La tienda de los horrores – William Beaudine

Gracias a Tim Burton y a su excepcional película de 1995, para el gran público es Ed Wood el que ha pasado a la categoría de peor director de cine de todos los tiempos. Sin embargo, sería preciso a nuestro juicio echar mano de la photo-finish para determinar el orden de prelación en caso de poner a competir las películas de Wood con las de William Beaudine, extraordinariamente prolífico y longevo cineasta nacido en 1872 que se anota en su carrera alguno de los engendros más inexplicables de la historia del cine.

Quizá Beaudine no haya alcanzado la fama de Ed Wood porque en su carrera presenta baches de calidad e interés. Vamos, que no todo fue una basura, al menos al principio. Beaudine se labró fama en el antiguo Hollwyood mudo gracias a su enorme pericia para filmar una gran cantidad de películas en tiempo récord y por presupuestos ajustadísimos. Eso lo llevó a trabajar con importantes estudios y con estrellas de relumbrón, como Mary Pickford (por ejemplo en Gorriones, de 1926) o con el cómico, afamado por entonces y olvidado hoy, Leo Gorcey, con quien estrenó varias comedias como La casa encantada (1943), película que contaba además de con Bela Lugosi (al igual que Ed Wood, Beaudine contó en múltiples ocasiones con el actor húngaro para sus repartos), con una jovencísima debutante que empezaba a hacer sus pinitos en eso del cine, una tal Ava Gardner…

Estos “prometedores” inicios se truncaron cuando Beaudine vio en el cine barato de terror y de ciencia ficción el filón preciso para continuar con su ritmo acelerado de producción y filmación, lo que dio lugar un sinfín de bodrios, una auténtica catarata que, en efecto, le hace sombra al mismísimo Wood: The ape man (1943), Voodoo man (1944), las dos protagonizadas por Bela Lugosi, la serie del personaje de Kitty O’Day, con Jean Parker, y alguna pequeña incursión en el western y en el cine negro de bajo, bajísimo, subterráneo presupuesto.

Pero si merece un lugar entre lo peor de lo peor, si se ha hecho acreedor de un lugar de honor en el escaparate principal de esta tienda de los horrores, es principalmente por tres de sus títulos (sin excluir del todo El retorno del dragón, codirigida por Beaudine y protagonizada por Bruce Lee), a cual más impresentable, bizarro y macarra:

1) Bela Lugosi meets a Brooklyn gorilla (1952): la relevancia del actor en el ¿argumento? de la película es tal que incluso lo presenta directamente en el título, en esta cosa que parece lo que se le hubiera ocurrido a los directores de King Kong de haber sufrido algún tipo de apoplejía cerebral severa durante el rodaje de su famoso clásico, mezclado con el tema del “científico loco”.

2) Billy the Kid versus Dracula (1966): improbable encuentro con Chuck Courtney como pistolero y John Carradine como vampiro. Tremendo subproducto tan tan infumable que hay que verlo para creerlo, y que hará las delicias de todo espectador freak que se precie.

3) Dentro de la misma fórmula, digamos que para explotar el “éxito” de la misma, Jesse James meets Frankenstein’s daughter (1966), con Estelita Rodríguez en el reparto de esta mamarrachada que une al famoso bandido sureño con la hija de Frankenstein inspirada en la obra de James Whale.

William Beaudine vivió mucho, nada menos que hasta 1970 (tenía 98 años en el momento de su muerte), y, lamentablemente, como puede verse, siguió trabajando prácticamente hasta el final (no descartamos que sus películas guarden directa relación con el hecho de haber pasado al otro barrio). Vamos a ahorrarnos su sentencia y su condena porque no se nos puede ocurrir nada peor, más sangrante, más punitivo, que filmar y visionar sus propias películas.

Descanse en paz… Pero bien lejos.

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12 comentarios sobre “La tienda de los horrores – William Beaudine

  1. Señor Alfredo, desde sus 39 escalones, le hago una graciosa reverencia por este artículo de mi amada sección LA TIENDA DE LOS HORRORES. No conocía a William Beaudine y me ha acercado a su persona y su cine con el consabido disfrute. Sí, había oido esa obra del cine mudo de la Pickford, Gorriones. Y sí he visto LA CASA ENCANTADA con una primeriza Ava Gadner y los chicos Dead end en plena decadencia… pero leerle a usted ha sido el auténtico descubrimiento de esta figura del firmamento cinematográfico. Ahí vemos todavía viva su influencia en películas que unen a héroes del Oeste con alienígenas (cowboys&aliens) o al mismísimo Lincoln con vampiros…
    Besos
    Hildy

  2. Mi querida Hildy, ya sabes que esta sección es, sobre todo, una labor de servicio público. Cosas a evitar, sobre todo.
    Lo malo siempre ha existido; pero nunca como ahora se ha dado la paradoja de que nos lo quieran vender como bueno. Triste época en la que la publicidad y el dinero compran gustos.
    Besos

  3. Como todos sabemos el cine nació para ser un espectáculo de barraca de feria.Bien,se acepta,pero este medio tenía muchas posibilidades y llegó a ser lo que es.Pero existieron tipos que se quedaron ahí,en la barraca de feria.Ed Wood fue un tipo muy cutre pero nos gusta la visión poética de Tim Barton.El cine dentro del cine.Méliès disfrutó haciendo cine como un espectáculo de magia en vivo.Sus rodajes eran más importantes que su resultado.Después vino ese libro maravilloso de Hugo Cabré.William Beaudine necesita a un gran director (mal andamos en los stiempos actuales) que realice una bella película sobre él.El cine es maravilloso y esa visión tan triste de sus orígenes de proyecciones en el interior de una tienda de lona,hoy podría ser una fantástica película.

    Un fuerte abrazo

  4. Lo que pasa, Paco, es que la fórmula ya no colaría, porque entonces hablaríamos de emulación de Burton (como si Burton no emulara). Creo que en el caso de Beaudine sus películas hablan por él. Bueno, graznan…
    Abrazos

  5. Tienes toda la razón -yo no lo llamaría “lástima”, en todo caso-. Comparto, y practico asiduamente, esa filosofía. Pero debo advertirte de que quizá Beaudine sea un pelín de sobredosis…
    Abrazos

  6. Uf, no creo yo… Ten en cuenta que antes del fin del monopolio de las salas, y antes del fin del sistema de estudios (es decir, entre principios de los cincuenta y mediados de los sesenta) el circuito de distribución y exhibición para según qué cosas era ínfimo. O sea, que filmar mucho no quería decir necesariamente que las películas se vieran mucho, o en muchos sitios. Bueno, ahora tampoco…

  7. No tenía el gusto de conocer a Mr. Beaudine y quedo la mar de encantado, Alfredo, por ese descubrimiento tardío, a pesar que, dado un vistazo a su filmografía, algo me suena.

    He de asegurar que he visto los tres vídeos que insertas y, francamente, no me parecen tan malos como para otorgar al buen señor el sitial preferente en tu ilustre Tienda de los horrores, porque aunque ciertamente con más medios he visto en la última década cosas en el cine que jamás imaginarías…. 😉

    No dudo que tragarse enterita una de esas tres películas modificaría sensiblemente lo expresado, pero dejemos como atenuante la ímproba labor del acusado, significadora de un amor extremo por el cine, así como algún título entrañable como Lassie y Rin-Tin-Tin que, justo es decirlo, colmaron ilusiones infantiles como no puedes suponer. 😉

    Un abrazo.

  8. Créeme, Josep, una película entera, qué digo, la mitad es ya insoportable.
    Pero tienes toda la razón; las fuentes de inspiración del cine palomitero de nuestro tiempo tienen que ver más con Beaudine que con los grandes autores del cine de aventuras y acción de antaño. Así nos va. Lo que pasa es que, gracias a merluzos como Tarantino y a ingenieros del marketing, lo pésimamente cutre vende. Lo etiquetan de bizarro, contestatario, contracultural o con cualquier otro adjetivo hueco y absurdo, y ya está.
    Un abrazo

  9. Vi los westerns cruzados con el horror por televisión en mí epoca de estudiante secundario y son terribles, sin embargo, considero que Ed Wood era peor, jamás terminé Plan B, es imposible pero las dos primeras no dejan de ser unos bodrios.

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