Música para una banda sonora vital – Deprisa, deprisa

En 1980 Carlos Saura obtuvo el Oso de Oro en el Festival de Berlín gracias a esta crónica de delincuencia juvenil, a las vivencias de un grupo de adolescentes, El Mini, El Meca, Ángela y El Sebas, que desde una barriada marginal de la capital de España inician una loca carrera pistola en mano al asalto de todo banco que se cruza en su camino. Una deriva vertiginosa de espaldas a la cruda realidad del único final que puede aguardarles a la vuelta de la esquina: una muerte tan segura y dolorosa como su impaciencia y su frustración.

Ambiente setentero, pantalones de campana, patillas, lenguaje cheli, vehículos que hoy son ya de colección y, como siempre en Saura, una cuidada banda sonora relacionada con la historia que se está contando. En ella destacan principalmente el flamenco y los aromas gitanos, como Ay que dolor, de Los Chunguitos, uno de los himnos populares de la época.

7 Respuestas a “Música para una banda sonora vital – Deprisa, deprisa

  1. Ay, qué dolor…
    Buena película de Saura siguiendo la corriente de ese cine de los años ochenta, el cine quinqui. Algunos de esos ‘actores’ que eran reales como la vida misma y trasladaban sus vidas al celuloide. Esa juventud quinqui que se consumía entre los chichos, los chunguitos, los chutes y la vida rápida… Montxo Armendariz también siguió la senda con 27 horas.
    Uno de esos actores que vivieron, deprisa, deprisa (simulando el título de esta notable película) fue José Luis Manzano. El niño rubio de los rizos que lo mismo le encontrábamos en El pico, que paseaba por Colegas o terminaba en la estanquera de vallecas. Todas de De la Iglesia, uno de los directores claves del cine quinqui.
    Buen homenaje.
    Beso
    Hildy

  2. No he visto la película, Alfredo pero sí conocía la canción … (¡la ponen todos los veranos, cuando hace más calor!) Cierta estética setentera y coches de colección siempre me llama la atención. Abrazos.

  3. Sí, Hildy, casi fue una moda, yo diría que incluso un subgénero, pero creo que solamente en este caso fue un poquito más allá de la crónica sensacionalista, por más que esté rodada con cierto descuido.
    Besos.

    Pues arrímate a la saga “Perros callejeros”, Marcos, que tiene tela…
    Abrazos.

  4. Ese subgénero quinquesco no me gustó entonces y me sigue sin gustar y, ¡por favor! eso que suena es cualquier cosa menos flamenco y, además, creo que pese a su enorme comercialidad en según que ambientes, es un tipo de música que carece de valor intrínseco: me suena a ramplona y reiterativa: puestos, prefiero a Peret y sus gitanos, donde va a parar.
    Creo que Saura se fue desnortando con el paso de los años: así en plan irónico, diría que contra Franco rodaba con más energía y solvencia y muchísimo más arte.
    Un abrazo.

  5. Puede ser, Josep; particularmente a mi me dio un jamacuco cuando vi hace poco, en “El séptimo día”, un interludio musical con una canción de ¡¡Mecano!!, posiblemente la mayor de las vergüenzas de la música española reciente, o como mínimo equiparable a los “lolailos”.
    Este tipo de cine, creo, no fue más que un producto coyuntural prolongado a causa de su inicial rentabilidad y también gracias a que mucha gente, como me ocurría a mí, reconocía en la pantalla los ambientes y los tipos que reinaban en su barrio.
    Un abrazo.

  6. Ese es un tema que siempre me da que pensar: el romanticismo existencial que algunos pijos-progres ven en determindas tramas precisamente porque jamás en su vida han tenido contacto alguno con los ambientes retratados.

    A mí un hijoputa de apenas 14 añitos que se colaba en el cine para tomar lecciones de cómo calzarse chuscas plataformas de madera para alcanzar los pedales de los 124 que robaba, una mala tarde, con su pandilla, por divertirse me rompieron -a mí y a los vecinos- los cristales de mi recién iniciado lugar de trabajo y me jodieron las vacaciones de la semana santa porque tuve que destinar a la reparación los ahorrillos. Todavía me acuerdo, Alfredo.

    No me hizo ninguna gracia, como tampoco me divierte comprobar que, pasados casi treinta años, hay holgazanes extorsionadores “vigilando” las pocas obras que aun trabajan para evitar que sus hermanos se lleven el cobre.

    Ver en el cine lo mismo que veo al salir a la calle no me atrae mucho, la verdad.

    Un abrazo.

  7. Ya, Josep, entiendo ese punto de vista, el de ir al cine como evasión (inteligente y activa) de la realidad; supongo que todos buscamos algo así. Te garantizo que cuando he tenido problemas en el barrio (pocos, afortunadamente) lo último que he hecho es verle el lado cinematográfico al asunto, desde luego…
    Un abrazo

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