La tienda de los horrores – Latitud cero (Ido zero daisakusen, Ishirô Honda, 1969)

latitud_cero_39

La verdad es que, a pesar de lo anunciado, no hemos tardado mucho tiempo en encontrar otra obra digna de engrosar la galería del horror que atesora esta escalera y que hace las delicias de niños y grandes. En esta ocasión, se trata de Latitud cero (Ido zero daisakuse, 1969), cagarro fílmico producido por los “prestigiosos” estudios Toho con colaboración norteamericana, y que viene a sumarse a la copiosa trayectoria cinematográfica de Ishirô Honda, plagada de monstruos de esponja y felpa, Godzillas de cartón piedra, luchas de simios gigantes y demás cine fantástico con criaturas más o menos recreadas de forma vergonzosa, que amenazan a la humanidad. Tal es el desastre de las películas de Honda que, a su lado, incluso cosas como Humor Amarillo rozan la sofisticación y la altura intelectual.

Aquí la cosa empieza en plan Julio Verne para terminar en puro delirio que mezcla el tebeo de ciencia ficción con las marionetas a lo Barrio Sésamo: unas erupciones volcánicas subacuáticas en un perdido enclave del Pacífico malogran una misión científica de forma que los tres tripulantes del vehículo submarino, el científico japonés Ken Tashiro (Akira Takarada), el francés Jules Masson (Masumi Okada; sí, un japonés interpretando a un francés…), y un periodista americano, Perry Lawton (Richard Jaeckel), tienen que ser rescatados por un increíble sumergible atómico, enorme (no hace falta instrumental para detectarlo; basta con buscar un bulto enorme bajo el agua), vertiginosamente rápido, comandado por un extraño personaje, Craig McKenzie (Joseph Cotten), una especie de Nemo posmoderno. El tipo en cuestión se lleva a los tres científicos a un mundo ideal que han creado bajo el agua pero dentro de una burbuja de aire que permite recrear un espacio puramente terrestre, con edificios futuristas, flores silvestres, llanuras de césped, lagos cristalinos y amplias explanadas y espaciosas avenidas asfaltadas, puro cartón y papel pintado que canta a mil kilómetros, pero…. Todo muy de ciencia ficción excepto la ambulancia, típico vehículo japonés de los sesenta, que recoge a los heridos que precisan atención médica.

El caso es que McKenzie ha reunido allí a una gran cantidad de científicos y pensadores, dados por desaparecidos en la superficie, que andan ideando nuevos inventos que aseguren el progreso y el bienestar de la humanidad. Su antagonista, el malo maloso, no es otro que el Doctor Malic (César Romero, tan pizpireto y ridículo como siempre), acompañado de su fiel Lucretia (Patricia Medina), pareja de abuelos que parecen sacados de Benidorm, que atosiga y combate a McKenzie allí donde va, en todo lo que se propone por el bien de sus semejantes “terrestres”. Como no puede ser de otra forma, la cinta deambula en sus inicios por la perplejidad de los rescatados ante el descubrimiento de nuevas tecnologías y mejores formas de vivir, por un mundo en paz y armonía propio de Bob Esponja, para después centrarse en el enfrentamiento de McKenzie y Malic cuando éste secuestra a un científico y a su hija, ambos de viaje hacia el paraíso burbujeante del primero. Esto lleva a un combate final en el que Cotten y los suyos, ataviados como chicas-burbuja de navideño anuncio de bebida espumosa, asaltan la guarida de Malic, el cual se defiende con ayuda de sus “criaturas”: unos abominables hombres-murciélago que parecen hechos con un mocho y una mopa, y un león alado que presenta el aspecto de unas zapatillas de estar por casa inundadas de borretas de las que se acumulan bajo la cama. Los “exteriores” donde tienen lugar los combates (las chicas-burbuja disparan con sus guantes, por supuesto, apuntando con los dedos…) no son mucho mejores: rocas de plástico, bochornosas reproducciones a escala y chirriantes efectos de sonido que convierten a Luis Cobos en una delicia para los oídos. Por supuesto, los buenos ganan, los malos pierden, y cuando el periodista regresa al mundo real y es rescatado por la marina, asistimos a un desenlace propio del sobrino tonto de Mark Twain.Tamaño despropósito sólo resulta explicable desde la óptica japonesa del gusto por la ciencia ficción chabacana y cutre, por los monstruos que atacan a la humanidad, vengan de donde vengan, y por el riesgo del fin del mundo. Especialmente lamentable es la inclusión en el reparto de Joseph Cotten, al que da vergüenza ajena ver diciendo según qué cosas y luciendo según qué modelitos, más como si fuera un apuesto señor mayor gay en las noches locas de Ibiza que como encarnación del espíritu futurista de la ciencia ficción. Romero está igual de impresentable, pero le pega más. En cuanto al estilo, o lo que sea, de la película, destacan los planos como el que se muestra en la fotografía, esa pose colectiva ante el cuadro de mandos de los distintos submarinos, que Honda utiliza hasta la saciedad, como si los personajes estuvieran sentados ante una ventana que mostrara el fondo del mar, mirando directamente a cámara, moviendo mandos aquí y allá, poniendo cara de merluzos e intercambiando un catálogo de estupideces pseudotécnicas, acompañados de mucha fanfarria musical y tensión de baratillo, en secuencias irrisorias de una trama absurda y risible. Ver trotar a los personajes embutidos en amarillo achampanado entre rocas de plástico y cartón tampoco ayuda, y el desenlace final, el “despertar del sueño”, viene a confirmar la tomadura de pelo.

Con todo, los patéticos diálogos, especialmente las conversaciones Romero-Medina, pero en general todo lo que contiene la jerga supuestamente técnica que manejan los personajes, y sus patéticos intentos por transmitir alguna tensión narrativa o emoción dramática, continuamente cortados de raíz cada vez que asoma cualquier bicho peludo construido con los restos de alguna alfombra del rastro, invitan a disfrutar de unas buenas risas colectivas si la película se ve en grupo, con o sin consumo de alcohol. Pero ni eso salva a este despropósito bochornoso, del que imaginamos que Cotten debió renegar en cuanto pisó el plató, si es que no era él el que iba cargado de alcohol hasta las uñas de los pies.

Acusados: todos

Atenuantes: ninguno

Agravantes: los monstruos; de verdad que pocas veces se habrá visto en la pantalla semejante colección de basura

Condena: culpables

Sentencia: supositorios de arenque por vía rectal

Anuncios

16 comentarios sobre “La tienda de los horrores – Latitud cero (Ido zero daisakusen, Ishirô Honda, 1969)

  1. ¡NOOOOOOOOOOOOOO! ¿Qué hace en un cagarro fílmico mi Joseph Cotten? Qué disgusto… me acabas de desvelar… Le veo con ese traje dorado y no salgo de mi asombro… ¡NOOOOOOO!

    Besos desesperados
    Hildy

    1. Pues me temo que sí, mi querida Hildy: trastorno mental transitorio o el hambre, que es muy mala, o vete a saber. Pero sí, ahí está, diciendo insensateces y trotando por los decorados como una pobre vieja gloria despistada. De todas formas, en la comparativa con el resto, se ve que Cotten, Romero y Jaeckel son lo único parecido a actores que hay en la cinta.
      Pero a mí me afectó mucho ver a Cotten, un tipo que siempre me ha caído muy bien y bastante atípico para lo que suele ser el Hollywood de aquellos tiempos, metido en esto. Tanto que el texto se me ha publicado descuajeringado y he tenido que apañarlo…
      Besos achampanados

  2. No la he visto pero con tu texto y la imagen que encabeza este post tengo más que suficiente. Joseph Cotten… por un momento al ver la fotografía he creído que se trataba de un remake de Star Trek. Los sesenta fueron fatales para el cine americano. Hay cosas buenas, pero muy pocas. Estoy por decir que estaba a punto de desaparecer. Menos mal que luego vinieron esos toros salvajes en motocicleta que sino. Joseph Cotten… por dios con ese flequillo oxigenado y ese pijama. Se parece mucho al mío. Me lo regalaron para reyes y se duerme la mar de bien. Es fluorescente y puedes ir al baño sin encender las luces. La mar de práctico. Por dios, Joseph Cotten…

    Un fuerte abrazo

    1. Pues estarás monísimo con ese pijama, sí… Porque te refieres al pijama y no al flequillo oxigenado, ¿no?
      En caso de que sea el pijama: ¿es el modelo que incluye punto de mira incorporado para no hacértelo fuera? El traje de Cotten, como poco, daba para eso…
      Abrazos

  3. Sí. También tiene mi pijama dos botones en la culera, como aquellos calzoncillos del western. Siempre quise tener uno, pero claro, ahora los hacen fluorescentes, ya sabes, por eso del ahorro energético. Es una pasada, tío. Cómprate uno, ya verás lo bien que va. Te levantas y no hace falta encender la luz. Si te meas encima la tela es plastificada y desaparece rápidamente. Creo que ni Spok hubiera soñado tener un pijama así. Joseph Cotten… Michael Londsdale ayer en el espacio y con un vestuario de vértigo. El fantasma… con el culo al aire… No me hagas mucho caso,amigo, estoy en latitud cero últimamente.

    Más abrazos

    1. Vale vale. Pero si mola tanto, igual lo uso para ir a trabajar, ya sabes, para estar cómodo y tal, en plan Teletubbie o como se diga.
      Creo recordar que sí, que a Londsdale le iba eso de tener algo al aire para recibir flagelos…
      Abrazos

  4. Hola, Alfredo, buenas tardes; por las ácidas críticas que viertes sobre los diálogos de la cinta, deduzco a las claras que, desgraciadamente, has visto la versión doblada. Si oyes los diálogos originales en japonés, podrás comprobar que no hay punto de comparación, y que el guión está plagado de profundas reflexiones e intercambios verbales ingeniosos y brillantes, al nivel de los mejores textos de Diamond y Wilder. Es más, yo te aconsejaría, aún consciente del del esfuerzo que supone, que aprendieras japonés aún cuando fuera con el único fin de que pudieras disfrutarlos. Merece la pena…

    Un fuerte abrazo y hasta pronto.

    1. Sospecho que eres Manuel…
      Me has abierto nuevos horizontes, pero tendrá que ser dentro de unos meses, porque ahora ando enfrascado en el arameo para ver en su apogeo “La pasión” de Mel Gibson la próxima Semana Santa. Ya he aprendido cómo se pide una pizza por teléfono en la Samaria del siglo I a. C.
      Abrazos

  5. ¿Pero el Cotten de La sombra de una duda y Ciudadano Kane ? Ahivaaaa…pobrecico… ¿tan mal estaba ya?…moriría en la indigencia al final, claro… Pero esta gente tan querida debería pensar en sus admiradores antes de meterse en ciertas cosas ¡joder!
    Lo del francés japonés hoy no sería de extrañar pero entonces…¡si hubiera sido del Vietnam!

    1. Sí, hijo mío, sí. El mismo.
      En fin, es una cosa “normal” hasta cierto punto: las viejas glorias de los 40 y 50 encontraron en Europa y en Japón un nuevo vehículo para trabajar después de que en el nuevo cine americano quedaran un poco marginados. Fíjate Burt Lancaster, Rod Steiger, Charles Bronson, Sterling Hayden o Martin Balsam en Italia, por ejemplo. Además, en esos años hubo bastante interacción, a nivel industrial, entre EE.UU. y Japón para producir películas, muchas de ellas bélicas como “Tora!, Tora!, Tora!” (1970) y que cristalizaría cuando Coppola, Lucas, Spielberg y Scorsese (menuda alineación) echaron una mano en la producción de trabajos como la excepcional “Kagemusha” de Akira Kurosawa (1980), entre otras. No era para menos, porque Lucas sacó en buena parte su “Star Wars” del cine japonés.
      La verdad es que, pensándolo bien, tampoco es para tanto que un japonés interprete a un francés: anda que no hemos visto por ejemplo a montones de actores americanos haciendo de (o el) indio…

      1. De Cotten cabe decir que sufrió largamente un cáncer y murió de neumonía, ya apartado del cine desde hacía veinte años. Y como curiosidad, que en el momento de rodar esta película, la pareja del malo, César Romero, era la esposa de Cotten.

  6. Siempre me da palo ver a buenos actores maduros haciendo castañas de semejante calibre. Resulta un poco humillante aunque el vestuario tiene gancho, creo que es el mismo de Ultraman.

    Un saludo

    1. Y si no lo es, podría serlo, que para el caso es igual.
      Supongo que Cotten no estaría especialmente orgulloso, aunque quién puede juzgar las razones y necesidades ajenas…
      Saludos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s