Cine en serie – Casino Royale

PÓKER DE FOTOGRAMAS (VII)

Y James Bond resucitó. Tras languidecer varios años en continuas secuelas que, desde los tiempos inmemoriales de Sean Connery como agente 007 y el humor y la fina ironía autoparódica de Roger Moore, hacían perder fuelle y gracia a cada nueva entrega, Martin Campbell, realizador británico responsable en los noventa del primer intento (frustrado) de resurrección del personaje (Goldeneye, 1995), dio en el clavo con más pericia que verdadero talento en la, por fin, vuelta de Casino Royale a la matriz de la franquicia original de la saga 007 tras la cuestión de derechos que permitió la existencia de esa rareza coral de reparto inigualable filmada en 1967 al margen y como parodia del Bond oficial.

En 2006 se recuperó por tanto el espíritu de las obras de Ian Fleming con este retroceso a los primeros tiempos de James Bond (Daniel Craig) como agente doble cero y su primera misión en busca del banquero del terrorismo internacional, un individuo llamado Le Chiffre (Mads Mikkelsen), al cual debe derrotar en una multimillonaria partida de poker a celebrar en el Gran Casino de Montenegro, a fin de hacerlo depender de la voluntad de los servicios secretos británicos y poder sonsacarle así toda la información posible. Bond es asistido por una agente del tesoro, Vesper (Eva Green), con la que, además de compartir trampas y peligros, termina compartiendo cama. Como siempre, pero de manera distinta: porque es la primera vez que Bond se compromete verdaderamente con una mujer, hasta el punto de que algunos de los sucesos que rodean a ese compromiso cambiarán su existencia para siempre.

Por encima de la película en conjunto, magnífico vehículo para la acción y la violencia pero narración imperfecta, en algunos puntos incluso ridícula (determinadas frases de guión, las maniobras auto-reanimatorias de Bond gracias a un marciano botiquín de primeros auxilios incluido como gadget en su flamante coche, el retrato de Montenegro como una especie de Costa Azul en la que todo el mundo habla francés y los coches de lujo se dan la mano con los edificios señoriales y de solera), destacan ciertos aspectos sueltos que, unidos, no logran convertir la cinta en algo verdaderamente apreciable por más que sí suponga revitalizar una saga que daba síntomas, no ya de agotamiento, sino de muerte cerebral. En primer lugar, la figura de Daniel Craig. Su contratación como Bond supone una declaración de intenciones: la vuelta al 007 original, al literario, al personaje que, más allá de las banalidades del lujo y del glamour (sea lo que sea eso) es tosco, violento, salvaje e indisciplinado. El físico rompedor de Craig en este aspecto, sus rasgos fuera del canon habitual del galán y su brutal presencia, conducen a otra forma de entender a Bond inexplorada hasta ahora en el cine más allá de momentos puntuales que salpican la saga. Ello no deja de causar una sensación algo extraña, ya que asistimos con la estética y las técnicas más recientes al nacimiento de un personaje y a algunas de sus claves más reconocibles (cómo llega a hacerse con su famoso Aston Martin o el surgimiento de su gusto por el Martini con vodka mezclado, no agitado) al que hemos acompañado en una veintena larga de títulos y cuyas características ya conocíamos, al menos en parte, aunque alejado en algunos aspectos del Bond literario, y a la vez a la puesta al día formal de una saga que abarca cinco décadas diferentes.

Otro aspecto destacable es el cuerpo central y el clímax de la película. Lejos de encontrarse en las habituales escenas de acción, riesgo, persecuciones, tiroteos y destrucción del personaje negativo, aunque estos aspectos sigan muy presentes, hay que añadir el contenido emocional de la historia de amor (más allá del sexo) y, sobre todo, el hecho de situar las claves de la trama en una gran apuesta de dinero al poker narrada al estilo clásico, con sus lugares comunes (meticulosa y bellamente filmados) ligados a la tensión entre jugadores, la figura de los mirones, los nervios y la tensión palpables, los destinos dependientes de un giro del destino en forma de carta, la pérdida o ganancia de auténticas fortunas en un breve instante y, por encima de todo, del concepto de farol. Durante una buena parte de la extremadamente larga trama Bond se sienta a una mesa y establece una lucha psicológica con su adversario usando temporalmente como armas unos naipes y las fichas de distintos tamaños y colores, aunque ésta se traslade a los pasillos, escaleras y aparcamientos del casino de forma más explícita y violenta. Bond, como uno de los mejores jugadores de poker de los servicios secretos, pone a prueba no su talento para el asesinato y para salir de situaciones comprometidas, sino su agudeza y su inteligencia para vencer en un juego del que depende privar a su rival de fondos con los que financiar campañas de terrorismo internacional, compraventa multimillonaria de armas y tráfico de todo lo traficable.

De una belleza formal exquisita, especialmente en los fragmentos de la trama que transcurren en el casino y, en particular, en las escenas sobre el tapete de juego, flaquea en cambio en aspectos argumentales imperdonables, como son la deficiente por insuficiente caracterización de algunos personajes y, sobre todo, la existencia de lamentables trampas de guión sostenidas en una trama confusa y abstracta que, intentando llevar la inquietud y la sorpresa constantes al espectador, derivan en un continuo carrusel de giros tan rebuscados como imposibles y, en el fondo, de lo más previsibles para un espectador avezado en cine vulgar. A ello no resulta ajeno la excesiva duración del film (dos horas y veinte minutos) y una conclusión, por una vez, al menos en parte, sin final, una remisión a una continuación (la muy deficiente Quantum of solace, capaz ella sola de arruinar toda la vida que este fin de Campbell consiguió insuflar al personaje de Bond) en la que se responderán, hipotéticamente, todas las preguntas que aquí quedan sin contestación.

Con paisajes hermosísimos a lo largo del mundo, lujo a tutiplén, un villano sin demasiado carisma y una trama convertida en ceremonia de la confusión, es, por un lado, el recurso al código poker, al que se dedica más tiempo que nunca antes en la saga y, sobre todo, la figura de Daniel Craig, que convierte a Bond en un ser oscuro, malvado, vengativo y, finalmente, desalmado, que levantó las suspicacias de los acostumbrados al 007 del cine y desconocedores del personaje literario, pero que renovó las esperanzas de los seguidores de la serie que veían cómo Pierce Brosnan, fiel al canon cinematográfico del personaje, también lo había agotado. Del futuro dependerá si la saga seguirá la prometedora senda de Casino Royale o se perderá en la nada de Quantum of solace.

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22 comentarios sobre “Cine en serie – Casino Royale

  1. Yo soy un asiduo al cine de Bond con Connery, creo que fue el mejor. De hecho mi preferida es “Contra el Dr. No”. Roger Moore no lo hizo nada mal… ya había cogido algo de experiencia en la serie “Los persuasores”(además de “El santo”) pero los demás no me resultaron creíbles. Tengo muchas ganas de ver a Daniel Craig porque no he visto ninguna suya todavía (no tengo perdón). A ver si me pongo a ello. En cuanto a la “Casino Royale” de 1967… en fin, me reí un montón con ese inimitable David Niven. Un abrazo.

  2. Al periodo de la saga Bond de Connery le sobraban alucinaciones, Dana, gadgets y apelaciones al absurdo. Como Bond era una sana equidistancia entre el Bond físico de los libros y el glamouroso, sea lo que sea eso, que después se convertiría en su seña principal. Con Moore lo que había era ironía y autoparodia más que otra cosa. Craig vuelve a las esencias, con lo cual buena parte del público lo rechaza. Yo me opongo a ese rechazo a la vista de “Casino Royale”. Ahora, si pensamos en su continuación, casi que me pongo el primero de la lista en abominar de él.
    Un abrazo.

  3. Gracias, Ana. Estoy de acuerdo con tu visión de Craig en el personaje. De Connery me gustaba más él que sus películas, de Moore me gustaban más sus películas que él; de los otros no me han gustado ni ellos ni las películas…
    Eso sí, de toda la saga Bond, la mejor película como producto cinematográfico, fuera de efectismos, propagandas, carisma del protagonista o banda sonora, es sin duda “Desde Rusia con amor”, con Connery y Robert Shaw. Gana de largo al resto de la saga y creó escuela (esa “Estambul 65”, de Antonio Isasi-Isasmendi, por ejemplo).
    Abrazos.

  4. Bond es Bond. No sé que es lo que mas me gusta de la serie: el lujo, los cochazos, las mansiones, los yates, los lugares de ensueño, las escenas de acción en condiciones inverosímiles … En fín, cada vez que estrenan una hago un ejercicio de credulidad y lo acepto todo, en aras de la diversión sin más.

    Coincido con que Graig es un mejor Bond que sus antecesores.

    Saludos,

  5. Pues sí, Celebes, tiene bula el hombre. Pero hasta cierto punto. A mí el machismo o la “violencia justa” ya me empiezan a cargar las tintas. Por eso me parece saludable volver al Bond de los libros. Bruto y consecuente con su brutalidad, no un modelo de pasarela.
    Saludos.

  6. Me gusta que Bond sea un asesino frío y despiadado, y que sea un bruto y un animal, pero, por favor, que se curren los guiones en estas películas de una vez. Que haya buenos diálogos, buenos giros en la trama, buena tensión… Como películas turísticas están bien, pero vale.

  7. Muy buena disertación la tuya, Alfredo, sobre una película que me pareció larga en exceso y desconcertante a ratos. Soy un adicto a las películas de Bond -que le vamos a hacer, nadie es perfecto- a pesar que muchas de ellas me parecen menos que flojas.

    Al punto que tengo asumida la dicotomía existente entre el original literario y la figura cinematográfica, tan variable por otra parte.

    Personalmente, Daniel Craig no me acaba de convencer: es muy feo el tío… 🙂 Prefiero a Brosnan, aunque por otro lado el personaje de James Bond me parece más “creíble” en el guión en el que se apoya Craig.

    Este embrollo supongo que será entendible en tan pocas palabras… 😉

    Y ya que la entrada pertenece a esta estupenda serie de cine-póquer, admito que las escenas de la partida están muy bien filmadas y si no fuera porque el malo-malísimo es bastante flojito en general, serían para el recuerdo.

    Supongo que, como siempre, una estancia más prolongada en la sala de moviolas de Mr. Campbell hubiera conducido a un resultado más brioso y atractivo para los irredentos de la franquicia como un servidor…

    Saludos.

  8. Toda la razón, Roberto, en general, sobre la saga. Hay algunas excepciones, más que películas enteras, momentos concretos. Como “Desde Rusia con amor”, for example… Pero en general, sí, parece una Guía Pilot…

    Es que, Josep, como decía Hitchcock, si el malo carece de carisma, apaga y vámonos. Y escoger un actor danés tan, físicamente, antipático pero tan plano, pues da para lo que da, que es poco. Yo estoy de acuerdo contigo en que Brosnan es la mejor percha para la idea que todos tenemos del Bond cinematográfico, pero sus películas son tan así… y él es tan asá… Supongo que lo que tienen que hacer los directores de Bond es olvidarse que hacen algo de Bond, contar bien lo que quieran contar, y ya está. Concesiones al público, las justas; pero concesiones al personaje, por favor, todavía menos.
    Saludos.

  9. No son muchas las películas de la serie Bond que no me hayan aburrido. Lo que me ocurre con ellas es aquello del ruido y las nueces.

    Tampoco me suelo poner de acuerdo al confesar mis preferencias sobre uno u otro Bond. A veces, por aquello del esnobismo soy de Connery; otras veces pretendo jugar a bicho raro y me decanto por la ironía hierática de Moore; y las menos opto por la elegante lejanía de Brosnan, al que mejor le hubiera ido en el papel si hubiese rebuscado entre los cajones los gestos y las gracias del personaje de Remington.

    En cuanto a Craig también me gusta, sí, pero me acojona un poco por lo serio y lo duro que es; y no sé si el Bond literario fue escrito para acojonar.

  10. Pues no estoy seguro, pero tampoco lo estoy de que fuera concebido entre casinos, tías exuberantes, deportivos impagables y caviar iraní. En cualquier caso, en efecto, son más las malas películas de Bond que las buenas, y así como Bond alimentó durante décadas el cine de acción, de dio alas y sirvió de modelo (partiendo a su vez del modelo Hitchcock), no es menos cierto que ahora el que ha marcado las tendencias es Bourne y Bond le anda a remolque.

  11. Me había negado a ver este “Casino Royale” pero ,después de leer tu post,me la voy a ver.
    Tengo un recuerdo estupendo de la peli en su primera versión y de
    “Casino Royale” interpretada por Herb Alpert y Tijuana Brass ni te digo.
    Por cierto ni idea de la diferencia del personaje literario con el cinematográfico….ni idea.Es que siempre aprendiendo contigo.
    ¡Y que bien y ameno lo explicas!.Gracias.
    Saludicos.

  12. Muy de acuerdo estoy, Escalones. Este Bond fue de lo mejorcito de la serie. Y el señor Craig es uno de los animales más sexys del planeta. Una pena que la siguiente entrega no estuviera a la altura.

  13. Es verdad, es verdad ¿cómo se puede hacer una tan apetecible como Casino Royale y acto seguido algo tan mareante e inintiligible como la del Quantum ése? Esta última me pareció una tomadura de pelo y supongo que los de la distribuidora de cine de mi pueblo les parecía igual porque no la dejaron para el fin de semana, no, la dejaron para la sesión de los jueves y eso que, engañados como yo, acudieron muchos espectadores.

  14. Pero no saltes a la continuación, Carmen. Es mejor quedarse en la película así, inconclusa y sin entender lo que ha pasado, que pasar a la siguiente y llevarse un chasco aún mayor.
    No te creas, que yo al Bond literario lo he empezado a descubrir hace bastante poco, gracias a un amiguete que sabe mucho de esto.
    Saludos.

    Supongo, Noe. Lo de sexy, digo. Es que a las chicas os gustan los chicos malos… Espero que la saga retome el vuelo, porque el Bond actual bien lo merece.

    Supongo, Carlos, que el fallo está en, de manera completamente absurda, dejar una película de Bond sin terminar, y buscarle una deriva apresuradamente. Quisieron hacer algo distinto, volver a refundar la saga, y el intento les ha salido rana.

  15. Antaño,en las películas de Bond,podíamos ver salir de una playa a una mujer faltas e imponente.Ahora el que sale de la playa marcando es Bond.Creo que para hablar sobre este personaje hay que olvidar al personaje de Ian Fleming,el padre de la criatura.Las películas nacieron al márgen de la obra literaria.Reconozco que no me gustan ninguna de las películas y de vez en cuando,vuelvo a las obras literarias.
    Magnífico post,amigo.
    Un fuerte abrazo.

  16. Pues sí, Francisco, porque el Bond del cine tiene más que ver con el Roger Thornhill de “Con la muerte en los talones” que con otra cosa.
    A mí sí hay alguna película de Bond que me gusta, muy pocas, la verdad, pero alguna hay.
    Abrazos.

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