Rafael Azcona, el oficio de guionista

Recuperamos una antigua entrevista de David Trueba al gran Rafael Azcona, guionista siempre digno de recuerdo y homenaje, maestro en el difícil arte de filtrar la vida (en especial, la vida y la idiosincrasia típicamente española) a través de las películas.

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2 Respuestas a “Rafael Azcona, el oficio de guionista

  1. Imprescindible para mí en todos los aspectos; ya sea para escribir, mirar, hablar, leer, ironizar, etc. El cine de hoy, mayoritariamente, no vale un pimiento, y es precisamente porque,tanto los guionista como los cineastas no tienen como maestro al gran Azcona, es más, dudo que conozcan su obra (incluyo sus maravillosos libros, que por cierto, la editorial Pepitas de Calabaza está publicando todos sus artículos escritos en la mítica revista La Codorniz). Nadie veía lo que él veía. Azcona tenía el don de convertir lo cotidiano en surrealista y por muy extraña que fuera su salida, al final llegabas a lo conclusión de que tenía razón y que te acababa de mostrar el revés del espejo. Antes de volver a casa (siempre a pie o en autobús), en las sobremesa con los amigos (hoy esto no existe, ni sobremesa ni amigos), había desmitificado el amor, la patria, dios, la iglesia, la política, el dinero, el ejército, los banqueros, los obispos, todo con ejemplos y datos concretos, inapelables, sin retórica alguna, solo con la ayuda de un par de orujos. No creía en las grandes palabras. ¿El amor? El amor iguala al magnate y al fontanero. Hay alimentos que son proteína pura, sin grasa, excipientes ni colorantes. Ése era Rafale Azcona, un tipo que había logrado ese equilibrio perfecto entre la visión más tierna y desgraciada de la gente, su despecho, su compasión y su inalterable rigor. Ay, Rafael Azcona decía que la gran comedia en el cine italiano murió el día en que los guionistas se hicieron rico y dejaron de ir en autobús. Dispuesto a no morir como creador, él despreció siempre el taxi e incluso el automóvil de los amigos que se ofrecían a llevarlo a casa a la salida del restaurante. Cuando a cada uno de los comensales el aparcacoches le acercaba el Audi, el Mercedes o el BMW, Azcona, el maravilloso e inigualable Azcona se despedía del grupo en la acera blandiendo con orgullo de residente el bonobús de jubilado y se dirigía a la parada. Esta es la pregunta que lanzo al mundo: ¿Dónde están los sucesores de Azcona, pero en todos los sentidos? Espero la respuesta.

    Perdón por este tostón, amigo, pero es que cuando veo, leo o recuerdo a Azcona…

    Fuerte abrazo y buen finde.

    • Te entiendo, Paco. Lo esperaba, además. Sé de tu afinidad por él.

      Cuanto más voy sabiendo de él, cuantas más películas basadas en guiones suyos (incluso las malas películas, que hay unas cuantas), cuanto más leo sus palabras o las de otros escritas sobre él, más aprecio sobre todo la ausencia de personas así en días como hoy y en el cine actual. Sobre todo echo de menos esa actitud ante la vida, esa lucidez de comprensión, esa capacidad para mostrarla en su contradictoria y desnuda sencillez. Un maestro.

      Abrazos, amigo, y buen finde para vos también.

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