Woody Allen sin Woody Allen: En lo más crudo del crudo invierno

invierno

No era de extrañar la gran solvencia con la que un fondón Kenneth Branagh hizo de trasunto de Woody Allen en su magnífica Celebrity (1998); ya tres años antes, el director británico se había imbuido del universo cómico woodyalleniano para abordar una pequeña producción situada finalmente entre la grandilocuente y fastuosa (y fallida) Frankenstein de Mary Shelley (1994) y la espectacular, majestuosa, monumental, Hamlet (1996), En lo más crudo del crudo invierno, una película que constituye probablemente la mejor imitación, al menos desde cierta perspectiva, del trabajo de Woody Allen dentro de la interminable legión de imitadores suyos que en el mundo han sido (empezando por Todd Solondz y terminando por Neil LaBute). La película, al mismo tiempo deudora de este tributo inconfeso hacia la obra del autor neoyorquino y de la obsesión casi laurenceoliveriana u orsonwellesiana (la cosa va de palabros raros) de Branagh por la obra de Willliam Shakespeare, posee a partes iguales elementos de uno y otro, algo a priori disparatado pero en ningún modo gratuito (sabido es el gusto de Allen por el cine de Welles y Bergman, ambos herederos en su forma de narrar de la manera shakespeariana – uno más – de montar sus trágicos dramas y de dotar de psicología a sus personajes, e incluso en el caso del director sueco, también a la hora de construir alguna de sus comedias, como por ejemplo, Sonrisas de una noche de verano, readaptada a su vez en 1982 por el propio Allen en la película de cuyo guión hemos extraído un diálogo de inminente publicación), como se va descubriendo con el avance de los minutos.

Tras unos créditos iniciales en blanco sobre fondo negro con un estilo y una música que podrían pertenecer a cualquier película de Woody Allen, nos encontramos en la Inglaterra de los 90: plena crisis económica (para variar) y un actor (Richard Briers), una antigua promesa convertida en celebridad y ahora venida a menos, que pretende sacarse la espinita de representar y dirigir por fin un montaje teatral de Hamlet. Desaconsejada por su agente (una Joan Collins plastificada, recauchutada y/o momificada que no se sabe qué pinta aquí, nuevo nexo con Woody Allen y sus trabajos con, por ejemplo, el plastificado, recauchutado y momificado George Hamilton), que le impulsa a buscar trabajos más comerciales, artísticamente irrelevantes pero muy rentables económicamente, acepta los planes de su hermana para representar la obra en la antigua iglesia de su pueblo, un edificio precisado de restauración sobre el que los buitres del mercado inmobiliario han puesto los ojos para cobrarse ciertas deudas. De este modo, en plena Navidad, se pretende apelar a la generosidad de los vecinos para recaudar fondos y salvar el edificio. Para ello, crea una compañía nueva formada por actores amateurs, para cuya elección realiza un casting que termina resultando delirante por una confusión idiomática en el anuncio publicado en el periódico (un tipo que se presenta para interpretar los personajes femeninos, una “vieja gloria” soberbia y altanera que se las da de importante mientras reza por lo bajini para que le den trabajo, una chica que pretende convencer al director de que es válida para Hamlet interpretando Heart of glass, de Blondie, un individuo que ve en la obra de shakespeare la clave para entender incluso la geología, un alcohólico que huye de su padre, una excéntrica diseñadora de escenografías y vestuarios que está como una chota…). Ése es sólo el primer capítulo de una serie de inconvenientes que continúa con el hecho de que la antigua iglesia a salvar no es la que él recordaba, una preciosa capilla de piedra rodeada de una hermosa pradera verde, sino una ruinosa iglesia de ladrillo que no le gusta a nadie. Y desde ahí, la catástrofe que constantemente amenaza con acabar con el proyecto, no sólo por el lento avance en la preparación de la obra, sino por el inevitable enfrentamiento o enamoramiento de algunos de los miembros de la compañía.

Rodada en un excelente blanco y negro y con un tono amable, ligero, de comedia con tintes de drama, sobre todo en lo tocante a los traumas y problemas que han llevado a cada personaje a embarcarse en tan incierta aventura, la película, de apenas hora y media de duración, termina resultando una delicia tierna, irónica, pero también una comedia inteligente, ácida, intensa y no exenta de magia. Fruto del amor de Branagh por el teatro, son precisamente las interpretaciones de los personajes, todos ellos actores prácticamente desconocidos en España (Hetta Charnley, Nicholas Farrell, Mark Hadfield, Gerard Horan, Celia Imrie, Michael Maloney, Julia Sawalha, John Sessions) y, sobre todo, los brillantes, ágiles y agudos diálogos, los que, aunque en un escalón notablemente inferior, permiten la comparación con el cine de Woody Allen más allá de la copia absoluta en cuanto al estilo narrativo y de las diferencias en el nivel de ingenio y mordacidad. Película más “blanca” que las del neoyorquino (apenas aparece el sexo, la religión o la filosofía como motores que mueven a los personajes por encima de una esfera más bien inocente o superficialmente apuntada), sí en cambio apuesta más claramente por un sentimentalismo más convencional en el que quizá se echa de menos algo más de garra (o de mala leche) y que probablemente echa por tierra en parte la perfección del resultado final (happy ending total, baile incluido, a la moda de las propias comedias de Shakespeare). En cuanto al estilo, la división por capítulos, los créditos iniciales, el dibujo de los personajes (empezando por el de Richard Briers, desquiciado, gesticulante, algo caótico y neurótico, al que sólo le falta ser judío y acudir al psicoanalista para parecer creado por el propio Allen), el ritmo de las escenas, la interacción entre los intérpretes, la construcción de los diálogos y la brevedad, todas esas notas mezcladas y agitadas, remiten directamente al genio de Nueva York, del que esta película, como se ha dicho, es manifiestamente deudora.

Película puramente invernal para disfrutar en buena compañía bajo las mantas desde el sofá de casa mientras fuera la lluvia, la niebla o el frío hacen de las suyas, es otra de las merecedoras de un hueco en ese género inexistente que aquí llamamos “reconstituyentes para el ánimo”. De puntillas, sin hacer casi ruido, nos va seduciendo con su sencillez y su honestidad y, aunque no nos regala nada excelso o sublime, sí cumple lo que promete: ternura, humor, buenos propósitos, diálogos punzantes e interpretaciones solventes. En los tiempos que corren, más que suficiente. Muy recomendable.

28 comentarios sobre “Woody Allen sin Woody Allen: En lo más crudo del crudo invierno

  1. No he visto la película, pero debo decirte que aunque tu reseña es excelente, me gustaron más tus palabras: “Película puramente invernal para disfrutar en buena compañía bajo las mantas desde el sofá de casa mientras fuera la lluvia, la niebla o el frío hacen de las suyas (…) En los tiempos que corren, más que suficiente”. Es un poema…

  2. Recuerdo que la vi en su momento y me encantó. Sí, totalmente de acuerdo con ese cine “reconstituyente para el ánimo”.

    Se unen muchas cosas que aprecio: el humor, el amor al teatro, Shakespeare, un grupo de personas que consiguen -a pesar de los obtáculos- llevar a cabo un proyecto común, el blanco y negro…

    Sí, la recuerdo como película linda.

    Hubo una época en la que Branagh me hacía ir al cine con una sonrisa o con emoción.

    Besos
    Hildy

  3. no la he visto, pero lo de imitadores de Allen, ¿Solondz?, no lo veo, había quien decía que Kevin Smith -la magnífica “Clerks” y tantas decepciones después-, que si… en fin, cuarenta, y sinceramente yo no lo veo. Y la prueba está en la trayectoria que han seguido los demás y Woody Allen, en sus filmografías. Pero la peli parece que tiene su interés, aunque el Branagh cada vez me tira más para atrás, pero tu comentario es tan bello que dan ganas de verla, a ver si la encuentro. Un saludo

  4. Bueno, Magda, fue un ejercicio terapéutico de recuerdo de los fríos invernales ante el calorazo infernal que hacía mientras estaba escribiendo el artículo. Pero gracias igualmente.

    Pues a mí me parece clarísimo en “Happiness”, por ejemplo, Sam, pero, sin embargo, “Clerks” no me lo parece en absoluto. Sus respectivas derivas confirman precisamente lo que pretendía decir, su carácter imitador, meramente superficial, y la imposibilidad de desarrollar universos propios que emulen el modelo original una vez que quieren obviar los vínculos con el cine de Allen. El caso de LaBute (“Amigos y vecinos”) es palmario.
    Y Branagh, a mí siempre me ha gustado su vena clásica, el tipo me cae bien y tal, pero últimamente está perdidísimo.
    Saludos.

  5. Llevaba yo un tiempo sin acordarme de Todd Solondz, que es una de mis bestias pardas favoritas desde que vi “Happiness”. ¿Tienes por ahí algo escrito sobre él? Gracias por recordármelo. Me lo apunto como deberes, a modo de “Vacaciones Santillana” para este verano.

  6. La verdad es que siempre me ha gustado Kenneth Branagh, siempre me ha parecido al menos un actor correcto en todas sus interpretaciones. Recomendación que nos haces digna de apuntarse y… no estaría mal disfrutarla en buena compañía, bajo las mantas. Lo malo es tener que esperar al invierno…

  7. No estoy muy de acuerdo en la referencia que haces a Woody, porque para mí, esta película es una muestra del intenso amor, pasión diría, que Kenneth siente por el teatro.

    Ese grupo de amantes de la escena clásica, unos aficionados, otros profesionales sin trabajo, unidos en esa aldea remota rodeada de frío y soledad, me cautivó desde el primer momento, quizás por mi propia afición al teatro, pero, sin duda, por la labor de Branagh que sabe contagiar ese espíritu altruista (beneficiar la reconstrucción) que acaba por otorgar felicidad al grupo.

    Cuando recuerdo películas como ésta entiendo el porqué soy un fanático de los intérpretes ingleses…

    Coincido desde luego en el aspecto revitalizador y vitanímico de esta pieza que has sabido presentar de forma tal que, los que la hemos visto ya, seguramente volveremos a verla pronto, y los que la desconocen (lo cual, dicho aparte, no es extraño, vista la forma de distribución) apetecerán sin duda hallarla para descubrirla, y todos debemos darte las gracias.

    Saludos.

  8. Gracias, Josep, estoy de acuerdo en el tributo al teatro que se hace en la película, pero ¿no ves en Briers un protagonista típico de Allen, desde sus motivaciones a sus comportamientos, sus dudas y su cuota de patetismo? Cierto que más o menos hacia mitad de la película ésta se va a apartando más de las similitudes, pero yo le veo un tufillo a Allen ya desde los créditos, que son clavados a los que él lleva utilizando durante lustros.
    Saludos.

  9. La película es simpatiquísima, y espero que no se tome el adjetivo como tibio o peyorativo.
    Lo que no sabía yo (Josep parece discrepar al respecto) es que es un tributo, un acercamiento o una filia inconfesable hacia la obra del gran Allen; jamás hasta ahora que te leo, me había planteado la cuestión.
    Por otro lado, me consta (creo) que te encanta Branagh. A mí me gusta, sí… pero no tanto.
    Un abrazo.

  10. A ver, que tampoco quiero convertir una impresión personal en una verdad manifiesta. No digo que la película sea un tributo a Allen, ni mucho menos. Es un tributo al teatro en toda regla, al teatro clásico para más señas, pero al amigo Branagh, como si de intertextualidad se tratara, le influyeron los modos y maneras de la comedia de Allen. A mí me parece evidente, pero no deja de ser una impresión.
    Un abrazo.

  11. Sintetizando todos los comentarios, diríaBranagh rinde tributo al teatro al que adora y se “vale” del especial sentido de Allen para el cine, para convertir lo que podría haberse quedado en simple teatro en una obra francamente cinematográfica.

    Saludos

    Coincido contigo en que Branagh ultimamente no parece encontrar algo que degustar (hablando de cine). Tengo para ver la última serie que ha rodado para la BBC, una serie basadea en los libros de Mankell y el comisario Wallender. A ver que tal, esas series de la BBC no suelen defraudar.

  12. Eso será… No quiero contagiar mis rarezas al resto, pero insisto, para mí es evidente la semejanza.
    Tiene buena pinta eso de la BBC. No te olvides de “Radio encubierta”; el papel de Branagh como ministro británico es de lo mejor.
    Saludos.

  13. Una película que sí me parece muy influída por Woody Allen es “Cuando Harry encontró a Sally”. La de Solondz, sigo sin verla, Allen tiene una vitalidad más alegre. Saludos.

  14. Nueva York, una familia judía con tres hermanas, un mundo de artistas y profesionales liberales, conflictos de amor y sexo de los que son partícipes, por dios, hasta hay un psiquiatra… Valga que cualquier intención crítica con la sociedad es más ácida, directa y explícita que en Allen, pero blanco y en botella, amigo Sam.

  15. Esta me la dejo para verla con pijama,calcetines,mantas,si es posible chimenea y un largo etc.La veré.
    Después de leer lo que has escrito de ella, no me la pierdo,la dejo para los deberes de invierno.
    Películas con buenos actores de teatro siempre es un lujo.
    Actores británicos hay fabulosos,Richard Burton haciendo teatro ,un lujo,Michael Cain ,Jeremy Irons ,Alec Guinness,Sean Connery,otro tanto y así un larguisimo numero de estupendísimos actores .No puedo opinar con lo que dices de la similitud con Woody Allen ,porque no la he visto,pero por lo que dices bastantes semejanzas ya las hay.Yo entiendo muy poquico de cine,pero como para ver si se parece a Allen,aún llegaría.Sabes que cuando la vea me volveré a pasar por aquí.
    Saludicos y otra vez gracias por enseñarnos tanto.

  16. yo me refería al tono, que para mí es lo característico de Allen, el contexto puede ser similar, pero el tratamiento de Allen es diferente, por eso creo que compararlos no tiene sentido, pero hay opiniones para todos los gustos. Saludos.

  17. en happiness más bien se trata de influencia, pero esto de imitar, comparar, en el fondo suele ser mejor hablar de que tal director influye en otros, “imitador” me parece una palabra fea a menudo injusta, a mí Happiness no me gustó pero no considero a Solondz un imitador de Allen porque no ha imitado su estilo, en un contexto parecido ha puesto su sello personal.

  18. Conozco la película de Allen pero no he visto la de Branagh.Este último,realmente me da un poco de grima.No me gusta su cine,ni sus pastelazos shakesperianos,pero admito que la película que tan brillantemente comentas,me ha suscitado el gusanillo.

    Un fuerte abrazo.

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