Diálogos de celuloide – El nombre de la rosa (1986)

El nombre de la rosa_39

Qué pacífica sería la vida sin amor, Adso. Qué segura. Qué tranquila… Y qué insulsa.

Der Name der Rose. Jean-Jacques Annaud (1986).

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10 comentarios sobre “Diálogos de celuloide – El nombre de la rosa (1986)

  1. ¿Y esto? déjame adivinar algo “amoroso” te ha pasado. O “desamoroso”. ¡Con lo científico que tú eres!
    El caso es que tiene mucha razón el diálogo. El amor o lo que imaginamos como amor, puro egoísmo, supera hasta al sexo como motor o como ilusión de nuestra vida.
    Cuando vi “El nombre de la rosa” en el 88, con 13 años, fue brutal. Me impactó lo desolado de la abadía entre la nieve, la magnifica abadía-fortaleza y lo real que parecía la miseria material y cultural de los aldeanos y la de los propios monjes, la oscuridad y lobreguez de todo aquello…Menos mal que el franciscano Guillermo de Baskerville iluminaba todo aquello interpretado por el gran Sean Connery.

    1. Bueno, varias cosas. La primera, que de mi vida privada no hablo… Sin que me paguen… Por otro lado, ¿debo interpretar lo de “científico” como un halago? ¿Una especie de Punset de los blogs de cine o más en serio…?
      No estoy muy seguro en identificar el amor, si es que existe, con el “egoísmo puro”. Habría mucho que comentar ahí, porque si es egoísmo puro entonces igual no es amor, sino deseo, obsesión, posesión, etc. En fin, no entremos en eso. Quizá es en todo caso la ilusión más intensa de nuestra vida, pero desde luego no supera al sexo como su motor más eficaz. El sexo está en todas partes, es, junto con el dinero (si es que no son en cierto modo lo mismo) los dos pilares fundamentales de nuestra cultura social: lo invaden todo, lo condicionan todo y deciden qué existe y qué no, y cómo. Obviamente, el amor no consigue eso.
      Pasando a la película, dándote la razón en lo que dices, no obstante viene estropeada por el final, demasiado “hollywoodiense”. En la vida a menudo ganan los malos. En la Historia, y en la Iglesia sobre todo, han ganado casi siempre.

    1. Hombre, claro, a Guillermo le pierden dos cosas: primera, que como trasunto medieval de Sherlock Holmes conserva esa parte del personaje que lo hace poco proclive a las alegrías del corazón y del bajo vientre. Segunda, que es franciscano y medieval, y que no puede mantener según qué discurso… excepto entre líneas. Esto está más patente en el libro que en la película, claro. A la hora de la verdad, absuelve a Adso, que es de lo que se trata. ¿La pasión un pecado? Habría que ser gilipollas…

      1. Pues sí, al menos es como yo lo veo. A la película la pierden, en cambio, los subrayados. La comparativa paralela del episodio sexual de Adso, se supone que por gusto, y el frustrado coito con el cocinero a cambio de un corazón de vaca, lo cual no deja de ser prostitución -mutua-, creo que empaña un poco la cuestión, en vez de aclararla. Pero creo que en lo que a Guillermo respecta, cabe otorgarle un amplio conocimiento de la condición humana, mayor que el de la panda de feos (es la película con más feos de la historia) que lo rodean…

  2. Penitenciagite, Alfredo, penitenciagite… Y buenos días, claro. Siempre me ha parecido esta peli (que me encanta) uno de los mejores ejemplos, aun con esos excesos y concesiones a los que bien apuntas, y que no se pueden obviar, de la posibilidad de aunar, en el cine, calidad y comercialidad, reflexión y entretenimiento, que un producto fílmico no tiene por qué ser monocorde. En cuanto a los frases, no soy yo muy de citas, pero he de confesar que, con ésta en particular, siempre he comulgado (dicho sea sin segundas…) a pies juntillas. Así es, si así os parece…

    Un fuerte abrazo y buen fin de semana.

  3. Ya en su día no me gustó mucho la novela,quizá,demasiado sobrevalorada,aunque sea la mejor novela de Eco,porque las demás no hay quien las lea.La película tampoco me gustó mucho.Bien ambientada y todo eso,y bla bla bla…Un James Bond con capucha medieval o un Sherlock Holmes entre curitas.

    Abrazos mil

    1. Jo, qué severo…
      A mí de la novela no me interesa, o no especialmente, la cuestión criminal, sino todo el follón pseudo-religioso del politiqueo sacro, que en el siglo XIV no se diferencia mucho de lo que fue antes o de lo que ha sido -y es- después. Cuando era más joven era al revés, pero ahora no. Y bueno, las referencias y todo eso.
      La película, como digo, me parece estropeada al final, pero no está tan mal, hombre….
      Abrazos

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