La tienda de los horrores – El diario de Noa

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Es cierto, quien escribe no tiene más remedio que confesarlo: uno, que, como en todo lo demás, cuando ama, ama en exceso (lo que vulgarmente se llama “hasta las trancas”), no es en cambio de puertas para fuera un tipo especialmente romántico. Al menos no hasta que se pone (o se ponía) a ello con algo de esfuerzo. Quizá, a lo Bogart (ya quisiera uno ser como Bogart… en eso), tras su espíritu cenizo, su sarcasmo sin descanso y su cinismo abierto las veinticuatro horas, se oculta un sentimental (como le decía Claude Rains en Casablanca). Pero romántico, en términos almibarados, lo que comúnmente conocemos como “moñas”, lo que se dice romántico, uno no es. Así que volvemos a ir contracorriente en esta sección al recoger la apología de la moñez que supone El diario de Noa, azucaradas dos horas de mermelada de grosella dirigidas por Nick Cassavetes (ilustre apellido mancillado en esta ocasión) en 2004 y que para un amplio espectro de público se ha colocado junto a Ghost o Dirty Dancing (puaj, me crujen los dedos al escribir este título) como una de las referencias habituales a la hora de rescatar algún producto digno dentro de ese endemoniado género de pastiches sentimentaloides que ha dado en llamarse “comedia romántica” y que tantos pestiños incluye, entre los cuales, para este enfant terrible de la cosa del cuore, figura ésta en un puesto de honor.

Vaya por delante que se trata de una película no especialmente mal filmada sino que, al contrario, como toda cinta a caballo entre épocas distintas, supone un notable esfuerzo de producción y ambientación, sobre todo a la hora de componer los distintos escenarios que contiene la historia, desde un pueblecito de los años treinta y cuarenta hasta las breves escenas que tienen la guerra como marco, en la que Cassavetes no se mueve mal, consiguiendo una factura visual y técnica sin alardes pero eficaz. El problema, como tantas veces, no es la forma, sino el fondo, empezando por la previsibilidad del guión. Construida como una acumulación de flashbacks o una retrospectiva fragmentada, la película usurpa en buena parte la estética y la atmósfera del cine mal llamado independiente para contarnos una historia a partir del relato que Duke (James Garner), un anciano que vive en una residencia, lee continuamente y siempre que hay ocasión a Allie (Gena Rowlands), otra residente que arrastra acuciantes problemas de memoria. La historia, claro, trata de dos jóvenes que se conocen durante los años treinta y que viven un amor que es la pera: Noah (Ryan Gosling, otro actor de una sola cara) y, atención, Allie Hamilton (Rachel McAdams). Los mocetes se encuentran en un verano en Carolina del Norte y se encandilan a pesar de que son de extracciones sociales muy opuestas, ella de familia bien y él hijo de un peón (Sam Sephard). Y, cómo no, la cosa empieza con azúcar: el chico se queda tan prendado de la chica que, habiendo subido ésta a la noria de una feria con otro mozo, el joven Noah trepa hasta arriba y amenaza con arrojarse desde lo alto si ella no acepta salir con él. La chica lo toma por un lunático pero, en el fondo halagada y empezando a segregar sustancias corporales varias, por supuesto, acepta.

Desde ese momento, salpicada por continuas vueltas a la residencia en la que la pareja de ancianos comenta la historia, la narración se construye sobre todos los tópicos habidos y por haber sobre lo cursi, tanto en los diálogos como en las situaciones, para mostrarnos el gran amor que viven estos muchachotes: comparten algodón de azúcar, pasean de la mano, contemplan puestas de sol en el campo y, tras haberse mojado con un repentino chaparrón veraniego en mitad del campo se dedican a fornicar, de modo muy romántico, eso sí, en una habitación iluminada con velas de la que el día de mañana ha de ser la casa de sus sueños… Pero claro, los papás de la nena, como el chaval no tiene dónde caerse muerto, lo toman como algo pasajero y no aceptan que, cuando la cosa se pone chunga y la niñata pijotera consentida se empeña en continuar con su novio, su hija se comprometa con semejante mangurrián. Así que, de manera igualmente tópica, la cosa deriva en el drama de un amor imposible por oposición paterna, correo postal inteceptado y Segunda Guerra Mundial incluidos, y en cómo los chicos se separan para reencontrarse años después, cuando él es un tipo de éxito y ella está comprometida con otro (otro tópico), un hijo de papá forrado y de futuro económico asegurado. El drama oscila pues entre ese amor renacido y las comodidades materiales de un matrimonio económicamente próspero entre gente guapa (más tópicos, es la guerra…), y claro, el triunfo del amor es inevitable: no hace falta ser un hacha para que, a través de la coincidencia de nombres mal disimulada averigüemos quién es la pareja de ancianos de la residencia y por qué él le cuenta a ella una vez tras otra la historia.

Además de esta sorpresa que de tan telegrafiada resulta de lo más previsible, es precisamente la tremenda cursilería la que arruina el ingenio que todo esto pudiera tener, sobre todo el juego entre los ancianos desmemoriados y su interés en una historia que presuntamente trata de dos jóvenes desconocidos (y, con perdón, un poco gilipollas). Bien contada pero sin mordiente, sin garra, fuerza ni pasión, la película no deja de ser un drama ajeno en el que el espectador entrará o no según su propio grado de azucaramiento, en el que cuesta encontrar humor, ironía, inteligencia, brillantez en los diálogos u originalidad en las situaciones y en la que sobran clichés y pasteleo. Tanta glucosa se atraganta tanto que uno casi llega a desear que tanto amor se vaya por el sumidero, y el único condimento que podría salvar este monumento al tedio gelatinado, la mala baba, brilla por su ausencia. Será que uno no es un romántico o que la vida no le ha dejado serlo…

Acusados: todos
Atenuantes: la dirección artística
Agravantes: azúcar, mermelada, miel, gelatina, merengue y todos los dulces que el lector sea capaz de imaginar
Sentencia: culpables
Condena: supositorios de sal a tutiplén

24 comentarios sobre “La tienda de los horrores – El diario de Noa

  1. ¡Alfredo!……Me has dejado hecha un trapo.Resulta que hace dos años mis hijas me animaron a ver una película en la tele,cosa muy poco común en mí,y era esta.Me dí un hartón de llorar,bueno ,lloramos las cuatro como cuatro Marías Magdalenas,y eso que ellas ya la habían visto.Ni me gustó ni me dejó de gustar.Ahora al leer tu post(por cierto,estupendo),la he recordado en toda su extensión.A mi se me había quedado la historia de ellos,pero me has hecho recordar la paralela de los jóvenes,y la verdad viéndolo así ,tienes razón.
    A ti lo mucho o poco romántico que eras alguien se encargó en su día de borrártelo de un plumazo ¿no?……
    Saludicos.Buen finde(¿Romántico? )

  2. Que no, que no tienes cabeza para ser un romántico. Que para eso no hay que perder tiempo con la Historia, ni con el Cine, ni con el Rock de verdad, ni con la música sinfónica, que hay que sacar tiempo y pasta para dedicarlo a engañar a la chica. Y hay que saber bailotear, no en plan heavy, sino galantemente ó saber moverse según el dance (discotequero) del momento, ó saber baile regional, cosa que tú tampoco… ni yo desde luego. Tú si acaso serías un romántico de los de Espronceda y Byron, de los rebeldes…Nada prenda, no nos queda más remedio que seguir refugiándonos en libros y películas para soñar con “lo romántico” pero a tí no te interesa ¿verdad?

  3. Creo que es la primera vez que no estoy en acuerdo contigo en lo que respecta a esta categoría. Y no me malinterpretes, que no es que defienda esta película como una maravilla, simplemente que diría pasable, pero no tan mala como para meterla en “La tienda de los horrores”. Pero eso sí, lo de “Ghost” y “Dirty Dancing”, totalmente en acuerdo; la segunda la vi dos o tres veces entre los 12 y los 16 años y bueno, me gustaba como a cualquier adolescente; pero la volvía a ver años después (bastantes, casi con 30) y sentí verguenza ajena; sólo se salva eso sí, la banda sonora.

  4. Tengo un mal día, Carmen… A mí hay cosas de la película que no me parecen mal, la idea de la historia en la residencia, por ejemplo. Lo que me da una grima tremenda es la historia de amor de los jóvenes; no puede ser más tópica, cursi y almibarada. Amores imposibles hay a porrillo: ¿por qué retratar todos y cada uno de los tópicos más trillados? Por falta de talento, desde luego.
    No sé si los supositorios de sal existen, pero para estos casos habría que inventarlos.
    Saludos.

    Bueno, Carlos, todo tiene sus límites. Yo lo que consigo es que las chicas se rían (lo malo es que no siempre cuando quiero yo, y a menudo cuando no hago nada premeditado para que rían…); a mí eso de las cenas, las copas, la buena charla, etc., me parece genial. Ahora, las cursiladas que presenta esta película me dan arcadas. En serio.

    Siempre hay una primera vez para todo, querida Minerva. Insisto, sin embargo, en que la historia de amor de los jóvenes es una concesión declarada a favor del pasteleo más inclemente, la cursilería más descarnada y la conjunción de los tópicos más sobados de los cuentos para quinceañeros con la diabetes emocional. De todos modos, está claro que eres mejor persona que yo y que tienes tu corazoncito: a mí la banda sonora que comentas me provoca pústulas…

    1. Estoy contigo en que se pueden contar bonitas historias de amor sin tanto almíbar y tanta ñoñez.Pero no es fácil.Por eso cuando ves una a la que le han puesto el azúcar en su justa y real medida, sobresale .
      Hoy estaba yo escribiendo en el salón y de fondo he oído algún dialogo de la película que estaba viendo mi marido en la 1ª.Auque mi capacidad de abstracción es casi perfecta a lo largo de 35 años compitiendo habitáculo,me he levantado y me he puesto a verla.
      Se titula Bajo el sol de la Toscana.
      Me ha gustado ,es de esas que tiene un final feliz y que pone las cosas en su sitio.
      Espero que lo del mal día sea pasajero.
      Saludicos.

      1. Bueno, a mí tampoco me gustó demasiado, Carmen. El problema no es en este caso el abuso del azúcar, sino el tópico. No me digas que no es una película previsible… En este género falta originalidad, osadía y talento para huir de lo dulzón y de lo ya visto y buscar nuevas formas de contar lo mismo: fíjate, por ejemplo, en la historia de “The visitor”. En ella tenemos a un viudo y a la madre de un inmigrante ilegal cuyo amor podemos palpar sin que digan una sola palabra sobre él y sin recurrir ni a azúcar ni a lugares comunes. No por hablar más de amor se es más romántico: como todo en el cine, ha de entrar por los ojos, no por el oído.
        Saludos.

      2. Pues otra vez tienes razón ,para que negarlo.No había cogido el concepto.Lógicamente el cine es verlo no oírlo,y a mí ayer no me dieron ganas de verla por estar delante de la tele,si no por los diálogos que oí.Claro que la historia es previsible.Como tu dices lo bonito es palpar el amor sin que digan ni una sola palabra.
        Por eso subo estos escasloncicos para aprender aunque sea una miajica de cine.Gracias Alfredo.
        Saludicos.

  5. Me salvé de esta, porque tengo una cierta tendencia a evitar esos reconocimientos de “los hijos de”.

    De vez en cuando no rechazo una comedia romántica, siempre que esté bien hecha y, por lo que he leído, esta no debe ser un ejemplo.

    Nada que añadir, salvo formular recurso en favor de Gena Rowlands para liberarla de la condena: absolución por causa de eximente primaria: amor de madre…. 😉

    Saludos.

  6. Estoy con Alfredo. De esta película lo que menos me gustó fue la primera parte. De hecho, estuve a punto de pasar de ella cuando la vi en la tele y de dedicarme a otra cosa. Aguanté por pereza. Esa primera parte es muy deslavazada y los actores corrientitos. La chica me resultó insoportable, con esa risilla tonta a todas horas.
    Con la segunda mitad, a partir de la guerra, empecé a interesarme más y ya me enganché. Confieso que al final, casi lloré a moco tendido y todo. Claro que los actores que interpretan los papeles de la pareja siendo ancianos, James Garner y Gena Rowland, son muy buenos y creo que aquí están francamente bien.
    No sé, yo diría que esta película podría haber sido muy buena si le hubieran quitado a la primera mitad todo ese metraje sobrante tan desustanciado que le da aire de telefilm. Aun así, tiene algunos momentos que conmueven.
    Saludos

  7. Totalmente de acuerdo, Carmen. La historia interesa cuando salen los “viejos”. Los jovenzanos dan una grima que a mí personalmente me hace cogerles antipatía y desde luego me invita a disociar a los personajes cuando son ancianos de la juventud que se nos muestra. Una buena idea (la de la residencia) que merecía mejor ejecución.
    Saludos.

  8. Bienvenido Antonio. Bueno, eso no tiene por qué ser malo, el entretenimiento, digo: yo mientras la veía me entretuve diseñando nuevas torturas chinas para los protagonistas…
    Muy interesante ese fin de los tiempos tuyo, sí.
    Saludos.

  9. Bueno, Noe; sobre el papel la película no es una mala idea. Además, su aparición no tiene lugar en los momentos más lamentables. De hecho es lo único digno en la parte de la cpelícula que cuenta la historia de los jóvenes.
    Pero cierto, no lo lamentes.

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