La tienda de los horrores – Sliver (Acosada)

Nuevamente asoma por aquí Phillip Noyce, director australiano de corto alcance en cuya filmografía lo más estimable resulta ser Calma total, la primera aparición relevante de Nicole Kidman en el cine, la continuación de la saga del agente Jack Ryan (Juego de patriotas, Peligro inminente) con Harrison Ford sustituyendo a Alec Baldwin, y la adaptación del best-seller de Grahan Greene El americano impasible, destacando su tripleta de truños El santo, ya reseñada aquí, El coleccionista de huesos, que no tardará mucho, y esta Sliver (Acosada), una de las peores cintas norteamericanas de los noventa y probablemente la peor de 1993.

Nada peor, comercialmente hablando, que pretender exprimir una fórmula de éxito surgida por casualidad para intentar llenarse los bolsillos con toda la facilidad y el menor trabajo posible. Aprovechando el pelotazo que supuso Instinto básico, y a partir de una novela de Ira Levin, Noyce (sustituto de un Roman Polanski que salió por patas en cuanto se olió la tostada), el guionista Joe Eszterhas y la ínclita Sharon Stone se embarcaron en este bodrio insufrible de nuevo con la intriga y el erotismo como pilares de un argumento ridículo y tonto hasta lo risible, defecto sólo superado por el aburrimiento y la estupidez de unos diálogos escritos a oscuras: la atractiva Carly (Stone) es una mujer que acaba de dejar atrás un matrimonio infeliz, y, como está forrada, se muda a un lujoso edificio de una de las zonas más ricas de Nueva York (porque es Sharon Stone, no se a va ir a una ratonera de Queens…). Pero resulta que el edificio tiene tela marinera, porque en él se han sucedido una serie de extraños accidentes que han provocado unas cuantas muertes peliagudas. Aunque de momento no le ha tocado el turno a los dos vecinitos que el pibón se encuentra al llegar allí, Zeke (William Baldwin), presunto guaperas soltero y dispuesto a hacerle un boquete a Carly a la menor ocasión, y Jack (Tom Berenger), escritorzuelo de novelas de misterio que está obsesionado con lo que pasa por su casa.

Y para de contar. Así dicho, hasta puede tener su aquel, pero ni flowers. Empezando por el reparto, pésimamente escogido y de una calidad ínfima. Sharon Stone, cuyo coeficiente intelectual parece ser escandalosamente alto, no suele aplicarlo a la elección de sus personajes, y atesora una filmografía tan pobre como sonrojante. Aquí, desde luego, se lució, y la búsqueda del éxito derivó en ridículo, no ya sólo por un personaje que no hay por dónde cogerlo, sino porque su aporte interpretativo se limita a menear el pandero e insinuar la holgura de sus glándulas mamarias, dentro de un orden mínimo de ropa (porque en América lo erótico tiene que mantenerse dentro de los estrictos cánones de la hipocresía y la doble moral generales). Por otro lado, a los tíos no les va mucho mejor: si Tom Berenger es un actor plano con poco lugar para los matices, aunque más de una vez haya conseguido salirse de su percha, encontrándose aquí perdido y desesperado en una ambigüedad creada a martillazos, William Baldwin (y de paso toda su familia, saga en verdad nefasta para esto de la pantalla) bien podría haberse ganado la deportación, no ya sólo por el repulsivo careto facial y el corte de pelo que le han puesto, sino porque es, sencillamente, de un patetismo que deja perplejo.

La dirección de Noyce, si la hay, esfumada entre la ambiciosa y “exótica” fotografía de tres directores distintos (Vilmos Zsigmond, Laszlo Kovacs y Michael A. Benson), está plagada de equivocaciones y elecciones erróneas, pero lo peor de todo es que esta presunta intriga montada sobre el fenómeno del voyeurismo ni intriga, ni seduce, ni provoca ningún bajo -ni básico- instinto. Quizá por el clima de continuos problemas que reinó en un rodaje en el que los protagonistas no podían ni verse, afectando por tanto a la química final entre ellos vista en pantalla, puede que por el horripilante montaje y un guión constantemente reescrito sobre la marcha, el caso es que la trama no hay por dónde cogerla, no tiene lógica, sentido ni aparente finalidad más allá de que la Stone presuma de glúteos y perder al espectador en el ya habitual juego de dobles intenciones a fin de mantener en secreto hasta el final la identidad del malo maloso. Aun a costa, eso sí, de que actores, director y guionista se pierdan igualmente y, cansados de dar vueltas de tuerca, no sepan cómo acabar de una vez.

Película que seguramente encantará a los adolescentes hormonados, la mezcla de suspense y continuos coitos no va más allá de un mal intento por sumarse a eso de los thrillers eróticos (que tanta morralla ha producido, como la saga Juegos salvajes, por ejemplo), sin que ningún aspecto técnico o artístico, ni siquiera los encantos anatómicos de la protagonista, puedan salvar el conjunto de una merecida quema.

Acusados: todos
Atenuantes: la banda sonora de Howard Shore no está mal
Agravantes: William Baldwin
Sentencia: culpables
Condena: Mandingo para todos menos para la Stone, que a esa le gustaría…

17 comentarios sobre “La tienda de los horrores – Sliver (Acosada)

  1. Yo me leí antes la novela de Ira Levin, y me gustó bastante. Después, cuando salí del cine tras ver la película, hubiera matado a Joe Eszterhas, el guionista, ya que destroza una buena historia hasta límites increíbles. Cambia el asesino (sí, sí, se atreve a cambiar al asesino) y elimina todo el clímax final de la novela, que era con mucho lo mejor. Elimina toda la intriga y todo el giro final, quedando una película sosa y sin ninguna gracia. Disparen sobre Joe Eszterhas, por favor.

  2. Podría ser un ejemplo de tantos de… hacer por hacer… Ni de coña entra en mi lista. Buena condena Alfredo…jejje
    Besos

  3. He de confesarte, Alfredo, que esta célebre sección tuya me sirve de reconstituyente anímico al comprobar que mi inuitición no siempre falla… 😉

    Lo cierto es que a mi particularmente Instinto Básico no me gustó nada y al saber que al ¿guionista? Joe Eszterhas le habían pagado tres millones de dólares por su trabajo, horrendo para mí, decidí ahorrarme ir al cine a ver cualquier película fruto de su ¿escritura? y en consecuencia este bodrio me lo ahorré; además, ni siquiera he tenido la coincidencia de verla en la tele, que, por lo que desbrozas tan claramente, hubiera sido una pesadilla capaz de fastidiar una siesta.

    Esto del C.I. de la Stone, lo mismo que otros “famosos” me huele a mercadotecnia barata semejante a los ¿títulos universitarios? de algunos prohombres patrios….. 😉

    Saludos sabatinos.

  4. No he leído mucho de Ira Levin, pero sus historias merecen algo más. Descuida, que si vemos al amigo Joe le dispararemos. Estiércol, por supuesto.

    Bueno, puedes añadirla en tu lista de “filmes vomitivos a evitar”. Que uno se despista sin querer y termina viendo cada cosa…
    Besos.

    Menuda suerte la tuya Josep (aunque, te confieso aquí y ahora que casi nadie nos oye, que ya hay cosas que las veo para ponerlas aquí…). A mí IB me parece flojita, pura explotación comercial del morbo, pero sin intensidad, buen suspense ni siquiera con un erotismo más ambicioso (como sí tenía, por no salir de Verhoeven, por ejemplo “El cuarto hombre”). Y claro, andando el tal Joe por ahí, pues la cosa sólo podía ir a peor.
    Yo también empiezo a dudar si eso del coeficiente no es una trola como una ola…
    Saludos.

  5. Una propuesta de gracia para la familia Baldwin. Sí, son todos un panda de guaperas (unos más, otro ná de ná) insulsos. Pero Alec parece que ha encontrado su vocación en Rockefeller Plaza. Más vale tarde que nunca.
    Ahora bien, William y la peli de marras, al cubo de basura.

  6. Pobrecico,te metes cada bodrio entre pecho y espalda…….
    Ahora, no hay que negar que, la Stone es por lo menos guapa.
    Genial e irónica condena.
    Saludicos.

  7. JAJAJAJAJAJAJJAJAJA cómo me gusta su sección, esta pelicula es maña como la carne de vampiro, que está tiesa y dura. No se salva nadie, puede que como usted dice Howard Shore, pero reconozca que este es posiblemente hasta uno de sus trabajos “más facilones”. Un servidor se había leido el libro de Ira Levin, y esta adaptación es simplemente penosa.

  8. En efecto, más mala que un apretón de tripas…

    Querrás decir “mala”, mi querido Alfie, a ver si los maños nos vamos a cabrear… Ejem, puede que tengas razón y hayamos salvado más a Shore por lo que es que por lo que hizo aquí.

  9. Me encanta esta sección: no sé nada de esta película, ni el título conocía, pero me he reído con la reseña un rato, cosa que siempre agradezco y ahora mismo un poquito más.
    Besos.
    Rosa.

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