Mis escenas favoritas – El astronauta

Es un decir, claro… En 1970, en plena fiebre espacial tras la llegada a la Luna de los americanos, Javier Aguirre dirige esta parodia en plan cine español casposo en el que, siguiendo la pauta de Mortadelo y Filemón, un grupo de entusiastas aficionados españoles a la cosa de ascender a los cielos idea su cohete espacial, con un botijo y la puerta de un SEAT 600 incluidos, para subir a la ionosfera y más allá.

Un grupo de buenos cómicos, algunos diálogos ingeniosos y situaciones tan surrealistas como de andar por casa hacen a esta película un producto apreciable (si medimos con el baremo que suele usar TVE para programar su espacio sabatino de cine de exaltación de los “valores” franquistas, claro).

De una patética tristeza pseudohumorística típicamente hispana, pero con dos tragos encima, difícil no descojonarse…

14 comentarios sobre “Mis escenas favoritas – El astronauta

  1. Se deja ver. Y tanto que se deja ver, desde esa coralidad tan típica de nuestro buen cine. Salvando las distancias, hay en toda la aventura de los personajes, esa misma complicidad infructuosa que se apreciaba, por ejemplo, en la trama de “Atraco a las 3” de Forqué.
    Por cierto, en este país jamás se le tendrá la consideración debida a Tony Leblanc. Un grande.

  2. Algo de eso hay, en efecto. No se acerca a la enorme calidad de la película de Forqué pero sí contiene algunos momentos impagables, como esas tortillas de patatas y esas paellas concentradas en bolsitas de plástico “a fuerza de cocer…”. Simplemente genial.

  3. Desde luego, has elegido unas escenas excelentes, Alfredo. La he visto varias veces y me he reido mucho con ella, aunque haya intantes en que te preguntes qué carajo haces viendo esto…jejeje. Es surrealista pero te ries cosa mala.

  4. Lees ciencia ficción y parece ser que la carrera espacial es grande muy grande.Pero también se agradece los pormenores de dicha carrera.Elegidos para la gloria,Space Cowboys de Eastwood,etc.,son películas del otro esfuerzo.Al final descubrimos que nuestro mundo se está transformando en un espacio raro,lunar.Es más fácil ir a Almería.
    Recuperas una peli que se deja ver desde esta perspectiva.
    Un fuerte abrazo.

  5. Los grandes finales tienen pequeños principios, eso está claro. El caso es que en plan artesano, este gente consigue llegar a Almería. Eso los americanos serían incapaces de hacerlo en una película…
    Abrazos.

  6. Veo mucha juventud por aquí….

    Los que nos encontrábamos con estos engendros en el cine -de riguroso pago- y ya sentíamos ese gusanillo de la cinefilia, maldita la gracia que nos hacían estas películas ni que fueran como componentes de una sesión doble que acababa siendo única porque estos productos (españoladas, acabamos llamándolas) no había quien se los tragara.

    Puedo comprender que desde un punto de vista arqueológico y simpatizante con el cine patrio se tenga una cierta condescendencia con cosas semejantes, pero os aseguro, amigos, que una cosa es tragártelo un sábado en la hora de la siesta en el sillón de casa y otra muy distinta encontrártelo en la pantalla grande como compañero de otra película bien hecha.

    Y lo peor, es que los intérpretes eran buenos, coño, si es que eran mejores que los de ahora…. y pasaban más jambre…. (es un decir)

    Saludos.

  7. No me cabe ninguna duda, Josep, de que es tal como lo cuentas y que nuestra percepción viene propiciada por el paso del tiempo. Pero no sé, entre esto y ver “Tensión sexual no resuelta”, pues me quedo con esto, incluso si hubiera que pagar.
    Saludos.

  8. Querido escalones,en mi caso, no será por juventud, pero no la he visto, el “alucinaje” en Almería me ha encantado, así que procuraré verla con esa condición indispensable de “dos tragos” encima.
    Abrazos helados y cierzeros,

  9. Que igual estamos acomplejados… ¿Y por qué será que no he visto a nadie que critique los tebeos de la época como exaltadores de los valores franquistas y sin embargo se ceben tanto con estas películas que a veces me sorprenden precisamente por su “atrevimiento”, a veces político, considerando la cerrazón franquista. Y digo lo de atrevimiento político porque por ejemplo me viene a la cabeza una “españolada” de final de los sesenta en la que unas secretarias se amotinan en la empresa y multitud de directos guiños a las revoluciones francesa y rusa.

  10. Será porque quien leía tebeos entonces no tenía la edad suficiente para calarlos bien calados pero, años después, si alguien se atreve a revisarlos, no puede extraer otra conclusión que esa. Pero con ellos ocurre igualmente con cierto cine, que contenía la subversión muy entre líneas, a menudo involuntariamente. Tanto será así, que aquí nadie subvirtió el orden hasta que el viejo cabrón la palmó.

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