Vidas de película – John Gavin

Este guaperas es John Anthony Golenor, conocido para el cine como John Gavin, californiano nacido en 1928, y esposo de la también actriz Constance Towers. Pero no se limita a ser otro busto parlante que haga poses ante la cámara, porque John Gavin es también un cerebrito. Experto en Historia Económica de Hispanoamérica, ex profesor de la Universidad de Stanford y ex miembro de la marina de los Estados Unidos, en los años 80 fue nada menos que embajador de su país en México, lugar de nacimiento de su madre (su padre era irlandés), por lo que domina el español a la perfección.

Su carrera no es demasiado extensa porque siempre la intercaló con sus estudios y sus ocupaciones intelectuales y académicas, además de con la participación en algunas series televisivas durante los años sesenta (los rodajes en los platós de televisión le resultaban más compatibles con su agenda académica que los viajes y los compromisos de sus proyectos cinematográficos), pero atesora un buen puñado de títulos notables, por ejemplo, la dupla con Douglas Sirk, Tiempo de amar, tiempo de morir (A time to love and a time to die, 1958) y el remake Imitación a la vida (Imitation of life, 1959), que pasa por ser uno de los mejores melodramas de la historia del cine, aunque un poco pesadito y tontito para quien escribe.

Además de algún papel en películas menores con Katharine Hepburn o Julie Andrews, lo más sobresaliente de John Gavin en los sesenta fue su aparición, pecho-lobo de por medio, en Psicosis (Psycho, Alfred Hitchcock, 1960) y como un joven Julio César, protegido de Graco (Charles Laughton), en Espartaco (Spartacus, Stanley Kubrick, 1960). Tras varios años retirado de la pantalla, protagonizó en México Pedro Páramo (1967), adaptación de la obra de Juan Rulfo, y después cambió definitivamente el cine por su otra profesión, la de diplomático en la tierra de su madre.

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16 comentarios sobre “Vidas de película – John Gavin

  1. Je, je, je… ¡Tú me provocas vilmente! Y yo escondo mis lágrimas como buena melodramática o afilo mis uñas (que también hay melodramáticas exasperadas que lo hacen)… Ahhhh, “un poco pesadito y tontito”, eso me ha dolido en el fondo de mi armaaaa… Imitación a la vida, desmelene emocional y artístico de Sirk… Menos mal que nada me dices de esa drama bélico intimista que es Tiempo de amar, tiempo de morir (cómo me gusta este título).

    Ahhh, y John Gavin bellísimo… Interesante vida. Y casado con una de las musas de Fuller… Ay, amigo, qué sección, qué sección adictiva…

    Besos de la dama melodramática bien peinada (nada más lejos de la realidad… yo a la peluquería una vez al año… y porque hay que cortarse un poquillo el pelo) y con un pañuelo secándose las lágrimas…

    Hildy

  2. Mi querida Hildy, reconozco que escribí eso justamente para picarte… Mil perdones.
    La diferencia, favorable creo yo, de “Tiempo de amar, tiempo de morir” (coincido contigo en lo del título) e “Imitación a la vida” es justamente el contexto. Uno provoca melodramas y lo que haga falta, funciona como fuente detonante del planteamiento y también de su conclusión, entre un abanico de posibilidades abierto en el que el destino pesa tanto o más que el azar y mucho más que la propia vida; el otro es caprichoso, forzado, incluso banal. En esos melodramas “sentimentales” de Sirk (ya sabes lo que opino, en general, de algunos de ellos) hay comportamientos tan bochornosamente anárquicos e ilógicos, tan pasionalmente vacíos, de los que se arreglan con un buen tortazo (hablo de las crías de “imitación a la vida” en particular en este punto), que no puedo dejar de sentir que me llevan por un camino deliberadamente artificioso. O sea, que aprecio el “desmelene artístico de Sirk”, pero no el emocional porque no me lo creo.
    Pues aún hay otra nota interesante en Gavin que no he puesto aquí, y que viene al pelo de los 50 años de Bond: pensaron en él cuando George Lazenby se descalabró como 007. Llegó hasta a firmar el contrato. Pero, finalmente, todo se malogró.
    No me hables de pelos y peluquerías: cuando era más joven, pedía hora; ahora, cuando voy, pido cinco minutos, y pido disculpas.
    Besos coloristas y lacrimógenos

  3. No me acordaba de su intervención en Psicosis, Alfredo, lo que demuestra que hace demasiado que no la repaso y que mi memoria no es como quisiera, aunque recuerdo la noticia de su nombramiento como embajador.

    Un caso clarísimo de poca vocación artística, porque con su talento hubiera podido trabajar bastante más.

    Resulta reconfortante comprobar que hay quien huye de la fama y prefiere una vida tranquila para estudiar. 😉

    Un abrazo.

  4. Imagino que, como todo buen embajador que se precie, en las fiestas servirían Ferrero-Rocher…
    Ya sabes, el saber no ocupa lugar. Y si te pegas la vida padre en México, mejor aún.
    Un abrazo

  5. Pues sí, Raúl. Para que luego digan eso de que la guapura y la inteligencia no casan juntas. Claro, que a la mayoría no nos ocurre; incluso puede que no nos ocurran ninguna de las dos cosas…

  6. Pues puedo confirmarte que era republicano. De hecho, fue nombrado embajador por Ronald Reagan, ya sabes, de actor a actor, y estuvo en el cargo cinco años, de 1981 a 1986 (y algo polémico, porque tuvo cierto incidente con agresiones con un periodista o algo así). Luego se dedicó a los negocios Norte-Sur de la frontera -muy lucrativos en ambas direcciones, y no siempre muy limpios- y a promover causas civiles entre USA y México.

  7. ¿Diplomático en la tierra de su madre? ¿No será en una gasolinera ubicada junto a una carretera y a la falda de una colina cuya cresta ostenta una casa gótica? O ¿perdido por los páramos de Rulfo creyendo estar vivo?Es broma,amigo,solo es un juego literario,para otro actor fugaz que intervino en algunas películas inolvidables.

    Abrazos

  8. Seré yo muy rarita pero a mi este guaperas como que no me gusta nada.
    Me gusta esta sección de “Vidas de película” me he reido un montón con todos los coments anteriores.
    Saludicos

  9. No creo que seas tan rarita. A mí tampoco me gusta…
    Intento buscar vidas de estas que den algo de juego, o que tengan chascarrillos, curiosidades… Con las estrellas de hoy no se podría, no valen ni para eso.
    Saludos

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