Cine en fotos – Casablanca (Michael Curtiz, 1942)

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Los créditos iniciales de Casablanca (Michael Curtiz, 1942) van acompañados, tras la cortinilla musical de la casa Warner Brothers, por las melodías arábigas de Max Steiner, convenientemente mezcladas con La Marsellesa. En el título final es el himno francés, en cambio, lo único que suena, justo después de que Rick y Renault se lancen a caminar entre la niebla por la pista del aeropuerto y digan aquello del comienzo de una gran amistad. En ambos casos, la pantalla muestra un mapa político de la África colonial europea, cuyos límites representan el reparto del continente en las distintas áreas de influencia británica, francesa, italiana, belga, portuguesa y española, incluidos Río de Oro (el antiguo Sáhara Occidental) y el Sudán anglo-egipcio. Otro detalle entre las decenas de ellos que demuestran que, bien de chiripa, como cuenta la leyenda, o con todas las de la ley, esta inagotable película va mucho más allá de donde parece a simple vista. Incluso más allá de su propio mito.

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14 comentarios sobre “Cine en fotos – Casablanca (Michael Curtiz, 1942)

  1. Pero qué maravilla de película, diablos!!!!!!! Las fotos, la música, los actores, el guión (que iban improvisando día sí y día también en el estudio sobre la marcha), el final!!!!!!!!! ayyyyyyyy viva CASABLANCA forever.

    Siempre quedará París para los cinéfilos
    Abrazo

    1. Como Gardel, que cada día canta mejor, pues esta película cada vez que la ves mejora. Una pasada. Yo la veo todos los años porque es parada obligatoria. La veo en el reclinatorio, claro.
      Abrazos

  2. ¿Cómo? ¿Es que me “engañas” con otro que se llama como yo? Maldición, otra vez la historia de mi vida…
    Nunca he dedicado una entrada a hablar de “Casablanca”; siempre he puesto fotografías, o fragmentos, o diálogos, pero nunca un texto sobre el conjunto. Hay cosas que no se pueden explicar.
    Besos aeroportuarios

  3. Para mi Casablanca se ha convertido en mi modelo respecto a muchas cosas, incluso a la hora de escribir. El evidente que vivimos en un mundo cada vez más hortera y descerebrado. ¿En qué se ha convertido el hombre y la mujer?
    José Luis Garci en su magnífico Querer de cine, hay uno de los mejores ensayos que yo he leído nunca sobre este filme, titulado Desvaríos sobre Casablanca, dice: “Tras Casablanca llegaron Auschwitz, Hiroshima, la carrera espacial, la ingeniería genética, la píldora y la revolución sexual, la comunicación vía satélite, el ordenador personal, el compac disc, el sida, los primeros het-surfers que navegaron por el océano. Internet, la cibernostalgia, la obsesión por el ahorro, la violencia infantil…¿Me olvido de algo? Ah, sí, la persecución del fumador por el hombre tecnológico. Y el mundo fue otro. Casablanca es, por tanto, la barrera que divide dos formas de vivir, dos épocas.”

    Yo continúo estas maravillosas disertaciones en momentos,como tú muy bien sabes; “Uno de cerdo con cebolla” o no poderle dar la mano a un tipo porque va disfrazado de cangrejo, o…

    Un fuerte abrazo,amigo.

  4. … o cuando Javier Bardem llama a la puerta de tu casa y te pilla en pijama, lo sé. Yo odio cuando me pasa eso…
    Sin llegar a los extremos, en rigor exagerados pero, cinematográfica y emotivamente hablando, de una exactitud y precisión científicas, estoy de acuerdo con ese punto de vista desde el que aproximarse a según qué acontecimientos cinematográficos (me sabe a poco llamarla, simplemente, película). Cómo logran trascenderse, y también al propio cine, y al arte y a la cultura en general, y convertirse en un sentimiento, o en una confluencia de ellos, puramente humanos. Incluso más humanos que los humanos de hoy.
    Las personas han dejado de ser personas para ser gente. Hasta Juan Cavestany ha rodado una película llamada “Gente en sitios”. Aún no la he visto, pero el título, que me parece el colmo de la indefinición, representa una excelente definición de lo que nos pasa. No somos nada, no hacemos nada y no estamos en ninguna parte. Como te comenté, nunca hemos tenido un horizonte tan estrecho y nunca ha habido tanta gente engañada de que su horizonte nunca ha sido más amplio.
    Abrazos

    1. Falta les hacía, porque la Francia “oficial” se entregó con demasiada alegría a los ocupantes nazis. La película, leída en esa clave anti-Vichy (recuerda la muerte del sospechoso bajo el cartel de Pétain al principio de la película y cómo el capitán Renault arroja la botella de agua de Vichy a la papelera al final), resulta fascinante. ¡¡¡Y en 1942!!! Qué lucidez…
      Abrazos

  5. Sin ánimo de polemizar, dejo una nota escrita por un crítico de cine en referencia al mito de Casablanca, la cual comparto en casi todos sus conceptos.

    Según pasan los años:
    Cuando Casablanca se estrenó en Montevideo hace más de sesenta años, la crítica la trató debidamente. Se dijo que era lo que sigue siendo: un folletín romántico con propaganda de guerra incorporada. Y cuando la película obtuvo luego varios premios Oscar (film, director, libreto), una reseña uruguaya señaló que “La Academia confunde un gran elenco con una gran película”. La afirmación resultaba correcta, porque ese elenco era famoso y nutrido (Humphrey Bogart, Ingrid Bergman, Paul Henreid, Claude Rains, Conrad Veidt, Sydney Greenstreet, Peter Lorre) además de ser marcadamente internacional, como correspondía a la encrucijada de la ciudad marroquí donde se ubicaba su historia. La empresa Warner no solo recaudó trofeos con la película sino además un éxito de boletería ayudado por el hecho de que su estreno coincidió con el desembarco de tropas norteamericanas en África del Norte, con lo cual la ficción y realidad de 1943 coincidían geográficamente.

    Pero los años pasaron y por alguna razón más próxima a la emotividad que a la capacidad de juicio, Casablanca fue convirtiéndose no solo en un clásico de Hollywood sino en la película paradigmática de la historia del cine romántico, votada constantemente entre lo mejor que ha fabricado esa industria y colocada por espectadores entusiastas a la cabeza de los mejores títulos románticos de todas las épocas. Esa aclamación puede sorprender a observadores veteranos que en su momento ubicaron a la película en el renglón que le convenía: una historia sentimental revestida del falso exotismo magrebí que Hollywood sabía recrear con personajes de turbante o de fez y con la sombra de las persianas corridas o el perfil de las puertas terminadas en pico. Claro que todo eso se reconstruía sin moverse de California, igual que los decorados de Borneo (para Greta Garbo en El velo pintado), China (para Luise Rainer en Madre tierra) o Malasia (para Bette Davis en La carta )

    Ahora que la película está disponible en DVD, y arrastrados por el mito heredado de que Casablanca fue una cumbre del romanticismo, los jóvenes opinan – incluso por escrito en la prensa – que la película tiene un gran libreto y que ese texto incluye frases memorables. Quizá no sepan que el libreto (de tres autores) fue retocado mil veces durante el rodaje hasta que Ingrid Bergman preguntó al director Michael Curtiz si en la escena final ella iba a quedarse con su marido Henreid o con su amante Bogart. El director contestó que todavía no lo sabían y que por el momento ella pusiera un gesto neutro, de modo de autorizar ambos desenlaces. De hecho, pocas veces en su carrera la actriz estuvo tan inexpresiva en un papel, pero como Casablanca ya es un material legendario, la gente de hoy se convence de que tanto ella como Bogart – que era un actor limitado y todavía no era una estrella de primera línea – están mejor que nunca.

    Es cierto que la película tiene frases “indestructibles” como se ha dicho, pero ello ocurre gracias a la sensiblería y no a la calidad literaria. Alguna de esas réplicas (“¿qué es lo que escucho? ¿Son cañonazos o los latidos de mi corazón?” dice Bergman a Bogart durante un encuentro amoroso en plena guerra) han pasado a la historia por razones más emparentadas con el teleteatro que con el interés dramático. Mientras toda una generación endiosa a Casablanca, olvida para siempre a ejemplos de cine romántico de la misma época que en verdad tuvieron un nivel de lirismo, de emoción y de sabiduría digno de perdurar, como Lo que no fue de David Lean.

    Pero la historia no la cuentan los rigurosos sino los exaltados, de manera que la idolatría le gana de mano a la severidad y la gente termina viendo lo que quiere ver: que Casablanca es una obra única, por ejemplo.

    Jorge Abbondanza

    1. Bueno, más allá de circunstancia descriptivas y contextualizadoras de la película que todos conocemos, parece considerar que el cine son matemáticas. Afortunadamente, no es así. Por ejemplo: cojamos todas las películas de la historia del cine que en el momento de su estreno tuvieron críticas tibias o negativas y que luego han sido consideradas obras maestras. Empecemos a contar, y cuando lleguemos a 10, 50, 100…
      Saludos

    1. Pues es que es cierto, amigo Manuel. Muchas veces me he dedicado a pensar cuántas entradas necesitaría para contar todo lo que me gustaría contar de esta película. Cuando llego a diez, lo dejo por imposible.
      Abrazos

  6. Creo que el artículo menciona justamente lo contrario a lo que haces referencia, dice que Casablanca fue un éxito de taquilla y obtuvo reconocimientos en la época, ganó el Óscar a mejor película y Curtiz al mejor director, y obtuvo nominaciones en las principales categorías. Lo que hace el autor del artículo es contar cuál fue la sensación de la crítica montevideana al momento del estreno, a diferencia de lo que pasó con la película en los Estados Unidos, pero la ola provocada por Casablanca ha sido de tal magnitud que aún hoy, la gente (quizás influenciada por el mito) la ve con una cierta predisposición, sin poder quitarse todo el bagaje de paradigma del cine romántico que se le ha dado a través de los años, y sin ver quizás lo que Casablanca ofrece en realidad como obra. Pienso que el artículo de Abbondanza elude la fórmula matemática (me llama un poco la atención esa referencia que haces) y trata de analizar la película en el contexto de su estreno y en el contexto de hoy (no por ser Casablanca tiene el privilegio como para que se la analice con un parámetro distinto al de otras películas), y se podrá estar de acuerdo o no, pero ofrece una crítica con argumentos. Yo me pregunto qué se diría si la frase que cita Abbondanza se dijera en una de las películas pochocleras que ofrece el Hollywood de hoy, seguro muchos se burlarían de ella. Pero entiendo que a una película de culto (creo que esa es la mejor calificación que puede dársele a Casablanca, o la más aproximada desde mi punto de vista) es difícil discutirla para quienes justamente hacen culto de ella, como nos pasa a todos con una o varias películas.

    Saludos.

    1. Y yo lo que decía es que la mayor parte del artículo no son sino cuestiones que ya se han tratado suficientemente y que, por tanto, son conocidas. Argumentadas y muy bien expuestas, pero ya tratadas con suficiencia anteriormente. Es precisamente en el párrafo que señalas, la recepción por la crítica uruguaya al estreno y los comentarios subsiguientes del autor, donde yo veo la vinculación matemática. Reducir “Casablanca” a lo ahí expuesto, y referirse a ello como que fue tratada por la crítica “debidamente” es a lo que yo llamo considerar el cine matemáticas. El resto, está muy bien expuesto, pero, como digo, es suficientemente conocido y no aporta demasiado más allá de su estupenda síntesis. Por otro lado, me extraña la ausencia de cualquier comentario acerca de cómo se recuperó “Casablanca” por el espectador universitario de los años 60, cómo se elevó a Rick a la categoría de anti-héroe canónico, por ejemplo, en la Universidad de Berkeley (donde muchos chicos tenían el famoso póster de Rick jugando solo al ajedrez en sus habitaciones), y cómo a raíz de esa puesta en valor décadas más tarde es como nos ha llegado el sabor actual a un clásico imperecedero.
      Personalmente, yo creo que el adjetivo “de culto” se le queda corto.
      Saludos

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