Vidas de película – Richard Quine

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Richard Quine (Detroit, 1920 – Los Ángeles, 1989) es un cineasta de mil caras distintas. Productor, guionista, director y también, en su niñez, actor (en títulos como Jane Eyre, de 1934), reúne una carrera irregular pero muy interesante.

Su salto a la dirección se produjo en 1948, el mismo año de su divorcio de la actriz Susan Peters. Sin embargo, su mejor época tras la cámara tuvo lugar en los cincuenta, con títulos como la fenomenal cinta negra La casa número 322 (1954), con Fred MacMurray y Kim Novak, el musical Mi hermana Elena (1955), interpretado por Jack Lemmon y Janet Leigh, y escrito junto a su primer mentor, Blake Edwards, algunas de cuyas señas de identidad como director incorporó Quine a su estilo como cineasta, Un cadillac de oro macizo (1958), Me enamoré de una bruja (1959), de nuevo con Novak, Lemmon y James Stewart, y La indómita y el millonario (1959), en la que Jack Lemmon sufre en el reparto a Doris Day.

Richard Quine, enamorado hasta la desesperación de Kim Novak, con la que trabajó en varios títulos, se casó en los años sesenta con otra actriz, Fran Jeffries, y en esa década dirigió títulos como Encuentro en París (1964), con Audrey Hepburn, William Holden y Tony Curtis, La pícara soltera (1964), con Henry Fonda, de nuevo Curtis, Natalie Wood o Lauren Bacall, o Cómo matar a la propia esposa (1965), otra vez con Lemmon, aunque sus películas más recordadas de aquella década son El mundo de Suzie Wong (1960), con el protagonismo de William Holden y Nancy Kwan y, sobre todo, la obra maestra Un extraño en mi vida (1960), con Kirk Douglas y una Kim Novak que nunca ha estado mejor, artísticamente hablando.

Desde los 70 trabajó principalmente en la televisión, dirigiendo, entre otras cosas, varios capítulos de la serie Colombo. En 1979 dirigió a Peter Sellers en la fallida parodia El estrafalario prisionero de Zenda.

Richard Quine se suicidó de un disparo en 1989, a los 68 años.

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7 comentarios sobre “Vidas de película – Richard Quine

  1. Dar un vistazo a Me enamoré de una bruja o Un extraño en mi vida, es darse cuenta de que Richard Quine estaba enamoradísimo de su musa, Kim Novak. Que surge en ambas como una mujer-ideal que parece inalcanzable pero él en sus dos películas la convierte en mujer terrenal.

    Sí sus dos melodramas me gustan mucho y sus comedias no me hacen reír a carcajadas pero me parece que muestran hallazgos interesantes (aunque todavía me quedan por ver) y reflejan un mundo especial.

    La que tengo muchas ganas de ver es La casa número 322.

    Triste final.

    Besos
    Hildy

  2. Y yo diría incluso más, Celebes, puesto que aquella relación no estaba hecha por orden jerárquico… Es que, las cosas como son, en la película es irritante, insoportable…

    Pues creo que la disfrutarás mucho, mi querida Hildy, es cine negro canónico pero con una presencia espectacular. Y MacMurray, pues sin llegar a lo de “Perdición”, pero casi.
    Besos

  3. A Quine siempre le he adorado por muchas cosas.Una de ellas porque iba,como bien dices,de cabeza tras la Novak ¿y quién no? Yo estaba enamorado de ella y una vez me dijo que era un extraño en su vida.Se desmelenó,se puso una joya en el ombligo y se fue con Dino. Quine tuvo la enorme suerte de trabajar con grandes actores y actrices en sus películas. Cuando era niño vi por la tele una película de él: Cómo matar a su propia esposa. A través de ella me puse a dibujar viñetas un tanto cínicas sobre lo que veía en el cole y en casa. A esta peli le tengo un especial cariño, pura comedia,con guión brillante,ingenioso y cínico,brillante dirección y magistral interpretación de Lemmon,que por cierto,cada vez nos vamos pareciendo más a él,bueno,a la mayoría de los papeles que interpreto del ciudadano mediocre, y después está Blake Edwards…

    Un fuerte abrazo

  4. Efectivamente, Paco, los personajes de Lemmon como hombre común se, además de estar pegados a la realidad de su tiempo, fueron tremendamente precursores de lo que nos aguardaba. Qué agudeza la suya y la de quienes escribieron sus personajes, por ejemplo, Wilder y Diamond.
    Abrazos

  5. Vale, vale, vale…entiendo ahora por qué Fran Jeffries está tan espectacular en “La pícara soltera” Y también se nota en “Me enamoré de una bruja” que él mismo estaba hechizado por Kim Novak. De hecho, la cámara no enfoca a Novak, le hace el amor. Abrazos.

  6. Bueno, eso es un topicazo, una exageración. Ella está mucho más espectacular, por ejemplo, en “Un extraño en mi vida”, porque no se trata ya sólo de físico, sino de saber dotar a su personaje de una dimensión compleja que le hace ganar en interés y atractivo. Un abrazo.

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