Ese otro cine español: Apartado de correos 1001 (Julio Salvador, 1950)

apartado de correos_1001_39

El cine español clásico es campo abonado para todo tipo de influencias cinematográficas procedentes del exterior, con solo un par de límites: el techo técnico y presupuestario y las tijeras de la censura. Y a pesar de ello, la cinematografía española se impregna de modos y maneras foráneos, interacciona con ellos, los inserta en ambientaciones y temas propios, y en muchas ocasiones, como resultado, ofrece productos más que estimables. En el caso de Apartado de correos 1001, dirigida por Julio Salvador, uno de los expertos españoles en el cine criminal, la huella de Fritz Lang o Sam Fuller se da la mano con cierto costumbrismo, casi casticismo, derivado de la situación de la película en entornos y barrios populares de la Barcelona de los años cincuenta. Lamentablemente, las imposiciones de la censura obligan a establecer un marco previo del que la acción no puede salirse: de entrada, encontramos una voz en off que canta las alabanzas de las fuerzas del orden, de su abnegación y entrega al servicio por bien de la comunidad, a su desinteresada labor de sacrificio y su continuos desvelos por la protección del ciudadano. Esta exigencia política viene acompañada de otra de carácter moral: en toda película policial que se precie durante la dictadura, los buenos (el orden) y los malos (cualquier desorden de cualquier clase, político, económico, social, sexual, religioso, etc.) deben estar perfectamente marcados, separados, de tal manera que resulte indudable a quién debe apoyar el público, qué punto de vista asumir y cuál rechazar, y en caso de personajes complejos que transiten de uno a otro lado, la manera de exponer su situación debe contener una justificación moral, un pretexto narrativo admisible que permita explicar conforme a la moral oficial sus evoluciones durante la trama o, llegado el caso, disculparlo con la indulgencia dedicada a la oveja que vuelve al rebaño.

Pese a estas premisas obligadas, Apartado de correos 1001 empieza por todo lo alto: un joven es tiroteado en plena calle, ante una de las principales oficinas bancarias de Barcelona; la única pista: en la habitación que tenía alquilada durante su estancia en Barcelona, los inspectores Miguel (Conrado San Martín) y Marcial (Manuel de Juan) descubren un ejemplar del diario La Vanguardia con un anuncio marcado: se solicita un gerente para una importante empresa de productos químicos, pero para concursar al puesto es necesario enviar una importante cantidad de dinero en concepto de fianza. La dirección: apartado de correos 1001 de Barcelona. La película se centra en la compleja y minuciosa tarea investigadora de los agentes, sus vacilaciones iniciales, sus primeros fracasos, los primeros indicios válidos, y la presencia de ese instinto que sabe detectar de dónde cabe tirar para desenredar la madeja. Con ritmo vibrante, gran economía narrativa (el metraje no supera unos 90 minutos repletos de acontecimientos, localizaciones, diálogos y acción), una buena fotografía naturalista de Federico Larraya y un tratamiento que logra una perfecta simbiosis entre la intriga y la acción sin respiro y ciertos lugares emblemáticos de Barcelona (calles y plazas reconocibles, la sede del periódico, la secuencia del partido de frontenis, o la apoteosis final en las, por entonces, famosas atracciones Apolo -quizá un guiño a Orson Welles-), que contribuye a esa mixtura de género y populismo ensamblada a la perfección. Irregular en cuanto a interpretaciones, destaca sin embargo el bien trenzado guion, lleno de aciertos y curiosidades (la muestra del funcionamiento interno del correo, el proceso de recogida, clasificación y reparto), obra de otros dos importantes directores españoles, aunque algo posteriores, Julio Coll y Antonio Isasi-Isasmendi, que resulta tan ceñido a los cánones censores como, por otro lado, más que valiente (ahí está la clave del crimen en torno al tráfico de cocaína o, en otro orden, el rápido establecimiento de complicidades y relaciones entre uno de los policías y una apetecible sospechosa…). Y, además de eso, persecuciones, disparos, huidas en el último momento, habitaciones secretas, compartimentos camuflados, contactos en pisos de bloques semiderruidos…

Es decir, misterio, enigma, romance incipiente, unos malos nítidos, claros, plenamente justificados, que reciben el final que merecen, todo a mayor gloria de la policía (se trata de la Brigada Criminal, claro, no de la Político-Social) y de esa entusiasta voz en off que salpica de vez en cuando el relato para guiar al espectador (poca confianza se tiene en su inteligencia, desde luego) y a la vez ensalzar convenientemente el trabajo policial. Un personaje con dimensión propia es esa Barcelona en blanco y negro, luminosa y radiante, poco que ver con el marco en principio asociado con la sordidez del crimen, del tráfico de estupefacientes y de los entornos secretos y reservados, una ciudad hermosa y viva en cuya trastienda se desarrolla la labor criminal de los marginados, los desfavorecidos y las mentes perversas y corruptoras de inocentes. Ese continuo choque entre la calma aparente y el torbellino en la sombra transita por la película de principio a fin, ya desde el momento del crimen (en una concurrida acera, a pleno sol, a mediodía, el momento de mayor presencia de transeúntes) y también en el final: el magnífico sabor de boca que deja la película viene directamente asociado a la secuencia de desenlace, la persecución policial en la atracción de feria, donde se dan la mano la cruda realidad, descarnada y violenta, y la fantasía y la diversión de quienes acuden allí a evadirse, los disparos y las peleas y los quejidos de angustia se entremezclan con las risas y la música del carrusel en sintonía con el propio clima social del país que el film no se molesta en disimular. Esta conclusión, prodigiosamente rodada, plena de tensión y acción, contiene un buen puñado de instantes interesantes, imágenes icónicas que debieran ser rescatadas en cualquier antología del cine español que se precie. Una de las grandes películas del cine español, injustamente olvidada, y que está a la altura de sus coetáneas de otras demarcaciones cinematográficas con mayor aceptación, especialmente Hollywood y Francia.

Anuncios

8 comentarios sobre “Ese otro cine español: Apartado de correos 1001 (Julio Salvador, 1950)

  1. Me encanta esta película. Me hace gracia cuando se habla de “cine negro español” cuando la misma época todo era negro, hasta el pan que podían comer unos pocos. Sinceramente me conmueven estas películas porque no dejan de ser también un documento de aquellos tiempos: la ciudad, la manera de hablar, de vestir, de actuar. Y un aplauso para esos guionistas que lo tenían todo a su contra y debían agudizar más el ingenio. Recuerdo la revista La Codorniz, que pasaba la censura casposa porque sus humoristas ya habían aprendido a decir lo mismo pero de otra manera.
    Por cierto, la música es horrorosa, pero creo que vista y oída hoy le da un toque más nervioso, más paranoico, como el buen cine negro.

    Me gusta cómo describes los exteriores, amigo. Me ha hecho pensar que hoy el cine no deja ninguna huella respecto a los exteriores. ¿Qué tenemos? Oficinas, casas residenciales y una ciudad siempre vista desde el coche. Ni siquiera se curran eso que tanto detesto en los carteles; la palabra o la frase escueta: “¡Emocionante!”. “¡Le dejará sin aliento!”. “¡Una obra maestra!”, ¡”Acojonante!”, “¡De infarto!”, “¡Se morirá de asco!”, bueno, esto no.

    Abrazos

    1. Me gustó mucho Barcelona en la película, la forma de encadenar la ciudad a la historia. Y es verdad, la música es chirriante, creo que, como tantas veces, deliberadamente, como un subrayado de la paranoia y el delirio en que se desenvuelven los personajes, si no directamente un trasunto de los efectos de la drogodependencia. Y creo que tienes razón en una cosa importante: el cine de hoy, entre otras cosas, desaprovecha mucho los exteriores, urbanos o no. Se busca más un impacto estético que un lenguaje simbólico, la explotación de la belleza en lugar de la exploración del significado. En general, el mal que nos asola es la deficiente planificación y composición de planos que campa a sus anchas por el cine actual.
      Abrazos

  2. Qué buen repaso a películas para contar una buena historia de nuestro cine. Y qué aviso más estupendo para mostrar las lagunas que tiene una del cine de nuestros lares. Lagunas que va solventando poco a poco y como puede… pues no es tarea fácil. Y eso me hace pensar bastante ¿por qué es más difícil acceder a nuestra cinematografía?¿Por qué es difícil encontrar buenos dvd o blu ray (aunque hay a veces un esfuerzo pero muchas se quedan fuera)?¿No hay espectadores que quieran recuperar estas películas aunque sea para entender algo más nuestro cine?¿Nadie arriesga porque se piensa que no hay ningún interés en recuperarlo?¿Qué pasa?¿Es simplemente una cuestión de mercado, no se ve negocio alguno en el asunto? ¿Por qué no atrae crear ciclos, festivales que promocionen y recuperen o ponga en conocimiento una historia del cine español? En fin…, lo que me apena es que sé las respuestas, pero son tristes y grises.

    Y decirle a Francisco que a mí también me chirrían cada vez más las frases puramente promocionales. ¡Cómo puedes poner, “¡EMOCIONANTE!” The New York Times y quedarte tan pancho! Es quitar todo el valor a la crítica como género periodístico. Podían en este caso personalizar los carteles: Pepito Rodríguez opinó: “¡MARAVILLOSA!”.

    Besos
    Hildy

    1. Bueno, mi querida Hildy, como sabes las respuestas, me evito el rollazo de ponerlas por escrito. En resumen, que esto es España, cine de barrio, etc., etc.

      Totalmente de acuerdo, el cine ha quedado subsumido al lenguaje de los contables (las noticias o promociones sobre recaudaciones) y de los publicitarios (anda, que me he tragado dos bodrios este verano por las dichosas acotaciones…: “El amanecer del planeta de los simios” y “Los guardianes de la galaxia; pero truños, truños). Con lo fácil que sería, si se quisiera, hablar de cine. Anda que no hay cosas de las que hablar…

      Besos

  3. El otro día fui a ver El hombre más buscado, no es gran cosa, pero tiene cosas que me gustan desde que soy un crío, quizá porque me gustó muchísimo el Chacal de Zinnemann y esas películas grises, cerradas, humo, café, desesperación, lentitud, politiqueo barato, papeleo burocrático al estilo de Kafka y llamadas telefónicas (en esto lo mejor El factor humano), sí, lentas pero con ritmo. Creo que tú me entiendes Alfredo. Las películas de espionaje nunca me han gustado mucho, igual que la literatura. Hay excepciones, claro, como La máscara de Dimitrios y mi autor favorito Eric Ambler, pero no me interesa esas cosas que espían esos tíos aburridos, porque creo que no hay nada que espiar en el fondo. Incluso mi vecina está más desnuda cuando va por la calle que cuando está en su casa. John le Carré no me parece un escritor bueno, es inmensamente mejor Graham Greene. En fin, que fui a verla por Philip Seynour Hoffamn, siempre genial. En esta película se fuma y bebe mucho (señal que no es mala del todo) y porque vemos la ciudad de Hamburgo (este es el motivo de que haya vuelto aquí), llena de bolsas de basura por las calles; gris, sucia, deprimente; eso que tú llamas ” planificación y composición de planos”. Cafés, bares, parkings como para cortarte las venas y esas nubes oscuras que no se van nunca de esa ciudad alemana.

    Bueno, me voy.

    Abrazos

    1. Exacto, películas espías donde prime la sordidez de una tarea tan ingrata y devastadora por encima de la falsa espectacularidad de las atracciones circenses (persecuciones, tiros, etc.). O sea, el espionaje como drama, y no como show. Yo también lo prefiero así.

      Yo en el cine de hoy veo mucha frialdad, tanto fotográfica como estética. Ves una peli de Ford, de Hitch, de Lang, de Buñuel, y los fotogramas son prácticamente cuadros, pinturas en movimiento. En ellas los planos se combinan para crear ritmo, emoción, velocidad, reflexión, para fijar la atención… Hoy hay más estética que otra cosa, y por lo general, fría.

      Más abrazos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s