Cine en fotos – Perdición

Aprovechamos esta fotografía del final alternativo de Perdición desechado en última instancia por Billy Wilder para invitar a nuestros queridos escalones a una nueva sesión del ciclo Libros Filmados, organizado por la Asociación Aragonesa de Escritores en colaboración con la FNAC Zaragoza-Plaza de España.

En esta ocasión se proyectará la obra maestra Perdición (Double indemnity, Billy Wilder, 1944), cumbre del cine negro basada en la novela de James M. Cain, con guión de Raymond Chandler y fotografía de John F. Seitz, que marcaron las principales notas narrativas y estéticas del género. Una de las mejores películas de todos los tiempos que para, por ejemplo, Woody Allen, constituye la mejor cinta rodada jamás.

II Ciclo Libros Filmados, organizado por la Asociación Aragonesa de Escritores y FNAC Zaragoza-Plaza de España.

2ª Sesión, martes 22 de marzo de 2011: Perdición, de Billy Wilder (1944)

– 18:00 horas: proyección (duración aproximada, 106 minutos)
– en torno a las 20:00 horas: coloquio con Miguel Ángel Yusta, Estela Alcay y un servidor

Cine en fotos – Fellini por Fellini

Por eso admiro tan viva, calurosa y fervientemente a un autor como, por ejemplo, Ingmar Bergman. He aquí realmente una persona muy dotada, un auténtico autor, un verdadero hombre del espectáculo. Bergman es sin duda el ejemplo vivo de lo que entiendo por espectáculo, es decir, que demuestra que en arte todos los medios son válidos. Sólo he visto dos películas suyas: Fresas salvajes y El rostro. Sin embargo, El rostro me produjo una especie de tristeza, pues es una historia que yo había escrito hace cuatro o cinco años, y que quería hacer aunque con un clima totalmente diferente. Él es nórdico y yo mediterráneo, latino, pero el tema era exactamente el mismo. ¿Pero qué quería decir yo? ¡Ah! Ya. Quería decir que la forma narrativa de Bergman, la riqueza de su temperamento y sobre todo su manera de expresarse, es exactamente la que, a mi modo de ver, conviene a un hombre del espectáculo, es decir, una mezcla de mago y prestidigitador, de profeta y de payaso, de vendedor de corbatas y sacerdote predicando. Esto es lo que debe ser un hombre de espectáculo.

(Federico Fellini en Fellini por Fellini. Fundamentos, 1998).

Diario Aragonés: The fighter

Título original: The fighter
Año: 2010
Nacionalidad: Estados Unidos
Dirección: David O. Russell
Guión: Scott Silver, Paul Tamasy y Eric Johnson
Música: Michael Brook
Fotografía: Hoyte Van Hoytema
Reparto: Mark Wahlberg, Christian Bale, Melissa Leo, Amy Adams, Robert Wahlberg, Jenna Lamia, Jack McGee
Duración: 115 minutos

Sinopsis: Historia real de los hermanastros Dicky Eklund y Micky Ward. El primero es una vieja gloria local del boxeo que peleó una vez contra Sugar Ray Robinson. El segundo intenta que la decadente vida de Dicky, sumido en la delincuencia y las drogas, y los egoísmos de su madre y hermanas no le perjudiquen en su propia carrera como boxeador. Junto a Dicky y el resto de su familia y amigos, y de la mano de su novia Charlene, Micky alcanzará el reconocimiento mundial a mediados de los ochenta gracias a sus memorables combates con Arturo Gotti.

Comentario: A estas alturas es muy complicado que una película situada en el mundillo del boxeo resulte innovadora, que logre eludir lugares comunes, tópicos y caracteres convertidos en clichés: una vida difícil, una oportunidad de salir de un barrio deprimido, el entorno de violencia y delincuencia, las relaciones con el entrenador, el antagonismo entre la vida sentimental y la profesional, la gloria y la decadencia… The fighter no lo consigue, aunque sí constituye el mayor acierto de David O. Russell hasta la fecha. El director apuesta por los entresijos de la vida personal del futuro campeón Micky Ward (Mark Wahlberg, más solvente de lo habitual) y de sus complicadas relaciones con su hermanastro Dicky (sobresaliente Christian Bale), su madre (espléndida Melissa Leo), su novia Charlene (Amy Adams), sus siete hermanas, ayudantes, preparadores físicos, etc., por delante de la presunta épica y brutal espectacularidad del boxeo, acercándose más al deprimente mundo de El luchador (The wrestler, Darren Aronofsky, 2008) –de hecho Aronofsky es productor ejecutivo de The fighter– que a los retratos de ascenso y caída de Kirk Douglas en El ídolo de barro (Champion, Mark Robson, 1949) o de Robert De Niro-Jake LaMotta en Toro Salvaje (Raging Bull, Martin Scorsese, 1980) [continuar leyendo]

La tienda de los horrores – Balada triste de trompeta

Canto a la incoherencia. Culto al exceso. Incompleta simbiosis entre el cine de acción y la caspa hispánica. Vómito de fragmentos sin articulación ni elaboración interna. Relato superficial del tardofranquismo. Personajes sin lógica interna, secundarios prescindibles. Estas frases cortas resumen la última película de Álex de la Iglesia, celebrada por una parte de crítica y público, premiada en Venecia al mejor director y al mejor guión (la presidencia del jurado de Quentin Tarantino y su ignorancia de la reciente historia de España fue sin duda decisiva para ello), fracaso total en los últimos premios Goya (últimamente realmente acertados, no especialmente en cuanto a lo que premian, sino a lo que suelen dejar sin galardones) y uno de los más importantes fiascos del cine español reciente, uno más en la carrera del director vasco.

Empecemos por su tan aclamado comienzo. En él destacan dos aspectos: los créditos iniciales y la primera secuencia. En cuanto a los títulos, puede decirse que, sin duda ninguna, quizá son los más creativos y espectaculares del cine español en mucho tiempo, si no desde siempre. La potencia de la música de Roque Baños viene complementada con unas imágenes poderosísimas que resumen la historia y el arte españoles con inteligencia y contenido didáctico y narrativo. En cuanto a la primera secuencia, alabada casi sin excepción, ofrece más reservas: pretendidamente ilustrativa, casi metafórica, del mal de “las dos Españas”, se asienta más en la supuesta espectacularidad de la acción, la violencia, las amputaciones y la sangre, y también como construcción técnica, que en su valor narrativo, realmente, como en casi toda la película, casi meramente anecdótico. Esto viene del hecho de encontrarse lastrada por la impericia de Santiago Segura como actor, del histrionismo de un pasadísimo Fernando Guillén Cuervo y de una premisa de guión no demasiado talentosa. Lo mejor de esta fase, sin duda, Fofito. Esta secuencia, realmente apabullante, sin embargo, deja a las claras cuál va a ser el tono y el interés de la película: los efectismos.

Porque, a partir de ahí, esta historia del increíble triángulo amoroso entre dos payasos (Antonio de la Torre y Carlos Areces) y una atractiva y algo casquivana trapecista (Carolina Bang, con un personaje realmente sin dibujar, cuyas acciones resultan completamente incomprensibles, más todavía en lo relativo a sus sentimientos y a su deseo sexual), pretendidamente encadenada a la historia vivida en los últimos años del franquismo, no hace sino naufragar. Primero, porque el marco histórico no consigue ensamblarse bien con la trama de la película a pesar del forzamiento de situaciones y la búsqueda de elementos de unión: la historia, los personajes, el estilo de vida, las cuestiones políticas, se quedan en mero escenario, en marco general que ha de ser recordado a cada momento con recursos metidos con calzador para que el espectador recuerde constantemente dónde se encuentra entre tanta violencia y ensaladas de tiros. Esta parte del argumento, superficial, endeble, casi gratuita, nunca termina de interesar, de ser tratada con inteligencia ni tampoco de convertirse en crónica histórica del fresco de un país en proceso de cambio. Todo ello al servicio, únicamente, del uso de algunos de los espacios más emblemáticos de ese periodo histórico como escenario -siempre de manera forzada, ilógica y gratuita- para la acción (como en la espectacular conclusión en la cruz del Valle de los Caídos). Continuar leyendo “La tienda de los horrores – Balada triste de trompeta”

Diálogos de celuloide – La ley del silencio

TERRY: Las hermanitas me molían a estacazos. Tenían este lema: “La letra, con sangre entra”. Pero las fastidié bien.

EDIE: Quizá no supieran manejarte.

TERRY: ¿Cómo lo harías tú?

EDIE: Con algo más de paciencia y ternura. Si no se pone un poco de bondad, se fracasa.

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TERRY: ¿No ve que me pide que delate a mi propio hermano? Y Johnny Friendly solía llevarme al béisbol de pequeño…

PADRE BARRY: Dejémoslo; no puedo aconsejarte nada. Ha de pedírtelo tu propia conciencia.

TERRY: ¿Conciencia? ¿Conciencia? Si uno la oye se vuelve loco.

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On the waterfront. Elia Kazan (1954).

Diario Aragonés: 127 horas

Título original: 127 hours
Año: 2010
Nacionalidad: Reino Unido / Estados Unidos
Dirección: Danny Boyle
Guión: Simon Beaufoy y Danny Boyle, sobre el libro de Aron Ralston
Fotografía: Anthony Dod Mantle, Enrique Chediak
Reparto: James Franco, Kate Mara, Amber Tamblyn, Treat Williams, Clemence Poesy, Kate Burton
Duración: 93 minutos

Sinopsis: Basada en la historia real de Aron Ralston, cuenta la dramática peripecia de un estadounidense aficionado al montañismo atrapado en una estrecha grieta del desierto de Utah y cuya supervivencia dependía únicamente de una decisión drástica contra su propia integridad física.

Comentario: Danny Boyle, consagrado popularmente a nivel internacional gracias al éxito de Slumdog millionaire (2008), posiblemente una de las peores películas que hayan triunfado jamás en los premios Oscar, vuelve a demostrar en 127 hours lo poco que queda del inteligente, refrescante, transgresor e innovador director de Trainspotting (1996). Boyle parte de la angustiosa premisa inicial, la perturbadora experiencia real de Aron Ralston (James Franco) para que sea el público el que sienta terror por sí mismo imaginando lo que debió suponer para un hombre permanecer en el fondo de una grieta con un brazo atrapado por una roca durante más de cinco días, sin posibilidad ninguna de rescate, sin víveres y con una única posibilidad de salvación: la automutilación.

Boyle se ha vuelto vago y, mientras por un lado intenta completar con imágenes banales, concentraciones humanas, eventos de masas y fiestas populares (Sanfermines incluidos) reflejados en pantalla partida para enmarcar y “decorar” la terrible experiencia de su protagonista [continuar leyendo]

Cine y poker: cinco (o siete) cartas para vivir el suspense

1. El escenario. El gran salón de un casino de Las Vegas, Reno, Texas, Atlantic City o Montenegro. Quizá una página web donde jugar al poker on line. O mejor una estancia tenuemente iluminada: el reservado de un bar, una trastienda, un vagón de tren, un cuarto de alquiler, el rincón más apartado del saloon, o quizá la discreta habitación de un hotel, en una planta no muy alta, cercana a la escalera de incendios y siempre con vistas a la parte de atrás. El tapete verde parece ser la única fuente de luz, atrae todas las miradas, todos los objetos convergen en él, los naipes brillan como diamantes, las fichas de colores, verdes, amarillas, rojas, blancas, azules, refulgen como gemas preciosas. A su alrededor, delimitando la zona de juego, cansadas botellas medio llenas y turbios vasos medio vacíos, paquetes de cigarrillos prensados, saquitos de tabaco de liar, papel de fumar arrugado, cerillas gastadas, encendedores agónicos, ceniceros insaciables, relojes de bolsillo detenidos, algún que otro pañuelo sudado, puede que un arma expectante, quizá ya humeante. Objetos de culto como tributo al azar, a su Dios, al poker, en forma de billetes verdes de distintos valores pero todos de igual tamaño que, como hormigas trabajadoras aprovisionándose para el invierno, mantienen invariable su ruta desde los informes montones del círculo exterior hacia el mismo centro de la mesa, hasta el lugar donde se levanta el templo de las mil apuestas, la ofrenda a la Diosa fortuna y a su mensajera de dos caras, la suerte escondida en el altar de los sacrificios de un único ladrillo de cincuenta y dos cartas: la partida de poker.

2. El tiempo. La loca carrera de cincuenta años hacia el Oeste, al abrazo del Pacífico a través del desierto. Los felices y violentos años veinte; los deprimidos y depresivos años treinta. Los negros años cuarenta, ya perdida la inocencia del mundo. La enloquecida actualidad devorada por la prisa y el culto a lo inmediato, a lo perecedero, a la muerte instantánea. El poker, la partida, el juego, frontera para el antes y el después de una existencia a refundar, inicio de la incierta aventura de una nueva vida. El futuro, el porvenir que abre o clausura una combinación de cinco (o siete) cartas.

3. El guión. Los jugadores discuten si juegan al poker de cinco o siete cartas, si al poker del Oeste de la frontera o al poker texas holdem. Una joven figura del poker sueña con destronar al rey del juego. Un timador despluma a un gángster para hacerle morder el anzuelo. Un pistolero se entretiene con sus compinches antes de matar o morir. Un grupo de rufianes pasan el tiempo mientras esperan el momento del atraco. Cuatro tipos amañan una partida con el fin de desplumar al quinto. Un ladrón de guante blanco da clases a los jóvenes para que hagan trampas sin que les pillen. Un agente con licencia para matar intenta dejar sin blanca al monstruo que financia el terrorismo internacional. Unos chicos se pasan de listos y terminan debiéndole una fortuna al jefe del hampa londinense. Un chico financia sus estudios de derecho gracias a las cartas. Un jugador listillo pretende hacer reír en un Oeste que no tiene ninguna gracia. Un inocente acusado de hacer trampas acaba linchado. Un joven de talento busca reconciliarse con su padre en una partida. Una dama entre vaqueros se juega la vida y toma el pelo a los hombres más ricos del territorio. Un escritor que oficia de croupier quiere robar el casino en que trabaja. Para un ex convicto que intenta rehacer su vida, el poker es el primer paso hacia el abismo de la droga. Partidas suicidas para tentar al rey del poker de Los Ángeles. La biografía del legendario jugador Stu Ungar. Un magnífico bribón fabrica naipes marcados. Una mujer tan dura, valiente y cruel como los hombres. Doce apóstoles del poker. La aventura de cartas de un escritor de novelas. Una eminente doctora seducida por un timador. La apuesta es un burdel. Un hombre juega y ama en una Casablanca convertida en La Habana… Continuar leyendo “Cine y poker: cinco (o siete) cartas para vivir el suspense”