La tienda de los horrores – La diligencia 2 (1986)

Esto no se comprende. ¿Hacía falta un puñetero refrito de la obra maestra de John Ford de 1939? Evidentemente, no. ¿Por qué demonios le pusieron La diligencia 2, como queriendo insinuar una continuación de la historia de Dudley Nichols allá donde John Ford la dejó, con John Wayne y Claire Trevor camino de un rancho mexicano, cuando de lo que en realidad se trata es grabar la misma historia, con ligeros cambios, todos ellos pésimos, con ánimo de emitirla en televisión y de hacerle el caldo gordo publicitario a tres músicos de country…? Incógnitas que quizá encuentren respuesta en el responsable último del desaguisado, el televisivo Ted Post, director de diferentes capítulos en distintas series como Colombo y de un puñado de películas entre las que destacan Cometieron dos errores (1968), western con Clint Eastwood, Regreso al planeta de los simios (1970), con Charlton Heston, continuación del célebre filme de ciencia ficción, Harry el fuerte (1973), secuela del Harry el sucio de Don Siegel (1971) o la película pro-guerra de Vietnam La patrulla (1978), con Burt Lancaster y Marc Singer (el guaperas que se enfrentaba a los lagartos de la serie V).

El caso es que este burdo pastiche sigue las líneas generales de la obra de Ernest Haycox que Nichols guionizó para John Ford: un heterogéneo grupo de personas viaja en una diligencia a través del desierto de Arizona en un tramo desprotegido por el ejército y bajo la amenaza de los apaches de Gerónimo, que han cortado los cables del telégrafo y se han puesto en pie de guerra. Se supone que, como el clásico de Ford, la obra debe retratar distintas personalidades, a su vez encarnación de distintas tipologías sociales, que en interacción mutua y continua ante un inminente peligro exponen su compleja psicología, sus diferentes motivaciones y comportamientos ante una situación de riesgo vital, de forma que representan un interesante mosaico humano que revela buena parte de las virtudes y miserias de nuestra especie. El grupo, como ya es sabido, incluye a Lucy, la esposa embarazada de un capitán de caballería con el que va camino de reunirse; Dallas, una prostituta con el corazón roto a quien ha expulsado del pueblo un grupo de mujeres moralistas, un sheriff que recoge a su preso durante el viaje, el conocido forajido Johnny Ringo, un jugador profesional interesado por Lucy, un banquero que ha robado los fondos de su banco… y Doc Holliday, un dentista borrachín (¿Y qué puñetas pinta aquí Holliday…? La idea de la película se supone que es explorar las tensas relaciones entre un grupo tan variopinto, cada uno con su drama y con su quimera, mientras la amenaza de los apaches les obliga a convivir, a transigir y a compartir, hechos que pone también en riesgo el cumplimiento de sus deseos.

Pero no, porque la idea final de la película parece ser la demostración de cómo es posible tomar una obra maestra del cine, despojarla de toda inteligencia, de toda profundidad, de todo atractivo, de todo estilo narrativo, y crear unos personajes de cartón introducidos en un drama forzado y postizo en los que se mezcla sin ton ni son a Doc Holliday, el pistolero y jugador que acompañó a los hermanos Earp en el famoso tiroteo del O.K. Corral de Tombstone de 26 de octubre de 1881 que ya reflejaron en el cine, entre otros, el propio Ford o John Sturges (por dos ocasiones). La película huye acertadamente de la imitación, renuncia a buscar la magnificencia en los exteriores de Monument Valley, las complejas y meritorias tomas de Ford en los espacios abiertos, y su brillante ejercicio de estilo narrativo, porque Post es consciente de que no es ningún genio. Intenta, por el contrario, profundizar en los personajes, incrementar la complejidad de sus relaciones, en ocasiones incluso alterando los personajes originales o sus historias, y al mismo tiempo dotar de igual protagonismo, casi casi medido en minutos, a las tres figuras de la música que promociona: Kris Kristofferson (el pistolero Ringo), Johnny Cash (el sheriff) y Willie Nelson (Holliday). Solo que los personajes carcecen del carisma y la profundidad que sabían otorgarles los miembros de aquel inmortal plantel (que incluía a Thomas Mitchell, John Carradine, Andy Devine o Donald Meek), aquí planamente emulados por Anthony Franciosa o Elizabeth Ashley, no hay diálogos de entidad, las situaciones carecen de tensión, y la amenaza india no está reflejada con la atmósfera de acecho y peligro que sería deseable para creernos la situación desesperada de los pasajeros de la diligencia. No hay tomas de mérito, no hay apenas lenguaje visual… No hay nada excepto grandilocuencia expresiva, solemnidad pretenciosa, la ridiculez intrínseca de Willie Nelson y sus melenas en una mixtura de pistolero-dentista-jugador-médico sin definición (no sé sabe qué aporta al guión el hecho de que encarne a Holliday; podría encarnar a Buffalo Bill, Billy el Niño, Calamity Jane o al perro pulgoso y no alteraría para nada la planicie de las relaciones que establece Post), un inexistente trabajo de cámara, un metraje no exento de incríbles pifias de montaje (tomas montadas al revés, puertas abiertas a lados distintos según la toma, sombreros que cambian de posición, personajes que entran y salen por lugares diferentes…)  y unas interpretaciones que van de lo irrelevante a lo penoso, siendo, curiosamente, Johnny Cash el que más airoso sale.

Tan desastroso es el refrito, que más allá del título, de la situación principal y de varios escorzos de guión, cuesta reconocer que esta cosa tenga algo que ver con La diligencia de Ford. Si, como dijo Orson Welles, aprendió a hacer cine viendo una y otra vez la película de John Ford y le salió Ciudadano Kane, es fácil pensar que si hubiera visto esta versión, en vez de al cine, se hubiera dedicado a los derribos o al gremio de la chatarra. Algunos momentos memorables, como el encuentro de Ringo con la diligencia, los requiebros amatorios del jugador a Lucy, el parto que debe atender el médito borrachín, la progresiva atracción de Ringo y Dallas o la salvación final de los viajeros con la carga de caballería son rodados con piloto automático, desposeídos de magia y encanto, privados de su poder de fascinación. Si de algo sirve La diligencia 2 es de demostración de que el solo uso de la técnica no hace el cine, y de que los grandes maestros del pasado, del gran periodo del cine, surgieron gracias a una conjunción de elementos personales, culturales, intelectuales y artísticos que se han ido perdiendo con las décadas y que, vistas las actuales carteleras, llevan, en su mayor parte, camino de volverse irrecuperables.

Acusados: todos

Atenuantes: …

Agravantes: el sacrilegio

Sentencia: culpables

Condena: atropello, rodillo, apisonadora, martillo pilón…

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12 comentarios sobre “La tienda de los horrores – La diligencia 2 (1986)

  1. ¡Dios mío! pero de ¿dónde sacas estas ‘joyas’? Tu labor de arqueólogo cinematográfico se extiende para buscar un nutrido surtido para la tienda de los horrores… Son a veces tan increíbles tus propuestas (como esta que reseñas) que hasta te entra el gusanillo de ver tal obra cinematográfica y sumergirse también en la tienda de los horrores. Desde luego en esta La Diligencia 2 (se mataron con el título, ¿eh?) llama la atención el extraño casting de estrellas que puebla la función…

    … lo del perro pulgoso me ha llegado al alma… Y lo del maestro del derribo y la chatarra ni te cuento…

    Besos
    Hildy

  2. Es verdad, mi querida Hildy, a veces hay que verlo para creerlo. Esta la había visto una vez, de joven, poco tiempo después de su estreno, vista en televisión, y la he reencontrado hace poco, por casualidad. Lo mejor de esta sección es que no tiene fin; lo peor, mi factura del psiquiatra…
    Besos

  3. Sí,sabía de este engendro del demonio,amigo.Casablanca 2.La jungla de asfalto 2.La reina de África 2. Vértigo 2…todo llegará.Fíjate con Psicosis.He oído que se está preparando Encadenados 2,no es broma,y también Con la muerte en los talones.Pero no pasa nada,de verdad.Todo esto queda para las tiendas de los chinos.La diligencia 2,qué ocurrencia.Malditos centauros, de las oficinas de Hollywood,del desierto mental.

    Buen finde

  4. Las malditas secuelas, amigo Francisco, cerebros demasiado secos de ideas o demasiado licuados por el dólar, falta total de creatividad y de imaginación. “Casablanca” ha intentado continuarse o rehacerse muchas veces, pero los proyectos siempre han naufragado antes de empezar, más allá de copias como “Habana”, de Pollack.
    En fin, espero vivir lo suficiente como para no ver esos engendros que aventuras.
    Abrazos (un finde un poco lluvioso: tengo aparcada la góndola en la puerta de casa por si acaso…)

  5. Mira,otra.Tú en una góndola,sería una película titulada Anónimo veneciano 2.Yo aquí con viento,grisalla de cojones,impresionismo alemán y neorrealismo en el alma.Mi película sería El gabinete del doctor Caligari 2.

    Un fuerte abrazo

  6. No sé, más bien sería “Amenaza en la sombra 2”, aunque en lugar de un espectro-niña de chubasquero rojo sería una mole de metro noventa, una especie de Caperucitón, y la amenaza sería de atropello…
    Yo te veo el alma más bien socarrona -o so cabrona, depende del momento- del viejo zorro Wilder…
    Abrazos

  7. ¡Qué horror! ¿Cómo se te ocurre ponerte a ver esas cosas, Alfredo? Temo por tu salud….
    Lo único interesante, por lo que te leo, es dedicarse a contar las pifias y barbaridades y aún así hay que echarle valor… 🙂
    De condena añadiría que sean arrastrados por los caballos en el desierto por un lugar donde los cactus sean abundantes, para escarmiento de futuros….

    Un abrazo.

  8. Pues si haces las cuentas, te salen unas cuantas, aunque lo peor es asistir a cómo una historia potente y que da para tanto se convierte en un telefilme barato sin apenas trascendencia.
    Apunto tu sugerencia como pena complementaria.
    Un abrazo

  9. Aisfl, Alfredo…!

    ¡Cómo duele tener que darte la razón en relación a un (sub)producto que incluya a Kristofferson, Nelson y Cash!

    Evidentemente se trataba de promocionar la colaboración que estos tres gigantes acababan de iniciar con el recién publicado primer disco de los “Highwaymen” (con Waylon Jennings), aunque desde luego el vehículo elegido para hacerlo no fue el mejor.
    A esta colaboración en el terreno musical le ocurre algo similar que a la unión cinematográfico-televisiva, y es que se halla bastante alejada de los niveles de calidad e intensidad que los tres intérpretes demostraron en años (décadas incluso) pretéritos y de los que, sobre todo Johnny Cash, mantendrían en solitario en años posteriores.

    En fin… Que los años 80 no hicieron demasiado bien a muchas disciplinas artísticas, y especialmente a determinados géneros dentro de ellas: el “western” en el cine y el “country” en la música, son un evidente ejemplo…

    Afortunadamente, a nadie se le ocurrió aprovechar la alianza de los “Travelling Wilburys” para recuperar (o lo que sea, fuera o fuese), por ejemplo, “Ladykillers”… Aunque visto el resultado de la combinación de fuerzas Coen-Hanks, quizá ver a Roy “Lefty Wilbury” Orbison haciendo el papel de Sir Alec Guinness hubiera tenido un puntito…

    Un abrazo!
    Estamos “on the road again”!

  10. Pues es que ya lo dicen: los experimentos, con gaseosa.
    Hubiera preferido ver esa alternativa que propones, desde luego.
    Los ochenta son un fenómeno que se debería estudiar… para no repetirlo.
    Abrazos

  11. Pues sí, pero era un trabajo meramente promocional. Es como si Springsteen, cuando sacara un nuevo disco, lo pusieran a protagonizar un remake de “Raíces profundas”. Aunque, me atrevo a vaticinar, tendría mayor y mejor presencia que Alan Ladd…
    Abrazos

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