La tienda de los horrores – 300

Primero, la historia. Dice que, habiendo invadido los persas Grecia como venganza por la famosa batalla de Maratón que puso fin a la primera intentona persa de diez años atrás, el famoso estratega ateniense Temístocles ideó un plan defensivo que compaginaba hacer frente al ejército persa (de unos trescientos mil soldados) en las Termópilas a la vez que su flota era rodeada en Artemisio por las naves aliadas. Así, siete mil griegos (entre los que se contaban trescientos espartanos) bloquearon el famoso paso montañoso en el verano de 480 a.C. durante siete días, de los cuales hubo jaleo en tres de ellos. Leónidas, rey de Esparta, que comandaba la fuerza de, insistimos, siete mil griegos, resistió durante los dos primeros días el empuje persa pero, traicionados por un pastor llamado Efialtes, que reveló un camino oculto que podía conducir a las tropas persas a la retaguardia griega, el espartano ordenó la marcha de la mayoría de sus tropas hacia el sur e hizo frente hasta la muerte a los persas con unos dos mil hombres, que incluían sus famosos trescientos espartanos y además cuatrocientos tebanos, casi mil tespios y algunos centenares de voluntarios de otras ciudades griegas, a los cuales la historia ha olvidado. Derrotadas fácilmente las débiles fuerzas de Leónidas, los griegos levantaron el bloqueo naval de Artemisio y se refugiaron en Salamina (consulta al oráculo de Delfos por parte de Temístocles, o al menos eso cuenta la leyenda, de por medio), donde tuvo lugar la famosa victoria naval griega; una vez sin flota, los persas fueron derrotados definitivamente por los griegos en la batalla de Platea.

Y ahora, la película. Un espanto, no sólo por su prácticamente nulo respeto a los episodios comprobados históricamente, sino por su forma demencialmente violenta y narrativamente absurda. El tebeo de Frank Miller en que se basa la película es la primera piedra de toque que echa por tierra buena parte del rigor histórico que sería deseable cuando se reflejan con su nombre y apellidos episodios y personajes de una época determinada (aunque aquí la propia leyenda haya aumentado el papel de los espartanos y casi ninguneado al resto para enfatizar el ejemplo de heroísmo y sacrificio), más si cabe cuando la pretensión añadida es establecer paralelismos con situaciones geopolíticas presentes, en este caso, de manera tan torpe, maniquea y propagandística. Empezando mal, pues, al aceptar la devaluación histórica que se permite el argumento del tebeo como base para la historia, Zack Snyder, autor de pseudocine reconocido entusiásticamente por los fans de los superhéroes y los muñequitos en la pantalla, diseña una película, por llamarla de alguna forma, cuyo interés se diluye entre la sangre digital que salpica al objetivo de la cámara y los excesos visuales de una estética fundamentada en el orgiástico festival de efectismos y en la explotación de la épica de baratillo modelo Michal Bay (cámara lenta y gorgoritos operísticos incluidos -¿por qué en todas las películas sobre la Antigüedad desde Gladiator para acá siempre hay una batalla en la que se rueda a cámara lenta con músicas siempre más o menos parecidas?-). Partiendo pues de un muy deficiente retrato de la verdad histórica (que muchos dirán que no es necesaria y que hablamos de un tebeo, pobrecitos), la película pretende ser un monumento visual y, a decir verdad, a ratos lo consigue, aunque escoja bazofia pura para retratarla con sus modernas técnicas digitaloides.

Haciendo hincapié en los músculos de gimnasio, debidamente tuneados por el ordenador para la ocasión, de los protagonistas del bodrio en cuestión, la película realiza un pesado y reiterativo intento por tomarse en serio a sí misma, por traspasar su devaluada naturaleza de entretenimiento para amantes de lo sanguinolento y sentar cátedra como recordatorio histórico y como clave de interpretación del actual antagonismo entre oriente y occidente (en el que los malos siempre son los de oriente y los portadores de valores eternos siempre somos los mismos), sin, obviamente, conseguirlo, ya que involuntariamente sin duda, pero habiendo tomado las decisiones tomadas acerca de argumento, estética e intérpretes, indudablemente el carácter superficial y casi autoparódico van servidos en el mismo lote. El pretendido sustrato intelectual, la reflexión en torno a la guerra, al sacrificio, y peor aún, las lecturas políticas en clave de actualidad, quedan apuntadas a través de una serie de personajes arquetípicos, superficiales, que repiten los eslóganes según el lado, de los buenos y de los malos, que les ha tocado encarnar, y provocan por tanto la inexistencia de un discurso serio, maduro, elaborado más allá de la apología de la estupidez que suponen gran parte de las frases de guión. Este vacío intelectual va acompañado de un descuido absoluto por retratar la vida de los soldados, limitándose a cuatro fórmulas convencionales repetidas hasta la saciedad: relación entre padre e hijo, nostalgia de la amada abandonada en casa, veterano que se sacrifica por sus semejantes, la figura del traidor por despecho (con Efialtes convertido aquí en una especie de mezcla de Gollum y Jordi Pujol que traiciona a Leónidas por su rechazo a que forme parte de sus tropas, un añadido argumental tan estúpido como innecesario) etc., etc.

Así, la película pretende ser tan tan épica que deriva en muy muy ridícula, pretende apabullar pasando por alto la historia y consigue un inmenso vacío sobre el que montar su apoteosis de gratuito salvajismo, empaquetado por ordenador, y en cuanto a sus pretensiones de erigirse en metáfora del presente, ni que decir tiene que asume los postulados dominantes en las tesis neocons, felizmente (al menos en apariencia) abandonadas por la actual administración del imperio, basadas en la guerra preventiva, la imposición de los propios intereses por encima de valores universales reservados para ellos mismos, el racismo latente en la creencia de la superioridad y mayor legitimidad de unas naciones sobre otras (llama la atención cuántos generales persas son encarnados por actores negros de manera un tanto ilógica teniendo en cuenta el reducido número de negros que viven, por ejemplo, hoy, en Irán y el resto de países de la antigua Mesopotamia) sobre las que hay que mantenerse atentos y vigilantes, en la incompetencia intelectual para comprender otras culturas y en el papel mojado en el que quedan reducidos los derechos de los pueblos considerados inferiores o enemigos cuando plantean sus legítimas exigencias, todo ello con el edulcorado discurso protagonizado por palabras interesadamente vaciadas de significado y blandidas como bandera por la que justificar incluso el crimen como medio de consecución de los propios intereses, casi siempre espurios: libertad, derechos, democracia y demás vocabulario devaluado por la democracia meramente formal que padecemos.

Éxito de recaudación gracias a la impagable labor de marketing de los grupos de comunicación que siempre se hacen eco del cine de tercera división, la buena noticia es que, habiendo mantenido al menos el final de la historia como tal, con la aniquilación total de los espartanos y compañía (mucha menos de la que habla la historia auténtica, reducida aquí a mera comparsa, a presencia auxiliar de otros griegos que, sin embargo, en la historia eran la fuerza principal), sabemos positivamente que no habrá segunda parte. Eso, si no llega un “iluminado” de los que esconden sus deficiencias de talento en el cine de muñecos y se le ocurre resucitarlos y hacer con ellos una peli de zombis o vampiros de la Antigüedad, que todo se andará…

Acusados: todos
Atenuantes: ninguno
Agravantes: los excesos violentos, su carácter pretenciosamente grandilocuente, su artificiosidad
Sentencia: culpables.
Condena: depilación a serrucho de las zonas blandas

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29 comentarios sobre “La tienda de los horrores – 300

  1. Después del repaso, no me atrevo a decir que a mí me gustó jejeje

    Y no soy aficionado al cómic ni al cine con estética de cómic, detesto las películas informatizadas, me gusta que las películas históricas sean eso, históricas, y respeten o se acerquen lo más posible a la realidad, cuidando, o intentándolo, vestuarios, escenarios, personajes …
    Y, sin embargo, me gustó y me pareció, dentro de sus evidentes limitaciones, algo más que decente.
    No es una obra de arte, pero no está en absoluto dentro de mi tienda de los horrores cinematográfica.
    Es curioso, en cambio Sin City, de estética similar, mejores actuaciones con buenos actores, con Don Quentin de por medio, me pareció bastante lamentable. Cuestión de gustos

  2. Ah, amigo, es que, insistimos una vez más, el gusto personal no siempre va asociado a la calidad de un film y que, por tanto, la crítica de ésta nunca incluye la crítica de los gustos personales.
    Esta película no tiene historia ni personajes; es un mero tributo a un americanizado concepto de épica que sirva como vehículo ideológico. Estéticamente, además, sí, es pariente de “Sin City” (que a mí me parece muy superior a ésta, tiene más imaginación visual, mejor historia -a ratos-, mejores interpretaciones…), pero ambas son prueba de que esto no pasa de ser una segunda o tercera división dentro de lo que es el cine. La prueba irrefutable, otra de la misma cuerda: “Spirit”. Eso sí que es lamentable.

  3. Empiezo por el final. Coincido contigo en eque esta película es una mierda.

    Y ahora matizo. No lo es porque no sea fiel reflejo histórico, ni porque respeten pasajes importantes de lo acontecido, para así subrayar posturas e ideas políticas indecentes y acordes con la gente del cine que la patrocina. No. Eso me la suda. Uno puede hacer una pelícual de lo que quiera, inventando, sesgando, censurando, moldeando cualquier historia. el cine es meramente FORMA, dado que el artes es únicamente FORMA. Pero, coño, (y aquí llegamos al inicio del fin) la forma ha de estar bien hecha.

    Es en este punto cuando mi condena va de la mano de la tuya. Tal y como dices y yo suscribo, el efectismo de esta cinta es vomitivo. Yo también estoy hasta las narices de cámaras lentas (vamos a ver, si quieres que el espectador se fije en los detalles, aparta un poco más la cámara y no me tas el objetivo en las fosas nasales de los combatientes) de músicas entre tribales y operisticas, de planos imposibles, y de subrayados sentimentaloides que embrutecen al espectador convirtiéndole en un ser inferior, tontito y sin dientes, incapaz de masticar un producto que le exija poder pensar o imaginar un poco más.

    Por lo demás, yo también considero que Sin City es un poco mejor; lo que ocurre es que es más oscura y más difícil de ver, más (de alguna forma) atrevida en su concepción, de ahí que resulte menos comercial.

    a pasar un buen finde, y a que gana el Barça.

  4. Tengo mala suerte con los regalos que me hacen, porque en mi estantería, junto al Señor de los Anillos, está esperando el dvd de 300. He iniciado su visionado varias veces (igual que con el otro) y a los cinco minutos de aburrimiento he pasado a otra cosa más interesante.

    Con esto no quiero establecer ninguna comparativa: sólo expresar un sentimiento estético particular y propio. Curiosamente pues, sin haberla visto, el repasito que le das complementa a la perfección la idea que, con esos escasos minutejos de visión, me hice de lo que sería el total.

    Estoy en parte de acuerdo con Raúl en que no necesariamente la historia debe ser respetada siempre por el cine, pero también opino que así debe ser cuando en la promoción se refleja la pretensión de retratar un episodio histórico y no hay duda que en la promoción de 300 se incluía de forma más o menos explícita una supuesta fidelidad a los hechos de aquellos antiguos habitantes del Peloponeso y con cinco minutos basta para comprobar la inmensa falta de rigor histórico y una formulación de carácter eminentemente machista, casi fascistoide, de unas gentes que, según cuentan los eruditos, no eran tan bárbaros.

    Alguno me tirará piedras, pero creo que 300 (la película) es en este sentido deudora del aclamado 300 (el tebeo) y claro, así la veracidad no puede aparecer por parte alguna.

    Además, la forma cinematográfica me parece ramplona por mucho que se haya efectuado con recursos digitales “modelnos” y efectistas, que redundan en la falta de pasión humana y quedando todo como demasiado tecnificado.

    Entre sesión de depilación, que les pongan la versión cutre y paródica protagonizada por Carmen Electra, que, siendo chusca, es más distraída.

    Saludos.

  5. Por desgracia pagué por ver ésto en el cine. Muy buena y muy necesaria la aclaración histórica en un periodo del que es difícil separar lo histórico de lo legendario. Dicho ésto poco se puede añadir a tu acertado análisis. Adolece enfermizamente de eso que yo llamé hace mucho tiempo (cuando salí del cine indignado después de ver “Matrix”) “gérmen mátrix” hasta la saciedad. Yo llamo “gérmen mátrix” a lo que comentas de la cámara lenta. Se pasa de sanguinaria, aunque somos conscientes de que las batallas griegas no debían de tener nada de limpias pero hay muchas formas mejores de mostrarlo. Total, que no me gustó nada…pero NADA. Es que encima, ni la música merece la pena. Es horrenda…

  6. Con lo que a mí me gustó…! Y es que me pareció muy novedoso y original plasmar el estilo esquemático y directo, sin detalles, de las viñetas en esa mezcla de imagenes reales e informáticas. Claro que no me planteé lo de la autenticidad histórica, ni los mensajes políticos, no , sólo acudí al cine a ver un espectáculo que a mí si me impactó.
    Pues a mí me gustaría volver a verla, a ver que tal me parecía ahora.

  7. Estoy con el último comentario, yo la ví sin más pretensión de entretenerme y pasar un buen rato y sin muchas expectativas, la verdad. Quizás por eso me pareció mejor de lo que en realidad es, prescindiendo del escaso rigor histórico, personajes planos y demás que habéis expuesto en otros comentarios. Sin embargo, aunque tengo que dar la razón a muchas críticas que se han dicho me sigue gustando. Eso sí, creo que voy a volver a verla con un espíritu un pelín más crítico a ver si cambio de opinión, aunque lo dudo
    Salvando las distancias, me ha pasado algo parecido con “Ágora”, me la pintaron tan rematadamente mal y tuve que ir a verla obligado por la parienta, que me esperaba tal bodrio, que salí del cine encantado con la película y precisamente Amenábar no es mi director favorito
    Muchas veces el que una película te entretenga más o menos, quitando que sea mala o buena (en el caso de “300”, estoy de acuerdo en que no es una buena película, pero tampoco diría que es más mala que un dolor, para mí), depende del momento que la veas, si te han hablado bien o mal de ella … Igual la veo en otras circunstancias y me uno ofreciéndome a ejecutar la condena jeje

  8. Esta noche me he psicoanalizado…igual fui predispuesto a que me gustara por la simpatía y curiosidad que me despertaba Esparta desde que la estudié en sexto de EGB, con esa simplicidad necesaria para que nos entren las cosas en la mollera a esa edad, como todo lo contrario a Atenas. Desde luego habr´´ia preferido vivir con Pericles que no en esa polis-pueblo que nos pintaban en la escuela, gobernada por ancianos, con una mili que duraba media vida y sin contemplaciones con los débiles (claro, entonces sí que no habría durado un día). Como por esa edad uno tiene simpatías hacia lo vilipendiado y también hacia lo cerril y además se estudiaría poco en sus escuelas,enseguida le cogí simpatía a esa ciudad con nombre puntiagudo y áspero.
    Y me decepcionó su caída ante Macedonia, de una manera aparentemente fácil según me imagino.

  9. A mí me aburrió tremendamente.
    Me dejó sin habla.
    Son muchas las películas que pegan patadas a la historia con mucha más gracia. Ahí están ejemplos mucho más entretenidos y divertidos como Troya o Gladiator.
    Aquí sólo vi un ejército de espartanos pasados por la sauna, el gimnasio y mucho sol. Espartanos con muy poco cerebro incapaces de articular más de dos o tres palabras coherentes y sí muchos gritos, tipo colegas todos a una. Ellos, bellos cual culturistas, enfrentados a seres deformes y feos, eso sí igual de tontos. El que les traiciona, claro, tiene que ser deforme.
    Después está esa trama ridícula que es la de la reina de Esparta, que la tía claro tiene ovarios, y protagoniza con el único malote que está bueno, unas escenas eróticas ridículas (ya nos habían salido colores con las que protagoniza con el amado esposo) y luego para deshonra de este guerrero espartano encima muere a manos de una mujer, manda huevos.
    Luego está el maldito persa que es una especie de gigante infantil con ataques de colera y adornado cual árbol de Navidad (que para eso las fechas se acercan) y que hace que mi Rodrigo Santoro se meta en personaje insípido con mohines.
    Y después se habla de violencia y es tal la inyección de cabezas, brazos, piernas…, que al espectador le deja inmune o intentando contar, como misión imposible, la ristra de cadáveres que muestra la película.

    Ufff, a mí me dejó totalmente fría y lo que es peor aburrida.

    Besos
    Hildy

  10. Raúl, coincidiendo contigo en el final, no puedo coincidir contigo en el principio. El cine no es forma, o no sólo: “es el mayor instrumento para la transmisión de información desde la invención de la imprenta” (Orson Welles dixit, y yo estoy de acuerdo al ciento por ciento). Los gobiernos y los grupos ideológicos que durante décadas, como en este caso, lo utilizan como vehículo de adoctrinamiento y de revisión histórica o política de acontecimientos lo saben muy bien. Quizá los espectadores corrientes no somos conscientes de ello cuando vemos cine. Pero es lo que tiene la sublimidad, que aceptemos lo inaceptable.
    Por otro lado, entiendo que digas que el cine puede cortar, sesgar, manipular, etc., pero hay dos límites: uno, el respeto a los hechos cuando pretendes reflejar unos hechos (nada impide crear una película de ficción con otro nombre y contexto tomando las ideas básicas de un hecho histórico para hacerlo propio, pero, necesariamente, otro); y dos, que esas manipulaciones deben ceñirse a lo que la traducción de la Historia al lenguaje del cine exige. Nada más. Y en esta historia no veo esfuerzo ni necesidad de traducción alguna: veo, únicamente, gratuidad al servicio del efectismo.
    Y sobre lo del Barça, me gusta el fútbol, pero no la política futbolística, razón por la cual ni Madrid ni Barça cuentan con mis simpatías (bueno, el Barça un poquito más). Si pudieran perder los dos….

    De acuerdo Josep, me quedo yo también con la gamberrada: al menos cuando te hace reír es queriendo…
    Sobre la adaptación de fenómenos históricos (o literarios), ya le he dicho a Raúl: me parece bien cambiar cosas cuando el lenguaje cinematográfico así lo exige, pero no en aras del efectismo ni sobre la base de concesiones al público. Esto es la puerta abierta a la manipulación, la excusa perfecta para que quien dirige el timón envíe mensajes sesgados, políticamente tendenciosos e interesados, y lo peor, que cuelen por la falta de exigencia a este nivel.
    Saludos.

    Ay, Dana, que nombras uno de mis caballos de batalla, uno de los mayores bodrios de todos los tiempos, “Matrix”… Estamos de acuerdo en todo eso que dices.

    Carlos, Antoine, repito que aquí no se critican gustos, sino productos, que es muy distinto. En cualquier caso, fijaos bien en el sentido último de lo que decís. Supone, además de la confusión entre pasatiempo y entretenimiento (a todas luces peligrosa), reconocer que uno no exige, que acepta cualquier cosa que le den, claudicar, no hacerse preguntas, no buscar. En consecuencia: pasividad frente a una actitud activa. Ahora pensad en las diferentes facetas de vuestras vidas: ¿por qué aceptamos con el cine, los libros o la tele aquello que en las demás facetas de nuestra vida, incluido el ocio, no aceptamos? ¿Aceptamos ir a un restaurante sin pretensiones, aceptamos a una mujer -o a un hombre- sin pretensiones? ¿Un trabajo? ¿Una casa? ¿Un servicio de cualquier tipo? ¿Por qué somos tan poco, o nada, exigentes con la cultura, que es tan importante como cualquier otro aspecto? Tengo respuesta, pero me la callo.
    Carlos, yo siempre fui de Atenas, lo siento (y dos años de estudio de cultura griega me confirmaron).

    Chapeau, Hildy, excelente resumen. Quien no la haya visto ya no necesita saber más.
    Con respecto a la Historia, es lo que decía más arriba: si vas a contarlo, ¿por qué no contarlo bien? Aquí no hay motivo aparente que jusfifique, cinematográfica o narrativamente, tergiversar.
    Besos.

  11. A estas alturas del metraje,hago caso omiso a estas películas.Para mí es un insulto y la gente come palomitas.Hay que pasar,simplemente de largo.Tenemos cineclubs y filmotecas para curarnos de tanto frikie,y de eso se trata.Volvamos,no sé,al cine de Ernst Lubitsch,por decir algo.Eso sí,no dejes nunca de escribir en tu apartado de La tienda de los horrores,porque me rio mucho,eso sí,tu pones la peor parte,porque debes verlas.Deberíamos de pagarte un sueldo por ello,amigo Alfredo.
    Un fuerte abrazo.

  12. Bueno, Francisco, reconozco que a veces las veo precisamente para luego machacarlas aquí. Otras veces, mera curiosidad. Y quizá algo de masoquismo, de penitencia… Pero claro, cuando uno quiere ver buen cine, hay que buscarlo donde debe.
    No es mala idea lo del sueldo en estos tiempos de crisis…
    Abrazos.

  13. No me decidía a opinar sobre esta peli y al final ….allí voy.
    El post, para variar, magnifico. Toda una lección de historia y de como hay que hacer cine.
    Es una película que mucha gente,sobre todo chicos,la habrán visto como puro entretenimiento sin plantearse si es fiel a lo que pasó o no.Hay mucha gente que ve el cine así sin plantearse mayores problemas(cosa que no puedo criticar porque yo misma lo hago con otra clase de pelis).Por eso es entendible que haya opiniones diferentes.Tu obligación es explicar la pelicula desde todos sus aspectos,dirección,fotografía,música,guión,objetividad histórica,etc etc.
    Y claro según todo esto la pelicula tiene más de bodrio que de otra cosa. A los chicos les encanta ver manar la sangre a cámara lenta mientras a alguien le cortan cualquier parte del cuerpo. Batallas cruentas, chacinería y menudillos al por mayor. Más cómic,tebeo,lo que sea pero llevado al movimiento.
    A mi personalmente no se me ocurriría ir a ver esta peli precisamente por eso.
    Hala ya me he explayado a gusto…….
    La sentencia y la condena a mi gusto aún es benévola para lo que explicas de la peli…
    Saludicos.

  14. Lo que ocurre, Carmen, para mí, es que se parte de confundir entretenimiento con no pensar. Y eso es un error que sirve de coartada a que se filmen y vean determinadas cosas. Yo, como comprenderás, tengo que verlas para nutrir esta sección… Aunque luego no veas la factura del médico…
    Saludos.

  15. jajjajaa, te has pasado un poco. Como entretenimiento mundano a mí me pareció pasable. Hay secuencias calcadas al comic (que me gusta mucho más que a ti, por lo que veo, haya rigor histórico 100% o no). En cualquier caso, el personaje de Efialtes es carismático, igual que Gollum pero real 🙂

    Saludos, amigo. En breve mudo (casi seguro) mi blog. Ya le avisaré.

  16. Alberto: ¿Real? ¿Efialtes, real? Si no llega a ser por esa risa pensaría que todavía estás en el pueblo de “Amanece, que no es poco”…
    Así que de mudanza, dichoso usted que tiene con qué emigrar a mejores pastos.
    Un abrazo.

  17. A mí me pareció efectivamente un truño no sólo por el zafio mensaje de la supremacía aria (coñe los griegos tienen una pinta de lechosos…) contra las hordas bárbaras (hay que fastidiarse, iraníes afro, siendo que ARIO e IRAN son palabras bastante parecidas).
    Lo único que recuerdo entre tanta panoplia criptonazi y medio gay es a una tía buena que hacía de reina espartana….Ostras pero a ella no se le ve nada. MERDE!

  18. Decir que una película como 300 adolece de rigor histórico es no decir nada, 300 no es una peli histórica. Para películas históricas y gustos dispares tenemos “Novecento” o ” A mí la legión”.
    Exigir rigor histórico a un hecho acaecido casi 2.500 años atrás es exigir lo imposible. Como ejemplo, Heródoto decía que Jerjes reunió 2.500.000 soldados, Simónides de Ceos habla de 4.000.000, y Ctesias de “solo” 800.000.
    Sin mencionar el que cada uno de ellos añadía detalles de su propia salsa. La Historia estaba en pañales, y el rigor en su transcripción prácticamente inexistente.
    Heródoto nos contaba que la Batalla de las Termópilas era la lucha de la democracia frente al centralismo oriental, ciudadanos libres frente a esclavos, cuando lo que en realidad ocurría era que Jerjes pagaba a sus mercenarios un sueldo, casi el 40% de la población espartana eran esclavos y el régimen de gobierno una monarquía.
    Esa “historia” la recoge Miller y añade elementos que cree convenientes para crear una obra maestra del cómic, que no “tebeo”. Tebeo es un término despectivo que no merece aplicarse al cómic, un arte.
    Znyder hace lo propio, recoge la historia de Miller y la adapta al cine. ¿Y qué surge? Un exceso machista, una ficticia brutalidad, una ópera salvaje que te puede gustar o no. A mí me gustó, como me gusta el jamón o las cebolletas en vinagre. Es decir, sin racionalizar que de vez en cuando al cine hay que ir a distraerse y 300 es un espectáculo visual de primera.
    Por lo demás, peloteo sincero, pero peloteo, enhorabuena por el magnífico trabajo que llevas a cabo en el blog. Te sigo leyendo en silencio.

    1. Gracias mil, Juan Antonio; en silencio, como las hemorroides… Bueno, no se puede estar de acuerdo en todo.
      Vamos por partes: “Novecento” no es una película histórica, sino una parábola sobre las relaciones entre los bloques oriental y occidental durante la guerra fría. Ni que decir tiene que “A mí la legión” no es cine histórico sino propaganda. Y sí, el rigor histórico es exigible, porque además de buscar coartadas para la indefinición o para un cheque en blanco a la fantasía en el folclore de la literatura de milenios atrás, sí hay gente que ha hecho de su profesión la investigación realista y veraz de fenómenos históricos difíciles de encuadrar. Y del mismo sitio del que he sacado yo cifras aproximadas y realistas basadas en datos fehacientes de campañas militares similares combinados con datos demográficos fiables de los países, ciudades y territorios en liza, los responsables de la película podrían haber extraído el marco para su bodrio.
      Por otro lado, tebeo no es una palabra en absoluto despectiva, sino el vocablo con el que se ha designado de toda la vida a las historietas (palabra mucho más adecuada que cómic, por cierto), lo mismo que en Cuba se les llama “muñequitos”, hasta que a los “modernos”, empeñados en ser modernos, se les ocurrió denominarlo con la palabra extranjera. No discuto que se trate de un arte (por más discutible que sea la mayoría de las veces), pero cuando hay abundantes palabras en castellano para designar algo (y tenemos dos, tebeos e historietas), no hacen falta más, por más modernas que resulten. Personalmente a mí la palabra cómic me da pampurrias.
      Tampoco considero que la película sea un espectáculo visual de primera; eso lo es el cinemascope de Nicholas Ray, el uso del color de Antonioni o los claroscuros del expresionismo alemán, cosas que un hombre era capaz de crear y transformar con sus propias manos sin necesidad de un cajón con botones.
      Por último, discrepo muy mucho de esa afirmación de que “de vez en cuando hay que ir al cine a distraerse”, no porque sea falso, que no lo es, sino por la identificación entre distracción y productos banales desprovistos de cerebro. Ello forma parte de la tan manida confusión que existe hoy en día entre el entretenimiento y el pasatiempo (si el tebeo es un arte, el cine no lo es menor; identificarlo con un pasatiempo sí es despectivo): “Entretenerse es sumergirse en la ceremonia de la narración con el objetivo de alcanzar un final intelectual y emocionalmente satisfactorio. Para el público de una película, el entretenimiento es el ritual de sentarse en la oscuridad, concentrarse en una pantalla para experimentar el significado del guión, y con esa nueva percepción, sentir el ascenso de emociones intensas, e incluso a veces dolorosas, y al profundizar en su significado, dejarse llevar hasta la satisfacción última de dichas emociones”. Este párrafo es de Robert McKee, maestro de guionistas, y refleja muy bien la diferencia entre entretenimiento, que no es ni banal ni estúpido, y pasatiempo, es decir, filmes como “300”. Que guste o no no tiene nada que ver con ello, es legítimo preferir el pasatiempo al entretenimiento. El problema viene de que, cuando sabemos que preferimos productos devaluados, buscamos la excusa del entretenimiento para justificarnos. Y eso, insisto, sí es despectivo para el cine que lo es.
      Gracias por todo.

    1. Gracias otra vez. Yo le voy pasando todos y cada uno de ellos a los administradores del sitio, que están intentando hacer gala de una ecuanimidad encomiable pero, en este caso, además de innecesaria, un tanto tibia con la verdad.

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