Humor costumbrista en estado de gracia: Café irlandés

Tres kilos y medio.

Pero… ¿es un pavo o un bebé?

– ¡¡Es un bebé!!

Aaaah… Es un bebé hermoso… Pero como pavo…

Stephen Frears es uno de los cineastas actuales que con mayor acierto y éxito ha conseguido mantenerse en el esquizofrénico equilibrio que muchos europeos en Hollywood buscan mantener durante toda su carrera. Constantemente a caballo entre las costosas y comerciales superproducciones repletas de estrellas y el cine pequeño, popular y casi artesanal de bajo presupuesto, en 1993 buscó recuperarse del reciente fiasco de Héroe por accidente con una película hecha a su medida, un fresco de la realidad irlandesa a medio camino entre el cine social y la comedia costumbrista.

En The Snapper (título imposible de traducir al castellano), Frears parte de una premisa dramática, como es un embarazo no deseado, y la reviste de un humor verborreico, irreverente, mordaz, sarcástico: una familia irlandesa tradicional, aunque no excesivamente religiosa, se ve sacudida cuando Sharon (Tina Kellegher), la hija mayor, una joven adolescente cuya vida discurre entre un trabajo mal pagado y las nocturnas (y etílicas) salidas con sus amigas, anuncia que está embarazada; obviamente, es soltera, ni siquiera tiene novio formal, y además persiste en mantener oculta la identidad del padre por mucho que le insisten en que la revele. La noticia cae como una bomba, y los distintos miembros de la familia reaccionan cada uno a su manera, desde la curiosidad de sus hermanos pequeños, la indiferencia de los medianos, o la violenta actitud del mayor, recién llegado de un país árabe en el que ha servido con los Cascos Azules, que se ofrece a apalear al responsable. Los padres, en cambio, oscilan desde la bronca y el conflicto hacia, en el caso de Dessie (un magnífico Colm Meaney), la hostilidad pasiva, y la comprensión y la asimilación por parte de la madre. Pero la mirada socarrona de Frears no se limita a la familia: compañeros de trabajo o de borrachera de Dessie, el grupo de promiscuas y malhabladas amigas de Sharon, el gentío del pub o del colegio son objeto de la burlona mirada del director británico, que utiliza los chascarrillos, comentarios y habladurías del personal sobre el inminente alumbramiento de la joven para ofrecer un retrato del gusto de las sociedades tradicionales, generalmente depositarias de valores religiosos, por la rumorología, el esparcimiento de bulos y el humor de trazo gordo cuando de cachondearse del vecino se trata. Así, Frears muestra igualmente un fresco de la sociedad irlandesa previo al boom económico de la isla, el momento de un entonces todavía tímido despertar de una colectividad en su camino por conciliar los valores tradicionales más asociados a su devenir histórico y cultural con las nuevas modas y costumbres introducidas por la vida moderna. Eso sí, sin un minuto de descanso en el retrato de tipos y situaciones delirantes, disparatados, acrecentados cuando por fin se conoce la identidad del inesperado padre.

Basada en la novela de Roddy Doyle, adaptada por el mismo, Frears combina un humor fresco e inteligente con continuas apelaciones a la cultura popular (televisión, música, canciones de éxito) y al inevitable choque con la tradicional moral irlandesa para ofrecer un film de aires televisivos (de hecho se concibió como telefilme, de ahí la estética desvaída y simplona que impregna sus imágenes) que hace apología de la fealdad y de los espacios abigarrados y repletos de personas y objetos como vehículo para internarse por una comedia inteligente y cálida, que refleja los más reconocibles tópicos irlandeses, no para burlarse de ellos, sino como instrumento para confeccionar un tejido cómico más complejo y rico, de índole más ética y moral que bufonesca. Fenomenalmente interpretada, destaca Colm Meaney en su composición de padre tan iracundo como tierno, tan ácido como patético, y la pléyade de secundarios en estado de gracia, especialmente el grupo de bebedores de cerveza negra con los que Dessie suele acompañarse en el pub, una galería de estereotipos que van desde el clásico y patético ligón de tres al cuarto al pobre empanado al que le cuesta coger los chistes.

Stephen Frears huye de los focos de Hollywood para construir una película pequeña en cuanto a despliegue técnico, material y humano pero muy grande en lo que se refiere a comicidad, humor y reflexiones sobre los nuevos modelos de familia. Inteligente sin aburrir, graciosa sin ser chacabana, sencilla sin ser vulgar, Café irlandés es una de las mejores comedias de los noventa, y además cuenta con un buen puñado de temas reconocibles en su banda sonora, que se abre con esta guasona versión ‘Irish’, toda una declaración de intenciones en sí misma, del Can’t help falling in love de Elvis Presley:

27 comentarios sobre “Humor costumbrista en estado de gracia: Café irlandés

  1. Ohh, a la vuelta por los escalones me encuentro con esta bonita película que me dejó tan buen sabor de boca, y la canción es preciosa también. Tengo que revisarme artículos recientes, porque casi había olvidado la excelente calidad de tus textos Alfredo.
    Es un placer volver por aquí y…ahora mismo te escribo un mail al marinerojovial para explicarte algunas cosillas que quiero compartir contigo.
    Un abrazo y un placer volver por aquí 🙂

  2. Me la pido, también ,me la pido.
    Genial C´ant help falling in love,
    es de esas que no puedes dejar de mover los pies.

    Genial el post,Alfredo.
    Saludicos.

  3. Curioso lo que me ha ocurrido esta mañana. He podido leer tu reseña en Innisfree antes que en tu blog. Debe ser el frío del pirineo que se cuela en las máquinas… Decía, como Larraz, que me la pido. Otra que desconozco y que pasa a engrosar la lista de pendientes. Un abrazo.

  4. ¿Estás conmigo en que las comedias suelen envejecer mejor que cualquier otro género? Dicho esto, y partiendo de que es una peli que me gustó bastante, considero sin embargo que no ha envejecido demasiado bien. Cuanto menos, en cuanto a las cuestiones más formales, fotografía, vestuario… No sé. Será la estética desubicada de los últimos ochenta primeros noventa, quizá.

  5. Pues muchas gracias por la reseña, Alfredo: había leído algo hace tiempo respecto a esta peliculita de Frears, pero no con tanto detalle y entusiasmo, así que directa a la lista de pendientes, ni que sea por comprobar -una vez más- que algunos eternos secundarios como el amigo Meaney saben desenvolverse bien a la mínima oportunidad y más en un entorno propicio.
    Saludos.

  6. Tú te lo pasarás en grande, Carmen, te “jartarás” de reír.
    Besos.

    Pues es que el bueno de Chesús ha tenido a bien enlazarlo a una hora no tan temprana (poco madrugamos, amigo, cómo se nota que estás de fiesta…).
    Un abrazo.

    Pues sí, Raúl, siempre y cuando se fundamente en aspectos universales. En eso, creo que ésta no falla, pero tienes toda la razón. Creo que se debe a la voluntad de Frears de situar la historia en los ochenta, y también al hecho de ser concebida para televisión.

    Pues nada, nada, a verla, Josep. Sus virtudes cinematográficas son limitadas, pero su humor bien lo vale.
    Saludos.

  7. ¡Ay mi Stephen Frears! Cómo me gusta. Café irlandés es una muy buena comedia con familia disfuncional que te la comes a besos. Yo, de acuerdo totalmente con tu texto, me quedo con el personaje del padre y el rostro de Colm Meaney.
    ¡Marchando una pinta!
    Besos
    Hildy

  8. Deliciosa peli querido escalones, es de esas que te queda un regustillo amable y divertido, me encantó cuando la ví, así que sería bueno revisarla de nuevo.
    Abrazos de viernes,

  9. La música encantadora y la peli pues debe ser una gozada, justo lo que necesitamos ahora, humor “humano”… ¿Y por qué será que tenemos tanto cariño a Irlanda? ¿Porque al menos los tópicos son muy parecidos a los nuestros: base tradicional católica, un poco de anglofobia, las gaitas…?

  10. Tengo muy buen recuerdo de ella (pero desde que la vi en el cine no la he revisado). Y cuando en el karaoke se ponen a cantar el Papa don’t preach (ja,ja).
    Buena reseña.

  11. Sí que es cierto, Carlos, que hay ciertas afinidades y querencias en España por lo irlandés. Te recomiendo el blog de Chesús Yuste, que tienes enlazado en el blogroll (Innisfree).

    Es una canción que aborrezco en todo momento excepto en ese, David, bien visto.

  12. Recuerdo que fui a verla casi por casualidad, fue el plan B o C de una tarde que al final resultó estupenda. Muchas de las películas que más me han gustado han llegado así. Me pareció entonces buenísima y tu reseña y algunos comentarios me han despertado las ganas de volverla a ver. Esa estética de casi finales de los ochenta-primeros noventa, y ese costumbrismo tratado con inteligencia. Me pareció llena de realidad, humor y una cruda ternura. Y me pregunto si esa percepción resistirá al tiempo al volverla a ver, o tal vez se desinfle (o al contrario, ahora la miraré también con nostalgia, y eso favorece a las artes;-)
    Un gusto leer la reseña.

  13. Para mi este retorno a sus raíces (Café+The van) me pareció maravilloso. Muy costumbrista y muy tragicómico. Creo que fue su mejor decisión. Sus películas pequeñas son mejores que sus grandes producciones, parece que cuando le dan mucho dinero pierde los papeles, como botón de muestra su último petardo Chéri, que es para amigos y simpatizantes de la Pfeiffer

  14. A veces es mejor improvisar, Olga. Gracias.

    Es que, querido Alfie, eso es como “Las amistades peligrosas 2: recaída total…”. A mí me gustó bastante también “Liam”, pero con esta dupla que comentas me lo pasé en grande.

  15. Ahora que nadie nos ve ni escucha te voy a decir que durante un par de años estuve pelin enamorada de Stephen Frears y de Stephen Rea al mismo tiempo. Todo un lío de Stephenes. Café irlandés es una joya. Me gusta tanto como el propio café irlandés.

    kisses,

    Marta

    PD: Me ha puesto triste el post sobre Groucho. Cosas mías!

  16. ¿Sabes cómo se te hubiera quitado eso? Viendo a Stephen Baldwin. Eb fin, lo de Rea no me sorprende, ahora lo de Frears… A no ser que sea cosa del encanto intelectual, o humorístico en este caso, donde ya no importan otras cosas.
    Besos

    PD: a mí también me genera cierta melancolía; al fin y al cabo era la decadencia de un gigante, su adiós definitivo.

  17. Genial post para una película excelente en su momento.Vista hoy tengo mis dudas,pero sabía que este magnífico escrito le vendría de perlas a Chesús.El otro día en Barcelona comentábamos los filmes de David Lean,La hija de Ryan,Barry Lyndon,de Kubrick y El clan de los irlandeses,de Phil Joanou.
    Un fuerte abrazo.

    1. Sobre todo estéticamente, Francisco, ha perdido mucho. Pero conserva la gracia de la sencillez, y unos cuantos golpes excelentes.
      Con Chesús lo del cine irlandés o ambientado en Irlanda es un tema recurrente e inagotable.
      Abrazos

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