Un plan sencillo o el peligro de la tentación

Quien escribe confiesa que removió la filmografía de Sam Raimi en busca de cualquiera de sus bodrios de terror o petardos de Spiderman con que nutrir la tienda de los horrores, sección en la que masacramos las indignidades que hoy en día se ruedan, pero que, al recordar Un plan sencillo, cinta de 1998 protagonizada por Bill Paxton, Billy Bob Thronton y Bridget Fonda, con diferencia lo mejor de Raimi tras la cámara, descartó por el momento hacer mofa de sus acostumbrados subproductos y recoger lo mejor de su dedicación a esto del celuloide. Aunque que conste en acta que sólo se trata de un aplazamiento y que volveremos sobre él.

Un plan sencillo es una película pequeña de estética televisiva. No destaca por el uso de la cámara, ni por el empleo de efectos visuales o por una fotografía reseñable. Al contrario, lo mismo que sucede con los dramas rodados para televisión que algunos canales españoles insisten en endilgarnos en las sobremesas de los fines de semana, está extraña y casi totalmente desprovista de ese lenguaje audiovisual que entendemos propio del cine. Dicho en plata, Raimi no parece hacer otra cosa que colocar la cámara de manera convencional en un lugar todavía más convencional y dejar que los actores pasen delante de ella, molestándose únicamente en mantener con piloto automático las formas que le permiten narrar una historia en clave de suspense, esto es, con muchos planos de detalle que acompañan las pistas esparcidas aquí y allá, los datos ocultos a los personajes y alguna sorpresa de guión. Eso en apariencia porque, con buen criterio, lo que hace Raimi es diluir su labor de dirección en el interés creciente que va adquiriendo la trama con el paso de los minutos, es decir, pasar desapercibido, no molestar, lo cual viniendo de donde viene y yendo a donde iba, el cine de efectismos y de obscena cacharrería que tanto le gusta, es todo un detalle por su parte.

El guión es el principal acierto de la película. Obra de Scott B. Smith y basado en su propia novela, es una historia que recoge buena parte de las motivaciones, situaciones y dilemas que surcan la historia del cine negro, convenientemente actualizadas pero conservando su esencia. Nos encontramos en un pueblo del norte de Estados Unidos, en pleno invierno, un lugar rodeado de bosques y montañas donde abunda la caza y que cuando llegan los fríos se ve sepultado por intensas nevadas hasta el deshielo de la primavera. Hank (Paxton) disfruta de una vida plácida y tranquila: tiene un buen trabajo, vive en un hogar confortable, está felizmente casado (Bridget Fonda) y espera su primer hijo. La vida le sonríe y no le genera complicaciones. Hasta la mañana de caza en que, junto a su hermano (Thornton), un poco lelo, y un amigo de éste, encuentran una avioneta bajo la nieve y, dentro de ella, junto a los restos del piloto, una bolsa de deporte con cuatro millones y medio de dólares. Ahí, tras la esquina de la alegría, empieza el drama.

Porque Hank, hombre recto de reputación intachable y muy considerado en el pueblo, pretende devolverlo, pero su hermano y su amigo no tardan en sentir el aguijón de la avaricia y formular la hipótesis de esconderlo y repartirlo, achacando su aparición a algún negocio sucio ligado al narcotráfico y a la más que improbable reclamación de unos dueños ilegítimos. Sin poder creerse tanta suerte, optan por guardarlo y esperar a que el deshielo haga visible la avioneta para ver qué pasa, y si todo está tranquilo, disfrutar de su hallazgo. Pero, obviamente, donde hay dinero hay ambición, tentaciones, rencillas y desconfianzas, desde quién será el custodio del dinero hasta dónde se guardará, pasando por el tiempo de espera o el necesario pacto de silencio y la sempiterna tentación de violarlo con quienes más próximo se vive.

Raimi maneja adecuadamente el suspense para contarnos la historia de estos tres personajes y sus respectivos entornos durante el periodo de espera hasta echar el guante al dinero definitivamente, recogiendo su evolución a medida que empiezan a asaltarles las dudas, las vacilaciones y las inseguridades, y según va creciendo el número de personas enteradas del hallazgo (las esposas de Hank y del amigo de su hermano) y también de complicaciones en forma de una muerte involuntaria que lo embrollará todo y que levantará el interés de la policía allí donde no había más que ignorancia. Cuando la mujer de Hank empieza a dar ideas sobre cómo sobrellevar la situación entre los tres socios hasta el punto de que envenena la relación entre los hermanos o entre ambos y el amigo y averigua que el dinero procede del pago de un secuestro y no del narcotráfico, el drama comienza a girar lentamente hacia la tragedia bañada en sangre, y la aparición del FBI no hará sino acelerar el proceso.

Crónica del grado de estupidez, inconsciencia y crueldad hacia el que pueden llevarnos la avaricia o la ambición, Raimi no molesta, cosa que se agradece, como decíamos más arriba, pero peca de falta de osadía y desperdicia su oportunidad de apuntarse su primera, y seguramente única, obra maestra. Con un punto de partida más que interesante y un desarrollo potencialmente electrizante e intenso, las opciones visuales escogidas (por ejemplo, las secuencias de transición, casi un publirreportaje de las zonas nevadas de USA) y lo lineal y excesivamente simple de la narración de los distintos episodios sin una elaboración más profunda de personajes, situaciones y caracteres, hacen que, a pesar de tanto ingenio y de la absoluta credibilidad sostenida por unas interpretaciones eficaces, la película no pase de ser un excelente y disfrutable producto de intriga, en algunos momentos incluso previsible por más que guarde un puñado de sorpresas, pero que no llegue a resultar redonda, magistral, soberbia, sobre todo porque no termina de desarrollar buena parte de la fenomenal historia que contiene. Raimi intentó ser sencillo allí donde no debía, del mismo modo que se complica la vida en trabajos que no debería. Quizá en otras manos hubiera sido una película capital de los noventa. Pero Fargo ya había sido filmada, y Raimi se “contenta” con emular y renuncia a crear.

24 comentarios sobre “Un plan sencillo o el peligro de la tentación

  1. Parece por lo que comentas, que peca de sencilla donde no debería… haciendo honor al título. De momento la dejo fuera de la lista ¿no?…
    Son muchas las veces en que la vida de las personas se tuerce y corrompe por muchísimo menos de cuatro millones y medio de dólares…
    Besos

  2. Pues yo no la descartaría, Ana, porque lo que le reprocho es que no llega a la maestría con los materiales que maneja. Pero éstos son tan buenos que en modo alguno se trata de una película prescindible o descartable, de verdad. Si te interesa asistir al lado oscuro de las personas, claro.
    Besos.

  3. Creo que el guión de la película es muy bueno, sencillo quizás, pero muy efectivo. Y en cuanto a la dirección, creo que Raimi se preocupó de que los actores estuvieran bien (que lo están) y descuidó tal vez otros aspectos, es cierto… Aun así, es una película que se deja ver muy bien, muy estimable.

  4. Más que debilidad, Noe, es casi casi una perversión…

    Pues sí, Roberto, es espléndido, y tampoco tan sencillo como pueda parecer (el guión técnico sí debe serlo, pero el literario tiene mucha miga…). Creo que tienes razón en lo de Raimi, a lo que yo añado: menos mal que fue así.

  5. La desconocía por completo, Alfredo, con lo que te debo otra; si el guión, por lo que cuentas, es bueno; y si los intérpretes están ajustados a sus diálogos, supongo que valdrá la pena, aunque, por lo que dices y por cómo lo dices, cabe suponer que es una de esas películas que, en otras manos, hubiera sido mucho mejor. Como sea, vaya a engrosar la lista de pendientes…

    Saludos.

  6. Pues la disfrutarás mucho, creo, Josep, eso sí, olvidándote previamente de que estás ante un telefilme. En formato cine, con otro reparto y con un desarrollo más meticuloso de la historia, estaríamos ante algo gigante.
    Saludos.

    Ay, Marcos, lo que tiene el amor… Échale un ojo si tienes ocasión, alguna tele tiene los derechos por ahí y la pasa de vez en cuando.

  7. La novela cayó en mis manos como sin quererlo, me atrapó desde el comienzo, sobre todo por la trama, más que por la forma en que estaba escrita, y tras leerla me fui a por la película. Me pareció que era muy fiel al original.

    Abrazos

  8. Leyendo tu entrada me he ido acordando de haberla visto en la tele. No me levanté del sofá, así que no me debió de parecer muy mala. No obstante, no tenía ni conciencia de haberla visto. Vamos que si no la llegas a mencionar en tu blog, seguramente su recuerdo seguiría durmiendo entre los filigranas neuronales.

  9. Qué suerte, yo no la he leído aún. No debe de estar nada mal.
    Abrazos.

    Qué bueno verte por aquí de nuevo, Magda.
    Pues sí, es de esas historias que te mantinen con el trasero pegado al asiento y sin perderte ni gota de lo que pasa. La única pena es que no sea todavía mejor porque potencialmente hay mimbres para mucho más.

  10. ¿y qué será lo que tiene el formato tele que las hace tan antipáticas, verdad? Es algo que no me puedo explicar muy bien ¿qué es? ¿la textura de la imagen? Es más real y por eso se nota más que lo que vemos es algo artificial? Aparte de que el presupuesto debe ser menor y eso se nota en todo supongo…
    La película, que me has interesado por ella, tiene muy buena pinta con toda esa falsa sencillez. Estaré alerta para verla. Gracias Alfredo.

  11. Pues, Anónimo, por ejemplo, como bien dices, la textura de la imagen (pero ojo, porque hay algunos telefilmes con una imagen sobrecogedora: “Psicosis”, “Doce hombres sin piedad”, “Ciudadano X”…). Además, con las cuestiones digitales, la frontera es cada vez menor. También es cuestión de presupuesto, y también, cóoo no, que los fines, rentabilidades y talentos que hay detrás son muy distintos.
    Creo que, en cualquier caso, te gustará.

    No te la pierdas si puedes, Carmen, te va a atrapar.

  12. Hombre que el anónimo soy yo, que no sé qué pasa que no aparece el nombre de forma automática…¿Y Psicosis se hizo para la tele? ¿pero qué Psicosis,la primera? No tenía ni idea.

  13. Se hizo más bien, Carlos, con equipo de televisión, con el de la serie “Alfred Hitchcock presenta”, aunque se estrenó en cines, claro. Pero no hay mucha diferencia visual, si te fijas, entre la estética de la película y la de la serie. La película costó ochocientos mil dólares y recaudó, sólo en los cines USA, más de quince millones. Para un telefilme no está mal. Otra que se hizo para la tele y luego se estrenó en salas fue “El testamento del Dr. Cordelier”, de Jean Renoir, su visión un tanto especial del mito de Jekyll y Hyde (hay un post en este mismo blog sobre ella).

  14. La avaricia rompe el saco, si no algo más. Eso que dices (¡¡¡antiguo algo de 1998!!!) es una guerra constante para mí: ¿acaso es antiguo un edifio del 98? ¿Acaso es vieja una persona nacida en el 98? ¿Despreciamos la obra de Goya porque sea de doscientos años atrás? ¿Ocurre lo mismo con las demás artes (con los libros me temo que sucede cada vez más? ¿Por qué nos empeñamos en exigirle al cine modernidad, asepsia, juventud, entretenimiento y no lo que realmente puede dar? ¿Por qué nos empeñamos en pedirle pasaporte o fe de vida? Ayayayayyyyy, estas mujeres…

  15. Sam Raimi es un director que admiro mucho,a escepción de las películas de ese tipo que vuela en pijama con los calzoncillos sobre los leotardos.Curiosamente,esta película que reseñas tan bien no la he visto.Hay que ponerle remedio.

    Un fuerte abrazo.

  16. Pues yo creo que ésta es lo mejor que ha hecho, de verdad. A mí sus “Spiderman” me aburren terriblemente y sus fantasías terroríficas se han ido devaluando con el tiempo hacia la autoparodia. El dinero, como siempre.
    Abrazos.

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