Canto a la enseñanza – Hoy empieza todo (Ça commence aujourd’hui, Bertrand Tavernier, 1999)

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Hermosísima película, bellísima, de una contención prodigiosa, de una impresionante mirada, profunda, limpia, también cruda, sobre la importancia crucial de la enseñanza como mayor oportunidad, tal vez única, en un entorno de calles sin salida, zancadillas y barricadas socioeconómicas. Una reivindicación necesaria, imprescindible, del papel del educador, de su función formativa, cultural, social, como uno de los pilares básicos de la vida en democracia y libertad, como acicate primordial del crecimiento personal. Y una llamada de atención sobre las trabas de la burocratización, los presupuestos recortados, las trampas políticas, los recovecos administrativos, los pretextos alegales con que los poderes interesados en la desigualdad minan todo desarrollo, toda iniciativa, toda vocación para la construcción de un horizonte más abierto, plural y lleno de posibilidades para todos. La puesta en escena de Tavernier, sencilla (que no simple), naturalista, próxima en muchos aspectos al documental, transmite al espectador una sensación de proximidad, de autenticidad, de verdad narrativa, contraria a toda idea de proceso fílmico manufacturado, a los postulados dramáticos de la tragicomedia lacrimógena de diseño. La película respira poesía cotidiana, el lirismo de las pequeñas cosas, pero también la fuerza del alegato, del discurso crítico. La contundencia de la determinación, la sensibilidad del combatiente por una causa justa, irrenunciable.

En una comarca minera del norte de Francia, sacudida por la reconversión industrial, con altísimas cifras de paro, escasez de subsidios, tijeretazos gubernativos en gasto social y educativo, Daniel Lefevre (Philippe Torreton) es maestro y director de una escuela infantil situada en un barrio marginal de una pequeña ciudad afectada por el cierre de las minas. Su día a día transita entre la debida atención a sus alumnos, sus funciones de supervisión y gestión de los recursos de la escuela y el continuo diálogo con padres e instituciones educativas y sociales, siempre complicado, siempre dificultoso, inevitablemente frustrante. La delicada coyuntura económica y social de la región tiene consecuencias terribles: niños mal alimentados, otros que presentan huellas de maltrato, padres carentes de recursos que no pueden satisfacer las cuotas de la escuela pendientes de abono… El mayor drama lo presenta la familia Henri: la madre, alcohólica, desatiende a sus hijos. Una tarde, incluso llega a abandonarlos en la escuela, al cuidado de Daniel, dándose a la fuga. Daniel, junto a otros compañeros, viven su oficio como una vocación integral, no vacilan en invertir tiempo, esfuerzos, a veces incluso dinero de su propio bolsillo, en ayudar en lo que pueden a las familias menos favorecidas. No tanto por un sentimiento de deber cívico, por valores de solidaridad asociados a determinadas ideas políticas, por piedad o por compasión; es el bienestar de los niños, el sentido de su trabajo, de su razón de ser profesional, lo que pretenden salvaguardar y proteger. La esperanza (el padre de la familia Henri encuentra trabajo como conductor de camión) convive cotidianamente con la frustración (el combate desesperado contra la administración en busca del mantenimiento de los recursos que permitan prestar un servicio digno), la lucha (la ayuda de una trabajadora social que, como Daniel, hace de su empleo el sentido de su vida), con la resignación y el fracaso (el triste destino de la familia Henri). La película presenta un mosaico de situaciones, pedacitos de vida, trozos de realidad, un prisma de territorios humanos sometidos a la presión de un mundo injusto y desigual, tomando como vehículo la vida de un profesor y director de escuela que ve cómo sus problemas laborales saltan la frontera de la vida privada (he aquí, probablemente, el aspecto más débil de la película, el tópico más o menos folletinesco del contraste entre su relación con los alumnos y los padres y la que mantiene con su pareja y el hijo de esta, o su propia condición de hijo afrontando la hospitalización de su padre).

Bertrand Tavernier construye su relato con sensibilidad pero sin sentimentalismo, sin escatimar en dureza ni hacer ascos a pequeñas chispas de humor, la tragicomedia de la vida, con un explícito espíritu crítico que funciona en múltiples direcciones (de la ceguera interesada de las administraciones a la frustración de los gestores bienintencionados y honestos que se ven atados por las decisiones políticas y las reducciones presupuestarias; de los padres que luchan y no se resignan a los que se rinden a la desesperación o hacen caso omiso de su responsabilidad permitiendo que sus hijos crezcan embrutecidos, violentados frente al entorno hostil que los coarta y corrompe), Continuar leyendo “Canto a la enseñanza – Hoy empieza todo (Ça commence aujourd’hui, Bertrand Tavernier, 1999)”