El inconsciente de un genio: Giulietta de los espíritus

giulietta

Para su primera película en colores, Federico Fellini se reservó un capítulo personal, mucho más íntimo, inaccesible e inconfesable que las vivencias propias ligadas a su profesión y recogidas en la magistral Otto e mezzo, rodada dos años antes. A un tiempo experimento formal y excéntrica narración de un capítulo oscuro finalmente eliminado de la anterior película, esta obra de 1965 resulta tan cautivadora como inquietante, tan seductora como repelente, pero de un atractivo visual irresistible que no ha perdido ni un ápice de fuerza en más de cuarenta años y que para sí lo querría más de un director que pretende hacer de los colorines su particular seña de identidad. Y decimos bien, película en colores, porque en su primera experiencia fuera del blanco y negro, Fellini nos obsequia con una catarata tremebunda e incontenible de ellos, un frenesí casi orgiástico de juegos cromáticos que no ha tenido parangón posteriormente y que va mucho más allá de la simple metáfora de arquetipos morales o estados de ánimo expresados a través del color.

La película supone la introspección psicoanalítica en el interior de la mente de una mujer, Giulietta (Giulietta Massina, compañera y sempiterna musa del cineasta). Ésta es una mujer algo ingenua, en algunos aspectos incluso casi infantil, que a diario halla pequeñas cotidianidades con las que sorprenderse e ilusionarse como si en lugar de ser una mujer de su edad se tratara de una niña ávida de conocer mundo, curiosa, osada, pero también escéptica, vacilante, temerosa. Giulietta está casada, pero su marido la engaña: su matrimonio es ya un mero formalismo, y él, asumiéndolo como tal, no escatima ocasiones para estar con otras mujeres, para mantener aventuras o participar en juegos sexuales, bien en pareja, bien en grupo. Giulietta, en parte por su incapacidad para afrontar la situación de una manera madura como corresponde a su edad, y en parte por la constante necesidad de abrirse a nuevos caminos, penetra en un extraño ambiente de videntes excéntricas, prostitutas de lujo y hombres y mujeres de alta sociedad que deambulan junto a ellas que, al mismo tiempo, como al espectador, la escandaliza y la atrae. Su tradicional educación en valores religiosos conservadores choca de lleno con el panorama de alternativas que se le ofrecen en ese planeta de sensaciones y tentaciones, mientras que su curiosidad o la necesidad de liberarse de esa carga de moralidad inducida, de esas convenciones que la esclavizan, la hace sentirse cada vez más llamada a introducirse de lleno en esa promesa de liberación que los devaneos de su marido le ha abierto.

Así, Fellini nos introduce en una narración que tiene mucho más de autobiográfica que lo que indica el nombre de la protagonista, si bien reboza cualquier referencia personal, por un lado, de un estilo que combina lo onírico y lo erótico con lo descaradamente surrealista, y por otro, con un lenguaje visual de enorme belleza y para el que realiza composiciones de planos realmente soberbias, más cercanas al mundo de la pintura que al del cine, en las que combina un auténtico carrusel de colores en una sucesión de escenas en que los rojos fuertes predominantes pueden convertirse en verdes fosforescentes o en blancos casi dolorosos a la vista que se pierden en una oscuridad tenebrosa casi gótica. En medio de todo esto, Giulietta, sacudida por la fascinante, enigmática y casi hipnótica partitura de Nino Rota, esa pachanga de tómbola o de tren de la bruja, deambula como por una feria, como una nueva Alicia o una Dorothy en busca de Oz, asistiendo a cada momento a la nueva representación de un mundo irreal, acaso soñado, que es el propio espectáculo de su interior, o la función a la que asiste junto a su marido, uno a cada lado del escenario, a cada lado de un mismo espejo.

No se trata probablemente de una película cómoda para cualquier espectador, de un producto disfrutable por todo tipo de público, como ocurre con buena parte del cine de Fellini. Muy al contrario, exige la predisposición total a participar en un juego, en un perturbador caleidoscopio de sensaciones y sugerencias al que acompañar a Giulietta adoptando su misma perspectiva entre cándida y pusilánime, espoleada por una curiosidad insana, sin hacerse otra pregunta que no vaya relacionada con la impaciente espera de la siguiente atracción del carrusel. Con todo, dos aspectos destacan enormemente en la película y hacen que merezca la pena su visionado, tanto por parte del enamorado del resto del cine de Fellini como por quien se vea inmerso sin comerlo ni beberlo en esta historia de ciento cincuenta minutos y se halle perdido en un aparente sin sentido. El primero de ellos es su modernidad formal y estética. La película, de 1965, resulta completamente actual, casi futurista, en lo que a vestuarios, maquillaje y atmósferas se refiere. Mucho más adelantada a su tiempo que el cine de su época, resulta chocante cómo cuarenta y cinco años después encaja tan plenamente con nuestra realidad y con los derroteros habituales de nuestra imaginación, sin resultar chirriante ni estrafalaria. Al contrario, se muestra absolutamente precursora y, de la misma manera que Antonioni un año después con Blow up, Fellini capta a la perfección la estética de la psicodelia y la cultura pop. El segundo es la aparición constante de la tecnología como instrumento al servicio de ese mundo onírico, surrealista, a través del cual Fellini se introduce en la mente de Giulietta (y de la suya propia; o de la nuestra…). Es constante la presencia de teléfonos, pantallas, televisores, proyectores de cine, imágenes, aparatos varios, que lejos de quedarse en los estrictos límites de su uso común y mundano, son puertas a ese otro mundo de sensaciones y perversiones por cuyo filo se mueve Giulietta durante todo el film.

Pero lo más importante de la cinta, lo que obliga a verla como mero escaparate, como una antigua atracción de feria, como una parada de monstruos en la que ver desfilar diferentes criaturas, todas ellas con una parte humana y otra soñada, imaginada (no necesariamente la más evidente), es que la película constituye junto al cine de Buñuel, de Hitchcock y de Bergman, quizá una de las mejores y más logradas zambullidas por parte de un cineasta en el inexplorado mundo del inconsciente, ese mágico y desconocido plano de la existencia donde reinan los sueños, los absurdos, los secretos de lo inconfesable o de lo incomprensible, lo que nos da miedo de nosotros mismos, lo que también nos llama con una fuerza irresistible. Giulietta se atreve a asomarse a ese mundo de la mano de un marido que la lleva a rastras hasta él. El culpable de adulterio es sin embargo su cicerone por ese mundo atractivo de lo prohibido, de lo no sujeto a reglas o convenciones. Giulietta y Fellini son dos planos del mismo ser, dos caras de la misma moneda, la cara visible y la oculta de la luna. Esa misma que nosotros no nos atrevemos a mirar de frente.

Anuncios

22 comentarios sobre “El inconsciente de un genio: Giulietta de los espíritus

  1. Creo que ya te he contado alguna vez que nunca he podido entrar en el universo felliniano, y me da igual que suene a aberración cinematográfica. ¿Por qué? No lo sé muy bien: demasiada italianidad, demasiada testosterona, demasiados pechos grandes… No tengo sitio en ese mundo. Pero estoy dispuesta a penitenciar y redimirme.

  2. Pues no, Noe, no me parece una aberración. A mí, de los grandes maestros reconocidos es precisamente el que más reparos me genera, con el que marco más distancia, el que más me tira para atrás; por eso digo en el post que no se trata de una película ni mucho menos para todos los públicos. Sin embargo, tiene tres o cuatro películas en las que el cine está por encima del cineasta, y ésas son geniales.

  3. ls vi hsce mucho tiempo y no congeniamos, pero con el tiempo a veces las películas se ven de otra manera, a ver si tengo la oportunidad de verla ahora. Tu artículo, Alfredo, aporta una visión estimulante, y Fellini tiene un imaginario tan personal… Felicidades una vez más por este blog, es siempre un placer. Un saludo.

  4. exhaustivo y sensible, como siempre
    es una película que me fascina, siempre lo hizo, a pesar del desprecio crítico en su momento.
    y sandra milo, qué maravilloso personaje! un abrazo

  5. Gracias, Sam. A mí en el primer visionado me pasó igual, Sam, de hecho no sé cómo tuve ganas de verla de nuevo. El segundo visionado me alucinó.

    Gracias amigo Dante. La Milo está hecha una Venus, sin duda. En cuanto al desprecio crítico, no era raro en Fellini. Con el tiempo su cine gana mucho y sus críticos lo pierden casi todo.

  6. ¡Magnífico texto!
    Creo que hay un grave malentendido respecto a las últimas obras de lo que yo considero uno de los directores más importantes del mundo.Sus primeras obras;Los inútiles,La estrada,Guiulieta de los espíritus,La dolce vita,fueron auténticos bombazos a nivel mundial,claro,pero la mayoría de los espectadors sólo se quedaron el la historia plana.Fellini no es un simple director,no es un intelectual,hoy le tachan de eso,sino un artista con un mundo interior riquísimo.Bueno,a lo que iba.Por ejemplo,en Las noches…todo es irreal,confuso,quizá un sueño.Cabiria,ese payaso chaplinesco,como Gelsomina en La estrada,no sabemos muy bien si todo lo que le pasa es cierto o es producto de su imaginación.Va a la casa del actor reconocido,pero no deja claro si es fruto de un deseo irrealizable para ella.Cuando conoce al hombre de su vida,aparece justamente cuando ella sale de un teatro y ha sido examinada por el mago.Descubrimos que lleva en su interior una personalidad romántica y soñadora.En las películas mencionadas aparecen todos estos detalles que ya no tienen nada que ver con el neorrealismo italiano.Fellini era un moderno para la modernidad.Con Ocho y medio,Fellini cambia su registro para ser más radical y crítico a escepción de Giuletta de los espíritus,que parece retornar a su obra anterior.He leído también la novela publicada por Anagrama y escrita por él mismo.Después su obra posterior,la criticada,me parece a mí que es un prodigio de la imaginación de un artista consumado.Ginger y Fred me parece una de las mejores críticas sobre el espectáculo en decadencia manipulado por los medios de comunicación que yo jamás he visto.Fileme bello y con unas actuaciones inolvidables.Prueba del orquesta es otro ejemplo sobre las ansias del poder por parte de un artista.La ciudad de las mujeres tocando el nuevo feminismo que se avecinaba.Y la nave va (que publico en breve)es el fin de lo que podíamos llamar la cultura europea,cuestionandose de una manera intensamente artística,nuestra percepción de una supuesta realidad.En La voz de la luna,las masas alocadas contemplan en una pantalla gigante el cautiverio de la mismísima luna mientras un par de locos buscan la realidad a través de una voz que surge de un pozo.
    Hace tiempo que pude adquirir el guión que nunca pudo rodar de su famosa El viaje de Mastorna (escrita por los tiempos de Ocho y medio)pero una vez leído pude ver que tanto el personaje como Fellini estaban agotados.Lo que me conmueve es que después de todo eso surgió su nuevo período,el que te comento.

    Disculpa por el sermón.Es que el cine de Federico Fellini me apasiona cada día más.
    Un fuerte abrazo,amigo.

  7. Gracias, Francisco, pero para texto, el tuyo, un compendio resumido de la carrera de Fellini. Estoy de acuerdo en la descripción que haces de él como artista pleno, no sólo cineasta, de ahí que sus películas superen toda convención de la narrativa cinematográfica, a veces para bien, para muy bien, y otras para envolver al espectador en un mundo aparentemente sin sentido.
    Personalmente algunas de sus películas me gustan mucho (La dolce vita, Otto e mezzo, Amarcord, Casanova…) y otras bastante poco (como Roma, por ejemplo). Yo siempre he sido más de Rossellini y de Visconti.
    Abrazos.

  8. Federico es en mi opinión quizás el más grande director europeo (no contando los europeos emigrados a USA), pletórico de ideas propias que sabe llevar a la pantalla con un barroquismo exhuberante.

    El magnífico texto con que nos has alegrado este lunes creo que lo expresa perfectamente y nada tengo que añadir, quitándome el sombrero, que no repondré hasta que convengas conmigo que uno de los elementos clave de esta película es la fabulosa actuación de Giuletta Masina.

    Saludos.

  9. Creo que la fotografía que has plasmado al principio ya lo dice todo ¿no es así?. En cualquier caso siempre he adorado el cine de Fellini aunque ésta no la haya visto. La veré.

  10. Si no es así, al menos está en el podium, amigo Josep. Un creador en toda regla, eso es indiscutible, más allá de que a veces el resultado sea tan personal, tan propio, que la mayor parte del público ande desconectado.
    Cúbrete, cúbrete la cabeza, que Giulietta Massina es más infalible que los Papas.
    Saludos.

    Pues sí, Dana, la foto es indicativa, aunque en la película apenas es un momento. Eso sí, conviene sentarse ante la pantalla a dejarse llevar, a impregnarse.

  11. Fellini está a la altura de los mejores, quizá incluso del más grande.
    Entre tu soberbia crítica (es, efectivamente, la película “más difícil” de las del maestro) y el comentario que te ha dejado Francisco, quien no quiera aprender de cine viniendo a visitarte es, sencillamente, que no quiere aprender de cine.

  12. Raúl, es que los comentarios de Francisco son un lujo, como tantos y tantos que tengo la suerte de recibir aquí. A mí Fellini es, de los grandes genios, el que menos accesible me resulta, probablemente por mis propios prejuicios, pero a veces deja completamente noqueado con su poder visual y la enorme carga de lo que cuenta bajo esa aparente capa de caprichos narrativos.

  13. Después de leer tu post y los comentarios hasta ahora,se habla de uno grande entre los grandes..A mi ,por lo que sea,no es que me guste.Mas bien no .
    Entro en el grupo de público desconectado con el cine de Fellini.
    Saludicos

  14. Es lo común, Carmen. Quizá con ningún otro cineasta se hace patente tanto rechazo, incomprensión, tibieza o indiferencia, según el caso. Te confieso que a veces a mí también me cuesta.
    Saludos.

  15. Amarcord, Carmen, igual es su película más “accesible”, al menos mucha gente suele reconocerla como la que más le gusta de Fellini. Que sea narrativamente más “convencional” no puede ser ajena a ello. Con todo, guste más o menos, es una obra indispensable.
    Saludos.

  16. Gracias, Marta. Efectivamente, es una de esas películas arrolladoras, estética y conceptualmente, pero quizá un poco densas para un público generalista. Ésa es la gran carencia y la gran ventaja, de Fellini.
    Besos.

  17. Uf, creo recordar que empecé a verla hace muchíiiiisimo tiempo y no me enganchó pero creo lo tengo que intentar de nuevo.
    Es que es leerte y picarme oye..
    Besos findesemaneros.

  18. Por eso digo que hay que dejarse llevar, no esperar nada más que a uno lo lleven de la mano. No busques una lógica o un orden narrativo convencional. No preguntes, sólo siente.
    Besos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.