Mis escenas favoritas – Ordet

Final de la gran obra maestra de Carl Theodor Dreyer, Ordet, película imprescindible de 1955 (León de Oro en el Festival de Venecia de ese año) que, a través de la historia de una familia de granjeros de Jutlandia y del amor de uno de los hijos por una joven de un grupo religioso rival, y con unas interpretaciones sublimes (nótense, por ejemplo, los cambios en el rostro de la niña), analiza de manera reveladora la contradictoria naturaleza espiritual del ser humano en el marco de las ricas y evocadoras composiciones de Dreyer, de una belleza visual más pictórica que cinematográfica.

15 comentarios sobre “Mis escenas favoritas – Ordet

  1. Los hay, seguro, pero yo no recuerdo otro director que componga sus imágenes de forma tan “perfecta”: una simetria acojonante, el mismo espacio de aire por cada lado del encuadre, la distribución exacta de los puntos de atención. Por ejemplo, en la escena más recurrente de toda esta secuencia, el reloj es un personaje más y tiene un espacio perfecamente definido, esperando su turno para intervenir (cuando lo ponen en hora).
    A mi el cine de Dreyeer me impacta, es cierto, pero no negaré que me cuesta horrores que me cautive. Echo a faltar esos truquillos, esas imperefecciones, esas “trampas” tan propias del cine que son, al fin y al cabo, lo que definen este arte y lo distinguen de otros.

  2. Yo sólo creo en los milagros en el cine, proyectados en la pantalla y yo de espectadora en la sala oscura. Y hay varios milagros que me emocionan. Éste es uno de ellos. El otro día volví a disfrutar de un milagro que llevaba tiempo queriendo revivir de nuevo y lo sentí de lo lindo… en Macarroni de Ettore Scola.
    Impresionante los besos que le da Ingrid a su señor esposo. Como queriendo sentir la carne. ¡¡¡Está viva!!! Y esos primeros planos intensos de la pareja. A mí también me encanta ese momento del reloj… que ya no señala la hora de la muerte sino que vuelve a funcionar para celebrar la resurrección…

    Besos
    Hildy

  3. ¡Vaya escena!. No debería haberla visto porque no conozco la peli pero no he podido resistirme. Es cierto, cómo cambia el rostro de la niña, es estupendo. Me parece un final colosal que me obliga a ver la película entera. Un abrazo.

  4. Su cine es pura plástica, Raúl, su tono, sus tiempos, son producto de la condición de director escénico de su autor. Es frío, como lo que comentabas el otro día en “Zero Kelvin” al hilo de las particularidades del carácter nórdico, y tremendamente espiritual. Y visualmente, puro Hammershoi.

    ¡¡¡Está viva!!!, dices. Me recuerdas a mi querido Frankenstein, cuando el doctor grita eufórico cuando ve cobrar vida a su criatura. Es casi lo mismo, ¿no?
    Besos

    Marcos, es densa, aviso, pero una experiencia necesaria si te gusta el cine. Dreyer es uno de los grandes de verdad.
    Abrazos.

  5. Otro cadáver en su ataud¡ Como en Wampyr… Desde que me lo descubriste el año pasado la figura de Dreyer, de la que nunca había oído hablar hasta entonces, alcanzó una cima mítica por aquélla película y al ver su huella en La Cinta Blanca… Incluso el otro día asistí al final de El ciclo Dreyer de un tal álvaro del Amo, que aunque parecía tostón (y digo parecía porque aunque me extrañe a mí mismo hasta me gustó su peli Una preciosa puesta de sol) pensé que me habría gustado verla aunque sólo fuera por ver lo que se decía del director danés.
    Bueno, pues que no creía que la famosa Ordet incluyera algo sobrenatural también. Pero esto es lo de menos, por lo que voy viendo lo que me impacta de Dreyer, son las miradas de sus personajes y lo solemne de las escenas.

  6. De “El ciclo Dreyer” mejor nos olvidamos.
    Lo que hace bien Dreyer es incluir una salida de tono sobrenatural precisamente para hablar de lo más natural del mundo, nuestra búsqueda en lo espiritual de las respuestas que no hallamos en nuestra vida diaria.

  7. Acabo de borrar 5 líneas de comentario porque la película me supera, y creo que su artículo y los comentarios precedentes son lo suficientemente precisos y significativos, aparte de otros que seguro se añadirán.

    Si quisiera hacer mención de la parte estética en esta escena concreta, en la que resplandece la luz, con lo cual, esa habitación está divinamente iluminada. Así como ese impresionante blanco y negro.

    Saludos,

  8. Seguro que conoces, Celebes, a Hammershoi: viendo sus cuadros uno espera ver moverse a las personas como en las pelis de Dreyer. Sus cuadros son volcados en imágenes con una precisión de cirujano.
    Saludos.

  9. Alfredo: siempre me he preguntado por qué en este clase de cine el manejo de los gestos faciales es tan preponderante: se nota muchísimo. Todos los tienen.
    También era para saludarte y dejarte un agran abrazo.

    andrés,

  10. Dreyer es un caso aparte en la historia del cine.No se parece en nada a nadie.Creo,mi querido amigo que sería necesario realzar la figura de Dreyer.En este país existen dos estupendo libros.El primero publicado por Nickel Odeon;Dreyer de José Andrés Dulce y Reflexiones sobre mi oficio,escrito por Dreyer y publicado en la editorial Paidos Iberica,una obra maravillosa con entrevistas añadidas.
    Un fuerte abrazo.

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