Alfred Hitchcock presenta: Regreso por Navidad y El caso del señor Pelham

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Después de los famosos acordes de la Marcha fúnebre para una marioneta de Gounod, y de mostrar su no menos famosa silueta entre sombras, Alfred Hitchcock presenta:

Regreso por Navidad (Back for Christmas)

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John Williams, que por el mismo tiempo de la serie participó en producciones hitchcockianas para la gran pantalla como Crimen perfecto (Dial M for a murder) o Atrapa a un ladrón (To catch a thief), interpreta a un apacible y paciente ciudadano inglés que está pensando en reformar la bodega de su casa antes de viajar junto a su esposa a la norteamericana Los Ángeles. Es un proyecto antiguo que siempre ha querido emprender, pero que por una u otra razón, o tal vez por las continuas interferencias de su pesadísima esposa, nunca ha logrado culminar. Ahora se le presenta la ocasión más oportuna, porque su última idea para la bodega está más que lograda: convertirla en la tumba de su esposa y marcharse él solo a Los Ángeles para establecerse allí definitivamente sin que nadie pueda culparle de nada, ya que planea hacer creer a todos que su esposa ha viajado con él tal como estaba previsto.

El relato está repleto de ironías. La narración repasa la meticulosa preparación del crimen, y destila suspense en todos aquellos momentos en que no cesan de surgir complicaciones que dificultan su consumación al mismo tiempo que retrata de forma sarcástica la pacífica convivencia de este tradicional matrimonio británico (cabe preguntarse hasta qué punto la historia puede acercarse a la realidad Alfred Hitchcock-Alma Reville), un sordo pero continuo choque de caracteres sumidos en la dictadura de la rutina diaria. Esa precisamente, la ironía, es la línea central del relato y la clave para su resolución. La esposa, una mujer aparentemente cargante y entrometida, ha diseñado el viaje para que el retorno a casa se produzca en Navidad, y que así su marido descubra el regalo que durante muchísimo tiempo ha estado organizando pacientemente para él. Un efecto sorpresa que, efectivamente, será impactante, aunque no en la forma en que ella piensa…

El mismo Hitchcock construye una narración tremebunda pero amable, que supura un fino humor negro basado en la callada relación entre los dos esposos y, sobre todo, en el comportamiento del marido y en su empeño por cavar una fosa en la bodega que se ajuste a las medidas necesarias para su proyecto, así como en la ejecución material del mismo, cuando en la contemplación del hueco cavado su esposa no se sitúa en la perspectiva que a él más le interesa para ahorrarse esfuerzos y problemas a la hora de “rellenarla”. Dos magistrales golpes de suspense en forma de contrariedad tensan los planes del asesino, que pretende poner tierra (y océano) por medio fingiendo que su esposa vive feliz y contenta en América, y planeando con una serie de cartas falsas la despedida definitiva de sus amigos ingleses y el anuncio de su establecimiento en América para siempre. No obstante, el celo de su esposa, podría decirse que pesada incluso desde el más allá, frustra sus planes y le hace rendirse a la evidencia de la manera más divertidamente trágica.

El caso del señor Pelham (The case of Mr. Pelham)

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En este, uno de los mejores relatos de la serie, nos encontramos con un angustiado hombre de negocios (Tom Ewell, en la cumbre de su popularidad cinematográfica) que se cita con un médico para plantearle una cuestión que le agobia terriblemente: al parecer, circula por la ciudad un hombre similar en todo a él, un doble. En los días previos, nota que alguien lo ha suplantado delante de muchos de sus empleados, amigos, conocidos, incluso de su mayordomo, actuando exactamente como él, escribiendo como él, hablando como él, siguiendo el curso de sus amistades, de sus negocios. Está seguro de que él no ha frecuentado los lugares ni ha hecho las cosas que se supone que ha hecho, pero al dudar de su estabilidad mental busca consejo clínico. No obstante, a medida que cuenta su historia, queda claro que no es un problema mental. Alguien igual a él está intentando ocupar su espacio en el mundo, y lo está consiguiendo. No es alguien que se parezca a él, que se haga pasar por él. Es él. Otro él.

El brillante guión posee a la par ironía y humor surrealista para construir una pequeña obra maestra de precisión narrativa y creciente suspense que eclosiona en un clímax formidable, y que se despide con un guiño final impagable. La trayectoria de “ambos señores Pelham” es opuesta, no coinciden: se mueven, trabajan, descansan, duermen, transitan, visitan los lugares habituales, etc., en horarios diferentes, es decir, el “señor Pelham malo” parece no querer cruzarse con el “original”, pero no deja de generarle problemas (malentendidos, incomodidades, preocupaciones). Sin embargo, a medida que éste empieza a ser consciente de su problema y estrecha el cerco sobre su sombra, sus actos se acercan, su distancia se acorta, hasta la secuencia final, en la que, además de que Hitchcock usa a la perfección los recursos técnicos, juega con su nota humorística más característica, la ironía, para jugar con la pista que debe servir para desenmascarar al impostor y convertirla en detonante de la más inexplicable y surrealista de las demencias.

Una auténtica delicia de apenas veinticinco minutos, que bucea con humor en el mito del doble con un Tom Ewell absolutamente magnífico en su encarnación del desconcierto más horrible y la normalidad más anormal.

 

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2 Respuestas a “Alfred Hitchcock presenta: Regreso por Navidad y El caso del señor Pelham

  1. Brillante disección para un capítulo inolvidable, amigo. Respecto a lo que escribes sobre “la dictadura de la rutina diaria”, el gordo genial lo dejó muy claro en una de mis películas favoritas de él; La sombra de una duda.

    Abrazos

    • Y, si no recuerdo mal, era también su favorita. No sé, viendo el capítulo de “Regreso por Navidad”, quizá perversamente, no dejo de pensar en el primer viaje de Hitch y Alma a Hollywood para trabajar con Selznick. Qué se le pasaría al Gran Gordo por la cabeza…
      Abrazos

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