Mis escenas favoritas – Los puentes de Madison

Una demostración de que el cine es fundamentalmente un medio visual. El viejo Clint Eastwood, el último clásico del cine, compone una escena en la que predominantemente con imágenes es capaz de transmitirnos todas las sensaciones, dudas y frustraciones de dos personajes que se encuentran en una tardía encrucijada vital. Una escena tan sencilla como magistral, tan conmovedora como magníficamente filmada.

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33 comentarios sobre “Mis escenas favoritas – Los puentes de Madison

  1. MAGISTRAL. ¡Qué acierto llamar a Eastwood el último clásico!, no puedo estar más de acuerdo. Me atrevería a decir que ésta maravillosa escena es cine mudo llevado a nuestros días y, qué razón tienes en el valor de la imágen para el cine. Maravillosa escena y gran acierto lo del tiempo lluvios, por supuesto.

  2. Es maravillosa, dulce, dura, tierna, estremecedora… es todo. Es, sencillamente fantástica.
    Para mi el momento de mas tensión es cuando ella está a punto de salir del coche, y “se rompe” esa tensión con algo tan efímero como el parpadeo de un intermitente.
    Y con esa música…

  3. Soberbia escena. Y qué magnífica pelícla toda entera. ¡Qué mal rato cuando la vi en pantalla grande en su momento! Qué ganicas de llorar…Y es que tiene un montón de encantos. Ese aire de misterio que siempre flota en casi todas pelis de Clint: el amante antiguo, la historia desconocida que se va a desvelar, los propios paisajes y el puente solitario en el río…¡Y esta actriz maravillosa que no tiene la hermosura convencional pero que es doblemente seductora que las guapas oficiales! ¡Y Clint, claro!

  4. ¡Ay, con “Los puentes de Madison” me has dado! Es una película soberbia. Una historia de amor repleta de sentimientos, pero sobria, sin empalagar como algunas que hay por ahí. Y la escena final… ¿qué voy a decir de esta escena que no hayais dicho ya en los comentarios anteriores? Ese pobre Clint Eastwood empapándose bajo la lluvia, mientras contempla a Meryl Streep por última vez. ¡Sencillamente magistral!
    Saludos

  5. Amigo Dana, evidentemente la expresión no es mía. Precisamente lo que Eastwood no olvida jamás, y lo que muchos directorcetes de pacotilla pero con mucho marketing pasan por alto, es que el cine es un medio audioVISUAL, que no basta con poner gente delante de la cámara, que hay que mirar, mostrar, sugerir, detallar, pormenorizar, descubrir… No basta con que pasen cosas ante la cámara. Es la cámara la que ha de buscar las cosas que pasan.

    Efectivamente, Gabriel. La prueba palpable de que el suspense no tiene por qué ir ligado a las tramas criminales o misteriosas. ¿Es que acaso no hay misterio, incertidumbre, aquí? La cantidad de matices de esta escena es tal que no hay espacio para comentarlos todos, pero ya lo habrá ya…
    Un abrazo.

    Carlos, para los adscritos a los amores crepusculares o al filo de la nada esta película es única (y uno, en otra cosa no, pero experto en esto es un rato). Precisamente una de las mayores virtudes es que los protagonistas son lo que son, nada más. Gente normal, eso que se echa tanto de menos en el cine más comercial de aquellas latitudes.

    Pues sí, Carmen, y eso que en 1966 todo el mundo tenía a Eastwood por mamporrero… Pocos años más tarde ya les calló la boca a muchos con “Escalofrío en la noche”, y su carrera deja patente que no sólo era un pistolero cachas y desaliñado de interpretaciones planas. Había mucho actor ahí, pero sobre todo, mucho cineasta.
    Sólo hemos hablado de una película suya aquí, pero habrá muchas más, seguro.
    Saludos.

  6. Sí, Alfredo, es una peli muy cuidada en la que todo es casi una obra de ingenieria emocional, la fotografía, la música, Meryl y CLint tan “ajenos” actoralmente y tan mimetizados en este trabajo.
    Aunque yo, de ser Francesca, me hubiese bajado de la furgontea. DEspués de tantos minutos de valentía es espectador no se merece que sea una mujer más.

    Besos, besos.

    Nota: Me gustaría saber tu , siempre documentadísima, opinión sobre “Amor” de Rosellini con la gran Magnnani. ¿Puede ser?

  7. Podría ser, Sonia, pero la vi una vez hace muuuuucho y apenas la tengo fresca… Intentaré volver a verla pronto y ya veremos. Por cierto, ahí ella estaba impresionante, y Fellini desconocido…
    Precisamente creo que el puñetazo emocional más intenso, decisivo, grandioso, es que Francesca no baje de la camioneta. Y además sirve de metáfora para tantas y tantas mujeres que han “tragado” con diversas situaciones por razones de oportunidad o necesidad, y que han perdido trenes a lo largo de su vida con abnegación y resignación.
    Besos.

  8. Algo extraño pasa, mi querido Alfredo, que tu robot rechaza mis mensajes cuando me identifico.
    Te escribía hace unos minutos que casualidad de las casualidades hace tan sólo unos días volví a ver Los puentes de Madison y me emocioné de nuevo. Y es que la historia de Francesca y Robert merece disfrutarse en tranquilidad, quizá, en solitario para dejarse envolver por el objetivo fotográfico de Robert que todo lo recoge. Para sentir esa gota de agua que cae de la ducha y resbala por el cuerpo de una Francesca que se baña y que siente todo el deseo…, minutos antes Robert se ha duchado ahí. Para recorrer esos puentes que unen caminos y personas y quizá alguien te ofrezca un ramo de flores silvestres en agradecimiento o te gaste una broma. Para sufrir cuando una camioneta con una cruz colgada en el espejo retrovisor gira a la derecha, alejando una posibilidad de futuro y cambio, mientras una mujer agarra con fuerza el manillar de su coche que la lleva de vuelta a casa. Todo bajo la lluvia. Para oír esa vieja radio con canciones lentas y bailar junto al hombre amado en noche calurosa con cerveza fría y ensalada compartida…
    En fin que Los puentes de Madison es una joya que explora emociones íntimas. Es el retrato maravilloso del proceso de enamoramiento.

    Besos y gracias
    Hildy Johnson

  9. y que no hubiera sido posible, o lo hubiera sido menos, sin la presencia de esas dos máscaras tan especiales, dos actores que entienden lo que están haciendo, que seguramente han vivido, o al menos pueden imaginarlo con absoluta sensibilidad, algo similar.

  10. No hace falta sonido para esta escena, la he visto sin él y no pierde la fuerza y la magia del momento. Las escenas rodadas a través de los parabrisas chorreando agua me parecen preciosas.
    Un abrazo.

  11. Confesaré algo.
    Hay otras, claro, que hacen que de vez en cuando aflore en mí ese lado más sensible que algunos podrán decir que tengo. Pero esta película es la única que me hace llorar cada vez (y digo cada vez y por tanto siempre) que la veo. el caso es que acudo a ella con una regularidad tal, que algún psiquiatra tendría mucho que decir al respecto.

  12. Totalmente de acuerdo.El cine tiene su expresión,o debería tenerlo.Hoy,todo se da por aludido mediante el diálogo o la redundancia entre lo que se dice y lo que se ve.Los directores que mejor entendieron el medio cinematográfico fueron los que trabajaron en el periodo mudo y después se pasaron al sonoro,cito como ejemplo a Fritz Lang.En La mujer del cuadro,vemos al personaje durante cinco minutos salir del trabajo con dirección a su casa.Son cinco minutos de silencio,pero cuando Edward G.Robinson pronuncia la primera palabra con su mujer,el espectador ya lo sabe todo sobre él.Quizá me he ido por los cerros de Úbeda.

    Un fuerte abrazo.

  13. Es que, Hildy, mi robot debe de ser tonto perdido… En efecto, retrata el proceso completo, incluida la derrota.
    Besos y gracias a ti.

    Cierto, Dante, pesa mucho la experiencia de la frustración a la hora de acercarse a este par. Quizá por eso hay a quien le tocan mucho, y otros que no les conmueve nada.

    En efecto, Lucía, porque lejos de otros directores más recientes, que cuando quieren mostrar melancolía siempre recurren a la lluvia y al otoño en plan estético, Eastwood lo introduce en la escena como guarnición, como acompañamiento perfecto, pero siempre en segundo plano, en escenario, no como interludio presuntamente conmovedor.
    Abrazos.

    Bueno, Raúl, no va mal de vez en cuando un ejercicio de terapia lacrimosa. Muy recomendable para la salud mental y espiritual. Pero muy de vez en cuando, a poder ser.

    Pues no, nada de Úbeda, Francisco, es un comentario muy pertinente, porque hace hincapié en algo que hoy se está perdiendo, se abusa de la verborrea y se emplea muy poco el concepto de “mirada”, que es la piedra angular del cine.
    Abrazos.

  14. Magnífica escena, si señor; hay que resaltar que sin la excepcional actuación de la Meryl no sería lo mismo, claro; la virtud de Clint reside tanto en la planificación como en la confianza que ella sabrá expresar hasta el más nimio detalle ese debate interno del personaje en una pulsión que consigue acelerar los latidos de nuestro corazoncito de espectador atento, pensando si saldrá o no del coche.

    Es por escenas como esa que consideramos a Clint como un viejo maestro, más atento a expresarse con la cámara que a pirotecnias olvidadas en un instante. Amén del valor que presupone apartarse de un happy end acomodaticio.

    Saludos.

  15. Desde que vi el título de esta entrada, sabía a cuál escena te referías. Y es que ni modo, pero no hay otra, y esta es sencillamente perfecta, genial. A mí me saca las lágrimas cada vez que la veo.

    Eastwood ha sabido mantener a flote, con arte, dignidad y calidad, cierta parte de la mitología gringa.

    Saludos.

  16. Hola, Escalones. ¿Te crees que no he visto la peli? Pues créetelo, que no la he visto. Sí que he visto el vídeo que has puesto, sin voz, y me han cautivado la lluvia (son mi debilidad las escenas de lluvia; lucen mucho siempre) y los semáforos colgados (otra debilidad sentimental).
    La única objeción que pongo es que Eastwood, con el pelo pegoteao, parece Anasagasti.
    Besos. Y veré la peli en cuanto la pongan en la tele.

  17. En efecto, Josep, la película perdería mucho si Meryl cambiara de coche… Amén de que entonces el bucle sería imposible. A veces Clint abusa de esta minuciosidad sentimental, pero aquí se quedó en su punto.
    Saludos.

    Sobre todo, Gustavo, porque ha sabido apartarse de clichés y buscar una esencia tan reivindicativa como autocrítica de lo gringo, precisamente más acorde con la realidad de un país tan grande en tantas cosas y tan miserable en otras, y lo hace, en efecto, desde la raíz de sus mitos.
    Saludos.

    Asín es, Carmen.
    Saludos.

    Ay, Noe, que mira que la han puesto veces… Y la pondrán, así que no te apures que de aquí a quince días seguro que la ves. Me has matao con la comparación…
    Besos.

  18. Poderosa escena. Mimada en todos sus detalles. Se nota que a Clint también le gustó.

    Coincido contigo. La furgoneta debe de irse con rumbo desconocido.

    Saludos,

  19. Y menos mal que tampoco cayó en la tentación (porque para eso es un grande) del plano de detalle de Meryl leyendo el nombre del fotógrafo en un ejemplar de National Geographic con la lágima viva…
    Saludos.

    Pues sí, Marta, porque hace pensar: si cuando queremos a alguien realmente lo queremos, cuánto y de qué manera, si queremos o amamos y cuál es el límite o cuál el espejismo.
    Besos.

  20. Ya no me acordaba de esta película…pero sí de la escena porque en su momento me encogió el estómago, me puso en tensión (¡sal del coche demonios!)…me emocionó. Exactamente igual que ahora. Hoy, que aquí también llueve.
    Que momento más hermoso nos traes querido. Besos.

  21. No creo que sea: no salgas del coche y así no fastidias la pelíula. Si hubiera salido del coche no todo hubiera sido un jardín soñado, porque ¿qué hay de los remordimientos que hubieran fastidiado en mucho su vida?. Es el final perfecto, el único final, sí señor. Qué preciosa película.

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