Humanismo hecho cine: La boda de Tuya

Pocas sensaciones, artísticas por supuesto, pueden resultar tan gratificantes como el hecho de acercarse a una película de la que uno no sabe nada más que algunos datos circunstanciales (Oso de Oro en el Festival de Berlín de 2007) y un puñado de lejanas y superficiales referencias, y dejarse sorprender, atrapar, subyugar e invadir por una historia sencillamente prodigiosa, narrada con naturalidad extrema, poderosa en su íntima sinceridad y en su apabullante honestidad, y además tan hermosa en la forma, tan magnífica y tan sensible en el retrato de personas, realidades y parajes tan agrestes como cautivadores. Esta joya del cine chino dirigida por Wang Quan’an supone un gran triunfo del gran poder del cine para generar emoción cuando hace de la contención y de la sencillez sus virtudes, cuando busca la complicidad humana y sentimental del espectador para crear esa comunión entre obra de arte y público que tan a menudo se busca por caminos erróneos y que deviene, inevitablemente, en trascendencia, en recuerdos gratos e imborrables, en asunción de la película como parte de la propia experiencia, del propio currículum emocional.

A través de la maravillosa fotografía de Lutz Reitemeier, nos trasladamos a la Mongolia más profunda, a un territorio hostil, un incómodo océano de páramos desolados, de naturaleza en bruto, en el que transcurre la vida de algunas comunidades nómadas que todavía conservan buena parte de sus culturas y ritos ancestrales en un mundo que con cuentagotas les va proporcionando su cuota de modernidad. En este salvaje entorno, Tuya, interpretada por Yu Nan, mujer de belleza extraña y serena bajo la que se adivina un torrente de fuerza vital contenido a duras penas por su lugar en el mundo, el de la mujer rodeada de hombres y comprimida por una cultura machista, fenomenalmente personificada en una actriz soberbia en su papel, lucha contra los rigores naturales de su geografía y contra las convenciones que limitan sus facultades como individuo autónomo, a la vez que, a través del pastoreo de sus ovejas, intenta sacar adelante a sus hijos y a su marido tullido, impedido para trabajar. A pesar de que el Gobierno intenta incorporar a estos nómadas a la sociedad moderna a través de incentivos económicos, Tuya se resiste a abandonar su forma de vida y el espacio que comparte con su familia. Sin embargo, tanto trabajo a cuestas terminan repercutiendo sobre su salud y enferma. El problema es grave: sin ella, los niños y Bater, su marido, están perdidos. Sólo cuenta con la ayuda de un vecino cuya mujer le ha abandonado y cuyo sueño máximo es poder comprarse un camión. En estas circunstancias, sólo hay una salida para Tuya: aún joven, hermosa y fuerte para trabajar, debe divorciarse de Bater y casarse con otro hombre que pueda mantenerla a ella y a los niños. Deseada hace tiempo por muchos de los hombres de los alrededores, e incluso habiendo llegado el rumor a la ciudad, a antiguos compañeros de estudios que la quisieron y a los que no correspondió, son muchos los pretendientes que se acercan a la estepa para pedirla en matrimonio. Pero Tuya no acepta a ninguno. Ni uno solo de sus pretendientes acepta la única condición que ella pone para entregarse: que su nuevo marido se haga cargo de los niños, pero también de Bater.

Nos encontramos por tanto ante un combate en el que el amor, la supervivencia, la tradición y la modernidad constituyen piezas de un tablero en el que ninguna termina de encajar sin expulsar a las otras. En este juego de resistencias y cesiones, Tuya ha de escoger: amor o prosperidad, entregarse para encontrar un destino cómodo para sus hijos o no ceder y languidecer en el desierto, un matrimonio de conveniencia o por un amor nacido de casualidad, si es que no estuvo ahí siempre, latente, callado, esperando salir a la superficie tras haber sido enterrado con su primer matrimonio, igualmente fruto de la conveniencia y de la tradición, con un hombre al que no quería pero al que llegó a amar con el tiempo, del que no se quiere separar aunque no pueda levantarse de la silla. Por eso Tuya no desea a un hombre guapo, rico o talentoso: quiere un hombre sensible que sepa comprender su situación con Bater y que se ofrezca a acogerlo junto a ellos, aunque Tuya no siga siendo su esposa.

La película, en su desnudez, en su franqueza, resulta desarmante. No sólo por la pasión con la que está hecha, una pasión, no obstante, nada grandilocuente ni sobrecargada, sino humilde, entregada a unos personajes interpretados con una naturalidad tan excepcional que uno no cree asistir a una película, sino a un episodio real en el que uno ha aterrizado como testigo por azar. A ello contribuye una escenografía alejada de cualquier tipo de pintoresquismo cultural, que presenta la trama los distintos elementos culturales y geográficos de la Mongolia profunda como escenario natural del drama: esos caballos de raza mongola más pequeños que los que estamos acostumbrados a ver, los camellos utilizados en las labores cotidianas, agrícolas y ganaderas, esos vehículos destartalados, reducto de la era del desarrollo comunista, las chozas y tiendas del desierto mezclados con carreteras de trazado moderno que conectan las distintas islas urbanas levantadas en medio de ninguna parte, los rituales y tradiciones ceremoniales que conservan aún el sabor de un pasado esplendoroso de poder, gloria e imperio… En ascensión continua, sin altibajos ni cambios de ritmo forzados, la película discurre plácida y, a ratos, angustiosamente, con naturalidad a través de la historia de estos seres perdidos cuyas emociones y sentimientos son apuntados brevemente con pequeños diálogos y, sobre todo, con actitudes, gestos y la expresión de unas caras inolvidables, una historia de sentimientos que en ningún momento cae en la gratuidad sentimental, en el azúcar o el almíbar; todo lo contrario, es épica cotidiana en estado puro, humor y miedos, amor y odio, vida y muerte, una lucha de contradicciones, de anhelos, deseos, sueños, complejos, cobardías y frustraciones, que consigue plasmar en el bello y salvaje entorno natural mongol el igualmente bello y salvaje interior de nosotros mismos.

20 comentarios sobre “Humanismo hecho cine: La boda de Tuya

  1. Como ya te podrás imaginar, compa Alfredo, no la he visto, pero, más allá de alguna referencia muy liviana que ya tenía de ella, tu texto (excelente, pero eso ya no es novedad alguna…), me la pinta de un subyugante que tumba al suelo. Se hará lo que se pueda…

    Un fuerte abrazo y buena semana.

  2. Una película de una belleza dolorosa, Inma, de verdad. Te gustará seguro, pero también te desasosegará un pelín…
    Besos

    Gracias, Manuel. No es una película fácilmente localizable para verla, pero vale la pena, de verdad.

    Pues hay que remediarlo, Raúl. Ciertamente, bajo la buena prensa festivalera de que goza el cine oriental, se cuela mucho fraude (como “El sabor de la sandía”, por ejemplo), pero hay mucha joya por ahí, mucha.

  3. Otra más al saco de pendientes: cuando leí referencias ví el póster y me pareció que era el digno anuncio de una película interesante; ahora, después de leer tu magnífica reseña, ya no albergo duda alguna.

    Aunque sea difícil de hallar, tarde o temprano caerá, porque con la sequía de buen cine que padecemos es siempre reconfortante ver películas como ésta. Cada vez más pienso que en el lejano Oriente se halla el repunte del cine de calidad.

    Saludos.

  4. Pues sí, Josep, al menos es la única cinematografía que, habiendo aprendido de los clásicos occidentales, conserva la esencia del lenguaje cinematográfico y el arte de sugerir, de utilizar la imagen como vehículo de un contenido algo inteligente. No siempre, claro, también hay bodrios, pero ahora mismo, con excepciones, es la única cinematografía que hace cine.
    Saludos.

  5. No si lo mio con este blog es puro masoquismo.
    He visto la foto y el título y casi casi me he imaginado el resto
    Por un momento….no,no leo el post.Pero claro mi maldita curiosidad ,y ya casi adicción a estos escalones ,ha actuado como Pepito Grillo.Tienes que leerlo Carmen ,no lo dejes pasar……
    Y Hala ,otra a la lista de deberes atrasados.
    Que delicia de post y que delicia de película.
    Lo que menos me va a gustar es eso que dices por ahí arriba ,lo del pelín de desasosiego.
    Te contaré,no se cuando pero ,te contaré.
    Gracias.
    Saludicos.

  6. Gracias a ti, Carmen. El desasosiego es parte de la trama; es imposible no sentir las frustraciones y limitaciones de los personajes como propias.
    Cuéntame, cuéntame.
    Saludos.

    Me alegro, Dana. Hombre, el final un poco tendencioso y artificioso, pero la relación entre los protagonistas es pura dinamita.

  7. Gracias, Francisco. Yo cada vez estoy más convencido de que hay que buscar el mejor cine fuera de los grandes estudios. Puede que acierten, de chiripa, alguna vez con un producto digno, solvente, que pueda quedar en la memoria y en la posteridad, pero será una excepción. En cambio, fuera de allí, incluso sin salir de USA, pero más en las cinematografías incipientes, pueden verse verdaderas joyas. Como ésta.
    Abrazos.

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