Cine en fotos – La jauría humana (The chase, Arthur Penn, 1966)

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La jauría humana es la mejor película de la historia y punto. Y Marlon Brando es el mejor actor del mundo, no necesita hacerse el farute para ser el protagonista. Brando es el sheriff de la ciudad, el que reparte justicia entre los negros y los pobres, el que defiendo a los que la ley no protege.

Viste la película a solas con tu madre. Tu padre se va a la cama temprano, se levanta a las cuatro y media de la mañana para trabajar. Tu madre y tú veis la tele por las noches con el sonido muy, muy bajito. A veces no oyes lo que dicen los actores, no hace falta, con sus gestos es suficiente. Estás contento porque este curso tu madre te deja ver más películas. De vaqueros y de guerra, y de Marlon Brando.

La jauría humana es brutal. Tu madre pasó por alto el rombo que pusieron en la tele. Un rombo significa prohibido para menores de catorce años. Dos rombos significa prohibido para menores de dieciocho años. Hay mucha violencia en la película pero sobre todo te impresionó la escena en la que Brando acaba hecho un eccehomo.

 

Pensaste que tu madre  te mandaría a la cama, pero lo pasó por alto. Sintió lo mismo que tú: se quedó sorprendida, paralizada. Deformaste la almohada del sofá de tanto estrujarla. Te mordiste las uñas. Todo pasó muy rápido y muy lento a la vez. Los matones le zurraron a Brando como nunca antes habías visto en el cine. Tu madre bajó el volumen de la tele, los golpes retumbaban en el comedor como si sucedieran allí mismo.

Cuando terminó la escena, estabas llorando. No llores, cariño, dijo tu madre. Es imposible que Marlon Brando se muera, dijo acariciándote las lágrimas que se deslizaban por tus mejillas. El protagonista tiene que seguir vivo hasta el final. Si muriese, la película tendría que acabarse aquí mismo, y eso es imposible, dijo. Te quedaste mirando a tu madre. Tenía razón. Marlon Brando se recuperaría de sus heridas.

La jauría humana (The chase, Arthur Penn, 1966) en Campo rojo (Ángel Gracia, 2015, Editorial Candaya).

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4 Respuestas a “Cine en fotos – La jauría humana (The chase, Arthur Penn, 1966)

  1. Pienso que sería un ensayo maravilloso el comprobar cómo el cine ha alimentado a la literatura y viceversa. Y este fragmento de “Campo rojo” lo pone en evidencia. No solo trae un recuerdo de cómo el cine nos afectaba de niños y cómo veíamos las películas sino que además habla de la mitología alrededor de ciertos actores y sus películas (como La jauría humana que a mí también me impactó profundamente la primera vez que pude verla)… Por si fuera poco el propio estilo del escritor describiendo a ese niño y a su madre viendo una película en la televisión es un estilo que bebe del cine, estás viendo la escena.
    En fin todo un mundo.
    Besos y gracias por la recomendación
    Hildy

    • Maravilloso, e inagotable. Daría para una enciclopedia… En realidad se trata de una novela que, más allá de este pasaje, no contiene referencias puramente cinematográficas. Pero sí respira temas, atmósferas y enfoques sobre la violencia latente (o no tanto) a todos los niveles (en la novela escoge los difíciles once años en un centro escolar del extrarradio de una gran ciudad que podría ser Zaragoza) que sí son muy próximas al cine. Una de las influencias, confesadas por el autor, es de hecho Michael Haneke y “La cinta blanca”. En todo caso, recomiendo vivamente la novela; en este pasaje, donde yo he insertado el libro, Ángel Gracia describe en palabras la escena con toda minuciosidad, y sin ahorrar detalles.
      Besos

  2. Es la única manera que me gusta “leer” cine; a través de la memoria, de la emoción y de la sensibilidad no contaminada. Creo que cuando se escribe de cine, de alguna película en concreto, debe ser a través de la memoria, es decir, no hay que ver de nuevo las películas para escribir sobre ellas, porque sino la magia de quiebra por completo. El otro día, sin más, recorriendo una tienda donde se venden películas de DVD a muy buen precio, vi Naves misteriosas, que no veía desde niño . La recordaba con sumo placer, fragmentaria, selectiva en sus imágenes. Pues bien, la compré y la volví a ver de nuevo y me pareció una película malísima, aburrida y ridícula en muchos de sus aspectos. No obstante, podría escribir un artículo memorístico respecto a esta película olvidando la visión que hice el otro día de ella.

    Sigo tu recomendación y me pongo a buscar Campo rojo… ahora que escribo este título, me acuerdo de El desierto rojo que vi hace muchos años en un cineclub hacia la madrugada de un cierto día de invierno con aquella chica que no he vuelto a ver…

    Fuerte abrazo

    • Bueno, como te puedes imaginar, en eso no estamos de acuerdo… Creo que una cosa es escribir de uno mismo a través del cine (escribir de la propia memoria) y otra escribir de cine, aunque sea desde una óptica propia. A mí me gustan ambas cosas (me gusta mucho leer a quienes escriben de su memoria sentimental del cine, como Garci o tú mismo), pero ya ves que casi siempre solo practico una. Imagínate, solo podríamos escribir de lo que tenemos memoria, con lo corta y mala que es la memoria últimamente… (me refiero a las últimas décadas y a la memoria colectiva, no tanto a mí mismo, que también). Pero llevas razón en algo muy importante: no me gusta la inmediatez, el hecho de escribir de algo según terminas de verlo, especialmente si es nuevo y lo ves en los cines de hoy, con todas las intoxicaciones que lo acompañan. El visionado necesita reposo, maduración, reflexión, para determinar si al final decides escribir de algo o pasas olímpicamente porque no vale la pena, porque no puede formar parte de tu memoria. A veces este proceso puede durar meses, años. Ahí sí que lo veo y lo practico. Por eso casi nunca escribo de cine reciente, o de cosas en cartel.

      Otro peligro es ese: revisitar. Uf, es como ciertas cosas de la infancia que recuerdas y que si volvieras a vivir probablemente te desengañarían porque tus recuerdos y sensaciones son erróneos. Tal vez de eso va también el libro de Ángel Gracia (para San Jorge/Sant Jordi sé que andará por Barcelona, firmando en la caseta de Candaya), la anti-nostalgia de la infancia feliz, el reverso tenebroso de la moda “Yo fui a EGB” y el “revival” de lo política y sentimentalmente correcto. Vale la pena, en todo caso.

      Abrazos

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