

Norah Jones exitosa y jovencísima intérprete de jazz norteamericana, ha hecho su debut en el cine en la película My blueberry nights, lo nuevo de ese genio llamado Wong Kar-Wai junto al guapetón Jude Law. Norah Jones es hija del prestigioso músico indio Ravi Shankar, creador de las bandas sonoras, entre otras, de la fenomenal trilogía de Apur obra de Satjajit Ray, por lo que la relación entre música y cine no le resulta desconocida. Nos quedamos con dos de sus éxitos, Don’t know why y Sunrise, y con la canción que ha compuesto para My blueberry nights, de Wong Kar Wai, en la que también actúa.

Quentin Tarantino: ¿genio, copión o farsante?

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Sabido es que en el mundo del cine no hay nada nuevo bajo el sol. Todo está inventado. De hecho todo lo estaba ya antes de la llegada del cine sonoro, excepto el uso del sonido, por supuesto. Por eso resulta cuando menos prudente relativizar aquellos fenómenos surgidos, aparentemente de manera repentina, y que de inmediato mueven a otorgar etiquetas de genio, de maestro de la innovación, de insuflador de aire fresco, a diestro y siniestro sobre criterios más bien precarios, de la misma forma que exige plantearse el valor real que supone crear cine aparentemente nuevo gracias a la mixtura de mimbres ya lo suficientemente dados de sí por grandes maestros del cine. Un ejemplo paradigmático de esta doble tendencia, la consagración automática e irreflexiva y la degradación refleja e igual de irreflexiva, es la figura de Quentin Tarantino, el niño mimado de parte de la crítica de los noventa que con el tiempo ha ido adquiriendo su lugar real en el planeta cine.

Cierto es que sólo hay tres o cuatro historias que se repiten constantemente en el cine, el teatro y la literatura. Estas artes, en el fondo, no son sino la continua variación en la forma de contar una y otra vez las mismas historias, y Tarantino no es una excepción. Sólo que su mayor valor, o al menos el más destacado por la crítica, “su” especial forma de contarlo, no es ni nueva ni suya, aunque, al igual que sucede con otros directores de culto como Pedro Almodóvar, consigue con elementos ajenos que forman parte del imaginario colectivo y de la cultura cinematográfica del espectador, crear productos nuevos que, si bien no son en nada originales, funcionan. Continuar leyendo “Quentin Tarantino: ¿genio, copión o farsante?”

Mis escenas favoritas – Gunga Din

Clásico entre los clásicos del cine de aventuras, Gunga Din, dirigida por George Stevens en 1939 (excepcional cosecha cinematográfica la de aquel año), adaptación de la obra del escritor indio pro-imperio británico Rudyard Kipling protagonizada por Cary Grant, Douglas Fairbanks Jr. o Victor McLaglen, entre otros, contiene este memorable final, el del porteador de agua que siempre quiso ser soldado, vestirse de uniforme y desfilar, salvando a un regimiento de la emboscada que le han tendido los adoradores de la diosa Kali y que amenazan el dominio británico en la India. Inolvidable escena que tiempo después parodiarían magníficamente Blake Edwards y Peter Sellers en El guateque.

El diablo sobre ruedas: excelente cine para televisión

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Cierto es que en esta escalera no nos ocupamos por lo general (salvo honrosísimas excepciones como La cabina o Ciudadano X) de ese hermano bastardo del cine que es el telefilme y que nos ha brindado cantidades ingentes de engendros infumables cuyos cargamentos las televisiones se apresuran a adquirir para bombardearnos la sobremesa, especialmente los fines de semana, con peliculillas generalmente pésimas “basadas en hechos reales”. Pero en cualquier parte puede surgir un buen producto de vez en cuando, y Duel, título más acertado y ajustado al desarrollo de la historia que nos cuenta que el título en castellano El diablo sobre ruedas, es un oasis bendito más cercano a las célebres series de televisión de los años cincuenta y sesenta tipo Alfred Hitchcock presenta, en las que actores y directores de verdad creaban ficciones de cincuenta minutos para dejar boquiabierto al personal, que a esas burdas producciones en las que los focos se reflejan en la frente y mofletes de los intérpretes y que ahora campan a sus anchas por las parrillas de programación, aunque sean malas, simplemente porque son baratas.

Y Duel también lo fue, barata queremos decir, pero compensaba su escasez de medios con el enorme, por aquel entonces, talento de un joven llamado Steven Spielberg, que iniciaba su mejor época creativa con un telefilme cuyo descomunal éxito propició su estreno en salas comerciales y la apertura de las puertas de Hollywood para obsequiarnos con su primera joya: Tiburón, película excepcional convertida a la larga en uno de los capítulos iniciales del cine entendido como mercadotecnia, y uno de los pistoletazos de salida más contundentes hacia la desaparición del séptimo arte.
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La tienda de los horrores – Corrupción en Miami

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Jodeeeeer, qué truño. La esperadísima, en su día, adaptación al cine del televisivo éxito de Michael Mann Corrupción en Miami (Miami vice), más si cabía, con el propio director a los mandos, en lo que iba a ser la actualización de aquella serie en la que Don Johnson y Philip Michael Thomas iban en plan julai guaperas desfaziendo entuertos entre el crimen organizado uniformado con camisas de flores de la zona de Florida, terminó sufriendo el mismo destino que la puesta al día de otras series míticas de décadas anteriores, Misión imposible, por ejemplo. Es decir, que salvo el título y apenas algunos guiños a los fieles de la serie, poco que ver.

Porque lo que en la serie eran días soleados, chiringuitos playeros, deportivos a toda mecha y lanchas rompiendo las olas, aquí es nocturnidad, alevosía, confusión, acción gratuita, superficialidad, rutina y falta de originalidad. Un vulgar thriller de buenos y malos, de guapos y feos, que bien podría transcurrir en Mar del Plata, en Alaska o en Chachapoya, sin apenas ningún otro aliciente que ver a Gong Li y a Luis Tosar (del que durante todo el metraje un servidor esperaba que se subiera en una barca junto a Javier Bardem para mirar al sol…) en un producto de Hollywood sin magia, sin garra, rodado con mecanicismo y sin pasión alguna. La huella de Mann se nota (especialmente esos interludios de imágenes nocturnas con hilo musical), pero nada que ver con su mejor pulso.
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Música para una banda sonora vital – U2

Ya hemos dejado constancia más de una vez de las colaboraciones del grupo de rock irlandés U2 en la música para películas (Wim Wenders, Scorsese, etc.). En esta ocasión nos remitimos al clásido New years day para felicitaros a todos el año nuevo.

Feliz 2009 de cine a todos.