Mis escenas favoritas – La quimera del oro

Siempre es buen momento para volver a Charles Chaplin. La quimera del oro, de 1925, contiene algunos momentos inolvidables de su filmografía y de toda la historia del cine, como el famoso guisado de bota y con el baile de los panecillos. Escenas que sólo pueden ser obra de un genio.

25 comentarios sobre “Mis escenas favoritas – La quimera del oro

  1. Desde luego has elegido dos memorables escenas hoy. “La quimera del oro” es una de las que más me gustan de todas las de Chaplin y nunca puedo evitar sentir hambre cuando está devorando los clavos de la bota como si fueran los huesos de un estupendo asado. Un gran genio.

  2. Con Chaplin, compa Alfredo, nunca hay margen para el “error”. Éste sí que era un genio, de verdad, y no tantos como a los que ahora solemos atribuir (y no soy yo el que está libre de pecado, que conste…) esa etiqueta con demasiada ligereza.

    Un fuerte abrazo y buen día.

  3. Es verdad, Dana, es que le entra a uno gazuza y todo, aunque el manjar sea de todo menos apetitoso…

    Era genio hasta para copiar, como “La violetera”.
    Abrazos y buen finde (en ZGZ echamos la persiana hoy)

  4. La segunda de las escenas la recuerda todo el mundo que ha amado el cine alguna vez. Glorioso baile con los panecillos.

    PD: CHAPLIN fue un genio y sus películas (casi todas) maravillosas.

  5. Fue muy bien, Raúl, gracias. Quizá un poquito corto de asistencia porque no eran buenas horas (las seis de la tarde de un día laborable), pero mantuvimos el tipo y creo que quedó apañado e interesante. Al menos la gente así me lo hizo saber.

    Pues sí, Celebes, Chaplin es uno de los seis más grandes de la Historia del Cine por méritos propios.
    Saludos,

    Y no pocos la hemos imitado de chicos, Alberto, incluso antes de haber visto la película. Eso es lo que hace grande a Chaplin, su ternura con mensaje.
    Saludos.

  6. Lo que más me sorprende de Chaplin, siempre, es que pertenece a la época de los pioneros, cuando iban inventando sobre la marcha lo que iba a ser el Cine: no había precedentes de los que aprender ni lo bueno ni lo malo y a pesar de ello escenas como esas dos que nos has hecho rememorar siguen encandilando.

    Saludos.

  7. Dos escenas memorables y mágicas. Es increible cómo Charlot sigue encandilando a todo aquel que se acerca a él. Si me apuras y me dices que con cuál me quedo quizá te diría que con el baile de los panecillos. Charlot hablaba un lenguaje universal, el de la pantomima, y hacia que los objetos inanimados tuvieran otra vida llena de poesía, otra significación. Aquí una bota con sus cordones incluidos y unos simples panecillos…
    Gracias y besos
    Hildy

  8. Ahí me has dado Alfredo.Creo que he perdido la cuenta de las veces que he llegado a verla.
    Que tengas un buen finde y que descanses.Y si te apetece un chocolate caliente con bizcohicos,pues ya sabes.
    Saludicos ventoleros.

  9. Pues sí, Josep. Y es que el ser pionero, en el cine y en otras cosas, conlleva una apertura de mente y una flexibilidad de cánones y reglas que después, no sé por qué, se pierde. Y por eso los grandes, los clásicos, son tan inolvidables.
    Saludos.

    Así es, Hildy, poseía un sublime dominio de lo visual, de la mímica. Por eso se adaptó tan mal al cine sonoro, porque su forma de hacer reír era puramente gestual, lo suyo no era interpretar diálogos con chispa.
    Besos.

    Tomo nota, Carmen, del cholcolate y los bizcochicos. Tengo mucho trabajo (entre otras cosas, preparando próximos saraos de los que se os avisará oportunamente), pero me lo apunto. Y si no, cuando me tome un descanso me veré la película enterita; Chaplin viene de perlas contra los agobios.
    Saludos rosconeros.

  10. Pues sí. Gran película. Y no sólo copió La violetera… La escena del baile de los panecillos era de Fatty Arbuckle, por lo visto (yo no he visto su versión). Aunque supongo que Chaplin la perfeccionaría o mejoraría (como hacen los genios, que sí, en este caso no hay duda… Como comentaba (cito de memoria) la señora Matthau por boca de Capote en Plegarias Atendidas… Oona (que fue su amiga de joven) le enseñaba las cartas kilométricas de
    J. DSalingerhasta y le preguntaba: “Pero, ¿tú crees que es un genio? Cuando conoció a Chaplin ya no tuvo que preguntárselo más.” No había reparado en tu blog. Vengo desde doin’ the pop. Error subsanado. Un saludo.

  11. Gracias, David. Y también copió (y mejoró) el fenomenal comienzo de “Tiempos modernos”… Pero los genios tienen bula para casi todo.
    Saludos.

    Carmen, ¿del corazón o del intestino grueso…?
    Saludos.

  12. Si la humanidad desapareciera y sólo quedara como registro las películas de Chaplin y Keaton,los arqueólogos extraterrestres podrían comprender a la perfección que dentro de la barbaridad humana existieron grandes artistas que dijeron más que cualquier libro de historia o tratado político.

    Un fuerte abrazo.

  13. otra escena que me pareció muy tierna fue la del almohadón de plumas cuando la chica dice “si”.
    y otra muy graciosa la de cuando se dedica a palear la nieve de casa de un vecino a la del silguiente, cobrando, eso sí, involuntariamente, de los dos.
    Y otra de gran tensión y técnica la de la caseta colgando sobre el precipicio.
    Gran y extraña mezcla de comedia para todos públicos, aventura y exploración sicológica (ese hambre enloquecedor)

  14. Pues sí, Carlos, como todo el cine de Chaplin, drama (más o menos lacrimógeno y sentimentaloide) y comedia alocada se alternan a la perfección. Esta película es una auténtica obra maestra.

  15. Excelentes escenas. Otra de las escenas que recordaré siempre de Chaplin es la de “Luces en la ciudad”, en la que la vendedora de flores descubre al vagabundo al recuperarse de su ceguera. Sublime.

  16. El catálogo de escenas memorables de Chaplin es inacabable, Deyre, afortunadamente para nosotros. Con sus mejores momentos podría hacerse un largometraje documental que nos emocionara e hiciera reír por igual.

  17. Mis recuerdos de la primera vez que vi esta película son nítidos, mi padre y yo desternillándonos en el sofá. Espero poder seguir la tradición.

    Abrazos.

  18. Hombre, desternillarme, lo que se dice desternillarme con esta película en concreto no, es triste, emocionante, intensa, grandiosa; la escena más enloquecida y ferozmente divertida quizás sea la de la cabaña en el borde del abismo, fabulosa.
    Las escenas de los compañeros que se odian, la de la fiebre de las cabañas dónde Mack Swain se quiere comer a Chaplin porque le crée un pollo, áquella en que se comen la bota, o el baile de los panecillos, siempre me han parecido de una tristeza sobrecogedora.
    En esto reside la grandeza de estas obras del grandísimo Charles Chaplin, en hacernos ver que la vida tiene muchas cosas terribles, pero la paz espiritual puede hallarse tras haber sufrido experiencias tan duras como una expedición en Alaska en 1.898. La misma tésis que sostenía Charles Dickens, del que Chaplin fué su principal voceador.

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