Un caso para Sherlock Holmes: el problema de la adaptación literaria al cine a propósito de El perro de Baskerville

“El público quiere un Sherlock Holmes más físico”. Tamaña estupidez (y lo peor, vistas las cifras de taquilla, es que es una estupidez acertada, quizá porque el público lo que quiere es físico, sea o no Sherlock Holmes) la afirma, cómo no, Guy Ritchie, el autor material que ha perpetrado la última fechoría contra los clásicos de la literatura a manos del sindicato de directorcetes de cine, bien incapaces de crearse una voz y un estilo propios a la hora de narrar historias, bien cuyo talento, atrapado en una única forma de contar todo envoltorio y nada de chicha que reproducen una y otra vez en cada trabajo, carecen de verdarera inteligencia y pericia cinematográficas para salirse de ella y mantener su nivel recaudatorio a la vez que progresan en lo artístico, como es el caso del británico en cuestión. Valga que la película de marras sea de encargo, pero siempre se puede decir que no, a no ser que se carezca de talento y ambición para hacerlo mejor.

Disponer de una amplia gama de relatos de Sherlock Holmes y, sin embargo, apostar por un cómic bastante poco riguroso es sin duda uno de los indicios de mediocridad que avalan el resultado final. Pretender innovar en un campo en el que se han hecho tantas cosas, mejores y peores, y en el que existen ya un buen número de visiones altenativas, desde La vida privada de Sherlock Holmes a El secreto de la pirámide (con aspectos directamente fusilados por Ritchie), pasando por la serie de dibujos animados japonesa de Miyazaki, es el camino más corto al plagio descarado o a la irreverencia frente a personajes y situaciones y, por extensión, a los millones de lectores para los que Holmes forma parte de su imaginario colectivo al mismo nivel universal que, por ejemplo, Don Quijote y Sancho. Y aunque el Holmes de Ritchie no es, en última instancia, tan infiel (aunque lo es) al original como cabría esperar, sí es cierto que no reconocemos al auténtico Holmes en la piel de ese vulgar macarra mamporrero que encarna estupendamente Robert Downey Jr. Por el contrario, en anteriores versiones, quizá igualmente inexactas en lo que a la figura del protagonista se refiere (su “uniforme” de la gorra de cazador y la capa de cuadros, la pipa y el continuo “elemental, querido Watson”, inexistentes en las obras de Conan Doyle) y que han configurado una visión colectiva del personaje un tanto distante de su verdad literaria, no nos cuesta nada identificar las notas características de un personaje inmortal, aunque en algunas versiones perpetradas con extraños fines propagandísticos el Holmes de Basil Rathbone, por ejemplo, se las tuviera que ver con agentes alemanes o en tramas de espionaje internacional en un clima prebélico.

En cualquier caso, para contrarrestar el mal sabor de boca dejado por esa especie de Sherlock Holmes de Guy Ritchie, nada mejor que volver la vista atrás, en concreto a 1959, y sumergirse en la adaptación que Terence Fisher hizo de una de las más recordadas historias del detective, El perro de Baskerville, ya filmada en 1939 con Rathbone en la piel de Holmes y, esta vez, con otra de las caras más reconocibles del famoso sabueso: Peter Cushing. Nos encontramos con un Holmes entendido en términos clásicos pero que no evita aquellos aspectos que Ritchie ha desproporcionado hasta desdibujar el carácter del personaje, como por ejemplo, el aspecto físico. La película, muy breve (no llega a noventa minutos), comienza con un prólogo situado en el siglo XVIII que explica las razones por las cuales Hugo de Baskerville, tras internarse en la oscuridad del páramo que rodeaba su mansión, cayó en desgracia y arrastró a toda su familia a una maldición. Algo más de un siglo después, el Doctor Richard Mortimer acude al célebre 221B de Baker Street en busca de ayuda para esclarecer la extraña muerte del último poseedor del título de los Baskerville, y también de protección para el nuevo heredero, Sir Henry (Christopher Lee), que ha hecho fortuna en las colonias de Sudáfrica y que se perfila como nuevo destinatario de ese mal augurio encarnado en un perro llegado desde los infiernos para acabar con él. Así, mientras Holmes se queda en Londres ultimando unos detalles referentes a otro caso, Watson (André Morell) acompaña cual escudero y guardaespaldas a Sir Henry a tomar posesión de sus nuevos dominios. Allí traba conocimiento del especial vecindario que le aguarda al nuevo Lord, a la vez que se preocupa y escandaliza con la noticia de la fuga de un asesino en un presidio cercano.

Así, la película atrapa a la perfección la atmósfera de la novela, esa mezcla entre el ambiente aristocrático de la era victoriana en el que suelen transcurrir las historias de detectives tradicionales, especialmente a partir, precisamente, de Holmes, con elementos góticos (caserones, oscuridad, páramos, ciénagas, espíritus infernales…) puestos esta vez al servicio de un elemento poco frecuente en estas historias, lo mágico, lo sobrenatural (para que luego digan que Ritchie innova), confiriendo así a la cinta una doble tesitura, clásica en cuanto al establecimiento y resolución de una intriga criminal con altas dosis de suspense, sorpresas, giros de guión y averiguación de pistas, y al mismo tiempo, de un terror no menos clásico marca de la casa, la productora británica Hammer, habituada a este tipo de adaptaciones y que aquí hace emparentar la cinta con los clásicos de Drácula y otras historias de horror que dieron fama y rentabilidad a la empresa.

Con una ambientación excepcional (sin necesidad por entonces de acudir a la digitalización de nada; ahora da la impresión de que ya no se sabe hacer nada si no es con ordenador), la película se conduce con pulso pese a su brevedad por los distintos recovecos del relato de Conan Doyle. Estupendamente interpretada, sin sorpresas, tergiversaciones ni añadidos de ninguna clase en atención a un potencial público inmaduro que por aquel entonces parecía no existir, proporciona exactamente lo que promete: ver a Sherlock Holmes y al Doctor Watson, encarnados por personajes de su misma -supuesta- edad, que atesoran los distintos matices que éstos poseen gracias a la pluma de Conan Doyle. Ahí radica la superioridad de las historias clásicas de Holmes sobre los nuevos subproductos inspirados en cómics, y no en la fuente original, y destinados a convertirse en filibustera franquicia para las taquillas.

Porque la película, más allá de la historia lineal de delito, averiguación del culpable y arresto o castigo, supone, al igual que la novela, la apuesta por la razón frente a lo sobrenatural, a diferencia de otras historias siempre basadas en elementos mágicos (estupenda coartada para la falta de creatividad) o en detectives trocados en superhéroes cuyo destino no es la captura de un ladrón o asesino, sino detener al malvado que pretende dominar el mundo (personalmente, uno está hasta el gorro de este tipo de personajes-gentuza). El desenlace de la historia, la explicación lógica acerca de cómo el famoso perro provenía del infierno, supone la derrota de la superstición, de la creencia popular (generalmente producto de las deficiencias educativas de las clases sociales más bajas) basada en mitos, leyendas o enseñanzas represoras y amenazantes explotadas durante siglos por las religiones, principalmente monoteístas, y el tributo a la luz de la razón, a las capacidades del hombre para entender, diagnosticar, prevenir y esclarecer los distintos fenómenos a los que asiste; en pocas palabras, la defensa del raciocinio como instrumento de conocimiento y progreso, muy al contrario que en la conocida última versión, en la que el recurso a lo mágico, a lo sobrenatural, vuelve a ser una forma de imponer la simpleza de juicios, criterios y gustos. Ésa, y no otra, es la esencia de Sherlock Holmes. No si es más o menos acertado que fume en pipa, use lupa, lleve gorra de cazador o diga “elemental, querido Watson” a todas horas, sino dotarlo de los valores que Conan Doyle quiso atribuirle en sus historias, nada que ver con las peleas callejeras (por más que el Holmes clásico, y también los de Rathbone y Cushing, corran, persigan, salten, disparen, combatan a sable, luchen según los cánones de una antigua arte marcial japonesa, etc., ¿quién ha dicho que Holmes no hace eso? Pero cosa contraria es quitarle sus otras notas definitorias y reducirlo a ello, convertir sus brillantes dotes deductivas en meras trampas de guión para salir del paso, destruyendo así la intriga y sustituyéndola por un circo), las gracietas baratas, la ocasional conversión en bufón y la cesión del protagonismo de lo racional frente a lo sobrenatural.

La película de Fisher, construida además sobre auténtica intriga y no en torno a caprichosos trucos de guión como débil coartada a las inconsistencias de una trama plana y tonta (de nuevo volvemos a Ritchie), también ofrece, como las clásicas historias de Holmes, una lectura política y social de lo que debió suponer la sociedad victoriana, la del Imperio británico, la de “hacer del mundo Inglaterra”. Foco por igual de magnificencia y de miseria, de grandes logros y avances, y también de mantenimiento y profundización en seculares retrasos y deficiencias, es la sociedad británica el verdadero objeto de estudio de Holmes, las auténticas cobayas de esos tubos de ensayo, pipetas y probetas que guarda en su estudio, mientras que Watson, igual que ofrece su escepticismo ante los avances deductivos de su compañero, opone los valores de la tradición, la respetabilidad y la apariencia. Sin embargo, en El perro de Baskerville como en otras obras, Conan Doyle y quienes lo adaptan sabiendo lo que hacen (sin necesidad de recurrir a tebeos que esquematicen, simplifiquen, vulgaricen y empobrezcan los argumentos), proporcionan siempre un prisma político y social de enorme profundidad crítica que pone en duda tanto valores tradicionales como órdenes económico-sociales (empezando por un héroe adicto a una droga, hecho convenientemente eliminado de la última versión en aras de una repugnante hipocresía que no les impide alardear de una brutal violencia tan gratuita como innecesaria y ajena al auténtico universo de Sherlock Holmes). En esta ocasión, tenemos una familia noble corrupta, vil, condenada por sus actos, y un criminal que, aunque en apariencia pertenece a la clase más baja, es en realidad un miembro no reconocido de dicho linaje, por lo que, una vez más, nos encontramos con una condena a la corrupción y al anquilosamiento de ciertas instituciones y convenciones. Sin embargo, Sir Henry, de apellido noble pero hecho a sí mismo en Sudáfrica, burgués y no de rancio abolengo, por tanto, es la encarnación de los nuevos tiempos, de una modernidad que sepa cortar amarras con un pasado oscuro, de superstición, de sometimiento a la oscuridad y a lo desconocido. Y lo consigue gracias a la herramienta de la deducción, el estudio, la inteligencia y la sabiduría. Gracias a un Sherlock Holmes que, cuando es apartado de los atributos que le son propios, se convierte en un vulgar mamporrero propio de videojuegos que contente a quien no sabe leer entre líneas ni espera nada más que paliar su aburrimiento con películas de usar y tirar. Pero, ya se sabe, la excusa del entretenimiento es la coartada perfecta para aquellos que deciden no utilizar su inteligencia sin sentir vergüenza de sí mismos. A Holmes, al de “verdad”, no sólo le daría asco, sino también lástima.

28 comentarios sobre “Un caso para Sherlock Holmes: el problema de la adaptación literaria al cine a propósito de El perro de Baskerville

  1. Evidentemente, Supersantiego, discrepo. Podría decir que la película de Ritchie es una basura, argumentarlo e incluso demostrarlo con la propia película en la mano, pero, después de leerte, es evidente que examinas la cuestión desde otra perspectiva, así que no diré que es una basura. Aunque lo sea. Así que diremos que, con el nivel de exigencia convenientemente disminuido o incluso desactivado, hay un montón de gente seducida por la mercadotecnia y la publicidad, que pueden considerar la película de Ritchie entretenida. Y así seremos políticamente correctos y alimentaremos las secuelas tan inútiles, degeneradas y gratuitas como su predecesora.

  2. ¡Uau! ¡Me quito el sombrero, querido Alfredo, y lo dejo sobre tu mesa!

    Me ha encantado de veras el análisis que haces de esa pequeña joya de la Hammer que revisé hace ya tiempo y no supe afrontar con esa profundidad y clarividencia que te caracterizan, apoyándote en ella para alcanzar el conjunto de la obra de Doyle que, como dices, se ha convertido en acervo cultural.

    Nada puedo decir del invento reciente pues la tengo en espera; me temo que coincidiré contigo y desde luego estoy convencido que el arte de la Hammer en recrear ambientes góticos con cuatro paredes es muy superior a los artificios digitales que ya me cansan por su frialdad.

    Entre nosotros: empiezo a estar harto de adaptaciones de tebeos al cine… 😦

    Otrosí: la idea de apuntar con bala explosiva a Ritchie mediante “otra de Holmes” me la has pisado: aunque no me extraña la coincidencia; estoy por revisar una que todavía no conozco y si funciona, me apuntaré a la vía que has abierto de forma magistral.

    Saludos.

  3. Pues eso mismo es lo que digo yo, sólo que ya se me ha ido la olla y no queda otra que aceptar pulpo como animal de compañía para no volverse loco. De todos modos las críticas que hago en Banana Tribune no se pueden tomar en serio, que ni yo mismo lo hago.
    Lo que me fascina de estos casos es su capacidad de interpretación más allá de lo puramente artístico. Como lo de Avatar: no es fascinante la película en sí, sino el efecto que produce en la gente.
    Lo aterrador es eso: nuestra máxima aspiración vital es el encefalograma plano.

  4. Alfredo, buen artículo pero creo que pecas de ser excesivamente purista. A mí tampoco me ha apasionado la versión de Ritchie, pero reconozco que me entretuvo en general y no la comparo con las obras GRANDES que citas: La vida privada de Sherlock Holmes (Wilder), el anime de Miyazaki o El secreto de la pirámide. En cualquier caso, me gusta que seas de los pocos clásicos 100% que van quedando, amigo… Yo cada vez conozco a menos.

    Saludos!!!

  5. a VECES hemos disentido sobre las adaptaciones (Drácula Sllepy Hollow, etc) pero en este caso estoy totalmente de acuerdo contigo. No he visto la peli y francamente no tengo ni ganas porque me parece una blasfemia. Si yo quiero un detective de acción me voy a Bond o a culquier héroe de estos, pero transformar así a Holmes me parece una aberración. Si precisamente su encanto es la atmósfera, el proceso racional y también su personalidad y la de Watson, en fin muchas veces hemos hablado de esto. Lo único bueno que puede suceder es que algún chaval se aproxime a los relatos al ver esta película. ¡Qué error, qué gran error, desperdiciar así un acercamiento a este gran mito y que pueda inducir a una visión equivocada del público.!

  6. Yo te aplaudo, sin más. Y si me da tiempo este fin de semana para debatir al respecto, pues con eso que te encuentras. pero de momento, aplaudirte por este estupendo trabajo que supone tu entrada.

  7. Gracias, Josep. Apúntate, apúntate, que hay que desenmascarar los fraudes… Yo también estoy harto de las adaptaciones de tebeos pero, es lo que hay.
    Saludos.

    Efectivamente, Supersantiego, lo verdaderamente inquietante es analizar por qué, cómo hemos llegado a esto, cómo Spielberg y Lucas abrieron la senda de la destrucción y vamos todos a arrojarnos por ella cual lemmings…

    Mi querido Alberto, déjame que te regañe: mi menda, de purista, nada de nada. Al contrario, estoy cansado de que el entretenimiento se utilice como coartada para todo. Para mí, el cine de entretenimiento no entra en el campo del cine, sino en el de los entretenimientos, a saber: hacer crucigramas, jugar a los marcianitos, reventarse las espinillas, rascarse las zonas blandas, en el caso de los chimpancés (y algunos humanos) despiojarse mutuamente entre dos individuos… Si hablamos de cine, de lo que es cine, uséase, un medio de transmisión de información y cultura con un envoltorio artístico, hay que hablar de lo que es y desechar lo que no es. Porque hay cosas que son cine en el fondo y en la forma, y cosas que sólo lo son en la forma (y ya cada vez más, ni eso). Digamos que yo no soy un purista, sino que nos hemos acostumbrado a aceptar lo inaceptable. ¿Encima vamos a tener la culpa nosotros, los que seguimos adorando lo que es el cine? Nosotros no somos puristas; es el público en general, con la excusa del entretenimiento y azuzado por los medios de comunicación en lo que es una falsa “cultura del ocio”, el que se ha vuelto clientelista. Toma ya.
    Y repito, soy lo suficientemente poco purista como aceptar esas tres visiones alternativas que cito del personaje: ¿por qué? Porque introducen cambios meramente accesorios pero conservan la esencia y significado de un personaje que Ritchie abandona por el camino (mejor dicho, que en ningún momento ha tenido intención de conservar). Es decir, ha llamado a su película “Sherlock Holmes” cuando en realidad es una secuela de esa infamia llamada “Los vengadores”.
    Un abrazo.

    Cada vez quedamos menos de los buenos, Carlos…

    Gracias, Raúl. Ya ves que estoy que muerdo con esto, así que si vamos a debatir, ponte la ropa interior de hierro forjado que tiro con bala…

  8. De una tirada y sin respirar me acabo de leer esta maravilla de post.Como dice Josep,¡Uau!.Yo me quito la goma de la coleta,la boina,la bufanda y lo dejo también encima de la mesa.
    Vi el trailer el día del terremoto de Haití y no tuve ganas de enviarte un mensaje comentandote que vaya “MIERDA”,CON PERDÓN.
    Desde cría ha sido uno de mis héroes.Mi padre tenía las obras de Conan Doyle en unos tomos pequeñicos en piel roja y papel biblia,me encantaba leer las aventuras de Sherlock Holmes y a mi me parece una falta de respeto hacia su autor distorsionar y ridiculizar sin ningún rigor su personaje de una forma tan burda.No puedo decir que no sea una película entretenida y que seguro que gustará a mucha gente por sus actores,efectos especiales etc etc,lo único que a mi me fastidia es que el personaje de Holmes quede tan distorsionado y fuera de la realidad con la que su autor lo creó.No sé si me explico.
    No pienso verla ni por curiosidad,con el trailer tuve más que suficiente.
    Saludicos.

  9. Gracias, Carmen. No te creas, la adaptación del personaje por Ritchie, esencialmente, no es tan traidora como pudiera pensarse. Es más bien que la trama y el guión no están a la altura de lo que el personaje requiere, y se pierde en tonterías que no son tan propias de Holmes como de cualquier héroe de cartón de esos de Marvel. En fin, si te la evitas, eso que te ahorras.
    Saludos.

  10. No ,si ya he leído lo que dices y esencialmente no distorsiona tanto la esencia del personaje lo único que a mi personalmente (y solo me guío por el trailer) no me gusta la forma de representar a Holmes,
    y soy una auténtica profana tanto en cine como en literatura.Simplemente no me gusta.
    Seguiré a pies juntillas tu consejo y la evitaré.
    Saludicos.

  11. Ah sí respecto a la peli El perro de los Bskerville la ví una vez y entonces me produjo cierta desilusión pero es que me ha pasado con todas las de la Hammer porque creo que tanto colorín característico de ella no procede en las pelis de miedo, no obstante prometo revisionarla.El que me gusta es un episodio (El pie del diablo) que tengo por ahí grabado de una serie televisiva británica de los ochenta, con un Sherlock y un Watson más como deben ser y, eso sí, sin gorra de cazador.

  12. Lo cierto es que la nueva gamberrada contra el personaje de Sherlock Holmes no me atrae nada. Sin embargo soy un defensor a capa y espada del sabueso de los Baskerville de 1939 con Basil Rathbone. No sé que tenía este hombre pero me pareció el Homes más creíble de todos y he visto esta película, al menos, cinco veces. Me parece que esta película tiene un ambiente muy parecido al de la novela. Así que nunca he visto la de 1959 y confieso que tengo ganas de verla. Un abrazo.

    PD. Por cierto, al leer lo de “Los vengadores” he recordado cuando comentamos la serie. Guardo un buen recuerdo… lo contrario que la película.

  13. Bueno, Carmen, puestos a gastarse dinero en una entrada, mejor en otra, cierto.
    Saludos.

    Carlos, no sé qué quieres decir con “colorín”. Imagino que preferirías que su technicolor fuera más blanco y negro, o más sombrío. Puede… Esa serie la están reponiendo ahora en TDT.

    Es que, Dana, es una gran versión la de Rathbone.
    La referencia a “Los vengadores”, una de las peores películas jamás filmadas, es de cajón. El Holmes de Ritchie es más deudora de ella que de otra cosa.
    Un abrazo.

  14. En torno a los 15 años devoré los libros de Holmes (también los de Agatha Christie), por eso me alegré al enterarme de que se estrenaba una película… pero ufff, tras ver el trailer, paso de gastarme el dinero. Pero si se ve que ni dice “Elemental, querido Watson”

  15. Que gran artículo Alfredo. Fisher es un monstruo como director, y me acaban de entrar ganas de revisar su versión de Baskerville, jeje.
    Vi la de Ritchie en cine y me dejó esa sensación tan común en el cine actual, la de asistir a un rutinario ejercicio de estilo. La película va de A a B, y de B a C, no hay más. Suerte aún que Robert Downey Jr. y Jude Law tienen una cierta química entre ellos, porque el resto es un catálogo avanzado de tópicos y desarrollo narrativo previsible hasta el extremo. Ni el estilo Ritchie aparece por ninguna parte (sea lo que sea ese estilo).
    Saludos!! 😉

  16. Gracias, Iván. Fíjate que yo agradezco que el estilo Ritchie, sea cual sea, no aparezca: tres de sus películas son exactamente iguales, y ya cansa. De ésta, me gustó que se conservaran ciertos rasgos del personaje tanto como me indignó que se obviaran otros. Pero en general, como digo por ahí, tiene más en común con “Los vengadores” que con cualquier Sherlock imaginable. Por eso vuelvo a Fisher.
    Abrazos.

  17. Ay, ay, ay… Los clásicos de la literatura están ahí para destrozarlos, profanarlos, ensuciarlos, apropiárnoslos… Si no, ¿qué? ¿Son algo sagrado e intocable? Para nada. Y esto lo escribe una ex profa de literatura. Claro, ahora me explico lo de ex.

  18. Como es lógico, discrepo al cien por cien. Lo que no permitiríamos que se pudiera hacer con la Biblia adaptada a la pantalla no debe permitirse de cualquier otro libro. Porque la Biblia, al menos en eso, no supera a ningún otro libro. ¿Aceptaríamos que Jesús hiciera las cosas que hace aquí Holmes? Ni de coña.

  19. Excelente texto amigo.Yo solo entiendo a mi amigo Holmes en su verdadero contexto:la literatura.Tarzán es uno de los personajes más odiosos del cine,y no obstante,qué novelas tan excelentes las de Edgar Rice Burroughs.Es por poner un ejemplo.

    Un fuerte abrazo.

    1. Gracias, Francisco. Igual me ocurre a mí. Reconozco el esfuerzo de Downey Jr. por hacer algo distinto, pero hubieran sido más efectivos al servicio de un director mejor y de una historia que realmente fuera de Sherlock Holmes.
      Un abrazo.

  20. Me dejé llevar por la curiosidad y acudí al cine a verla, al final. Y, a riesgo de parecer un veleta poco responsable, debo confesar que no me disgustó demasiado lo que ví. Realmente tienes razón cuando dices más arriba que las caracterizaciones de los personajes principales, especialmente de Sherlock, después de todo no se distancian demasiado de mi Sherlock imaginado, quitando la tontería de los cálculos matemáticos empleados para neutralizar a sus enemigos, este Sherlock sigue siendo un desecho humano cuando no tiene actividad, se entretiene disparando a las paredes y sigue siendo un guarro (más de lo que yo me había atrevido a imaginar), sigue dominando los disfraces y temiendo el amor de las mujeres y en especial de la Adler, y sigue sorprendiendo con sus estudios psicológicos del personal y sigue poseyendo una vista y un cerebro que procesa lo que a los demas nos parece parte del decorado. Watson si que está cambiado…Desde luego que los trucos empleados por el malo se quedan sin una explicación científica creíble, cosa que en los libros sí sucedía muchas veces(las drogas y sustancias químicas me parece a mí que siempre eran reales)…Y luego está la atmósfera de ese Londres victoriano, no me disgustó como está retratado, no. Aparecián los bajos fondos y el parlamento, el astillero y el cementerio con imaágenes que yo no sé si pecan de exceso de tratamiento informático (y no me refiero a la obviedad del puente), me refiero a la luz y al ambiente…y luego la música que en esta primera vez me pareció chocante al menos.
    En fín que no quiero disgustarte, pero ante todo mi deber es ser sincero contigo. Que si no me siento mal.
    Eso sí, la trama, la explicación chabacana de los trucos y tanta lucha, son de traca y no son muy Conan Doyle que digamos.

  21. Carlos, a mí que la gente opine sobre sus gustos no me molesta para nada, en absoluto. Cosa diferente es, por más que la taquilla pueda darle la razón, es que Ritchie se atribuya el “mérito” de haber adaptado a Holmes auspiciado por los gustos y necesidades del público, cosa que no ha hecho.
    ¿Te das cuenta la parrafada que dedicas a salvar los aspectos accesorios mientras que lo principal, lo que convierte a una película en buena o truño, lo despachas en línea y media?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.