Cine en serie – La princesa prometida

prometida

MAGIA, ESPADA Y FANTASÍA (IV)

Las cosas como son: la película ha envejecido lo suyo desde aquel lejano 1987 de su estreno. Pero quienes la vieron en su momento y se encontraban en la frontera entre la infancia y la adolescencia, o incluso en ésta, la recuerdan como parte de aquel periodo, como quizá el último cuento de hadas que se tragaron sin sentirse ridículos o estúpidos. Lamentablemente, hay que echar mano de memoria y de nostalgia para que esas sensaciones negativas no se recuperen súbitamente ante un visionado del mismo film a edad ya madura. Pero dejando la puerta abierta a los recuerdos es posible que el espectador pueda reencontrarse con aquél que fue un día y que era capaz no sólo de ver cosas como ésta, sino de disfrutarlas.

Rob Reiner, director discreto (es autor de eso llamado El presidente y Miss Wade) con algunos notables puntos a su favor (Cuenta conmigo, Cuando Harry encontró a Sally, Algunos hombres buenos y, sobre todo, Misery), se encumbró a finales de los ochenta gracias a esta amable fábula de aventuras de capa y espada en un mundo mágico conectado con la realidad a través de la lectura que un abuelo (Peter Falk) hace a su nieto enfermo (Fred Savage, aquel niño imbécil de la serie Aquellos maravillosos años), de una historia contenida en uno de sus libros favoritos, con el fin de ayudarle a sobrellevar la convalecencia y apartarlo de los incipientes videojuegos. Esa historia entre leída e inventada (según el anciano percibe de reojo el interés creciente o decreciente del chaval en lo que le cuenta) que el abuelo va relatando al muchacho nos traslada el legendario reino de Florin, en el que gobierna el malvado tirano príncipe Humperdinck (Chris Sarandon) con ayuda del malévolo Vizzini (Wallace Shawn). Humperdinck, maloso que es, rapta a la bellísima Buttercup (tacita de mantequilla, interpretada por Robin Wright Penn mucho antes de ser Penn) para convertirla en su prometida, lo cual no gusta nada a la muchacha ni al campesino humilde del que estaba enamorada (Cary Elwes). Éste, con ayuda de un aventurero español, Íñigo Montoya (Mandy Patinkin) y de un gigante de manazas enormes (quien escribe siempre ha pensado las vueltas que podría dar la cabeza de cualquier mortal tras recibir un bofetón de semejante explanada llena de dedos) luchan contra los malos para rescatar a la joven y para que Íñigo logre vengar la muerte de su padre (“Hola. Mi nombre es Íñigo Montoya. Tu mataste a mi padre. Prepárate a morir.”).

Película de carácter indudablemente juvenil, destaca sobre la mayoría de los productos de su género por varias notas características que la diferencian favorablemente. En primer lugar, su estética colorista, dinámica, de hermosos paisajes, de escenografías de cartón piedra, de dirección artística al servicio de la fantasía con efectos especiales que van desde lo estimable (para 1987) a lo deliberadamente cutre, que hace que la cinta sea la traducción más acertada, incluso hasta la fecha, de los clásicos de dibujos animados de Disney al cine de carne y hueso. En segundo lugar, la música compuesta por Mark Knopfler, hoy en día un tanto anticuada por su producción demasiado ochentera, pero uno de los trabajos más recordados de su autor en solitario. En tercer lugar, la ironía: es una película que, como los buenos cuentos infantiles, consigue contar historias violentas y truculentas, sórdidos episodios de brujas y gigantes, de ogros y pérfidos y crueles príncipes, con un tono ligero, casual, en el que, en este caso, abunda el humor, tanto en la estrafalaria caracterización de algunos personajes, incluido el héroe, más bien atípico, como en la brillantez de ciertos diálogos, que pueden ofrecer a un tiempo frases lapidarias y gracietas de cierto mérito. A este respecto, conviene recordar que el guión es obra de William Goldman (autor igualmente de guiones como Harper, Dos hombres y un destino, El carnaval de las águilas, Todos los hombres del presidente, la propia Misery, Chaplin, Poder absoluto, El indomable Will Hunting o Corazones en Atlántida), y que adaptó su propia novela.

Pero sobre todo si destaca por algo esta película por encima de otras fábulas juveniles es por el amor al cine de aventuras que destila, a los tiempos de Douglas Fairbanks, Errol Flynn o Gene Kelly, a clásicos como Robín de los bosques, El zorro, El capitán Blood, El corsario negro o El pirata. Tanto la construcciòn de la historia, en particular de algunas secuencias, como las coreografías de los duelos a espada remiten directamente a aquel tiempo dorado del cine de aventuras, desconocido por supuesto para quienes en los ochenta eran (éramos) unos críos de la edad de Fred Savage. A ese gusto por el cine clásico de aventuras que rememora hay que añadir la defensa que supone del libro como concepto, como puerta abierta a la fantasía, como vehículo de ocio que tantos y tan buenos ratos puede ofrecer. Esta película, junto con otras del mismo estilo (sobre todo La historia interminable, sobre el libro de Michael Ende), ha hecho mucho por el acercamiento de buena parte de los jóvenes de los ochenta al mundo de los libros en un tiempo en que las maquinitas de botoncitos made in Japan avecinaban lo que iba a venir en décadas posteriores.

Nostalgia a raudales, humor, duelos a espada, acrobacias, sorpresas, peligros, criaturas extraordinarias, buena música, alguna que otra interpretación curiosa y/o aceptable (Billy Crystal, sobre todo, pero también Christopher Guest, Peter Cook o Carol Kane), fantasía, emoción, gente feliz que come perdices y malos que pagan sus fechorías: una vuelta a la infancia, a la ingenuidad, a la magia de los cuentos leídos a la luz de la mesita de noche por una voz cálida que nunca olvidaremos.

35 comentarios sobre “Cine en serie – La princesa prometida

  1. ¡La de veces que la pude ver!, me encantaba. (Creo que mi hijo también la vió y le gustó mucho).
    Lo mejor: el humor. Tiene planteamientos y golpes muy buenos. Y si, es una peli amable…pero hace falta ese tipo de cine Alfred, eso sí, sin que resulte una pastelada tomadura de pelo. Yo creo que no es el caso.
    Recuerdo especialmente el rescate de la princesa a manos de un héroe un poco “perjudicado”..que risas.
    Besos marcianos.

  2. Qué magnífica reseña, compa Alfredo (eso es ya, de todos modos, “marca de la casa”), de una de is pelis favoritas absolutas -sin matices ni particularidades-. Hace tiempo que no la veo (y la he visto muchas veces), pero, francamente, no creo que vaya a perder mucho en mi apreciación en un nuevo visionado; y si así fuera, creo, en serio, que me lo tendría que hacer mirar, y muy seriamente…

    Un fuerte abrazo y buena semana.

  3. Yo también creo que hace falta este tipo de cine, y más ahora. También creo que no es una película excesivamente almibarada, sino que funciona estupendamente como parodia intencionada de todo eso. Es una película a recuperar para las presentes y futuras generaciones de jóvenes, al menos antes de comprarles el primer ordenador o móvil.
    Besos.

    Gracias Manuel, tú, que me lees con buenos ojos…
    Para quienes la vimos en su momento (yo tenía once años) es imperecedera y, cierto, no desmerece con el paso del tiempo, quizá más por nostalgia que por su factura, pero así es.
    Abrazos.

  4. Sí es un bonito cuento de aventuras. Aún hoy cuando la echan en televisión (es de esas películas que repiten y repiten y vuelven a repetir en las sesiones de mediodía -¡¡¡y sinceramente menos mal que de vez en cuando programan algo adecuado aunque repitan-) te quedas enganchada sin remedio delante de la pantalla.
    Aventuras con malvados, con bella princesa, con espadachín de lujo, con muchacho enamorado, con momentos de risas, terror, amor, fantasía, miedo, lugares tenebrosos, hermosos…, como todo buen cuento clásico que se precie.
    Pero a mí me chirría una barbaridad la banda sonora, cada vez me gusta menos y no me pega nada con el ritmo de la historia.
    La mano de William Goldman en el guión se siente. Disfruté un montón con sus dos volúmenes de aventuras de un guionista en Hollywood donde de manera amena aprendes un montón de secretos de los guionistas y están trufados de anécdotas sobre la industria, los actores, directores…
    Como siempre un lujo leerte.
    Besos
    Hildy

  5. A mí me encantó en su día, y lo cierto es que cada vez que he tenido la suerte de volverla a ver, me ha vuelto a gustar una barbaridad. El guión de Willian Goldman es soberbio, una delicia.
    Un gran ejemplo de animación a la lectura a través del cine.

  6. Pues sí, Hildy, la música es lo que peor ha envejecido, por la producción, porque es demasiado ochentera y porque no es la típica partitura en una película de este tipo, algo que se perdona o que pasa desapercibido en visionados a determinadas edades pero que a otras llama la atención.
    Tú sí que eres lujo.
    Besos.

    Pues sí, Roberto, con el tiempo (visto el cine infantojuvenil, el de veras, el hecho a conciencia, que se hace hoy) la película va a revalorizarse en ese sentido. Creo.

  7. Creo que la novela de William Goldman se lee mejor,es más perdurable.Es lo que tiene el cine a veces,hay películas que envejecen mal.William Goldman es también un gran guionista que en muchas de las veces,los directores no le han hecho mucha justicia.En Dos hombres y un destino o Maraton Man,son dos buenos ejemplos de lo que representa Goldman en su justa medida.
    Creo que el género de la fantasía,cuando se basa en una obra literaria no descolla del todo.Por eso,cuando las películas son hijas de guiones originales funcionan algo mejor.
    Excelente post.
    Un fuerte abrazo.

  8. Gracias, Francisco. Una vez más, creo que tienes razón. Quizá porque una obra fantástica que parte de un texto previo ya suficientemente difundido y leído (lo que vale también para “El señor de los anillos”) ha generado en el lector una construcción ideal propia, un imaginario personal e intransferible que se ve inevitablemente truncado cuando se ve en imágenes la lectura que otra persona hace de él. Quizá por eso se trate de un género que acusa más que ninguno el envejecimiento del producto (y las iras del respetable).
    Abrazos.

  9. Esta película sigue conservando la magia de su primer momento, y tiene frases y escenas que la hacen única. Como a los buenos cuentos. Mira, hace unos días volví a ver Misery, que hacía años que la tenía olvidada 🙂

    Abrazos

  10. ¡ Me encanta este cuento convertido en película !.La primera vez que la vi fue con mi hija pequeña.Me reí y disfruté un montón.Tiene golpes buenísimos.La repetitiva frase,”Soy Íñigo Montoya ,tu mataste a mi padre.Prepárate a morir”.La intentona de casar a la princesa en una boda interminable con un Obispo tartaja,es desternillante.Y tantas y tantas escenas divertidas.En fin,una película que nunca cansa y la podrían tener en cuenta quienes fueran para hacer más cine en esa linea.El libro es estupendo.
    A mi me gusta la música de Knopfler.Pero en esta película quizás se haga demasiado pesado el tema ,por repetitivo ,a lo largo del visionado.Estupendo post Alfredo.De verdad como dicen por ahí arriba,eres un lujico.Yo a lo aragonés.

  11. Vi la película con seis años. Me gustó porque era un niño. La vi otra vez en la adolescencia. Me gustó porque escuché a Mark Knopfler. La vi una tercera vez hace poco. Una de dos, o sigo siendo un niño o “La princesa prometida” es para mi una película más que decente. Me gusta su ambiente y su ironía. Me gusta Peter Falk, como siempre. La banda sonora de Knopfler me parece prodigiosa, aunque suene a ochenta. En el disco “Screenplaying” vienen sus trabajos en solitario para el cine y es un disco indispensable. Un texto muy bueno que concuerda en todo con mi opinión.

  12. Pura nostalgia, Adr, por una vez, para bien.

    A lo aragonés, Carmen, como mejor, siempre.
    La película debería haber creado escuela, sí, pero el azúcar y el almíbar es demasiado poderoso en el cine americano, no digamos ya en el cine juvenil o infantil (por más mala leche que contenga).
    Saludos.

    Conozco el disco, sensacional (como todos los de Knopfler, por otra parte). No creo que sea mala música, al contrario, pero quizá no es la que más se ajuste a una historia y a una estética así.

  13. El juicio justo es aquel que no se demora, el que se hace de inmediato, sin precipitaciones, pero lo más cerca posible ala fecha de autos.
    Eso mismo le pasa al cine. Como a las hojas de un árbol caduco, no se puede apreciar su frescura y su verdor, una vez anda en el suelo, arremolinada por el viento.
    A esta simpatiquísima película le pasa eso.
    Te diré sin embargo, que si la he visto alguna vez con posterioridad a su estreno, el cariño que se ganó, suple cualquier otra carencia crítica que con ojos nuevos se le pudiera hacer.
    Dice Machuca que la fantasia funciona mejor con una historia exprofeso, antes que con una adaptación. Es verdad.
    Tu entrada, de nuevo magnífica.

  14. Gracias, Raúl, pero no estoy muy de acuerdo con la afirmación de entrada, la relación justicia-tiempo, y tú tampoco si lo piensas bien: cuántas y cuántas películas (como canciones, como todo en la vida) son productos estimables de su momento para olvidarse y ningunearse tiempo después y cuántas otras mejoran y se agrandan con el paso del tiempo, como los buenos vinos… Cuántos trabajos han sido despreciados en su momento para ser descubiertos después… Digamos más bien que en el cine hay árboles de hoja perenne, otros de hoja caduca que se renueva cada cierto tiempo, y árboles secos que no dan para más. Ésta me parece de hoja perenne, aunque su tronco se deje mecer por el viento que va y viene.

  15. Yo vi esta película ya de adulta y me encantó, precisamente por ese aire que comentas de película de aventuras como las de Errol Flynn, o incluso Burt Lancaster cuando interpretó “El temible burlón”. También, porque destila cierto romanticismo sin merengue, con esos golpes de humor que comentais más arriba.
    Por cierto, hace mucho desde la última vez que la vi en una de esas reposiciones televisivas. Habrá que estar atenta a cuando la echen otra vez.
    Abrazos

  16. Pues, Anónimo, por una reminiscencia de Gene Kelly, quizás. O no, los gustos no son necesariamente racionales, por eso a veces son inexplicables.
    Un abrazo.

    Pues sí, Carmelo, somos muchos los que apreciamos su música, para cine o no. Pero los compendios de sus bandas sonoras son verdaderas obras de arte.

  17. La he visto 2 ó 3 veces. Hace mucho, mucho tiempo … Recuerdo que, una de ellas fue en un cine de verano, creo que en la plaza San Bruno, de Zaragoza. Fue una noche mágica 😉

  18. Pues esta la tengo pendiente; cuando se estrenó, la rehuí porque me pareció una película para críos; un día leí la reseña que hizo Manuel, elogiosa por descontado, y me procuré el dvd que aun no he visto.

    Después de tu reseña, ampliando “la presión cinéfila” a conciencia, voy a tener que buscar un hueco para verla -no sé como, pero vaya- aunque después no me atreveré a comentarla.

    O sí, porque los míos serán unos viejos ojos nuevos para esa dulce aventura juvenil.

    Saludos.

  19. Es que San Bruno es mucho San Bruno, Celebes…

    Pues nada, nada Josep, a verla. Eso sí, sin ojos indulgentes adolescentes o nostálgicos, corres el riesgo de llevarte las manos a la cabeza.
    Saludos.

  20. Qué quieres que te diga, se me da que sigo teniendo argumentos para defender esa entradilla de mi anterior comentario; sobre todo, si la uno a la segunda de las frases, la de la belleza de las hojas, que humildemente, se me antoja de lo más gráfica y oportuna.

    Hablo de juicios justos. Considero que todo requiere cierta inmediatez, para acercarse a lo ecuánime. De hecho, estoy seguro que en la concepción incial de un artista, sus obras nacen con la intención de gustar en ese momento, y no con la de revestirlas de un halo de perpetuidad.

    Tienes razón que hay obras que mejoran con el tiempo, y que a sensu contrario, las hay que no superan el primer encanto. Pero eso no creo que contradiga la afirmación de que el juicio más puro, el más “justo”, el menos viciado, es aquel que se realiza -esos, sí, sin precipitaciones- cuanto antes mejor.

    (Ya te dije lo mucho que me había gustado tu entrada; ¿verdad?).

  21. Gracias, Antonio. Guitarrista de primera el amigo Knopfler; eso sí, no sé si es muy adecuado como modelo, un poco demasiado…

    No digo que no Rául, sólo que el tiempo no es unívoco y, es verdad, su efecto es ajeno a intenciones y pretensiones.

  22. Pues desde ahora mismo me han entrado unas ganas locas de verla… lástima que no la tenga ^^
    Creo que sigo siendo capaz de verla sin sentirme ridícula, aunque la adolescencia ya se ha quedado atrás, y la infancia ni te cuento. Pero en mi caso creo que una parte se quedó por el camino (y por mí puede quedarse para siempre). Además, eso de que tenga mucho humor, en mi caso, siempre es un tanto a favor.
    La Historia Interminable, que mencionas, fue una de mis películas de la infancia, aunque reconozco que cuando leí el libro y supe lo que se diferenciaban la vi un poco con otros ojos, pero la sigo recordando con cariño.
    Me la busco por ahí, que después de una semana muy, muy cansada me va a venir de perlas.
    Besos.
    Rosa.

  23. Mire usted lo que son las cosas, Don Alfredo. La primera vez que oí hablar de esta película fue en edad adulta. Casado y padre primerizo.
    La emitían en televisión y mi esposa se indignó conmigo: “ni Metrópolis, ni Casablanca, ni Octubre, ni La Princesa Prometida ¿pero tu, has visto cine alguna vez?”.
    Así que, aprovechando la siesta de nuestra primogénita, me arrellané en el sillón dispuesto a seguir el ejemplo de la niña.
    Y vi la película entera, pestañeando lo justo. Y siempre que la encuentro, que, suele ser frecuente, me quedo enganchado.
    Será que aún soy un niño, o que me relaja verla.

  24. No sé qué me alegra más, si la indignación de tu esposa, el hecho de que aprecies tanto esta película aun habiéndola pillado a desmano o la oportunidad que tienes de descubrir tantas películas excelentes todavía…

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