Ese otro cine español – Los atracadores (Francisco Rovira-Beleta, 1962)

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Durante los años 40 y 50, el cine criminal español consiste básicamente en un canto de alabanzas a las fuerzas del orden de la dictadura, una glosa favorable de sus miembros y sus actuaciones, en el que se pasa por alto a la Dirección General de Seguridad y a la policía política. Son, por tanto, las brigadas criminales y la Guardia Civil las protagonistas de este cine de intriga patrio que tapa todo lo que huele a política (salvo pequeñas alusiones veladas o explícitamente críticas con los elementos perturbadores del régimen), es su punto de vista el que se sigue, es su perspectiva la que se cuenta, y es su idea de orden y ley la que triunfa. Con el cambio de década, y durante buena parte de los años 60, este objeto cambia paulatinamente, el delincuente supera la estrecha dimensión del arquetipo y comienza a despertar mayor interés, se constituye en personaje al que cabe analizar, estudiar y comprender como vehículo para una nueva forma de acercamiento al hecho criminal, a la exploración de las diversas causas de la delincuencia (ya no se trata solamente de intentos de socavar el orden político, económico y social o de una maldad personal intrínseca que quepa retratar y aprovechar en términos moralizantes), a la psicología y las motivaciones de quienes cruzan al otro lado de la legalidad, ofreciendo como resultado un cine más complejo y socialmente comprometido, dentro de los límites, eso sí, que la censura permite, y que ya no se contenta con la acción o la elaboración de la trama como único argumento cinematográfico a considerar.

Los atracadores (Francisco Rovira-Beleta, 1962), que parte de la adaptación de una novela de Tomás Salvador, autor muy prolífico hoy prácticamente olvidado, aborda la cuestión criminal desde este nuevo ángulo y, con modos y maneras neorrealistas, cuenta la historia de Vidal, Carmelo y Ramón (Pierre Brice, Julián Mateos y Manuel Gil), pequeños delincuentes cuya deriva comienza con el asalto a una farmacia y que, en plena escalada criminal y durante el atraco a un cine, cometen su primer asesinato, entrando así en una dinámica de golpes y huidas cada vez más cruentos (a ello responde la estructura narrativa del filme, construida en episodios titulados Inquietud, Violencia y Muerte) hasta que sobreviene la lógica y trágica conclusión. No obstante, en este caso el relato no se ofrece desde la óptica policial o periodística, sino a través de la mirada de los propios delincuentes, cada uno de ellos con sus diferentes comportamientos, visiones y aspiraciones pero unidos por un asfixiante lazo común, una exposición de su vida interior, de sus reacciones respecto a lo que les acontece, una aproximación intimista que considera al delincuente un ser humano sujeto a los vaivenes de una vida socialmente condicionada que explica, al menos en parte, el por qué de su caída en desgracia. Continuar leyendo “Ese otro cine español – Los atracadores (Francisco Rovira-Beleta, 1962)”