El juego del ratón y el gato: Muerte en el Nilo

nilo

Agatha Christie es una inagotable fuente de inspiración para el cine. Sus novelas de misterio son referencia directa de una buena cantidad de adaptaciones cinematográficas y también el origen de múltiples imitaciones. En esta ocasión es John Guillermin, discreto director británico autor de clásicos menores como El robo al Banco de Inglaterra, El Cóndor, El coloso en llamas o las dos partes del moderno King Kong anterior a Peter Jackson, quien adapta de una manera bastante fiel la novela del mismo título, una de las más famosas de su autora, en la que el detective belga Hercules Poirot es esta vez el encargado de desenmascarar al autor del asesinato de una joven millonaria en un crucero fluvial por el Nilo.

La fidelidad al texto original, tan reclamada a veces cuando se desvirtúan obras inmortales y se devalúan al ser convertidas en películas convencionales y ramplonas, es quizá esta vez el mayor problema de la cinta. Todas las películas basadas en obras de Agatha Christie son traslaciones perfectas de las trampas narrativas de la escritora a la hora de esbozar sus intrigas. En el mundo de las imágenes, estas trampas resultan aún más llamativas y, por desgracia, juegan en contra del objeto de la película: el suspense. Porque, evidentemente, el episodio introductorio, el preludio inglés en el que la joven posteriormente asesinada (Lois Chiles) rivaliza con una amiga (Mia Farrow) por el amor de un atractivo joven (Simon MacCorkindale, hoy perdido en telefilmes baratos pero durante un tiempo archifamoso por su aparición en teleseries como Falcon Crest) y la posterior persecución a la que Farrow somete a los recién casados a través del Mediterráneo y Egipto, quizá exponga demasiado abiertamente y permita presuponer el desenlace de la trama a medida que avanza el metraje (unas dos horas y cuarto). Obviamente, si una película contiene una introducción narrativa de unos diez minutos con sólo tres de los personajes antes de presentar al resto de sospechosos, por más motivos que éstos tengan para cometer el crimen, se nos está proporcionando demasiada información desde un punto de vista parcial a la hora de establecer una verdadera intriga. Una decisión arriesgada que, si bien permite sospechar con demasiados indicios acerca del whodunit (el quién lo hizo) al menos dispara las elucubraciones del espectador en cuanto al howdunit (cómo lo hizo).

Las interferencias del narrador en la presentación objetiva de trama y personajes no obstan a que se trate de una excelente intriga que posee apreciables virtudes cinematográficas, tanto por las interpretaciones (el elenco de intérpretes, junto a los ya citados, es soberbio y reúne algunos nombres primordiales de la escena británica y norteamericana: Peter Ustinov como inolvidable Poirot, David Niven, Bette Davis, Maggie Smith, Jane Birkin, Jack Warden, George Kennedy, Jon Finch, Olivia Hussey o Angela Lansbury) como por la magnífica música compuesta por el gran Nino Rota, así como el estupendo trabajo de dirección artística tanto en la recreación de atmósferas populosas del Egipto de comienzos de siglo XX como de los interiores victorianos de las mansiones, hoteles y el propio buque, y el fenomenal vestuario premiado con el único Oscar conseguido por la cinta.

Ciertamente que su metódico y preciso guión no consigue tapar del todo aspectos comunes a todas estas películas, como son, en primer término, la presentación y caracterización esquemática y tendenciosa de cada personaje y, más claramente, la visión parcial de los acontecimientos desde un punto de vista deliberadamente confuso y teledirigido para el despiste, desconcierto y sorpresa final del espectador, al cual se le esconden informaciones vitales mientras se le revelan otras que lo parecen y que son mera distracción, a la vez que a última hora aparecen nuevos datos, giros de guión y trampas ocultas que dan sentido a preguntas que se han ido formulando a lo largo del metraje, aumentando las dudas, sospechas y dilemas del público, pero que no existen realmente entre los personajes. Esta formulación constante en este tipo de películas detectivescas no le quita mérito a un magnífico guión obra del dramaturgo especialista en el género Anthony Shaffer, el mismo autor que en 1972 adaptó su propia obra teatral para la magistral La huella, de Joseph L. Mankiewicz y que el mismo año también supervisó el guión y la puesta en escena de Frenesí (Frenzy), de Alfred Hitchcock.

Verdadera delicia con sabor a cine clásico llena de diálogos acertados y ácidos en la línea del más fino humor inglés, adaptación muy solvente y lograda, contiene tres aspectos de la trama realmente destacables. En primer lugar la típica y tópica escena final común a todos estos productos en la cual el ingenioso detective explica, no ya la resolución final del caso, sino el propio proceso deductivo que le ha ido llevando a plantear la cuestión de fondo, establecer los sospechosos, descartarlos y concentrarse en la verdad, momento que como siempre va acompañado de las habituales recreaciones en flashbacks dramatizados por los actores de la exposición que el detective realiza oralmente con todos los sospechosos sentados a su alrededor en una única habitación.

Pero además, en esa misma línea humorística apuntada anteriormente, hay otros dos magníficos hallazgos que terminan de caracterizar el tono entre serio y frívolo de estos crímenes aristocráticos. Nos referimos, por un lado, a los maravillosos y punzantes diálogos entre Bette Davis y Maggie Smith, que interpretan a una anciana noble y a su asistente, una relación de amor-odio repleta de sarcamos, ironía, afilados puyazos y socarrón ingenio. Por otro lado, un momento un tanto desapercibido que tiene lugar al comiezo de la película: el hilarante tango que algunos de los sospechosos bailan en parejas en el hotel donde se hospedan previamente a su embarque. No sólo resulta chocante comprobar las dotes como bailarín de Peter Ustinov (por otro lado, magnífico cantante), sino también asistir a las hilarantes evoluciones tangueras de un siempre elegante y refinado dandy llamado David Niven junto a la chismosa, cotilla, bebida y estrafalaria novelista interpretada por Angela Lansbury. Impagable momento que por quedar en un segundo plano no ha adquirido mayor trascendencia.

Magnífica película de detectives que, pese a arrastrar alguna de las taras inherentes al género, cuenta con un personaje más que no es baladí: la hermosura y el aire de misterio de los paisajes y monumentos del antiguo Egipto, maravillosamente fotografiados e intercalados en la trama como un arma más del crimen.

19 comentarios sobre “El juego del ratón y el gato: Muerte en el Nilo

  1. La recuerdo con muchisimo cariño, del mismo modo, que recuerdo casi todas las adaptaciones cinematográficas que he visto sobre la obra de la Sra. Christie. Y es que, como siempre he defendido, si una peli tiene una buena historia (y biesn escrita) detrás, la empresa ya tiene mucho ganado.

    Hablando de historias, y al hilo de la entrada, contarte que llevo un tiempo repasando la obra del genial Javier Reverte, sobre todo, sus libros de viaje inspirados en África. En uno de los últimos que he leído; “Los caminos perdidos de África” el autor refiere el rodeo que hizo en su originaria ruta, únicamente para pasar dos noche en el hotel Old Catarat de Assuan, que es el que sale en la peli.

    Así que tu entrada, me ha venido al pelo para recordar esta anécdota.

  2. Me sucede lo mismo, amigo Raúl, tanto en lo que se refiere a las adaptaciones de la Christie, por cutres que sean, como con los libros de viajes de Javier Reverte (en el que, por cierto y como bien apuntas, siempre hay múltiples referencias cinematográficas).
    Uy, un Frankenstein con placa y pistola, qué peligro…

  3. Gran película. Yo la ví como debe de ser, en un cine. Claro, ya hace unos añitos de eso y por supuesto guardo un grato recuerdo. Y aunque es la tópica historia de saber quien es el asesino, no deja de sorprender el final que un poco no te lo esperas y por supuesto, una magnífica puesta en escena que refleja muy bien como debian de ser los cruzeros por el Nilo a principios de siglo XX.

  4. A mí este tipo de películas siempre me han parecido demasiado… refinadas para mi gusto. Para mí esta es una excepción, digna de ver, pero hay por ahí una serie de películas, o episodios, que no me los puedo fumar, no. Creo que son de Poirot.

  5. el trío de la foto canta más y mejor que el de Los Panchos!!!
    La ví e Ibiza, muy mal. A pesar de Bette me aburrió.
    Quizá aguante una revisión.
    Andaba por allí, oh casualidad, una joven Jane Birkin.

  6. Jean Robur, en realidad la identidad del asesino se intuye demasiado pronto. Lo que no es uno capaz de imaginar es el cómo, puesto que todas las pistas indican que quien nosotros sabemos que es, no ha podido ser. ¿Estaremos equivocados? Y si no, ¿cómo es posible? A eso queda reducida aquí la intriga.

    AdR, de todo hay. El problema es que son todos iguales, lo mismo que las novelas. Una vez visto el truco, ya no tiene gracia. La misma historia con un peor elenco de actores y sin Shaffer manejando los hilos apenas tendría trascendencia.

    Cacho de Pan, y que lo digas, menudos tres… Creo que Jane Birkin, a pesar de todo, nunca se deja ver por casualidad.

  7. Coincido en los aprecios manifestados acerca de las versiones cinematográficas de las novelas de Agatha.

    Esta me gustó mucho, al igual que Asesinato en el Orient Express, porque concita como personajes secundarios a una galaxia de estrellas ya maduritas que componen soberbiamente un elenco de secudarios superlativo: ¡Claro que Ustinov sabía bailar tango! ¡Y Niven también!

    Ambos eran actores de la vieja escuela, y sabían hacer de todo. Vaya pareja de amigos, inefables, como esa pareja de señoras ya mayores interpretadas por la Davis y la Smith: un verdadero lujo, contar con tales intérpretes.

    De hecho, sin esos grandísimos ¿secundarios? la película perdería no pocos enteros, porque el trío “protagonista” es más flojo.

    Y chincha, chincha, porque un servidor, años más tarde del estreno, se ha tomado un té frío justo en esas sillas de la foto: me tuvieron que arrancar de allí casi que a la fuerza, y yo diciendo que esperaba a “unos amigos”…. 🙂

    Saludos.

  8. Tras leer lo que cuentas mi chinchamiento no tiene límites…
    Una de las virtudes de este tipo de películas es el magnífico reparto, generalmente como apuntas, en cuanto a los secundarios, viejas glorias ávidas de un contrato o actores olvidados que hacían sus últimas apariciones, más o menos como en el cine de catástrofes.
    Y mi chinchamiento sigue aumentando…
    Saludos.

  9. En su día vi esta película y me gustó un montón.El papel de Hércules Poirot le va que ni pintado a Peter Ustinov.He leído bastantes novelas de Agatha Christie,y me lo imagino de lo más parecido al famoso detective.Que suerte tienes Josep de haber podido estar en el Old Catarat de Assuan tomando un té sentadito en esas mismas sillas.Me das envidia,sana,pero aevidia.Saludicos

  10. Raúl, como que estoy por hacer las maletas. Aunque Egipto ya no es lo que era, tomar el té empieza a ser un deporte de riesgo…

    Carmen, es el mejor Poirot posible, sin duda.
    Propongo que fletemos un autobús para irnos todos a tomar el té al hotelito en cuestión. Total, es un paseo.
    Saludos.

  11. Soy lector compulsivo de las obras de la señora,o gran señora Agatha Christie,que la asocio en matrimonio con el señor,o gran señor Hitchcock,por eso de los personajes que viven una vida “normal”y basta un pequeño desliz del azar,para que toda seguridad e identidad se disloque.
    Has escrito un magnífico post,mi querido Alfredo.Agatha Christie si solo hubiera escrito El asesimato de Roger Ackroyd y Diez negritos,esta última,la más imitada de toda la historia de la literatura de misterio y del cine de suspense contemporáneo,seguiría siendo una gran señora.

    Un fuerte abrazo amigo desde el Nilo de mis sueños.

  12. Gracias, Francisco. El asesinato de Roger Ackroyd es uno de mis libros favoritos, de cualquier tiempo, lugar y autor. Creo que es uno de los primeros que recuerdo haber leído y desde luego el primero de Christie. Creó escuela, al menos tanta como Hitchcock. Y no olvidemos a Wilder y su “Testigo de cargo”.
    Abrazos.

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