Música para una banda sonora vital – La huella (Sleuth, 1972)

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La juguetona melodía que John Addison compuso para La huella (Sleuth, Joseph L. Mankiewicz, 1972), además de abrir una partitura que obtuvo una nominación al Oscar, sintetiza a la perfección el espíritu de la obra maestra que el espectador va a disfrutar a continuación, acentúa su carácter teatral y lúdico, y apela a la complicidad y al humor del público para el pleno disfrute del duelo de astucias y malicias que protagonizan el millonario autor de novelas de misterio Andrew Wyke (Laurence Olivier) y el peluquero Milo Tindle (Michael Caine). Todo ello bajo la sabia dirección de Mankiewicz en la que fue su última película (falleció veinte años más tarde).

Una pizca de esa sabiduría se demuestra en los créditos iniciales, con la música de Addison acompañando las deliciosas maquetas que representan pasajes de los crímenes que Wyke narra en sus novelas, todas ellas sin excepción, de títulos enrevesados y exóticos. Un comienzo que es ya toda una escena en sí mismo, un aviso para navegantes. Una película cuyo primer visionado es una de las más grandes experiencias cinematográficas a las que puede entregarse un espectador.

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12 comentarios sobre “Música para una banda sonora vital – La huella (Sleuth, 1972)

    1. Pues comparto tu entusiasmo, y en los mismos términos de tu artículo, en su totalidad. Sin llegar a los extremos que cuentas, claro (de momento no me he grabado audios ni nada…). Yo le dediqué una de mis 39estaciones en papel, hace ya un par de años largos, e incluso el correo electrónico de esta página, por el que me comunico con quien tienen a bien escribir, es mi pequeño homenaje al tercer protagonista de la película.

  1. Cómo me gusta cuando los créditos son otra pequeña obra aparte…

    No recordaba los de LA HUELLA… Ni su música. La mezcla de ambos dos ya dan el tono de la película… y ya empieza el despiste del espectador, despiste maravillosamente llevado… para sorprenderte y volverte a sorprende en cada instante. Qué historia le van a contar. Qué es representación, qué es real. Dónde empieza el juego, dónde termina… Y ya la música preludia que va a ser un ‘juego’ no sólo bien construido sino muy pero que muy entretenido. Y que nada es tan fácil como parece…

    Y me han provocado (además de tu texto, como siempre… claro) unas tremendas ganas de volver a ver la película…

  2. Mi querida Hildy, qué colofón tan lírico a tu comentario… Ay, los besos que se escapan: eso te da para otro diccionario cinematográfico…

    “La huella” es de mis favoritas forever & ever. Despierta mi yo siniestro y juguetón, mi lado criminal, mi Poirot-Ustinov interior, mi hora del té con Miss Marple y un poquito de cianuro. Eso, hasta que vi en el teatro una adaptación hispánica, con Agustín González -bien, muy correcto y talentoso- como Wyke y ¡¡¡Andoni Ferreño!!! como Tindle… El horror, el horror… Daban ganas de que Wyke lo pasaportara en tiempo récord… En todo caso, “La huella” es de esas que vuelvo a ver a menudo.

    Besos sin escapatoria
    PD: acabo de empezar a meterle mano a las andanzas de Saul Karoo; ya te contaré…

  3. ¡Fantástico! Además de la espléndida película. A eso le llamo yo una despedida. Me gustaría escribir sobre esos directores que se despidieron del cine de una manera magistral,y,tambien los que lo hicieron de manera patética. Y otros que murieron sin esperarlo y dejaron cosas a media. ¿No te parece interesante?
    Otra cosa: Laurence Olivier nunca estuvo entre mis actores favoritos. No me gusta ni el Rebeca del gordo genial. Pero sin embargo, al final de su carrera lo encuentro excelente,como por ejemplo,haciendo de dentista nazi en Marathon man o En la huella. En fin, quedamos y hablamos hasta por los codos de cine.

    Abrazos mil.

    1. Hay un libro de T&B, mi querido Paco, titulado “Las últimas películas de los grandes maestros”. No sé si lo conoces, pero no está mal. Eso sí, tira más bien por los geniales, no por los patéticos. Miliki, ya tú sabes…
      Estoy bastante de acuerdo contigo en relación con Olivier: sus mejores papeles eran esos de tipo clasista y antipático; vamos, en los que no tenía que actuar. La mayoría de esos personajes se agrupan en su final; afortunadamente, no lo vimos como Vito Corleone, tal como pretendía el estudio, y Marlon Brando se impuso.
      Ya nos tomaremos unos cuantos caféses, reales o virtuales…
      Abrazos

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