La tienda de los horrores – Aquel maldito tren blindado

Tremendamente popular desde que Quentin Tarantino realizara su falso remake, este bodrio bélico de Enzo G. Castellari viene a engrosar la interminable lista de productos de culto-friki con que los cinéfilos “alternativos” gustan adornar uno de sus exclusivos clubes privados, la mayor parte de los cuales consistentes en la devoción impostada de subproductos de serie Z, cuanto más desconocidos para el público, mejor, a través de los cuales reafirmar su supuestamente particular sapiencia, su mayor capacidad de desbroce y su singular agudeza intelecto-emocional fuera de los circuitos críticos “oficiales”, toda una labor de proselitismo fundamentada básicamente en la autoafirmación (con la, suponemos, subida correspondiente de la autoestima) de una exclusividad de gusto y criterio que supone en última instancia mirar a sus congéneres, especialmente si optan por la calidad del cine clásico bien hecho, por encima del hombro. Así, regodeándose en el cine que el resto del mundo, no es que desconozca, sino que ha descartado por pésimo, es como algunos intentan emular a los “genios” que convierten esa tendencia en su mecanismo para forrarse, pero en plan pobre, claro. Es la única explicación plausible al hecho de que a alguien -Tarantino incluido- pueda gustarle este pestiño en serio.

La cosa va de un grupo de convictos del ejército americano en plena Segunda Guerra Mundial que, mientras son trasladados a prisión, aprovechan el ataque de los alemanes para escapar a tiro limpio incluso tiroteando a los guardias de su propio ejército. En su huida hacia terreno neutral, armados como un comando, se enfrentan a distintas unidades nazis eliminando a un buen puñado de soldados y capturando e inutilizando gran cantidad de material de guerra, y su suplantación de un comando americano destinado a una importante misión ante un oficial (Ian Bannen), consiguen una promesa de libertad por la que luchar, en una misión suicida para volar un tren alemán por la que sacrifcarán sus vidas.

La película está construida sobre la base de la pretendidamente espectacular -pero algo escasa de presupuesto, como el resto del rodaje- escena final, en la que el tren ha de estallar llevándose por delante un apeadero ferroviario. Sin embargo, los capítulos previos son tan lamentables, que no vale la pena el esfuerzo. Personajes mal caracterizados, diálogos risibles, un tono de comedieta barata que no consigue hacer volar las risas, y unas abundantes escenas de acción en las que canta a la legua la escasez de medios y la falta de imaginación de los guionistas (consisten básicamente en la continua sucesión de episodios de combate sin talento, oficio ni beneficio alguno más que la presunta espectacularidad de la sangre y la banalización de la muerte y de la guerra), no son suficientes para excusar el necesario y meritorio encaje de bolillos con que directores y productores de los setenta lograban poner en pie apreciables producciones de acción y violencia. En este caso, el colmo es la historieta de amor metida con calzador entre uno de los presos evadidos y una joven de la resistencia franchute, tan lamentable y ridícula en su concepción y desarrollo, como sonrojante en su conclusión.

El reparto, muy justito más allá de la testosterona que desprenden bajo el color caqui, no consigue despegar ni en cuanto a la comicidad de Bo Svenson, el protagonista de este petardo, ni con el supuesto humor de Michael Pergolani, cuya mayor alegría viene proporcionada en el momento en que lo revientan con una buena dosis de plomo. El guión, construido sobre situaciones casi improvisadas, hecho avanzar a golpe más de ocurrencias casuales que lleven a un final que aparentemente es lo único que se ha pensado, sólo es comparable a una técnica ramplona, que no destaca ni por la fotografía (la textura de la imagen es de grano gordo, más cercana al telefilme setentero o a series tipo El equipo A que a algo que pueda llamarse cine), ni por la dirección de las escenas bélicas (angulaciones de cámara, panorámicas, puesta en escena que identifique la situación de los contendientes, sus objetivos o trayectorias), exceptuando quizá la de la estación, ni por la dirección artística (la caracterización de los miembros de la resistencia franchute, la decoración del interior del castillo, etc.), ni por el montaje, que parece hecho por una cabra a mordiscos. No es de extrañar que Tarantino utilizara su título (The inglorious bastards) y ecos de sus ambientes y situaciones, pero no su “trama” ni sus “personajes”, para su última película hasta la fecha, una herencia que, a pesar de ser selectiva, lastra de tal manera el film de Tarantino que lo convierte en uno de los más importantes blufs de lo que llevamos de milenio, y que, a la vista de su “original”, incluso resulta menos sincera en su concepción paródica y en su intención de erigirse en icono de la serie Z.

Continua orgía de disparos, despreocupada por cualquier cosa que tenga que ver con el rigor histórico o el contexto militar de la época, repleta a su vez de homenajes (La gran evasión, Los doce del patíbulo) y más bien tirando a tontorrona en su concepción de personajes, relaciones entre ellos y diálogos, solo las constantes detonaciones soltadas sin ton ni son libran al espectador de un garantizado bostezo, obligándole a tragarse interminables e intrascendentes conversaciones y aún más largas e intrascendentes escenas de combate. Una película que falla además en lo que pretendidamente podría ser su intención última: ni siquiera resulta estimable como apología del cine gamberro.

Acusados: todos
Atenuantes: ninguno
Agravantes: cada uno de sus noventa y nueve minutos
Condena: culpables
Sentencia: manicura de manos y pies con hacha de carnicero

15 comentarios sobre “La tienda de los horrores – Aquel maldito tren blindado

  1. Hasta el cartel parece pobrecico. Y el juicio que le ha hecho, también. Parece uno de los peores productos de la Tienda que tiene.
    No, gracias, no me lo ponga.

  2. Je, je, je… creo que será difícil conseguir esta ‘joya’ de la tienda de los horrores… Pero no me negarás que el italiano es un idioma precioso… Quel maledetto treno blindato… Se nota que el Tarantino trabajaba en un videoclub, ¿no?… recuerdo que en estos establecimientos siempre había películas imposibles y alguna que otra sorpresa (por lo visto no es este el caso)… la nostalgia, Alfredo, la nostalgia.

    Besos
    Hildy

  3. Y a mí que me da que la vi en el cine, en una de esas sesiones dobles de hace años, uno de esos domingos en los que lo más divertido de ir al cine era hacer el gamberro, tirar las chufas a boleo y hacer pedorretas con un globo, porque lo que veías en la pantalla te daba sueño pero no podías dormirte porque te caías de la silla y era un follón.

    Realmente mala, como casi todas en las que salía el Bo Svenson con su cara de palo y su melenita rubia. Ni me acuerdo, claro, pero seguro, seguro, que no voy a darle una segunda oportunidad y menos ahora después de leer tu diátriba.

    Ejemplar condena: que la aplique Tarantino, para que vaya tomando nota…

    Saludos.

  4. Pues hay algún canal de esos de ultraderecha que la pone de vez en cuando, querida Hildy, así que si tienes curiosidad (y tragaderas…), ya sabes.
    Sí, se nota que Tarantino trabajaba en un video-club, y también que el video-club era muy malo.
    Besos

    No sé, Gema, si te refieres a que la cosa está muy malita de dineros o de tiempo. Lo de los dineros, cierto, aunque ésta no te costaría gran cosa, pero lo del tiempo todavía es más cierto: yo tengo decenas de películas pendientes y ni un segundo para verlas, así que se me acumulan a toda velocidad. Necesito días -y noches- de treinta horas.
    Abrazos

    Uno de los peores actores que recuerdo, Josep, y eso que recuerdo muchos… Que Tarantino, con su potencial y su capacidad, haya decidido mirarse en este modelo indica a las claras que prefiere los dólares que le proporciona esa pose al amor por el cine. Por si a alguien le quedaba aún alguna duda.
    Saludos.

  5. … que la he visto; pero afortunadamente no podría jurarlo.
    Sí, Josep, Bo Svenson malo, pero qué narices me dices de Fred Williamson.. como la carne de pescuezo.

    Pd.- Alfredo, ya conoces que siempre he tenido algún que otro reparo con Tarantino, pero de venir a verte voy a acabar por repudiarlo.
    Sonrío.

  6. A mí, Raúl, hay una de esas citas célebres que uno atesora para soltar de vez en cuando que me encanta: “todos deberíamos creer en algo; yo creo que me tomaré otra copa”. Genial.

    No hombre, Tarantino sabe hacer muy muy bien lo que sabe hacer muy muy bien. Lo que pasa es que, en vez de hacerlo, juega a ser un chico malo que no sabe hacer cine, cuando él es todo lo contrario. A mí lo que me jode es que, pudiendo ser tan tan bueno, haga mierda deliberadamente.

  7. No cometaré nada de la película porque no la he visto y eso que soy un gran fan de las películas donde sales trenes.Veo por aquí que hay una tertulia respecto a Tarantino,ay,el eterno debate de que si Tarantino es bueno o es malo.Creo que Tarantino está muy realzado por el público juvenil.Yo lo descubrí a través de un adolescente que había “flipado” con Reservoir Dogs.Luego la vi y no me pareció mala,pero tampoco es para tanto.Creo que existe un problema muy similar con la literatura.Cuando has visto todas las películas posibles,es decir,desde niño y llegas a los cuarenta,tienes más o menos un bagaje cinematográfico y no te sorprende tanto lo que tanto sorprende a la juventud que todavía no ha visto nada.Tarantino es un tipo muy listo,sin duda alguna,y sus conocimientos viene del videoclub donde trabajó.Es decir,que se ha empapado de películas en formato televisivo.En todas sus películas rebosa de citas,guiños y homenajes a las pelícualas que él adora,lo cual,quiere decir que dista mucho de que algún día llegue a ser un director de verdad.Quisiera equivocarme y que desde ahora empezara a realizar obras maestras (podría ser).
    Viendo su cine de nuevo para diseccionarlo,para captar detalles,etc.,y no encuentro nada.Cuando se estrenó Malditos bastardos,el mismo flipado me dijo que flipó y yo cuando la vi también.Me lo llevé a casa y le puse Los mejores años de nuestra vida,de William Wyler,película riquísima,maravillosa.Y,después La cruz de hierro.El flipado se aburría.Eso es lo que temo en las nuevas generaciones,que ya son incapaces de saber mirar y Tarantino no ayuda a ello.Y paro ya.
    Un fuerte abrazo.

    1. Creo que has resumido muy bien la cuestión, Francisco. De hecho, yo aún añadiría al fenómeno al grupo de críticos que, suponiendo que deben contar con la formación de un cinéfilo veterano, se dejan “sorprender” por ciertas cosas y aclaman a las primeras de cambio a un gran homenajeador antes de verlo convertirse en cineasta por cuenta propia. Lo que Tarantino hace bien, lo hace muy muy bien; la cuestión es que lo haga y deje de filmar tonterías.
      Abrazos.

  8. La leche, compa Alfredo, si el Castellari este de marras se hubiera barruntado, en su día, que alguien, tantos años después, le iba a largar una andanada de este calibre, igual se hubiera guardado los rollos en un almacén bien ventilado, prestos para mejor ocasión. En fin, ni sabía de su existencia: conforme a lo que apuntas (y me lo creo), para mi bien. Mejor así…

    Un fuerte abrazo y buen día.

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