Vidas de película – Jeff Chandler

Aquí tenemos al bueno de Ira Grossel, conocido cinematográficamente como Jeff Chandler, caracterizado de Cochise, el famoso guerrero y caudillo apache antagonista de James Stewart en Flecha rota (Broken arrow, Delmer Daves, 1950), sin duda una de las mejores películas de su carrera, y una de sus interpretaciones más soportables. Porque el amigo Ira, o mejor dicho, Jeff, fue uno de esas colecciones de virilidad, músculos, miradas torvas y ademanes grandilocuentes con el que el Hollywood clásico intentaba impresionar a las jovenzanas -y a más de un jovenzano- que debían abarrotar las taquillas de los cines, y que por lo general nunca superaban los límites del cacho de carne con ojos que transita por delante de la pantalla sin mayor valor, aporte o interés artístico o dramático.

Asiduo a westerns de bajo presupuesto, películas de acción de serie B y filmes bélicos de corto recorrido, Jeff Chandler nació en Brooklyn en 1918, y antes de dedicarse al cine combatió en la Segunda Guerra Mundial -excelente campo de pruebas para no pocas de sus posteriores películas- y fue actor radiofónico y también de teatro. Además, desarrolló un enorme talento para el violín, instrumento musical del que podía considerársele un auténtico virtuoso (quizá el cine ganó un mediocre actor y la música perdió un aceptable violinista, en el tejado o no…; quizá en el cuarto de las escobas…). Y además desarrolló con el tiempo otra afición de la que se terminaría resintiendo su vida personal: al amigo Chandler le gustaba vestirse de mujer. Sí, a este tipo atlético, musculado, con ese pelo corto, casi rapado, de toques blanquecinos, si no directamente canoso, le gustaba vestirse de señora mayor y deambular por casa de esa guisa (Ed Wood no era un caso aislado, ni mucho menos, y menos en Hollywood). Eso le costó no pocos disgustos con su esposa, Marjorie Hoshelle, o con su más conocida amante, la nadadora-actriz Esther Williams, que se fue a practicar natación sincronizada a otra parte cuando se hartó de que él comprara bañadores, albornoces, gorros de baño, toallas y demás infraestructura logística piscinil -si existe el palabro- femenina para sí mismo, sin dejar que ella los catara.

Bueno, en lo que al cine se refiere, que es lo que aquí interesa (aunque lo otro mole más), hay que reconocer que Jeff Chandler fue una víctima de la serie B, especializándose en westerns cutres y películas bélicas para Robert Wise, George Sherman, Jack Arnold, Joseph Pevney, George Marshall o Budd Boetticher, o en maniquí acompañante de bellezas oficiales como Loretta Young, Lana Turner o Kim Novak. Sus títulos más reseñables, además de Flecha rota, son Atila, rey de los hunos (Sign of the pagan, Douglas Sirk, 1954),  A diez segundos del infierno (Ten seconds to hell, Robert Aldrich, 1959), ambas con Jack Palance, Regreso a Peyton Place (Return to Peyton Place, José Ferrer, 1961) y, sobre todo, el excelente bélico de Samuel Fuller Invasión en Birmania (Merrill’s marauders, 1962).

Esta película le proporcionaría éxito y crédito póstumos, puesto que falleció en 1961 a causa de las complicaciones derivadas de una operación de hernia discal. Un personaje tan extraño, tan contradictorio, está claro que no podía tener una muerte normal…

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11 comentarios sobre “Vidas de película – Jeff Chandler

  1. … No sabía los entresijos de la personalidad de Chandler.

    Yo le recuerdo en FLECHA ROTA. A mi hermana y a mí siempre nos atrajeron más los indios (aunque fuesen de mentira, ¿te acuerdas de Burt Lancaster y su peluca en APACHE?) en las películas del Oeste.

    Hace poco le vi en el melodrama, melodramísimo REGRESO A PEYTON PLACE. Y lucía bello y atractivo.

    Besos
    Hildy

  2. Está muy bien, mi querida Hildy, denominarlo como “entresijos”…
    Hay indios en el cine que son de chiste. Como Robert Taylor en su momento, por ejemplo, o Eagle Eyes Cody, que tras toda una vida haciéndose pasar por indio de toda la vida, casarse con una india, adoptar unos hijos indios, aceptar premios por la defensa de los nativos en el cine, y, en suma, hacer el indio en toda ocasión que se le presentara, se demostró que se llamaba Oscar, que era de origen italiano y nacido en Nueva Orleans…
    Besos

    Ya sabes lo que dicen, Manuel: “ancho de espaldas y estrecho de culo, m. seguro…”.
    Empieza como yo, por el sillón-ball; asaí al menos te mentalizas.
    Abrazos

  3. Pues la verdad es que mola este cotilleo sobre los actores .
    Por cierto,recuerdo “Flecha Rota ” como una peli que me gustó.
    Saludicos

  4. Bueno, Carmen, no siempre será tan “morboso”…
    Lo que para mí estropea “Flecha rota” es verla doblada al castellano; eso de que Jimmy Stewart hable como Jesús Puente…
    Saludos

    Vamos a intentar que sea lo más interesante posible incluyendo personajes y personajillos que tengan alguna curiosidad que poder contar. La lista de pendientes crece, y todos de lo más interesantes, creo.

  5. Ese es uno de los actores secundarios que forman parte de una cinefilia incipiente, de chaval que veía en el cine reestrenos -que suerte tuve, sí- que luego, años después, volvía a disfrutar en sesiones de sábado tarde: películas de acción, de tiros, de indios, que iban poco a poco adiestrando el ojo a una forma de contar historias.

    No sé en cuantas películas le vi ni cuantas veces, pero esa foto que encabeza lo hace identificable al instante.

    De lo que no tenía ni idea es de sus hábitos particulares, realmente sorprendentes… 😉

    Un abrazo.

  6. De niño leía a Verne,Salgari,Stevenson,etc.,y me imaginaba a esos caníbales,a esos indios,en fin,a toda la trupe de aborígenes que tanto me fascinaba como en Las minas del Rey Salomón y todas esas aventuras.Pues bien,cuando iba al cine y veía a todos estos tipos, siempre retratados como extraterrestres,me defraudaba porque se notaba de cojones que eran occidentales con peluca imitando al indio o pintados rostros con betún para un canibal o simplemente un aborigen.Sin ir más lejos,vi hace tiempo una película malísima en donde Anthony Hopkins sale de negro,¡venga ya!,con suaves toques en el rostro de betún.Seguro que tú recuerdas la peliculita.Al único que le consiento estas licencias es a Zelig.
    Escribo esto que no tiene nada que ver con tu texto,pero la imagen que decora el post me ha hecho recordar todo esto.Por otra parte,siempre estupendo cualquier recordatorio.Jeff Chandler,¡qué olvidado lo tenía!

    Un fuerte abrazo,amigo.

  7. Paco, me dejas de piedra: ¿quieres decir que Anthony Hopkins no es negro…?
    Toda la razón, amigo. Ahí tienes, por ejemplo, a Al Jolson, el primer judío-negro que habló en el cine.
    Abrazos

    Pues sí, Marcos, porque uno lo ve más próximo a otros “instrumentos”.
    Abrazos

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