Diálogos de celuloide – Los mares de China (China seas, Tay Garnett, 1935)

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Al final, los hombres recuerdan y las mujeres olvidan. De eso se trata siempre.

China seas. Tay Garnett (con guión de Jules Furthman y James Keven), 1935.

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10 thoughts on “Diálogos de celuloide – Los mares de China (China seas, Tay Garnett, 1935)

  1. Y a los hombres no les entran por la cabeza esa verdad, ese recurso, ese manual de supervivencia. Es lo que dice Ida Lupino a Cornel Wilde en El parador del camino: “¿No le cabe en la cabeza a un hombre el que una mujer pueda vivir sin él?” Aunque siempre necesita un tipo en la cama o un tipo que no para de ducharse y saca una mano chasqueando los dedos para pedir una toalla y la tía allí en la cama atendiendo a otro tipo por el teléfono. Hoy el cine machaca de una manera muy inocente, como de berrinche, el abandono por parte de la mujer. Una gran tragedia mundial de todos los universos habidos y por haber y bla, bla, bla… cuando Fritz Lang lo dejó todo muy clarito al respecto, como por ejemplo en Perversidad o La mujer del cuatro, entre otras. Luego está Rhett Butler que amó y se mojó en todo lo que pudo pero se aleja a través de las nieblas inciertas de la vida con un corte de mangas porque está hasta los cojones, o Rick Blaine, otro que se adentra en la niebla, pero tocando firme el suelo, a ras de la vida. El avión vuela a través de otra niebla que nos resulta menos interesante. Ay, lo domestico en Victor Laszlo y Ilsa será aburrido y en ellos no quedaría bien ni el screwball. Ay, amigo, no sabes las cosas que veo por estos lares; trasuntos de convivencias y matrimonios jovencísimos pero arrugados como papiros egipcios. Creo que hoy no hay que ir a esos consejeros matrimoniales que están tan de moda, sino ver, simplemente, las viejas y sabias películas “noir”. ¿Pero qué me pasa? Se pregunta el tipo de turno contemporáneo, y de repente recuerda lo que dijo Humphrey Bogart en Cayo largo: “La cabeza siempre dice una cosa y la vida nos dice otra. Siempre pierde la cabeza.” Y ya está. Esa noche se va de putas, se emborracha y amanece con una extraña en la cama. “¿Dónde está mi mujer? ¿Dónde están los niños? ¿Dónde mi suegra?” Otros tipos pesadísimos de la noche farrera que van posponiéndola para no regresar al sepulcro de su casa se pone a recordar Clash by Night, de Fritz Lang donde la Stanwyck dice: “Hogar es el lugar al que regresas cuando ya no te queda otro sitio a donde ir.” Y para terminar, amigo, cuando el tipo llega con la vista nublada a casa e intenta introducir la llave dentro de la cerradura y no acierta por el ligero contoneo se pone a recordar a George Sanders en Uncle Harry, de Robert Siodmak: “Hogar es el lugar al que vas y te dejan entrar.” Pero de todas maneras conviene no bajar la guardia.

    Perdona por este tostón Me voy ya.

    Abrazos y buen finde.

    Bep, bep.

    1. Puñetero Doc…

      Mi querido amigo, precisamente estoy en proceso de pasarme al otro lado, lo que en España se resume con ese axioma infalible que se expresa mediante este delicado retruécano lingüístico: “a tomar por culo”. Que es una frase que el noir desconocía, y que de conocerla, no podría haber usado por eso de la mierda del código Hays ese…

      Creo que tienes razón, Victor Lazslo sería un lechuguino aburridísimo, e Ilsa no perdería mucho tiempo con él, se enrollaría con Mickey Rooney o con un jugador de béisbol. “Hogar dulce hogar”. Y una mierda.

      Abrazos, amigo. Dale recuerdos al Coyote… Y al cangrejo…

  2. En esa frase de diálogo, hay todo un microrrelato… Falta una respuesta. -¿Me tengo que acordar de ti?
    … Y es muy de tierras lejanas…
    … Y viceversa… y surge otro microrrelato. -Me voy. Ahí está mi mujer.
    El cine siempre el cine… cada historia, cada diálogo, cada frase… crea a su vez un montón de historias. Y si las dicen los rostros de Gable y Harlow… además tienen un aire fantasmagórico, de pasado reciente.

    Beso
    Hildy

    1. Eran otros tiempos, mi querida Hildy. En las películas se hablaba mucho o poco, da igual, pero se decía todo. Ahora mismo asistimos a un frecuente ataque de verborrea en las salas, pero suele ser verborrea vacía, banal, o muy manida.

      Me gusta mucho eso que dices de las caras de Harlow y Gable; a veces el cine destilaba aventura sólo ya por su forma, sin que nadie tuviera que decir nada. Eso será la magia del cine, ¿no?

      Besos

  3. Voy a disentir y no lo siento: ¡qué mentira más gorda!

    Son las mujeres las que siempre sacan a colación aquello de:
    ¿Y lo que hiciste o dijiste, o… aquel día que estábamos y tal y tal…?
    ¡Pero hace quince años!
    ¿Y qué, es que ya no te acuerdas?

    Esa frase, amigo Alfredo, viene cargada con la moralina hollywoodiense y no hay mujer que se la crea. Y yo tampoco.

    Un abrazo.

    1. Querido Josep, discrepo. Yo creo que el diálogo no alude a las pequeñas guerras de la convivencia marital, sino a las grandes historias de amor frustradas, a las personas que se pierden o que se van. Ellas pasan página pronto; ellos se quedan varados en lo perdido. Sea o no como se insinúa, creo que el diálogo va de eso y no de otra cosa.
      Abrazos

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