Un amor convulso: El año que vivimos peligrosamente

Guy Hamilton (Mel Gibson, cuando todavía intentaba ser actor) es un joven periodista australiano que por vez primera ha conseguido un destino fuera de la redacción, nada menos que la agitada Indonesia en plena rebelión comunista contra el presidente-dictador Sukarno. Desorientado e inexperto, es acogido por Billy Kwan (Linda Hunt, caso extraordinario de Oscar a la mejor actriz de reparto por la interpretación de un personaje masculino), un fotógrafo chino-australiano que se siente íntimamente atraído por él y que se encarga de ponerle al tanto de la situación y de que conozca a los personajes clave del lugar. Junto a Kwan observa los acontecimientos del país, se apunta sus primeros tantos en sus crónicas y comparte su tiempo de ocio con otros corresponsales extranjeros, normalmente en los bares de los hoteles o en las fiestas de las embajadas. En una piscina conoce a Jill (Sigourney Weaver), una empleada de la embajada británica que pasa sus últimos días de destino indonesio antes de regresar a Londres, una mujer muy especial de la que se enamora.

Esta coproducción australiano-estadounidense dirigida por Peter Weir en 1983 constituye un sólido y absorbente drama impregnado de aires clásicos que mezcla romance, intriga política, acción, historia y periodismo, elementos mezclados con fuerza, honestidad, buen pulso narrativo y notable pericia técnica. La película recoge con gran acierto visual la atmósfera repleta de tensión del convulso sudeste asiático de la década de los sesenta (además de los propios hechos acaecidos en Indonesia, son constantes los ecos de lo que lleva tiempo fraguándose en Indochina), pero al mismo tiempo conserva cierta sensibilidad propia del documental a la hora de reflejar el modo de vida de los nativos, especialmente en las zonas suburbiales más deprimidas, así como para enfocar las simulaciones de los distintos sucesos protagonizados por las masas en la Yakarta de 1965.

Temáticamente, la película aborda de manera poliédrica distintas cuestiones, todas ellas tratadas con criterio y profundidad gracias al espléndido guión, obra del director y del autor de la novela, C.J. Koch. Además de una apasionada historia de amor enclavada en un marco de peligro constante, especialmente para la vida de los ciudadanos extranjeros, la película retrata con rigor los entresijos del trabajo periodístico de un enviado especial a un clima de incertidumbre social sobre el que planea el fantasma de la guerra civil, en un tiempo en que todavía se usaban las máquinas de escribir y la información no viajaba en décimas de segundo de punta a punta del mundo. Por otro lado, la película ofrece también el lado humano de los profesionales, de periodistas y técnicos alejados de sus casas que viven en una prácticamente total soledad el tiempo que no están trabajando, acompañados de otros solitarios extranjeros como ellos o aprovechándose de las “ventajas” que les proporciona su estatus y su salario en un país del llamado Tercer Mundo, ya sean legales (comidas, cenas y copas en los mejores locales), ya sean comerciando en los bajos fondos (drogas, prostitución, abuso de menores). Ello proporciona otra lectura interesante, las relaciones entre las clases adineradas del país, los extranjeros acomodados, y el abismo que su sociedad clasista separada de la hambrienta realidad del país supone con respecto a quienes alimentan el clima de rebelión, ya sean los comunistas auspiciados por China o los musulmanes apoyados desde Oriente Medio. Este aspecto es clave para entender la evolución del personaje de Kwan, entregado a los logros de Sukarno al comienzo de la película, cada vez más escéptico y crítico según avanza su metraje hasta la eclosión final de su compromiso con la democracia y la libertad. La película, en última instancia, también es una reflexión acerca del tratamiento que los gobiernos, los medios y el público occidental dan a los acontecimientos políticos o bélicos en los países subdesarrollados, a las muertes subsidiarias, residuales, convertidas en meras cifras, que se producen en ellos y que en muchas ocasiones son resultado de influencias occidentales ocultadas por los gobiernos, ignoradas deliberadamente por la prensa y, por tanto, desconocidas por unos ciudadanos que no pueden ejercer así sus derechos o exigir responsabilidades relativas a política exterior.

Acompañada por la espéndida música de Maurice Jarre y Vangelis (no acreditado), la cinta contiene algunas imágenes imborrables, como la carrera de Jill y Guy bajo la lluvia torrencial para refugiarse en su coche o la manifestación que filma Kwan subido en los hombros de Guy y que casi les cuesta la vida. Fenomenalmente interpretada, especialmente por Hunt, sin olvidar a un Gibson que intentaba salirse de los esquemas de tipo duro en los que estaba encasillándose a marchas forzadas ya entonces, la película destila por igual una emotiva sensibilidad y un fuerte compromiso con la libertad de prensa, la democracia y la rebeldía, aunque, y esta es una gran virtud, no la limita al hecho histórico de la situación indonesia a mediados de los sesenta, sino que la extiende a las actitudes de los medios de comunicación, del público y, a través de él, de los gobernantes de los países occidentales.

Un drama romántico directamente inspirado en fuentes clásicas (historia de amor en un mundo de tintes exóticos a punto de derrumbarse) bellamente filmado, una historia poderosa cuyas implicaciones emocionales van mucho más allá del simple romance, que abarcan el amor, la amistad, la política, el sentido de la vida y el carácter gratuito de la muerte en función de las azarosas circunstancias que nos rodean, especialmente si somos habitantes del mundo más desfavorecido.

24 comentarios sobre “Un amor convulso: El año que vivimos peligrosamente

  1. Pues me alegra sobremanera este artículo acerca de una película que sólo he visto una vez (la vi en el cine cuando la estrenaron y para de contar) y de la que guardo un estupendo recuerdo.

    Saludos,

  2. Vaya, pues me alegra que te alegre, Celebes, eso ya indica una notable veteranía cinéfila y una ocasión envidiada por quienes, sin acritud, éramos todavía demasiado jóvenes para apreciar estas películas.
    Saludos.

    Pues, en pocas ocasiones, ciertamente, pero llegó a serlo, amigo Raúl.

  3. Yo a Peter Weir le tengo cariño inmenso. No sólo por esta película que me encanta sino por otras que vi en pantalla enorme según iba estrenando…, Weir me llega. Tanto por las historias que elige como por cómo las filma. Guardo imágenes bellísimas de su filmografía. También lloré con Gibson en esa recreación triste de la primera guerra mundial en Gallipolli, me enamoré más si cabe de Harrison Ford en Único testigo, me inquietó La costa de los mosquitos, me obsesioné con la frase Carpe Diem en El club de los poetas muertos, reviví la comedia romántica clásica con matrimonio por conveniencia, reflexioné sobre la vida y los medios de comunicación en el show de truman o descubrí la vida en barcos de época en Master and commander… ¿Para cuándo otra de Weir, please?

    Besos
    Hildy

  4. Una entrada deliciosa,amigo,y por muchos motivos.La película me gusta muchísimo.Gibson,posiblemente su mejor interpretación.Sigourney Weaver está magnífica.Inolvidable la escena bajo la lluvia caminando sola al son de Vangelis,que preludia una pasión fuera de serie.Linda Hunt merece aquí todos los elogios.Los cigarrillos Lucky Strike.El calor.Michael Murphy que abandonó Manhattan para ir en busca de putas en los cementerios.Peter Weir,un director que nos ha regalado un puñado de películas inolvidables.Master and Commander me parece una obra maestra.En fin,una película imprescindible de lo que es el buen cine.

    Un fuerte abrazo,amigo.

  5. Muy buena la escena de Sigourney Weaver caminando bajo la lluvia con ese final tan bien insinuado y esa música con aires asiáticos de fondo. Me resulta extraordinario ver a Mel Gibson en un papel así, “cuando todavía intentaba ser actor” como dices. Creo que merece la pena ser rescatado del olvido (el film, no Mel)

  6. Y no olvides “La última ola”, Hildy. Eso sí, en lo de “Master & Co.” no estamos de acuerdo.
    Besos.

    Lo dicho, amigo, que a lo de “Master & Co.” no me apunto. Me parece la peor película de Weir.
    Abrazos.

    Un clásico moderno, Marcos, cien por cien recuperable y visionable.

  7. La ví.Bueno eso creía yo hasta que he leido tu”,MAGNÍFICO”,post..
    No creo que se le pueda sacar más jugo a una peli. ¡Eres genial!.
    La música ,junto con la escena, una delicia.
    Gracias por estar ahí.
    Saludicos.

  8. Yo también soy viejuna y la vi en el cine. Luego, unas mil veces más en la tele. Y siempre a gusto. En ello influye Gibson, que es un oprobio para la actuación y un cenutrio como ser humano, pero alegraba el ojillo.

  9. Gracias a ti, Carmen. Lo nuestro es sacar el jugo; lo vuestro, bebéroslo.
    Saludos.

    Digamos veterana, que queda mejor… Y eso que Gibson aquí no está mal del todo, pero dale un arma y se convierte en un merluzo.

  10. Con lo mal que me cae Gibson y la gracia que me ha hecho tu comentario, debo reconocer que el tipo fue actor. Hace la tira de años que no he visto esta peli, pero ésta y la de Gallipoli me encantaron en su momento. Me gusta Peter Weir (las cosas que he visto de él, incluso esa fallida de La costa de los mosquitos (en la que creo que Harrison Ford estaba estupendo)… Ya te vale, me has dado ganas de volver a ver la peli… Y no es plan, que tengo otras que aún ni he visto.
    Un saludo.

  11. Se me olvidaba…Una que tengo en la lista de pelis para ver es la de Picnic en Hanging Rock (espero que esté bien). Y lo que quería decir con lo de que fue actor es que en esas de Weir me lo creía.

  12. La veteranía es un grado, Alfredo, que muestra un sinfín de ocasiones perdidas, porque esta tampoco la he visto, y mira que supe de antemano la curiosidad añadida del excelente trabajo de la Hunt y ese es un acicate que raramente puedo resistir, pero no sé porqué todavía no he visto esta pieza..

    Solo me faltaba leer tu reseña para acabar de concienciarme y recordarme que, pese a todo, me faltan muuuchas por ver, lo cual, mira, no deja de ser una suerte: todavía puedo asistir a “estrenos” que merezcan la pena, gracias a tipos como tú que siguen hablándonos del buen cine con estos buenos textos como el de hoy.

    Saludos.

  13. Gracias, Josep. La película vale la pena, desde luego.
    Aunque desde mañana dejaran de hacerse películas, podríamos estar mucho tiempo tirando de archivo sin llegar a descubrir todas las que podrían gustarnos.
    Saludos.

  14. A mí me gustó mucho esta peli en su momento, pero no la he vuelto a ver. Me has dado ganas de verla de nuevo.
    Y sí, hace un porrón de años, a mí me gustaba Mel Gibson como actor (las vueltas que da la vida, oye). La Weaver, eso sí, me sigue gustando.

  15. Yo también la he visto unas cuantas veces y me sigue gustando. En cuanto a Mel Gibson… es verdad que alegraba el ojillo en esta peli, y mucho. Parece mentira que habiendo sido un hombre tan guapo, se le haya puesto la pinta que tiene ahora. Es que no somos nadie, como decían los abuelos.
    Besos

  16. Yo la vi ayer, había oído hablar de ella antes y tras leer tu entrada me entraron ganas de verla… no sabía que Gibson había hecho películas donde no le volaba la sesera a nadie.
    Para verla y luego reflexionar con calma (pero también con rabia, creo que es inevitable).
    Genial Hunt haciendo de hombre… no sé lo suficiente como para decir si una actuación es buena o mala, pero a mí ésta de Linda me ha impactado.
    Bss.
    Rosa.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .