Cine negro de reivindicación racial: El demonio vestido de azul

Tradicionalmente, y a pesar de ser conocido como cine negro (valga el pésimo chiste), la raza negra no ha contado con excesivo protagonismo dentro del género. Sus personajes casi siempre, y más todavía en la época clásica, de aparecer, lo hacen en papeles subalternos, meros asistentes ocasionales de la trama principal y presencia lejana alrededor de los protagonistas. Esta chocante circunstancia (al menos para el volumen de población de una y otra raza tanto en el conjunto de los habitantes del país como respecto al relacionado con los bajos fondos) intentó ser paliado por Carl Franklin en 1995 con El demonio vestido de azul, una cinta en la que los personajes de raza negra soportan el peso de la película y cuya intriga de fondo se relaciona con las tensiones raciales siempre existentes en la sociedad americana.

Nos encontramos en Los Ángeles de 1948. Ezequiel Rawlins (Denzel Washington, casi siempre correcto) es despedido de su trabajo como mecánico, lo que pone en peligro el pago de su hipoteca. “Easy”, que es como le llaman, es uno de los pocos obreros de su barrio que ha conseguido erigirse en propietario de una bonita casa con jardín en la que espera que su vida discurra plácida y sin sobresaltos, tomando café en el porche y saliendo con amigos a tomar unos tragos. Sus expectativas son tan tranquilas como oscuro es el pasado que le trajo a la ciudad, con algunas brumas alrededor de un asesinato que, o bien ayudó a cometer, o en el que estaba mezclado. Quizá alguna experiencia acumulada, además de la necesidad económica, le lleva a aceptar el encargo de un tipo de dudosa calaña (Tom Sizemore, histriónico como casi siempre), para que busque a una mujer blanca y muy hermosa que se ha esfumado unos días atrás y por cuya localización un hombre adinerado está dispuesto a soltar una buena suma. “Easy” sólo tiene una pista de la que partir: le gusta frecuentar clubes de jazz y, por tanto, alternar con la gente de raza negra. Él domina ese ambiente y cree que no le resultará difícil ganarse unos buenos dólares, pero, cómo no, de repente la cosa se complica y se ve envuelto en un par de asesinatos, uno de ellos de una persona muy cercana, y la autoría de ambos apunta a que esa mujer desaparecida oculta enormes secretos por los que algunos pagan y otros matan, mientras que él se antoja el hombre de paja que puede cargar con el mochuelo.

La película está impregnada del sabor clásico del cine negro de los cuarenta y cuenta con una puesta en escena sobresaliente que va acompañada de una magnífica banda sonora especialmente brillante en cuanto a aires jazzísticos. El continuo homenaje plano a plano a un cine ya desaparecido se complementa con una trama que cumple a pies juntillas los mandamientos del género: un hombre que narra como voz en off el asunto turbio en el que ha andado envuelto, una mujer fatal por la que los hombres enloquecen, tramas que acontecen en los bajos fondos, matones, esbirros y dobles juegos, ciertos toques de violencia, algunos de ellos incluso de cierta crudeza, y las inevitables conexiones políticas que se encuentran como un ovillo al final del hilo y que en esta ocasión tienen que ver con el amor, las reputaciones públicas y la carrera electoral por la alcaldía de la ciudad entre un adúltero y un pedófilo.

Dirigida con estilo y pericia, la película peca quizá de confusa. Son demasiadas cosas las que se cuentan y no todas se ven, y eso conlleva, inevitablemente, cierta dificultad por parte del espectador a la hora de comprender por dónde van los tiros (o mejor, de dónde vienen) a la vez que hacerse una composición de lugar y cronología de por qué y cómo han pasado las cosas que han pasado, resulta tarea harto complicada. El hallazgo de la mujer (la Jennifer Beals de Flashdance, desaparecida en combate tras aquel fulminante éxito) abre una derivación de la trama en la que el personaje de Denzel Washington sabe cosas de las que el público no ha sido informado, o bien, no puede saber, y por tanto el efecto de intriga y suspense queda demasiado asociado al resultado de la acción física y demasiado poco a la deducción y a la anticipación de acontecimientos. Así, el espectador se ve continuamente sorprendido por giros, nuevos datos y situaciones que en algunos casos es incapaz de prever, con lo que se refuerza cierta frialdad y distancia en la narración de los hechos, quizá sólo rotas por la aparición de un magnífico Don Cheadle como rufián proveniente del pasado texano de “Easy”, que también estuvo implicado en los sucesos que causaron su emigración a California, y que es tan impulsivo en sus relaciones personales como en el manejo de las pistolas que porta. Ese aire fresco en la narración sin embargo resulta un tanto postizo, dado que pocas son las funciones de Cheadle en la historia más allá de aportar violencia, algo de humor y unas respuestas a huecos de guión que difícilmente podrían resolverse de otro modo y que, no obstante, no llegan a completarse del todo. Esa sensación de precariedad viene complementada con el clímax final, que se deshincha sin llegar a eclosionar por sí mismo.

No obstante, se trata de un filme disfrutable en su primer visionado (aunque no llega a repeler en los siguientes) que, además de permitir disfrutar de una escenografía magnífica, remite directamente a los clásicos de un género demasiado poco tocado hoy en día, al menos en sus aspectos y estéticas más tradicionales, si bien anda algo justito en cuanto a interpretaciones (no funcionó del todo bien el casting o, como poco, no le hubiera ido nada mal a la protagonista femenina algo más de carnalidad para hacer más creíbles sus avatares) y ciertas ideas del guión (como la duplicidad de “Easy”, un personaje que oscila entre lo honrado y lo canallesco), quedan en el aire con flecos sin cerrar, y aunque el final de la historia resulte un tanto descafeinado.

18 comentarios sobre “Cine negro de reivindicación racial: El demonio vestido de azul

  1. Excelente reseña, compa Alfredo, que invita a echarle una mirada a la peli. Curiosamente, ví de este mismo director, Franklin, una más reciente que ésta, A contrarreloj, también protagonizada por Denzel Washington (secundado por una Eva Mendes que no hace un gran trabajo interpretativo, pero… bueno, es temprano, dejemos lo del pero…), y que no me llegó a parecer gran cosa, aunque, como espectáculo de acción, se deja ver. Aunque, eso sí, la que recuerdo de Franklin como una pieza mayor es la peli que facturó en 1992, Un paso en falso (One false move): tensa, medida, turbia, potente; un pedazo de película, sí, señor. Y digna de revisar, a ver si “escarbo” entre los viejos VHS, que aún debe andar por ahí…

    Un fuerte abrazo y buen fin de semana.

  2. Entra en mi cajón de pendientes. Siempre me ha llamado la atención pero nunca la he visto. Si me dices que tiene ese aire a cine negro de los cuarenta y que lo consigue, las ganas de verla se me agudizan.
    Besos
    Hildy

  3. Es mejor la que apuntas tú, Manuel. A ésta le falta algo para ser redonda, para pasar del terreno del homenaje a ser una obra autónoma.
    Abrazos e idem.

    Bueno, Hildy, yo no estaría tan seguro de que lo consiga a plena satisfacción. Está llena de reminiscencias, pero algo no termina de carburar bien. Ya me dirás.
    Besos.

  4. La peli se deja ver. Y es digna. Bastante.
    Peca, tal y como dices, de cierto confusionismo provocado por (¿cómo lo llama Francesco Cassetti?) ese exceso de la “configuración objetiva irreal” como único planteamiento narrativo, con la que a veces el espectador queda totalmente anulado por falta de información veraz.
    Otra y ya van mil, excelente reseña, Alfredo.

  5. ¡Ostras, qué bien suena todo lo que has dicho!. Otra de las que no he visto pero, después de lo que he leído, la conseguiré hoy sin ninguna duda. El segundo fotogramna que has incluido ya me da una idea de lo bien ambientada que debe estar en la época que más me gusta, la década de los cuarenta… no sólo por el estilo sino también por esa música de big bands florecientes tan inimitables aún hoy en día. Por otro lado Denzel Washington me parece muy buena elección para ese papel que comentas. Lo de la confusión en la historia me tiene algo preocupado porque yo soy de los que tuvo que ver “El sueño eterno” cuatro veces para enterarse bien de todo, pero veré la película concentrado. Un abrazo.

  6. Gracias, Raúl, se lo diré al que me las escribe…
    Efectivamente, es una historia realmente sencilla que se convierte en complicada, no porque deriva en complejidades, sino porque se le ocultan cosas al espectador.

    Bueno, no todo, amigo Marcos. Mucho mejor el ambiente que la historia en sí, que no es que esté mal, pero que queda desarrollada a medias; creo que daba para más.
    Tranquilo, que aquí la confusión no es del mismo estilo que en la peli que comentas; aquí es de otra índole y viene propiciada por la voluntad de confundir y sorprender por parte de guionista y director.
    Un abrazo.

  7. Me parece que la añado… Tendré que comenzar a ponerme al día pronto, si no ya me veo para septiembre en las recuperaciones… Me llama lo de la banda sonora jazzística entre otras muchas cosas…
    Besos

  8. Acudí a ver la película con el reclamo de la novela de Walter Mosley que había leído y disfrutado. Coincido contigo, sobre todo en lo que decis en el útlimo párrafo, en lo referente a la película.

  9. Pues sí, Alma, ocasionalmente se han dado excelentes adaptaciones de novela negra al cine, pero en general siempre terminan decepcionando por la necesaria simplificación que ha de conllevar la traducción a imágenes.

  10. Extraordinaria reseña para una película que no he visto,mi querido Alfredo.Del cine negro moderno sólo recuerdo haber visto con sumo placer La sombre del testigo(1987)de Ridley Scott.Al caer el sol (1998)de Robert Benton.Adión muñeca (2007)de Ben Affleck y del mismo año Antes que el diablo sepa que has muerto,de Sidney Lumet.

    Tengo que verla.
    Un fuerte abrazo.

  11. Todas ellas muy buenas, por cierto (quizá menos la de Affleck). La de Lumet es extraordinaria, y la de Benton es una película pequeña y no muy llamativa, pero excelente.
    Abrazos.

  12. Teniendo en cuenta la calidad promedio del cine de los últimos veinte años, esta cinta se deja ver bastante bien porque a pesar de cierta endeblez – o más bien falta de rigor – en el guión, como tú ya apuntas, el resultado en mi opinión es más que aceptable: Denzel está como casi siempre correcto, la recreación de la época es efectiva y a mí personalmente me sigue encantando Don Cheadle en un personaje sorprendente que eleva la tensión del relato.

    Saludos.

  13. Bien, ya la he visto Alfredo. Me gustó mucho. Si bien debieran aclarar algo sobre el pasado de Easy junto a Ratón en ese asesinato creo que puede ser también un arma de doble filo con la que el director juega para rodear de misterio al personaje de Denzel Washington. Me pareció ver en ella mucho de Marlowe y de “Sueño eterno” (esas fotografías que le queman en el bolsillo como un cigarrillo encendido) y me encantó el papel de “Ratón”. Sale poco pero es convincente… La música es soberbia y ayuda a poner un broche de oro a una ambientación estupenda con esos coches de los cuarenta tan grandes. Un gran descubrimiento gracias a tí. Un abrazo.

  14. No la he visto. Pero parece interesante. Una pelicula de cine negro protagonizada por negros (?) Anda ya, no es algo que se vea mucho.

    Por otro lado si hay un actor que veria en cualquier pelicula es a Denzel. No defrauda nunca, esa seguridad, ese magnetismo, ese saber estar. Muchos de sus detractores lo critican por hacer mucho de policia o similares, pero lo hace tan bien, con tanto entusiasmo que nunca me canso de el y cuando quiere es arriesgado y no hace solo pelis para taquilla. Ahi estan Malcolm x, el vuelo, el gran debate, Glory, etc. En fin uno de mis favoritos. Como no he visto nunca en mi vida una pelicula de Sidney Poitier me atrevo decir que es el mejor actor negro al menos activo, por que los demas no le llegan.

    Ni Morgan Freeman: Actor muy inflado en mi opinion. Tiene presencia en pantalla y una gran voz, te dare eso, pero solo sabe hacer de hombre sabio o de mentor del protagonista. Lo hace en los films de Eastwood, en Cadena Perpetua y en todas las peliculas (que tampoco es que tenga tan buenos films). Sin ofender pero que aburrido que es verlo.
    Prefiero al desaprovechado Whitaker que cuando se deja de sobreactuaciones es un actor decente (Smoke, Bird, Ghost Samurai) y a Jackson, ese que se mete en Marvel, Porno suave, Directo a Video, Serie B, etc y siempre esta bien aunque tenga menos credibilidad y selectividad que el Cage y el Cussack. Divertido en casi todas sus apariciones.
    De will Smith ni hablar, muy encantandor y carismatico el pero su carrera es una broma total. Todo un ldolo de masas, sera por eso que las masas no piensan….

  15. Bueno, no es tan extraño, si recuerdas al Shaft de Richard Roundtree, aunque no sea exactamente el mismo tono y esta abogue más por los aires clásicos que por el blaxplotation.

    El problema de Denzel es que ha hecho mucha basurilla de acción y thriller, básicamente. A mí, particularmente, no me convence mucho (desde luego, mucho menos que Poitier, al que deberías ver, aunque no, por ejemplo, en Rebelión en las aulas, que es una película horrible), lo veo muy limitado o, mejor dicho, apto para registros no muy exigentes dentro. Eficaz en lo que le va bien, muy superior a las banalidades de otros (Will Smith, por ejemplo), pero acomodado en su zona de confort habitual, sin riesgos ni especiales ambiciones dramáticas ni profesionales. Coincido contigo en cuanto a Freeman, también en considerar a Whitaker y a Jackson como desaprovechados.

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