Pistoletazo al Blaxploitation: Las noches rojas de Harlem

Pocas veces el mito cinematográfico supera con tanta holgura la calidad de la propia película que le da origen como ocurre con Shaft, la obra de Gordon Parks, uno de los más importantes creadores negros de los Estados Unidos de los setenta (escritor, fotógrafo y cineasta), en 1971, considerada por muchos como la obra que dio inicio al breve periodo de auge del fenómeno conocido como blaxploitation, que marcaba la emancipación de los personajes e intérpretes negros respecto a las historias centradas en la mayoría blanca y a sus frecuentes tópicos sobre los negros, así como al papel marginal y pintoresco, casi más bien caricaturesco, de éstos en el cine americano hasta entonces. El detective John Shaft encarnó en las novelas de Ernest Tidyman y en la pantalla la imagen que muchos líderes y grupos nacionalistas “de color”, algunos de ellos de carácter violento, pretendían impregnar en los ciudadanos negros del país a fin de lograr una mayoría de edad política, económica, social y cultural que ni la victoria nordista en la Guerra de Secesión ni las leyes contra la segregación racial impulsadas por Kennedy habían conseguido llevar más allá de la letra impresa en papel mojado.

Con guión del propio creador del personaje y protagonizada por Richard Roundtree, antiguo modelo y ocasional actor de teatro casi desconocido en el que se vieron los valores y cualidades de brutalidad, virilidad, machismo y violencia de los que se quería dotar al personaje, la trama recupera el antiguo clima del cine negro clásico para ofrecer una historia de acción y violencia continuadas apenas salpicadas de un par de interludios presuntamente eróticos envuelta en lugares comunes y tópicos bastante manidos, eso sí, decorada con la estupenda música de Isaac Hayes, premiado con un Oscar por ella, y un buen puñado de peinados, vestuarios y decorados horteras, de colores y formas excesivos y combinaciones de tonalidades y objetos a cual más chirriante, que alternan con la presentación de la acción en el Harlem más deprimido, empobrecido y suburbial en oposición al tantas veces visto Nueva York de oropeles, rascacielos, parques y restaurantes y tiendas de lujo popularizado por el cine por todo el mundo. Lejos de Manhattan, el Harlem de John Shaft es el campo de batalla en el que confluyen traficantes de drogas y armas, rateros, prostitutas, mafiosos, policias corruptos y detectives amorales. Shaft se ve inmerso en un asunto de doble vertiente: tras la muerte accidental en su despacho del esbirro de un conocido traficante negro de Harlem, la policía le aprieta las clavijas para que averigüe algo sobre el próximo estallido de una guerra de bandas en el barrio. Por otro lado, el jefe del matón muerto le contrata para que descubra el paradero de su hija, presuntamente secuestrada por un grupo rival, aunque resulta encontrarse en manos de unos mafiosos italianos que pretenden invadir el territorio de la delincuencia negra. Con ayuda de un antiguo camarada y de su grupo de nacionalistas negros, elabora un plan de rescate en el que los disparos y la sangre abundan a mansalva.

La simpleza del argumento y la excesiva ligereza con la que está resuelto se deben principalmente a que la película es una obra hecha a la medida del personaje, exclusivamente concebida para su lucimiento y calado entre el público negro (y blanco, entre el que fue todo un éxito de taquilla). Se trata de presentar un héroe negro que pudiera convertirse en un icono ejemplar de la rebeldía emancipadora frente al poder blanco: Shaft no sólo se basta a sí mismo para enfrentarse a cualquiera, sino que es capaz de bromear sobre los blancos, mofarse de ellos e incluso luchar contra ellos cara a cara con sus mismas armas, la ley o la sangre y el fuego, y salir victorioso. Shaft tiene un único código de conducta que impone por igual a blancos y a negros, no acata la autoridad oficial excepto si sirve a sus propósitos y no quebranta los derechos de sus hermanos, y hace de la subversión y de su militancia contra el poder blanco rasgos suyos tan característicos y propios como el fácil recurso a la violencia o su predisposición a engañar a su novia a la mínima ocasión, incluso con mujeres blancas si se tercia.

Las dos secuelas que la siguieron en los setenta, incluida una con el personaje de “retorno” en África, y el remake de John Singleton de 2000 con Samuel L. Jackson como protagonista, en la que Roundtree tenía un pequeño papel, no consiguieron hacer olvidar el poderoso efecto de la película y sobre todo de su protagonista en el público americano de los setenta, exactamente tal como lo describe Hayes en su famoso tema incluido en los créditos del filme: “Es frío, es duro, es un detective privado negro y una verdadera máquina sexual con las chicas. No acepta órdenes de nadie, blanco o negro, pero arriesgaría el cuello por un hermano. Estoy hablando de Shaft. ¿Lo captas?”. A partir de ahí, sin embargo, habiendo dotado al personaje de una fuerza tan arrolladora, de un interior tan brutal pero a la vez ajustado a una honradez y un código moral propios pero alejados de la corrupcíón y de la violencia gratuita presente en la sociedad y a menudo originada por el propio sistema de poder, no puede evitarse emparentar al detective negro con otros outsiders del cine negro de décadas atrás (más allá de algunos otros homenajes visuales al cine de otro tiempo: ametralladoras Thompson, sombreros de fieltro y gabardinas, teléfonos a la vieja usanza…), relación con las mujeres incluida, lo que hace superar plenamente por el personaje cualquier barrera racial, de ahí las razones de su éxito y aceptación entre cualquier público. Aunque, para ser justos, en la película de Parks la presencia de la mujer es puramente residual, casi decorativa, nada que ver con la clásica mujer fatal. Es cine de machos negros para machos blancos y negros (incluyendo el simpático guiño al camarero homosexual que también se siente atraído por el detective). A la blaxploitation no le interesaba tanto, de momento, la emancipación de la mujer; en aquel entonces no era más que una de las muchas armas de Shaft para vender su idea de la libertad para sus hermanos. Las hermanas habrían de esperar.

13 comentarios sobre “Pistoletazo al Blaxploitation: Las noches rojas de Harlem

  1. Debo decir que desconozco al personaje de Shaft pero creo que el último gran ejemplo de su influencia bien pudiera ser “El demonio vestido de azul” que descubrí aquí, gracias a ti, y que pude ver recientemente para mi satisfacción. Si algo se echaba de menos en el cine negro de los años treinta, cuarenta y cincuenta precisamente era la presencia “negra” sin ser caricaturesca. Así que, al menos, es digno de celebrar el orígen del cambio. En consecuencia, la tendré que ver. Abrazos.

  2. Tienes razón. La fama del producto (y por ende del personaje) supera con creces la calidad del mismo, en una proporción que me parece increíble, si desatiendo las circunstancias socioculturales de aquel momento y de la sociedad a la que iba destinado. Shaft, como personaje, se convirtió en un icono, incluso a pesar de la inexpresividad de corcho del inefable Roundtree, a la altura de la del mejor/peor (lo mismo da, que me da lo mismo) de Roger Moore como Bond.

  3. Bueno, no va demasiado por ahí, Marcos, excepto en el color de la piel. El tema racial en el cine clásico es digno de estudio; de ahí que fenómenos como este realmente sorprendieran, incluso lo sigan haciendo hoy.
    Abrazos.

    Supongo, Raúl, que la incorporación del personaje a la mitología negra junto a figuras como Ali o Malcolm X y su proyección, aunque sea de forma latente, en toda película o serie similar protagonizada por negros o destinada a ess espectro de público, ha supuesto la canonización del personaje, por muy amoral que sea. Y eso, como bien dices, a pesar del cartón del intérprete, que no, no le anda a la zaga a Moore… ni a Keanu Reeves.

  4. Buf! Quá antipática me parece… Sigo prefiriendo como intento de propagar la igualdad racial, la de Rebelión en las aulas.
    Y esto del blaxpotation me ha recordado a Blackula. Supongo que pertenecería al movimiento ése.

  5. A este lado del Atlántico y en aquella época, la película tuvo su fama en parte por la propaganda y en parte por la música de Isaac Hayes que ya era conocido; como es natural por aquí y entonces el problema racial era una cuestión totalmente ajena si lo centramos única y exclusivamente en la lucha de los negros americanos (que te veo venir) en las calles, como veíamos en la tele, y Shaft quedó como una película un pelín “barata” en la que el típico macho alfa en vez de ser rubio anglosajón era negro americano, aunque la competencia de Harry el Sucio, en el mismo año, ayudó a que pasara más desapercibida de lo que realmente merecía por su calidad intrínseca que, como muy bien apuntas, no es para tirar cohetes.

    Saludos.

  6. Las hermanas tampoco tuvieron que esperar demasiado: ahí estaba la ultraexplosiva Pam Grier en “Foxy Brown” o en “Coffy”, redundando en lo que has escrito en este post. No he visto “Shaft” pero me la apunto para este fin de semana.

  7. Totalmente, Carlos, blaxploitation total: pelo a lo afro, pantalones de campana y mucha música.
    A mí “Rebelión en las aulas” hoy en día me resulta incluso risible. Puestos al combate racial, prefiero “Arde Mississippi” o incluso, ejem, “Mandingo”… Es que el tamaño a veces importa…

    Pues con el paso del tiempo, me temo que “Shaft” no ha ganado precisamente, Josep. Si entonces se veía como una peli “barata”, hoy casi es de saldo. Pero resulta curiosa.
    Saludos.

    Bueno, Álvaro, al menos verla una vez no está mal. De las secuelas, eso sí, yo pasaría olímpicamente. El blaxploitation dio una buena cantidad de títulos, casi todos nefastos, todo hay que decirlo, durante un breve periodo de apenas un lustro. Pero fue todo un fenómeno cuyo estilo y temática se han visto continuados después convenientemente diluidos en fórmulas no tan en bruto.

  8. Pues oye, visto lo visto (no la he visto, creo), pero como que tampoco me apetece mucho verla, voy a castigarme viendo Dogville otra vez…, o mejor me voy a tomar vermouth con las “niñas”, ¿vienes?, abrazos.

  9. Las de Shaft no las he visto, ni ésta ni sus secuelas (por cierto, si la memoria no me falla, se hizo incluso una serie televisiva, que se llegó a emitir en LA tele -la 1, la que había, vaya…-); la verdad es que el cine blaxploitation no me llamó nunca mucho la atención (la única que, creo recordar, he visto, ha sido Foxy Brown, con esa Pam Grier, que, en fin… bueno, estábamos hablando de cine, o, al menos, intentándolo, ¿no…?), supongo que fue una corriente que tuvo más predicamente, o despertó más interés, por sus valores sociológicos, o simbólicos respecto a un espectro muy concreto (geográfico, racial, temporal…), que por su calidad cinematográfica. Pero no está mal, supongo, echarle una mirada; más aún, si es para glosarlo con la maestría con que tú lo haces.

    Un fuerte abrazo y buen fin de semana.

  10. Todo empezó con el gran escritor de novela negra (él era también negro) protagonizada por Grave Digger Jones (Sepulturero) y Coffin Ed Johnson (Ataúd); dos detectives negros de la policía de Harlem, consigue llevar el género hasta su punto crítico, e incluso más allá.Te las recomiendo Alfredo.A Shaft le falta ese refuerzo acabado que dan las grandes novelas del género.Spade o Marlowe.
    Estupendo post.
    Un fuerte abrazo.

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