In memoriam – Carlos Larrañaga

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In memoriam – Tony Scott

Vale: su cine era más bien tirando a malo que otra cosa, a excepción de Amor a quemarropa (True romance, 1993), salvada sin duda por el guión de Quentin Tarantino. Y vale: seguramente Tony contagiara a su hermano Ridley sus malos vicios tras las cámara, que fuera responsable final de que su hermano sea incapaz de hacer una película en condiciones desde, seguramente, Black Hawk derribado (2001), y antes desde La sombra del testigo (1987) -algunos dirán que desde Thelma & Louise (1991)-. Pero su final, saltando desde el puente Vincent Thomas de Los Ángeles directo al océano, le ha hecho merecer un lugar entre estas necrológicas. Fuera de bromas macabras ante lo que de justicia poética pudiera haber tenido su último gesto a la vista de su filmografía, resulta inquietante pensar en el tormento interior que puede forzar a una persona a poner fin a su vida de manera tan trágica, máxime cuando ha alcanzado ciertas cotas de popularidad y reconocimiento en su profesión, por más que no fuera del mejor modo posible. El éxito, el poder trabajar en lo que uno quiere y ganarse la vida con ello quizá no da la felicidad, pero no es mal salvavidas cuando lo demás no va bien. En todo caso, descanse en paz.