La tienda de los horrores – Yo quiero ser torero

A petición de Francisco Machuca, su mayor -y único- fan.

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¿Es posible que una película sea abominable en absolutamente todos sus extremos? Lo es. La primera y, afortunadamente, única, incursión del gran payaso Miliki en la dirección es este especimen que cuenta con el protagonismo del Dúo Sacapuntas, nefasta pareja presuntamente cómica popularizada por el famoso concurso Un, dos, tres en sus últimas etapas y que durante ochenta minutos campa por el mayor despropósito concebible en imagen, sonido, interpretaciones, argumento, humor, y en cualquier otro aspecto concebible y admisible por mente humana mejor o peor dotada.

Es tal la dimensión catastrófica del engendro, que quien escribe carece por completo de capacidad de análisis -ni de estómago- para enfrentarse a semejante subproducto y salir cerebralmente indemne (en caso de que lo esté antes de verla). Cúmulo de gags y secuencias de presunta comicidad sin orden ni concierto, y sin tratamiento dramático alguno más allá de la débil premisa inicial (dos maletillas contratados para torear a Superman, toro bravo que ya se ha cargado a una veintena de temerarios, durante las fiestas de un pueblo), esta película convierte a Chiquito de la Calzada en puro Shakespeare, y a Miliki, como director, lo equipara con el inventor de la bomba atómica -intestinal, en este caso-. Nada puede ser peor en este mundo, cinematográficamente hablando, que tragarse la minutada entera sin descansos, sin alcohol y sin drogas.  El ratón de Susanita se suicidó, sin duda, lanzándose a las aspas del ventilador cuando comprobó lo que su inventor era capaz de hacer. Si hace un tiempo ya recogimos aquí lo que Emilio Aragón daba de sí como protagonista de cine de acción, no perderse -mejor sí- en qué estaba metido su señor padre por la misma época.

Es el misil definitivo, el horror sublimado, el pestiño por antoniomasia, el cagarro superlativo. Inigualable, impensable, irrepetible ni siquiera intentándolo a conciencia. Después de esta lamentable colección de imágenes y audios, para el que no existen calificativos ni condenas suficientes, esta sección no tiene más remedio que cerrar.

Pero, ¿por qué tengo que sufrir yo solo? Aquí está para todo masoquista de la red que sepa apreciarla en su justa medida: