Diálogos de celuloide – Grupo salvaje (Wild bunch, Sam Peckinpah, 1969)

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-Dime una cosa, Harrigan. ¿Qué se siente cuando le pagan a uno por estar ahí sentado y contratar a otros para que maten respaldados por la ley? ¿Qué se siente dirigiendo la caza legalizada del hombre?
-Satisfacción.
-Maldito hijo de perra.
-Dispones de treinta días para atrapar a Pike o volver a Yuma. Tú eres mi Judas preferido, querido Thorton. Treinta días para atrapar a Pike o treinta días para volver a Yuma. Aquí los quiero a todos cabeza abajo sobre la montura.
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-Hay mucha gente, Dutch, que no aguanta que se les demuestre que se equivocan.
-Orgullo.
-Y jamás pueden olvidarlo. El orgullo les impide aprender de sus errores.
-¿Y nosotros, Pike? ¿Crees que hemos aprendido algo al equivocarnos hoy?
-Espero que haya sido así.
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-Va a conseguir que nos maten a todos. Voy a librarme de él ahora mismo.
-No te vas a librar de nadie. Seguiremos todos juntos como siempre hemos hecho. Cuando uno se mezcla en un lío de éstos es hasta el final, si no quieres seguir eres peor que un animal y estás acabado ¡Estamos acabados! ¡Todos!
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Eso sí que se me hace difícil de creer.
-No tan difícil. Todos soñamos con volver a ser niños, incluso los peores de nosotros. Tal vez los peores más que nadie.
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-Le han dado. Parece que está gravemente herido.
-¡Maldita sea ese Dick Thorton!
-¿Qué harías tú en su lugar? Ha dado su palabra.
-Le dio su palabra a un ferrocarril.
-¡Es su palabra!
-¡Eso no importa! ¡Lo que importa es a quién se le da!

Wild bunch (Sam Peckinpah, 1969).

 

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10 Respuestas a “Diálogos de celuloide – Grupo salvaje (Wild bunch, Sam Peckinpah, 1969)

    • Hombre, Manuel, no diría yo tanto… Digamos que sin Platón y Aristóteles, Peckinpah y compañía no habrían llegado siquiera a esbozar la mitad del pensamiento que hace falta para escribir esto…

      Un abrazo, y buen finde.

  1. No hay mañana que no me acuerde del viejo Sam; ya sea cuando pongo el primer pie en el suelo o escucho la radio al mismo tiempo que pongo a hervir el agua para el café, o cuando escucho a los vecinos de abajo discutir cuando todavía no ha salido el sol. No hay mañana que no me acuerde del viejo Sam, cuando todavía mi cabeza da vueltas por la resaca, o cuando oigo a lo lejos las primeras sirenas de la desesperación, o cuando pongo la canción La golondrina que es la que se escucha al final de esta magnífica película cuando esos cansados tipos parten hacia la eternidad. Muchas veces, voy a un parque donde me siento junto a un muro y allí apoyo la espalda y te puedo asegurar que en esos momentos siento que están conmigo William Holden, Ernest Borgnine, Robert Ryan, Warren Oates, Ben Johnson y el viejo Sam. Al menos ellos pudieron gozar los últimos minutos de una vida que estaba a punto de desaparecer. Luego vino el final de la frontera, es decir, toda esta mierda en donde ahora todos estamos metidos.

    Abrazos y buen finde, amigo.

    • Ay, amigo, cuánta pena, cuánta melancolía, en las películas de este tipo. Y qué miopes aquellos que sólo ven en ellas violencia, gratuidad, morbo… Pero qué torpe puede llegar a ser la gente…

      Abrazos, pásalo bien.

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