Mis escenas favoritas – Bonnie and Clyde

Estamos en la guerra de Vietnam. Esta película no puede ser inmaculada, esterilizada. Nada de un par de tiros y caer muerto, ¡tiene que haber sangre, carajo! Arthur Penn.

Esta película supuso el inicio del último gran periodo de Hollywood, de 1967 a 1980, antes de que el marketing y los medios de comunicación controlaran la industria. Esta escena en particular cobra, además de su propio valor sociológico respecto al momento de su rodaje, una nueva dimensión atendiendo a la paralela evolución del cine: si esta película fue el principio del fin del Hollywood de los grandes estudios, si fue el pistoletazo de salida hacia otra forma de entender y ver el cine por parte de cineastas, crítica y público, no es menos cierto que quienes protagonizaron aquel gigantesco cambio sucumbieron a su vez a los cantos de sirena del dólar y que su talento murió a la vez que la década de los setenta, la última década gloriosa del cine.

16 comentarios sobre “Mis escenas favoritas – Bonnie and Clyde

  1. Como bien dices Bonnie and Clyde fue el pistoletazo de salida para la segunda etapa dorada de Hollywood donde surgieron como colosos Cimino, Coppola, Scorsese, Bogdanovich, Paul Schrader, Malick o Hal Ashby. Y también toda una generación de rostros de actores y actrices que algunos de ellos aún hoy siguen dando sorprendentes trabajos cinematográficos. Y de guionistas, productores, técnicos…, que además ante la caída del código Hays y del sistema de estudios conquistaron otras temáticas cinematográficas que durante años no se habían podido tocar explícitamente y otras maneras de narración que mostraron que el cine tenía (tiene) muchos caminos que recorrer.
    Bonnie and Clyde siempre me ha fascinado por su retrato de dos asesinos que tienen actitudes de niños libres y rebeldes. Su muerte violente siempre impacta. No se me ocurren otros rostros que los de Faye y Warren, que en escena tan corta, pasan de la sorpresa, de la belleza de la vida, de la admiración, al desconcierto, a darse cuenta de la situación, a mirarse con cariño y a morir tras ráfaga de fogueo. Genial y todo en apenas segundos.
    Esta escena me deja tan triste como la de aquellos amantes que fallecen de similar modo en esa joya de 1937 del maestro Lang, Sólo se vive una vez.
    Bonnie and Clyde fue película fundacional con todos los honores. Y fue posible a la cabezonería y tejemanejes de un Warren Beatty, figura fundamental en este movimiento del nuevo cine en Hollywood.
    Me encanta.
    Como siempre gracias.
    Besos
    Hildy

  2. Arthur Penn necesita hoy ser más considerado que nunca.A mí me encanta sus películas.Esta que reseñas desde luego es un peliculón de cuyo final recuerda lo mejor del cine de Peckinpah.Otra obra maestra es La jauría humana.

    Un fuerte abrazo.

  3. Me gusta la manera de sugerir la cercanía del peligro, con planos cada vez más rápidos que acrecentan la tensión. También es inolvidable la últtma mirada que se dedican antes del colosal tiroteo. Gran escena y gran película. Como dice Francisco, habría que recordar más a Arthur Penn.

  4. La escena esta me parece una maravilla por lo bien rodada que está, pero la película, en conjunto, no me gustó demasiado cuando la ví en su estreno y lo cierto es que no he vuelto a verla.
    No me suelen gustar las glorificaciones de los delincuentes y las acepto en contados casos y en éste, no me pareció con la redondez que otros admiran. Quizás deba darle un repaso, no sé.
    Siento discrepar, pero tampoco me pareció que ninguno de los intérpretes hiciera un trabajo especialmente reseñable: de hecho, para mí, son de los más flojos de su época.
    De hecho, si me lo pienso bien, no recuerdo ninguna película de Arthur Penn que me haya impresionado; prefiero la violencia desatada de Peckinpah: Sam hubiera realizado una película mejor, creo, con los mismos mimbres.
    Saludos.

  5. Gracias a ti, Hildy. Mi relación con los setenta hollywoodienses es ambivalente. Cierto es que se trata de la última década, en general, digna del cine americano. Pero no es menos cierto que, en última instancia, es la causante del (casi) desierto que padecemos hoy.
    Besos.

    En efecto, Francisco, y yo añadiría “La noche se mueve” y “Pequeño gran hombre”. Eso sí, posee grandes, enormes, fiascos, como “Acosado”.
    Abrazos.

    Un excelente final para unos personajes que, con toda seguridad, no lo merecían. Aquí pesa más la simbología que los personajes en sí.

    Yo también prefiero a Peckinpah, Josep. En este caso, la película, para mí, resulta más importante por su existencia y por la simbología de lo que cuenta (rebeldía, reto a la autoridad, búsqueda de respuestas, conciencia removida, etc.) que por sus virtudes cinematográficas. En cuanto a los personajes e intérpretes, no me parece tanto una dignificación de la delincuencia (pecado habitual en el cine, véase cualquier adaptación de la vida de Jesse James o incluso “El Cid”) como la atribución a unos personajes históricos que, como en el caso de Dillinger, consiguieron erigirse por un tiempo en algo así como en héroes populares (desde ese punto de vista la película no hace un ejercicio de dignificación, sino que recoge una realidad sociológica del momento, por más efímera que fuera), de una serie de valores, posturas y maneras que estaban en las nuevas generaciones en el momento del rodaje, no del momento histórico que retrata. Y también porque, en efecto, la película muestra un montón de cosas que en el cine americano jamás se habían visto.
    Saludos.

  6. A mi me ocurre al contrario que a Josep, la escena no me gusta técnicamente, pero la película la recuerdo con agrado.
    Entiendo que su valor, tal y como dices, se encuentra en lo que tiene de transición. Por ejemplo, con anterioridad a esta fecha (que el gran Machuca me saque del error en su caso) no recuerdo una película que tenga una secuencia con tanto plano y contraplano gratuito, con un uso casi frívolo de la cámara lenta, mientras por el contrario el sonido va a toda castaña, o con primerísmos planos seguidos heterodoxamente de otros planos generales… y todo ello que sin embargo quedo más o menos compacto y casi justificado. En cambio desde esos años hasta hoy, lo difícil es encontrar una escena de acción que no esté trufada hasta la exasperación de todos esos perniciosos elementos.
    Yo, claro, también prefiero a Peckinpah, pero no puedo olvidarme de La jauría humana o de, en menor medida “pequeño gran hombre” o incluso aquella película de cine negro que hizo con Gene Hackman y cuyo nombre no recuerdo.

  7. ¿”La noche se mueve”?
    En efecto, Raúl, esta escena, entre otras, fue la prueba de que rompiendo aquellas inamovibles y teatrales reglas del antiguo sistema de estudios podían provocarse reacciones en el público que iban más allá del mero busto contemplativo.

  8. Coincido contigo, Escalones, en que siempre pensé que esta peli era una hija tardía del star system, deliciosa en su anacronía. Y, por supuesto, como me pasa siempre cuando te leo, me entran ganas de verla y quisiera hacerlo esta misma tarde.
    Saludos.

  9. Yo prefiero a Penn. La violencia tan cruda del cine de Peckinpah es demasiado para mí.
    Esta película la vi hace muchos años y por una parte me gustó ese halo de héroes románticos que Penn les dio a los protagonistas (y que seguro que los personajes reales no tenían), pero por la otra, me dejó mal sabor de boca tanto tiroteo, incluida la escena final, que está muy bien rodada, eso no lo discuto, pero deja el cuerpecillo regular.
    Saludos

  10. Más que tardía, bastarda, creo yo, Noe.
    Pues nada, nada, a verla. Sobre todo, que no te salpique…
    Saludos.

    Desde luego ese halo no lo tenían, pero como ocurría con las novelas del oeste por entregas, el cronista hacía el resto.
    Veo que no te gustan los tiros, Carmen. A mí sólo si son de mentirijillas…
    Saludos.

  11. No he vuelto a verla, pero nunca olvidaré -espero no (re)inventarla- la escena en que Louise Parsons grita, desde la parte trasera del auto, algo parecido a “esto no puede estar pasando”, mientras toma conciencia de que son acribillados por la policía.
    Final espléndido de una pelicula a la que hoy sólo le sobran algunos maquillajes exagerados de Faye.
    Un abrazo

  12. En efecto, Dante, sobre todo porque esa frase es un canto de la juventud, tan escéptico como horrorizado, respecto a todo aquel clima de violencia que les tocó vivir.
    Abrazos.

    Pues sólo hay una manera de saberlo, Carmen, ya sabes.
    Saludos.

    Te lo permito, faltaba más, Alberto. Gran aportación, una película americana nacida con vocación de ser francesa vuelta a lo francés por la puerta grande.
    Un abrazo.

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