Historias de la radio – El secreto de sus ojos

El secreto de sus ojos es una de las más celebradas películas del más reciente cine argentino. Dirigida por Juan José Campanella, protagonizada por Ricardo Darín y Soledad Villamil y coproducida con España, la película obtuvo el Oscar a la mejor película de habla no inglesa en 2009, aunque hay quien cree (por ejemplo, quien escribe) que su triunfo en la ceremonia mercadotécnico-pirotécnica de los Oscar tiene más que ver con el concepto tan particular de justicia que presenta y sus similitudes con ciertas ideas al norte de Río Grande que con sus cualidades cinematográficas en sentido estricto.

A continuación, un breve comentario acompañado de un importante fragmento de diálogo.

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17 comentarios sobre “Historias de la radio – El secreto de sus ojos

  1. Me ocurrió algo con El secreto de sus ojos…, que no me fascinó tal y como pensaba que iba a hacerlo. Me gusta el cine de Juan José Campanella y en El secreto de sus ojos hay varios ingredientes (además de una fuerza visual considerable) que hacen resulte interesante. A mi sin duda lo que más me fascinó fue el personaje de Guillermo Francella (el funcionario amigo de Darín) y cada una de las escenas en las que aparece. Pero el desarrollo de la trama de thriller y la historia de amor imposible de fondo…, hizo que me fuera desinflando poquito a poco…

    Besos
    Hildy

  2. Creo que a muchos nos dejó la misma sensación: los ingredientes son buenos, también lo es la historia, la atmósfera, el tema y la trama. ¿Por qué, entonces, hay algo que no termina de funcionar? La respuesta, para mí, está en lo que para los yanquis debió constituir la mayor virtud: su historia, en algún momento deja de ser, no ya verosímil, sino creíble. Ese concepto tan particular de justicia se asienta sobre un capricho narrativo más que sobre otra cosa.
    Besos.

  3. Discutir los méritos de esta película (que por otra parte los tiene y son muchos) y no haber estado del todo de acuerdo con sus logros festivaleros, provocó mi “expulsión” de determinados blogs y mi consideración de “rarito” y pretencioso.
    Campanella lleva rodando la misma película un montón de tiempo. Y eso no es malo, ojo,.. salvo que cada vez la cuente peor.

    ¡Coño qué bien me lees, Alfredito!

  4. Ya sabes, Raúl, ir contra la corriente mayoritaria rebozada en la coartada de la interesada e inducida confusión entre éxito, calidad y popularidad es lo que tiene.
    Coincido contigo: Campanella ha agotado su propia fórmula, y no parece que encuentre síntomas de renovación, de cambiar algo para que nada cambie.
    Eso sí, lo de leer, fatal. Ahora ando algo más suelto, pero tendrías que ver las veces que obligo a repetir por culpa de mi proverbial torpeza…

  5. La ví hace unas semanas, compa Alfredo, y me gustó bastante. Pelín truculenta, vale, de acuerdo; con alguna concesión comercialoide, también de acuerdo; y que telegrafía el final bastante antes de que llegue, pues sí, también. Pero, más allá de esas cuestiones, a mí me pareció una propuesta solvente, sólida y de las que se deja ver sin echar ojo al reloj (no es poco mérito, en los tiempos que corren…). En fin…

    Un fuerte abrazo y seguimos trasteando.

  6. De esta película tengo dos recuerdos muy vivos: la secuencia del estadio de fútbol y esa escena tan tensa en el ascensor en la que parecía que el corazón me saldría por la boca. Su segunda hora me pareció puro cine (emoción, belleza…)

  7. Yo creo, amigo Manuel, que es mejor guión que película, que su traslación podía haber evitado vicios innecesarios, subrayados gratuitos, aunque en conjunto, efectivamente, transmita una infrecuente apariencia de solidez, coherencia e integridad. Pero entre líneas se ve esa facilona apelación al sentimiento made in Campanella que algunos no toleramos demasiado bien, y cuyo mayor exponente, creo, es “Luna de Avellaneda”.
    Abrazos

    Son dos de los momentos más recordados, José Manuel (bienvenido, y gracias por tu comentario). Sin embargo, la escena del estadio, aparte de más que improbable en su credibilidad (que sea inverosímil no es un defecto, ya que a menudo el cine lo es y, en general el arte), es un falso plano secuencia, un trucaje, un engaño, que queda muy bien, pero es más tramposo que un billete de 4 euros y rebaja bastante el mérito técnico de la secuencia. Lo del ascensor es pura emoción, apela directamente al espectador, y ahí sí que hay magia. En todo caso, de ese tributo tuyo a la segunda hora del filme, yo excluyo su conclusión, que no me satisfizo especialmente.

  8. ¡Vaya! La tengo encima de la mesa guardando turno. Me parece que la pondré un poco más abajo para que la sugestión de lo oído y leído mengüe.

    Un abrazo.

  9. Pues nasa, al fin he podido escuchar tu íntervención radiofónica (eso sí, desde un ciber…) Otra que me apunto para engrosar la lista de pendientes. Abrazos y enhorabuena por tus colaboraciones en la radio.

  10. Bueno, pues ya nos contarás, Josep. A mí, ya te digo, muy bien algunas cosas, un poco huecas otras.
    Un abrazo

    Pues sí, Roberto, ojalá se hicieran muchas así. Y con mejor final, a ser posible.

    ¿Quieres decir que la has puesto en un ciber a todo meter? ¿Pero tú no sabes que eso está prohibido por la Consejería de Salud Pública y Apoplejías? Ay…
    Gracias.
    Un abrazo.

  11. Ya imaginarás que a mí me gustó un montón. Es la última película de adultos que he podido ver en un cine y salí….como a todos nos gusta salir de una peli; envuelta en ella. Cuanto me gusta esa sensación.
    Me creí todo, me reí, me asusté (sobre todo al principio porque hablan tan “argentino” y tan rápido que pensé que no me iba a enterar de nada) palpité y se me arrasaron los ojos. No se puede pedir más.

  12. Ay, eso que comentas del comienzo de las pelis argentinas lo suscribo. Reconoco que tuve que ver el principio de “Nueve reinas” varias veces hasta que empecé a captar el lenguaje que utilizaban, que además de español de allá y lunfardo (creo que se llama así), añadía jerga de la calle y del gremio del chanchullo.
    La peli sí, eso que tú dices, aunque a mí hay cosillas, detalles, que me la desdibujan un poco.

  13. No me he resistido a escuchar el programa y tengo que decir que no sólo es digno sino que está muy bien. Felicidades!

    ¡Que facilidad de palabra tiene, D. Alfredo! 😉

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